Hasta que dejen de escupirnos: Reflexiones post mes del orgullo

Hasta que dejen de escupirnos: Reflexiones post mes del orgullo

Durante junio, el mes del orgullo LGBTIQ+, pudimos ver cómo el poder mediático del MOVILH e Iguales reforzaron sus ideas carentes de creatividad. La primera insiste en recurrir a rostros heterosexuales bajo un fin caritativo-simpatizante, mientras que la otra transgredió todo pudor contextual de pandemia para proyectar un arcoíris lumínico en departamentos particulares y no en la casa de gobierno, siempre cuidando que el poder no se ofenda (de nuevo). Estas son estrategias cosméticas, que si bien buscan visibilizar, terminan produciendo lo que sería algo gayfriendly, una estrategia publicitaria sin una sustancia política que abra la discusión sobre la necesidad de políticas públicas específicas para las personas no heterosexuales.

Tal vez el problema más grande del pensamiento contemporáneo ha sido el de auto alienarse al querer separarse de la realidad para poder describirla. Nos comenzamos a percibir distinto, que no éramos eso, tampoco sabemos muy bien lo que somos. ¿Cuál es el sentido de nuestras existencias? Hemos cambiado la realidad material por la del simulacro; habitamos el mercado y el espectáculo como formas frívolas de entender nuestras identidades. Nuestros cuerpos se convierten en marcas comerciales que intentan sobrevivir la inestabilidad de los mercados de la vida.

La instalación del modelo neoliberal ha permitido la radicalización de las lecturas económicas sobre el comportamiento humano, impactando directamente en los ejes centrales de la vida. «En el mercado de la vida cada uno puede convertirse en capitalista y ser un capitalista de sí mismo». López Petit, con sus lecturas de Mises y Hayek, nos menciona que transitamos desde la «vida del mercado» al «mercado de la vida». Cada decisión-acción se encuentra determinada por las utilidades que resultan de la resta entre el estado futuro y presente, para maximizar las ganancias, la estabilidad y permanencia dentro del mercado. No obstante, necesitamos prestar atención a las dinámicas de comunicación que se producen y generan redes.

Estas conexiones resultan de intereses e intercambios de mercancías (in)materiales, para producir una coherencia social entre sujetxs. Vayamos más lejos, reconozcamos la globalización como el proceso que constituye la realidad sin fronteras, que reemplaza la realidad material con una realidad virtual, maleable a voluntad y tan precaria como la especulación en los mercados internacionales. La especulación financiera es la nueva forma de vivir el presente, con ojos en el futuro, siempre expectante sobre lo qué sucederá mañana, y la deuda se vuelve una forma de disciplinamiento y control de las relaciones sociales. Lo sólido se desvanece en el aire.

Además, la implementación de internet como medio de comunicación global, ha hecho posible que la información no dependa de un eje central de control, impidiendo una estabilización en las trayectorias e identidades. Cada elemento que constituye una identidad se ve asimilado como un recurso estético dentro de la industria creativa, resultando problemáticas asociadas como la apropiación cultural o el pinkwashing. La primera refiere al uso de elementos culturales por parte de miembros de otra cultura y la segunda a las estrategias políticas y marketing, dirigidas a la promoción de instituciones, países, personas, productos o empresas apelando a su condición de simpatizante LGBTIQ+ con el objetivo de aparentar un progresismo; el caso más famoso es Israel que promociona su población LGBTIQ+ eclipsando la violación sistemática de derechos humanos a Palestina.

Estos fenómenos han configurado un mercado capaz de negociar la vida misma. Podemos intercambiar cualquier cosa, desde objetos inanimados, persona e ideas. En este mercado global, el intercambio se produce mediante transacciones de símbolos y apariencias, de imágenes impuestas como escenarios posibles, empleando recursos estéticos para incentivar el consumo y la satisfacción emocional, maximizando el placer y huyendo del malestar.

