Martes, Febrero 27, 2024

Boulos y D’Ávila: La renovación de la izquierda brasileña en las elecciones municipales

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Brasil prepara elecciones municipales para este noviembre, que son cruciales ya sea para consolidar el bolsonarismo o para permitir un nuevo aire progresista a la política del país. Para que la segunda opción sea la que gane, las dos grandes esperanzas surgen lejos del tradicional Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Dos años después de la victoria que llevó a la extrema derecha al poder con Jair Bolsonaro, Brasil vive nuevamente un proceso electoral que tiene ingredientes complejos en términos políticos y sanitarios.

El 15 de noviembre, las más de 5,5 mil ciudades brasileñas tendrán que ir a las urnas para elegir nuevos alcaldes y concejales, y 95 de ellas podrían tener una segunda vuelta – opción que solo está permitida en las capitales de los 26 estados y otras ciudades con más de 200 mil electores –, lo que ocurriría el 29 de noviembre.

Para el bolsonarismo, llevar a sus aliados para ganar en capitales importantes y grandes centros sería crucial para el proyecto de reelección del mandatario en 2022, cuando tendrá que revalidar su mandato. Sin embargo, son muy pocos los casos en donde existen candidatos fuertes ligados al mandatario con chances de ganar.

Por otra parte, la izquierda necesita resurgir de las cenizas de la derrota en las presidenciales de 2018, pero enfrenta la difícil tarea de la renovación de rostros, especialmente en partidos más tradicionales, como el PT (Partido de los Trabajadores), de Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Curiosamente, en la ciudad de São Paulo, considerada una de las más importantes de todas, está la batalla que parece reflejar mejor esa disputa y muchas otras. Allá el favorito es el actual alcalde, Bruno Covas, representante de la centro-derecha tradicional – esa que perdió demasiado espacio a nivel nacional con el crecimiento del bolsonarismo, pero mantiene en esa ciudad su último bastión.

Las dos mayores amenazas a esa resistencia son el periodista Celso Russomanno, representante del partido ultra evangélico Republicano y a la Iglesia Universal del Reino de Dios, y el profesor Guilherme Boulos, líder del movimiento por el derecho a la vivienda, que defiende a las personas sin techo en la ciudad.

Es con este escenario que empezamos a explicar qué es lo que está en juego en Brasil en este mes tan decisivo para su futuro.

Guilherme Boulos

Guilherme Boulos

Según el sondeo más reciente de Datafolha, Bruno Covas tiene 27% de las intenciones de voto, y es ficha casi segura para la segunda vuelta. La duda es quién será su adversario, por lo que Celso Russomanno por ahora aparece con ventaja, con su 20%, pero viene en caída constante en las últimas semanas, mientras que Guilherme Boulos ha crecido durante ese período, llegando a los 16% esta semana.

Además, de esos números se configura un empate técnico, las tendencias de caída de Russomanno y ascenso de Boulos pueden indicar que una confrontación final de este segundo con Covas es bastante posible lo que todavía mantiene encendida las esperanzas de la izquierda en la ciudad – días atrás, parecía que la segunda vuelta sería inevitablemente entre un candidato de la derecha tradicional y la extrema derecha bolsonarista.

Guilherme Boulos es uno de los voceros del MTST, el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo – no confundir con el MST, que es el Movimiento Sin Tierra, que tiene una T menos y lucha por la reforma agraria, es decir, sus demandas están en el campo. Por su parte, el MTST es una organización establecida en grandes centros urbanos y defiende el derecho a la vivienda de las personas que no tienen hogar.

Profesor universitario, Boulos desarrolla trabajos con personas sin hogar hace más de 10 años, organizando sus ocupaciones y defendiendo el concepto de “función social de la vivienda”, que está en la constitución brasileña – aunque en muchísimos casos no es aplicada.

Ganó notoriedad en el país por su manejo de las cifras, como las que indican que Brasil tiene cerca de 7,7 millones de familias sin hogar actualmente, mientras que los hogares desocupados en el país son más de 8 millones, lo que explica la cuña que utiliza en la mayoría de sus entrevistas: “tenemos más casas sin gente que gente sin casa”.

En 2018, Boulos fue candidato presidencial por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), aunque tuvo una bajísima votación: 0,6%. Sin embargo, la chance de ir a la segunda vuelta en São Paulo y eventualmente ganar esa alcaldía podría cambiar mucho las cosas a este joven político de 38 años, ejemplo de renovación en la izquierda brasileña.

En el caso de que logre llegar a la segunda vuelta, quizás podrá contar con la ventaja de que la unión de las derechas contra él no es tan sencilla. Eso porque Bruno Covas es aliado del gobernador del estado de São Paulo, João Doria Junior, que ganó la elección estadual de 2018 con el apoyo de Bolsonaro, pero que empezó a atacar al presidente desde el inicio de la pandemia, lo que fue considerado por la extrema derecha como una traición.

