Homofobia y hostigamiento al interior de la Escuela de Suboficiales del Ejército

Foto: referencial – archivo

Danila Báez entró a la Escuela de Suboficiales del Ejército el 2012 para continuar su carrera militar. Abandonó su ciudad natal y se trasladó a Santiago para cumplir uno de sus grandes anhelos. Sin embargo, al ingresar a la escuela fue víctima de bullying, hostigamiento y malos tratos. Danila buscó detener la situación, pero no fue escuchada por sus superiores. “Todo comenzó el día que una compañera esparció el rumor de que yo era lesbiana”, recuerda Báez y señala “lo que es totalmente falso”.

Danila Báez (36) hizo su servicio militar en el regimiento de Valdivia el 2004, y, posteriormente, se inscribió como voluntaria en el Regimiento Tucapel de Temuco el 2008 para continuar una carrera militar. Ese año, fue hostigada y maltratada por la teniente de la compañía sin saber el por qué. Danila no quiso informar de esos malos tratos. Ella intentó dejarlo ahí, no quería que nada interfiriera en su meta de ser una soldado profesional. Recién cuatro años después entendería el motivo de los malos tratos por parte de la teniente.

El 2009 fue trasladada al Hospital Militar de Santiago. Con ella, dos soldados conscriptos del Regimiento Tucapel fueron trasladas también y a las cuales ella le había hecho instrucción.

Danila trabajó en el área de administración del hospital, puesto que ella había estudiado en el liceo técnico en administración. Estuvo en el lugar y se desempeñó en varios puestos al interior del recinto entre el 2009 y 2011. Los malos tratos no pararon.

El 2011 comenzó su postulación a la Escuela de Suboficiales del Ejército sin saber que este hecho le cambiaría la vida radicalmente.

La Escuela de Suboficiales del Ejército 

Danila comenta que al inicio de la postulación a la escuela eran alrededor de 50 personas quienes querían continuar con su carrera militar. Las pruebas constaban de exámenes psicológicos, médicos y físicos.

“Pasé la etapa psicológica y la médica de buena manera, sin ningún problema, pero en los exámenes físicos, me encontraba con una tendinitis en la rodilla producto de una lesión ocurrida unas semanas antes del examen. Llegué a dar las pruebas físicas, ya quedábamos menos postulantes, y pude terminarla”, comenta Danila.

Danila Báez

Báez señala que, al terminar la prueba, escuchó que varias compañeras comenzaron a referirse en malos términos hacia ella, señalando que no estaba apta para ser una militar profesional.

Al finalizar los exámenes, la única postulante que quedó en la Escuela de Suboficiales del Ejército, ubicada en La Rinconada de Maipú, fue Danila Báez.

Al enterarse de los resultados, Danila comenta que una compañera se le acercó y le pidió que no se fuera a “la cuadra”, lugar donde vivían las soldados de tropa profesional y que se encuentra al interior del recinto de telecomunicaciones del Ejército.

Danila señala que ella decidió llegar igual a la cuadra “si algo ocurría yo iba a informar. Ya le habían pegado a una compañera y la habían mechoneado entre todas. Ya se sabía que ahí había personas matonescas. Llegué, entré a sacar mis cosas y la soldado de tropa profesional, Sandra Paz, me dice tuviste suerte al quedar y que ella tenía unas amigas allá para que no me sintiera sola. Eso no fue un comentario en buenos términos, sino más bien una advertencia”.

El 14 de febrero de 2012 Danila ingresó a la Escuela de Suboficiales del Ejército. “Por parte del capitán de planta nunca hubo una llegada hacia mí. Mi apellido ni siquiera era nombrado en ningún termino. Me estaban haciendo el vacío. Era como estar ahí, pero no estar para ellos”, explica Danila.

Danila intentó establecer conversaciones con sus compañeros, pero lo único que recibió de vuelta eran risas y burlas, pero siempre por la espalda. En ese momento “le dije al teniente, esto fue en la segunda semana que estaba ahí, él me dijo que no pescara”.

Danila comenta que después del tiempo, por fin, la empezaron a nombrar, pero “lo hicieron para dejarme en ridículo. Me nombraban para que el resto se riera de mí, que por mi culpa éramos la peor compañía y esas cosas”, recuerda Báez.

“Yo nunca tuve llegada con el capitán, ya que había una barrera de odio por su parte. Cada vez que yo le informaba al teniente de lo que me estaba pasando, ninguna información llegaba al capitán”, señala Danila.

Con el pasado de las semanas, los malos tratos y el bullying en contra de Danila se incrementó. Ella recurrió a su superior para señalarle de que no era posible que ella respetara a todo el mundo, pero nadie la respetara a ella. La única respuesta que obtuvo era de que ella tenía que vivir en su metro cuadrado.