No obstante, la reflexividad es necesaria, pero insuficiente. Durante junio, el mes del orgullo LGBTIQ+, pudimos ver cómo el poder mediático del MOVILH e Iguales reforzaron sus ideas carentes de creatividad. La primera insiste en recurrir a rostros heterosexuales bajo un fin caritativo-simpatizante, mientras que la otra transgredió todo pudor contextual de pandemia para proyectar un arcoíris lumínico en departamentos particulares y no en la casa de gobierno, siempre cuidando que el poder no se ofenda (de nuevo). Estas son estrategias cosméticas, que si bien buscan visibilizar, terminan produciendo lo que sería algo gayfriendly, una estrategia publicitaria sin una sustancia política que abra la discusión sobre la necesidad de políticas públicas específicas para las personas no heterosexuales. Entonces me pregunto, ¿de qué sirve el matrimonio si nos siguen escupiendo en la cara?

Por otra parte, para las elecciones de 2012, algunxs candidatxs (presumiblemente heterosexuales) firmaron un compromiso para levantar oficinas de diversidad sexual y género a lo largo de Chile, los más conocidos son Maipú, San Antonio, Providencia, Santiago y Valparaíso. En un comienzo, 22 oficinas formaron parte de la Red Nacional de Municipios por la Diversidad y de la Red Latinoamericana de Ciudades Arcoíris, pero poco a poco se vieron desmanteladas por la elección de alcaldes de derecha. Además, muchas de esas oficinas nacieron por una necesidad de atender asuntos de VIH e ITS o de establecer espacios de encuentro para nosotrxs. Esta política pública es necesaria, pero muy volátil, ya que dependen de la voluntad de lxs alcaldes y del presupuesto que se les quiera asignar. Conocido fue el caso de Maipú con la entrante administración de la actual alcaldesa, quien comenzó a desmantelar recortando progresivamente el presupuesto e incluso expulsó al encargado por oponerse a la medida.

Las personas no heterosexuales necesitamos estabilidad democrática, no somos un antojo electoral ni mucho menos podemos seguir recibiendo la violencia política que el conservadurismo ejerce a rajatabla, necesitamos una estructura política estable que es posible, miremos a la Argentina: Subsecretaría de Género y Diversidad Sexual, Dirección Provincial de Equidad de Género y Diversidad Sexual, Dirección de Investigación y Estadísticas de Género, Dirección de Programas y Proyectos para la Equidad de Género, Dirección Provincial para el Abordaje Integral a las Víctimas de Violencia de Género, Dirección de Asistencia Técnica y Abordaje Territorial de la Violencia de Género, Dirección de Fortalecimiento Local de organizaciones vinculadas a las políticas de género. etc. Este fortalecimiento institucional prueba que sí es posible traducir las demandas de género y diversidad sexual, hace falta voluntad política y terminar con ese “buenondismo” hipócrita electoral.

Se hace inevitable advertir las paradojas del modelo que destacan por la relevancia de la forma sobre el fondo (políticxs electxs pese a desempeños mediocres o prontuarios policiales importantes) o la instrumentalización del fondo para justificar la forma sin importar la ética (instrumentalizar los ideales de justicia social para ser la cara del proyecto). Pareciera ser que hacemos política por inercia, no existe una proyección como tal, solo la sensación del trabajo por el trabajo. No importa en qué, ni dónde se trabaje, pero hay que hacerlo, hay que obtener resultados de alguna forma, jugar estratégicamente de la forma en que el grupo con poder al que quiera llegar me acepte como uno de los suyos y así triunfar en la obtención de los beneficios o derechos que necesito para vivir. La realidad y el tiempo avanzan, lo natural es que las ideas tradicionales muten y se adapten o perezcan. Quienes defienden el modelo con vil servidumbre voluntaria, tienen que aceptar su obsolescencia y que el presente y el futuro son incompatibles con sus ideas atávicas.

Sobre el Autor

Sebastián Navarrete

Militante del Frente de Diversidad Sexual de RD en Valparaíso, coordinador del territorio Quilpué-Villa Alemana y Sociólogo.

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