jueves, julio 18, 2024

Estoques virtuales y arqueología distópica en la última exhibición de Demian Shopf

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Viene en micro, sigo su ruta desde el subsuelo del MAC; es un punto en movimiento en el mapa. Lo rastreo a través del geolocalizador que él mismo ha instalado en la exhibición simulando lo que sucede con un expresidario controlado por una tobillera electrónica. Poco a poco aparecen objetos cortopunzantes de estética incómoda por su efecto letal, por las privaciones y estrategias de supervivencia que implican, porque alguna de ellas mató, cortó, hirió, intimidó. Artefactos que exponen, al filo de la vida social, la precariedad del sistema penitenciario en general, y de Chile en particular. Armas incautadas por Gendarmería, y prestadas en comodato a Shopf para la realización de un proyecto Fondart. 

Sin una gota de sangre

El espacio pulcro, amplio y vacío de la sala de museo parece conectarse con el espacio ruidoso, contaminado y sobrepoblado de un recinto carcelario. Dos mundos alejados se cruzan e interconectan por medio de la exhibición. Quienes confeccionaron las piezas se hacen presentes a través de sus huellas, de su ingenio para crear armas con los materiales que tuvieron a mano: patas de catres, reglas, martillos, fierros, maderos, palos. Dan ganas de tocar el filo de estoques, lanzas y cuchillos. “Podrían tener veneno”, advierte Shopf, quien ya llegó y en el geolocalizador aparece situado en un punto impreciso del Parque Forestal. 

Celular con geolocalizador en Hechizas de Demian Schopf
Foto: Marcelo Cruzat

El “artista” es artífice de una idea, un viaje, una transgresión. En un improvisado recorrido va mostrando distintos usos para cada arma o instrumento: “arañas” para agarrar objetos lanzados en “pelotas”, o sea paquetes que pueden contener celulares, comida o droga; arbolitos de pascua, dícese de cuchillas con esa forma que dejan heridas abiertas. Se exhiben también herramientas capaces de cortar en silencio y objetos envueltos, escondidos. “Me interesa el contraste entre lo invisible del estoque y lo hipervisible de la obra de arte”, explica.

Conversando con gente que estuvo presa, oyendo historias por ahí y por allá, Shopf fue aprendiendo respecto a las armas hechizas. Su exhibición provocó polémica desde el comienzo, en las redes sociales del museo fue atacado de “cuico”, “morboso”, y de mostrar una realidad que no ha experimentado en carne propia. Un grupo de estudiantes de la Academia de Humanismo Cristiano quería que la muestra se cerrara y hasta contactaron a un grupo de familiares de presidiarios. “Pocas veces una obra causa tanto impacto, saca chispas, duele, amarga, y abre las heridas de quienes tienen entendimiento y de quiénes no”, escribió en Instagram la artista María Eliana Morales en su defensa. 

Los estoques virtuales iban y venían, no faltó quienes descalificaran incluso al museo tildándolo de espacio elitista y esnob, olvidando que se trata de un lugar gratuito y público que depende de la Universidad de Chile, y que como tal busca acerca las artes visuales a todos. Hasta se discutió qué es arte y por qué si se muestran “obras” realizadas por otras personas la exhibición lleva el nombre del artista. 

Más allá del ready made de Duchamp aludido en entrevistas y textos a propósito de Hechizas, la apropiación es una forma de arte que, llevando un objeto a otro contexto, lo desvirtúa de su significado inicial. En este caso, la acción va más allá de conseguir, guardar y ordenar las armas. El artista como hacedor se va difuminando, para concebir un montaje en que los objetos se ponen en relación con un público al que nunca hubieran llegado, todo en yuxtaposición con videoensayos escritos por el mismo Schopf en pantallas de teléfonos celulares colocadas en cinco esquinas. En ellos reflexiona sobre el cibercontrol, la colonia penitenciaria de Kafka y los linchamientos virtuales, sin saber que él mismo sería prácticamente linchado en las redes sociales del museo. Los textos van apareciendo en loop palabra a palabra y el espectador, por lo mismo, se queda con algunas de ellas: 

Foto: Jorge Gronemeyer

Modo de caminar

Detecta

Infectados

Altavoces

Apararaje de vigilancia

Capital global

Nuevo mundo

Manifestar

Volver legal lo ilegal, y lo hechizo arte para contar la historia

“Ni de niño pensé en hacer cosas para vender”, dice Demian Shopf en medio de una pared donde ser exhiben los artefactos realizados por prisioneros, que obviamente no están a la venta. “Nunca ha sido mi móvil”, dice al respecto, aunque formó parte de galerías de arte tradicionales y comerciales como Patricia Ready. La serie nació por múltiples razones. “La primera motivación, originaria, es el mero asombro ante una cosa”. 

