Gracias Julio César Rodríguez

Julio César Rodríguez se esmera en hacer el trabajo que encarga el periodismo frente a los poderosos que acuden a una pantalla caliente: cuestionar, enfrentar fantasías propagandísticas con la realidad, empatizar con las personas; no ser un mero repetidor de estrategias comunicacionales de un poder que no cede, sólo cambia de rostros.

Hay una sensación instalada entre quienes cada mañana tratamos de informarnos sobre lo que pasa en Chile viendo matinales, espacios que a estas alturas funcionan como producciones de debate y periodismo, de entrevistas políticas y análisis de la realidad, con un fuerte énfasis editorial de cada estación. La sensación es que en el matinal “Contigo en la mañana”, de Chilevisión -conducido por Julio César Rodríguez y Monserrat Álvarez-, hay una mirada distinta que da confianza, una confrontación contundente, a nivel periodístico, a las autoridades y figurines políticos que se pasean con la esperanza de cosechar popularidad; sin perder el tono más distendido de un programa que sigue sin pertenecer al departamento de prensa, pero que se hace cargo del lugar que está ocupando en coyunturas eminentemente políticas y sociales.

Y en esa sensación ha sido crucial el encuentro en cada jornada con el profesionalismo de Julio César Rodríguez, cuyos emplazamientos alumbran de vez en cuando sobre de qué se trata la labor de un periodista en una entrevista; en lugar de la servidumbre y el trato con guante blanco -tan presentes en otros canales-, emplazamiento ante declaraciones falaces y bravuconadas peligrosas y sin sustento. En lugar de sumisión al poder y respeto que roza la pleitesía frente a la autoridad, cuestionamiento y exigencia de un lenguaje claro. Se limita el espacio del cantinfleo, de los fuegos de artificio discursivos para adornar egos y famas, para dar paso al “pan pan, vino vino”, la verdad de la milanesa, el meollo del asunto. Y aquellos memorables emplazamientos son los que convierten cada ciertos días a “Julio César” en tendencia en redes sociales. Veamos por qué:

“Una cosas son los hechos y las otras son las palabras, aquí yo soy periodista”, le dijo hace días Julio César a Alvaro Elizalde, cuando el presidente del PS le sacaba brillo al envío de la ex presidenta Bachelet del proyecto de nueva constitución, como muestra de constante compromiso progresista con un nuevo Chile. “¿Enviando el proyecto al último día?”, retrucó Julio César, quien además recalcó que fue el expresidente Lagos, del mismo partido socialista, quien levantó políticas públicas dañinas como el CAE. En el mismo programa recordó a la diputada Camila Flores, declarada pinochetista, que “le gustó un gobierno que no tenía Congreso y ahora es diputada”.

Podríamos decir que el periodista solamente está haciendo su trabajo, y que no debiera sorprender la manera en que enfrenta a sus contrapartes. Sin embargo, su función parece asombrosa, porque nos hemos acostumbrado a que en otros matinales, muchas veces los periodistas conductores más que cuestionadores de sus entrevistados, parecen plataformas, cajas de resonancia de discursos oficiales. Líderes de paros de camioneros tratados con mucha precaución, en lugar de ser enfrentados a la dura realidad, como hizo Julio César con José Villagrán este miércoles: Villagrán relataba cómo pedían guías de despacho para decidir a quién dejaban pasar por la carretera, a lo que Julio César señalaba una “inconsistencia tremenda”, ya que minutos antes el camionero declaraba que dejaban pasar a todos los camiones. “¿Qué autoridad tiene usted para pedir la guia a un señor que no se quiere adherir al paro?”, siguió Rodríguez. “Usted está a favor de los terroristas”, cerró José, para retirarse de la conversación. Sería bueno que ese tipo de ejercicio de honestidad intelectual fuera una norma en la televisión de la mañana, y no una excepción. Pero hoy no podemos decir que sea así, por algo sorprende, y divide a las redes sociales entre admiradores y trolls del animador. 

Entre los admiradores, ciertos emplazamientos a autoridades -que asumen los matinales como sencillos espacios de promoción y publicidad- toman el carácter de épicos, por la envergadura de los enfrentamientos, los que suelen desnudar las verdades de sus contrapartes hasta dejarlos de cara al ridículo. Es el caso del diputado Diego Schalper, quien tras la crisis del oficialismo a partir de la aprobación del 10%, llamó a su sector a la unidad y al diálogo: “Pero diputado, usted renunció a la bancada cuando ganó el 10% ¿de qué diálogo me habla?, cuestionó JC.  Entonces, los ciudadanos hartos de quienes toman la política como una carrera que se galopa sobre el caballo del cinismo y la hipocresía, celebran la actitud de Julio César como si se tratara de ellos, los televidentes, corriendo el velo del engaño con el que se cubren los políticos más básicos. He ahí el goce, cada desnudamiento de Julio César a una autoridad se recibe como un gol que hay que celebrar, un gol de tu equipo que en otros canales rara vez se anotan.

Golazos son también los que JC suele anotar a Iván Moreira, quien en busca de la popularidad se expone semanalmente al escrutinio del panel de los matinales. Frente a Julio César, eso sí, debe reconocer su historia. “Yo conozco la pobreza, fui alcalde de una de las comunas más de izquierda de Chile”, se enorgullece Moreira para hablar de su pasado ochentero. “Pero fue designado, ganó con un solo voto, el del Capitán General”, recuerda el conductor, con una simpatía que lanza las verdades en un tono tal que, verdaderamente, cuesta esquivar las certezas. No queda otra que apechugar para el entrevistado que busca pasarse de listo. 

Hoy el matinal conducido por Julio César y Monserrat Álvarez lidera por lejos la sintonía matinal, llegando en momentos álgidos a cifras históricas para el horario, como en el debate por el 10%. Lo que la industria televisiva y el periodismo de matinal deben anotar es que no es un éxito azaroso. Porque mientras en los canales de al lado algunos se hacen los lesos para tratar temas que conciernen a integrantes del panel, y otro corta el pelo a un camarógrafo para hacerse el simpático, en “Contigo en la Mañana” hay un equipo -donde claramente destaca el estilo Julio César- que se esmera en hacer el trabajo que encarga el periodismo frente a los poderosos que acuden a una pantalla caliente: cuestionar, enfrentar fantasías propagandísticas con la realidad, empatizar con las personas; no ser un mero repetidor de estrategias comunicacionales de un poder que no cede, sólo cambia de rostros. Como él mismo lo dijo en entrevista con Interferencia: “Los animadores tenemos que tener una posición frente a la realidad”.

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