Además, una victoria de Covas podría fortalecer a Doria como amenaza a Bolsonaro en 2022, lo que tampoco está en los planes de la extrema derecha.

Donde si la unión de las derechas podría acontecer es en Porto Alegre, la capital donde la izquierda tiene mayor ventaja. Allá, los riesgos son otros, pero también hay ventajas para el progresismo.

Manuela D’Ávila, pré-candidata à Presidência da República pelo PCdoB, em ensaio fotográfico para matéria “Manu Mulher”, da revista VIP.

Manuela D’Ávila

En la capital más importante del Sur de Brasil, la favorita para ser la nueva alcaldesa es una mujer joven, comunista y feminista.

A los 39 años, Manuela D´Ávila tiene a su favor un historial de casi 20 años en la política: fue líder estudiantil, presidenta de la UNE (Unión Nacional de Estudiantes), diputada por 3 períodos consecutivos y en 2018 llegó a ser precandidata presidencial del PCdoB (Partido Comunista do Brasil), para terminar como vice-presidenta en la fórmula con Fernando Haddad, del PT, que fue a la segunda vuelta, aunque perdió contra Jair Bolsonaro.

La encuesta más reciente de Datafolha sobre el escenario en Porto Alegre muestra a D’Ávila con una larga ventaja en primera vuelta: tiene 26% de las intenciones y 13 puntos más que el actual alcalde conservador Nelson Marchezan, quien es seguido por otras dos figuras de la derecha tradicional (José Fortunati y Sebastião Melo).

Las proyecciones para segunda vuelta también indican que lideraría en cualquier disputa en esa instancia con entre 4 y 10 puntos de ventaja, dependiendo del adversario, pero le complica la posibilidad de que haya una reunión de sus adversarios para vencerla en un posible ballotage.

Sin embargo, acá el escenario podría asemejarse al que pasó en Bolivia hace pocas semanas, porque Manuela D’Ávila sigue tendencia de crecimiento a cada nueva pesquisa, lo que alimenta la ilusión de que, obtenga una victoria en primera vuelta – lo que es muy poco probable – al menos por sobre los 40%, lo que permitiría un escenario favorable en la disputa decisiva.

Periodista de formación, D’Ávila se destaca por su impresionante capacidad de diálogo, y muchos analistas consideran que su liderazgo en las encuestas y crecimiento continuo en ellas se debe a su buena performance en los debates, en los que sobresale pese a ser constantemente atacada por los adversarios, ya que es la candidata a ser vencida.

Otra curiosidad sobre Manuela D’Ávila, sobre todo para los chilenos, es la similitud de su biografía con la de una figura muy conocida en este país: Camila Vallejo. Ambas son comunistas, surgieron del movimiento estudiantil, llegaron al congreso en sus países aun siendo veinteañeras y son conocidas como fuertes defensoras de los derechos de las mujeres.

Además, ambas tuvieron embarazos mientras trabajaban como diputadas y enfrentaron la resistencia de políticos tradicionales para poder amamantar y cuidar a sus hijas y que su local de trabajo tuviera espacio que posibilitaran el trabajo legislativo y el ejercicio de la maternidad.

D’Ávila también es conocida por casi siempre usar camisetas con algún slogan feminista, como “luche como una garota” o “mi cuerpo, mis reglas”.

Su posible victoria en Porto Alegre llevó el presidente Jair Bolsonaro a realizar un video esta semana pidiendo “a los ciudadanos del Sur de Brasil, que no permitan caer en el error de permitir que una comunista y abortista sea alcaldesa de su ciudad más importante”.

Pese a que representan la renovación de la izquierda brasileña, Manuela D’Ávila y Guilherme Boulos no son defensores de un rechazo a la izquierda tradicional del PT. Es más, ambos fueron dos de las principales figuras de la campaña para pedir la excarcelación de Lula da Silva, y fueron alabados por el mismo Lula cuando este ganó su libertad y apuntó justamente a ellos dos como sus sucesores naturales.

Está claro que el progresismo en Brasil necesita un proyecto renovado para el desafío nada sencillo de superar a la extrema derecha, y que los gobiernos del PT, pese a sus muchos méritos en la lucha contra la miseria en el país, parecen haber llegado a un punto de agotamiento.

En ese sentido, nada puede ser mejor para la izquierda brasileña que las posibles victorias de D’Ávila y Boulos en esas municipales en Brasil, y quizás serviría para toda Sudamérica mantener sus esperanzas de nuevos tiempos, con menos extremistas en el poder.

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