Muestra Hechizas de Demian Shopf, Foto: Jorge Gronemeyer
Foto: Jorge Gronemeyer

Fue un encuentro casual en un mercado callejero en Valparaíso, su vista se detuvo ante los objetos raros que se vendían en el puesto, soldados y ensamblados. El hombre había estado preso y en la cárcel había aprendido a soldar. “Disparó unas asociaciones en mi cabeza que tenían que ver con Madmax, paisajes distópicos o una especie de arqueológica medio distópica, post algo…” Compró uno de ellos, años más tarde encargó a un exreo que le fabricara un estoque, y tiempo después bajando de la micro en Ñuñoa se encontró otra de esas armas cortopunzantes hechizas en el suelo. 

Esta última, un estoque corto, fue parte de la exhibición internacional Valija Low Cost, en la que participaron 16 artistas de 16 países. La condición para participar era enviar una obra que cupiera en una valija que debía ser transportada por un funcionario de Estado español. Para participar debió realizar una serie de trámites burocráticos, que incluían describir el objeto como una “escultura abstracta”. Así, la pieza se movió por varios países de distintos continentes y actualmente forma parte de un museo español, tal como los documentos que certificaron su legalidad. Copias de ellos se exhiben también en el MAC junto a una fotografía de la valija a la que iba atornillada la pieza.

Elásticos de calzoncillos aportan el toque de color a los mangos de las armas y a la vez una marca de género: fueron realizadas por hombres. Conseguir el comodato de estos objetos cortopunzantes no fue fácil. En medio lo pilló la pandemia, y tuvo que guardar las piezas en el patio de su casa en unos tubos de PVC. Posteriormente llegaron a un subterráneo del MAC Quinta Normal, donde fueron ordenados según tamaño y forma. Una vez devueltas, las piezas serán destruidas por Gendarmería. “El trato es que les devuelvo herramientas para los talleres donde aprenden oficios las personas privadas de libertad. Creo que ese es el rasgo más político de la obra. Sigo una frase de Hannah Arendt que dice que lo político son más hechos que palabras. Sé que puede que alguna de esas herramientas se transformen en armas, pero también sé que uno de los cabros que montó las vitrinas estuvo preso”, relata.

Preparando la muestra Hechizas de Demian Shopf. Foto: Isidora Miller
Preparando la muestra, taller MAC Quinta Normal. Foto: Isidora Miller

De lejos, los colores y distintos largos de estoques y lanzas hechizas semejan quipus, nudos andinos para registrar la memoria, llevar la contabilidad y contar la historia. A su semejanza, estos “utensilios” (recordemos la polémica con esta palabra durante el estallido social) remiten a una arqueologia urbana que habla de la cultura carcelaria, un submundo del cual quienes no hayamos estado presos ni tengamos familiares en aquella situación, nos enteramos a través de relatos, medios de comunicación y películas más o menos certeras (Orange Is the New Black es un gran ejemplo), y ahora por estos instrumentos, que en un descuido del guardia podemos tocar. Es como un portal hacia otra dimensión, hacia cuerpos que se hacen presentes desde su invisilidad, cuerpos de los que muchos preferirían no saber, pues generan incomodidad y resquemor. Estas son sus obras, su inventiva, su imaginación, esto es lo que deben hacer para sobrevivir en aquellos lugares hostiles que son las cárceles. ¿Estarán vivos o muertos, sanos, enfermos, libres o prisioneros, se reinsertarán en esta sociedad que de algún modo u otro los ha empujado a la marginalidad o el crimen, volverán una y otra vez a delinquir?

Elisa Montesinos Eissmann
Elisa Montesinos Eissmann
Editora, escritora y gestora cultural.

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