Histórica sentencia laboral sobre el trabajo en plataformas: derrumbando mitos

Foto: Agencia Uno

Los trabajadores de plataformas digitales no son autónomos, desde el momento en que son contratados previa inducción, reciben órdenes, son controlados, suspendidos, premiados, castigados y despedidos. No tienen una organización propia y son ajenos a los medios y a los riesgos de la empresa y también a la marca, que no les pertenece. Y lo más importante, no son dueños de la plataforma, de los clientes, ni de los dividendos que genera el negocio.


De manera inédita en el país, el Juzgado de Letras del Trabajo de Concepción falló a favor de un repartidor o rider de Plataforma Digital, reconociendo la existencia de una relación laboral entre la empresa y el trabajador, lo que viene a derrumbar el principal mitodel trabajo en plataformas digitales, la inexistencia de una relación de trabajo subordinada en los términos que lo entiende el Derecho del Trabajo.

Esto, sin duda, se traduce en un enorme primer paso en el reconocimiento de los derechos laborales y la dignidad de estos trabajadores, pues como nos recuerda Sinzheimer, quien se enfrente con la historia del Derecho del Trabajo verá claramente ante sí este impulso hacia la dignidad humana, que se hace efectivo en el Derecho del Trabajo (Causa RIT M-724-2020, Juzgado de Letras del Trabajo de Concepción, Arredondo/Pedidos ya Chile SPA).

Otro de los mitos que derrumba esta reciente sentencia, es la presentación de las plataformas como espacios abstractos donde quienes trabajan lo hacen con plena libertad y flexibilidad para decidir cómo, dónde y cuándo quieren prestar los servicios. Se presenta a los repartidores como “socios”, “colaboradores” o “independientes” que laboran sin jefe ni horario establecido…nada más alejado de la realidad según se acreditó en la causa.

Los trabajadores de plataformas digitales no son autónomos, desde el momento en que son contratados previa inducción, reciben órdenes, son controlados, suspendidos, premiados, castigados y despedidos. No tienen una organización propia y son ajenos a los medios y a los riesgos de la empresa y también a la marca, que no les pertenece. Y lo más importante, no son dueños de la plataforma, de los clientes, ni de los dividendos que genera el negocio. Es decir, los riders venden sólo su fuerza de trabajo a la empresa que controla y es dueña de la plataforma. Trabajo que no tiene, según las palabras de Carlos Marx, otro continente que la sangre y la carne humana.

Asimismo, otra de las invenciones que construyen las plataformasdigitales es que su función es solo la de un mero intermediario entre la oferta y la demanda. Este planteamiento, qué duda cabe, es un mito más, ya que debemos considerar, que detrás de toda plataforma digital existe una empresa, persona jurídica, la que tampoco es una mera intermediaria. Estas empresas usan la plataforma como medio de control productivo y que opera a través de los algoritmos, y de ese modo, adquiere autonomía para funcionar. Así, la plataforma controla, premia, castiga, suspende y despide a los trabajadores; lo que genera la falsa idea de que los trabajadores serían “dependientes de la plataforma”.

En este sentido, por ejemplo, cuando se despide a trabajadores que intentan ejercer su derecho a sindicalización o a trabajadores sindicalizados porque realizan alguna actividad sindical, la que decide aplicar tan deleznable acto antisindical, en el momento “oportuno”, es la empresa; Esto no lo puede resolver automáticamente la aplicación, precisamente porque no es una persona, es decir, lo decide la empresa.

Sin duda esta sentencia inédita en nuestro país no será del agrado de la “industria”, ya que a nivel mundial se han negado a reconocer quesus “socios” son en realidad trabajadores y trabajadorasdependientesy es lo que en Chile procuraran evitar con todas sus fuerzas. Sin embargo, el trabajo en plataformas digitales sigue avanzando de forma ininterrumpida y se convierte en una de las caras más visibles de la digitalización de la economía, lo que se ha venido en denominar “capitalismo de plataforma”, que no puede transformarse en sinónimode precarización del trabajo.

Evidentemente, la tecnología en sí misma no es nociva para los trabajadores, pero puede llegar a serlo la forma en que se aplica, sea para organizar el trabajo, sea para controlarlo. Por ello, no se trata de prescindir de la tecnología ni de las empresas que la emplean, sino de normar su utilizaciónponiendo al centrola persona humana y sin perjudicar o afectar a los trabajadores en sus derechos. Cabe recordar que el trabajo en plataformas digitales, a pesar de la digitalización que lo invade y que lo hace tender hacia la precariedad* y vulnerabilidad, continúa siendo trabajo humano, realizado por personas, por lo que debe tener tratamiento de trabajo decente, digno y amparado por los principios que le han dado al trabajo durante el siglo XX anclaje hacia la ciudadanía social. Las trabajadoras y los trabajadores siguen siendo la fuerza que mueve a la sociedad.

Este es un sector que demanda de manera urgente una pronta regulación que los reconozca como trabajadores y trabajadoras. El Derecho del Trabajo, qué duda cabe, afronta nuevos retos, que derivan de la revolución tecnológica que no le da tregua; por lo mismo, no es posible sentarse a esperar cuál será el resultado del próximo juicio para ver si se le reconoce a no el carácter laboral que tiene este tipo de vinculación. Surge con fuerza entonces la necesidad que tanto la normativa laboral como la de seguridad social cuenten con herramientas que les permitan adecuarse a la realidad del mundo en que los trabajadores actualmente se desenvuelven y con plenos derechos.


*  “En el sentido más general, el trabajo precario es un medio utilizado por los empleadores para trasladar los riesgos y las responsabilidades a los trabajadores. Es el trabajo que se realiza en la economía formal e informal y que se caracteriza por niveles variables y grados de particularidades objetivas (situación legal) y subjetivas (sensación) de incertidumbre e inseguridad. Si bien un trabajo precario puede tener diversas facetas, se lo suele definir por la incertidumbre que acarrea en cuanto a la duración del empleo, la presencia de varios posibles empleadores, una relación de trabajo encubierta o ambigua, la imposibilidad de gozar de la protección social y los beneficios que por lo general se asocian con el empleo, un salario bajo y obstáculos considerables tanto legales como prácticos para afiliarse a un sindicato y negociar colectivamente” (Políticas y regulaciones para luchar contra el empleo precario, Organización Internacional del Trabajo, Ginebra, 2011).

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