Danila recuerda que, en un periodo de campaña, se volvió a lesionar la rodilla, estuvo más de un minuto en el suelo y nadie la ayudó. Sus compañeros siguieron corriendo por encima de ella. Cuando por fin alguien la ayudó, su rodilla estaba hinchada y morada. En eso “un cabo me gritó y me reprochó de por qué yo estaba caminando, que corriera”, comenta Báez.

“Como yo formaba parte de la primera escuadra, todos se dieron cuenta de cómo yo tenía la rodilla. Seguí haciendo los ejercicios para que nadie me pelara. El capitán me miró la rodilla y comenzó a hacer un aporreo más contentaste, muchos más ejercicios de resistencia para que yo dejara la escuela”.

Danila Báez

Danila recuerda que esos días fue agredida psicológicamente por sus compañeros e instructores quienes le señalaban que ella no estaba apta para continuar en la escuela y tenía que ser dada de baja.

“Todo el mundo hablaba de mí por la espalda y yo no sabía el por qué. Entonces empezaron a avanzar los meses, febrero, marzo, abril, mayo, junio. Un compañero se me acercó para decirme algo. Lo que pasa es que Bezares echó a correr un rumor en la compañía, ella le dijo a toda la compañía que no se juntaran conmigo porque yo, supuestamente era lesbiana”, señala Báez.

Danila comenta que cuando le dijeron eso, se le vinieron a la cabeza todos los malos ratos, el hostigamiento, las descalificaciones, el menos cabo. Ella sabía que pasa algo, pero jamás pensó que estaba siendo maltratada por un rumor que había echado a correr una compañera y que venía de los tiempos en que ella hizo el servicio militar en Valdivia el 2004.

Al siguiente día del hecho, Danila se acercó al capitán para informarle de lo que estaba pasando respecto al rumor de habían esparcido de que ella era lesbiana. La única respuesta que obtuvo por parte del capitán fue “¿y eso es verdad?”. A lo que Danila le señaló de que no era cierto.

Danila comenta que posterior a su conversación con el capitán, los hostigamientos siguieron e incluso con más fuerza. Señala que a los alumnos le dieron pauta para atacarla, a través del cabo Guzmán, debido a que señaló en una formación “si ustedes consideran que aquí hay que dar de baja a alguien, entre ustedes mismos se dan de baja”.

Posterior a esas declaraciones, Danila comenzó a recibir aún más hostigamientos y de todas partes. Los comentarios en contra de Báez adquirieron un tono homofóbico e incluso con una violencia de género brutal, puesto que le decían que había sido violada, que parecía hombre y por eso era una vergüenza para el ejército.

Danila se acercó a la compañera que había esparcido el rumor de que ella era lesbiana y esta le contestó que “no sé, esto lo averiguó mi papá, esto viene de antes. No me quiso dar mayores detalles”. Báez comenta que a esto se le llama “estar encargada”, así se le domina al interior de la escuela a las personas que quieren que sean dadas de bajas y todo a partir de un rumor con características de odio hacia una orientación sexual.

Posterior a los rumores, el bullyng y el hostigamiento que recibió, Danila comenzó a llegar atrasada a sus clases. La repuesta de su superior fue darle dos días de arresto y así sucesivamente por los atrasos y el rendimiento que fue decayendo a partir de los rumores, los malos tratos y el menos cabo que recibió.

Danila, a partir de los rumores y los malos tratos, comenzó a recibir una persecución en su contra, comenta la exmilitar, que fue anotada en su hoja de vida. Fue amonestada por tener en mal estado su casillero, por tener sus puños sucios, que, según señala, era porque la mandaban a dar vueltas y vueltas en la escuela para que se cansara y que tuvieran motivos para sancionarlas y fuera arrestada.

Danila, debido al hostigamiento que estaba viviendo, solicitó la baja del ejército, la que fue dada en tres días cuando, por el tiempo en el que se encontraban, fines de curso, no debería haberse dado, comenta.

Báez recientemente puso una denuncia en el Instituto Nacional de Derechos Humanos por lo vivido en su paso en la Escuela de Suboficiales del Ejército. Además, el Ejército negó en varias oportunidades lo manifestado por la exmilitar.

Sin embargo, a través de varias declaraciones a las que tuvo acceso La Voz de los que sobran, se comprueba que lo denunciado por Báez efectivamente ocurrió y que ella lo denunció en su debido momento. Además, el diputado Leonidas Romero ofició al Ministerio de Defensa para informar la situación que estaría afectando a Danila Báez.

Danila comenta que sus compañeros, con los cuales ella se formó en la escuela de suboficiales, no están capacitados para ser soldados profesionales. “Ellos, si pueden hacerle la vida imposible a una persona, por el motivo que sea, lo van hacer sin dudarlo, esa es su naturaleza”, señala Báez.

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