Franja televisiva: La esperanza del pueblo versus los discursos de odio

No pasó desapercibido el “llamado de alerta” de sectores evangélicos por el rechazo de la sociedad civil. Con una voz preocupada, compartieron una imagen de naciones unidas y la bandera arcoíris LGBTIQ+ mientras exclamaban un supuesto compromiso a defender al país de los peligros imprudentes. ¿No es esto, sino, uno de los ejemplos más crudos y evidentes de un discurso de odio en plena televisión abierta?

A un mes del plebiscito constitucional abierto por las masivas movilizaciones en las calles de la revuelta social, se estrena la tan esperada franja televisiva: un espacio de campaña audiovisual para todos los comandos en televisión abierta. Las campañas del apruebo y la convención constitucional buscan hablarle, con un mensaje esperanzador, a un país despierto que añora más y mejor democracia. Son las mismas organizaciones sociales del pueblo de Chile que protagonizan este segmento. Por el contrario, quienes defienden el legado dictatorial recurren a más de lo mismo: comunicación irresponsable, fake news y engaños. Con esto, se configura una campaña del terror de una derecha sumamente defensiva y temerosa de Que -por fin- Chile Decida.

Pero no es cualquier campaña del terror. No pasó desapercibido el “llamado de alerta” de sectores evangélicos por el rechazo de la sociedad civil. Con una voz preocupada, compartieron una imagen de naciones unidas y la bandera arcoíris LGBTIQ+ mientras exclamaban un supuesto compromiso a defender al país de los peligros imprudentes. ¿No es esto, sino, uno de los ejemplos más crudos y evidentes de un discurso de odio en plena televisión abierta?

Cuando hablamos de discursos de odio nos referimos a todas aquellas comunicaciones estigmatizantes que perpetúan patrones ofensivos y que tienen por objetivo reproducir discriminaciones en contra de un grupo de la sociedad, en este caso, en contra de la población de lesbianas, trans, no binaries, homosexuales y todo el espectro disidente sexo genérico.

Estos discursos no son válidos ni pueden ampararse en la libertad de expresión, toda vez que las libertades de las personas terminan cuando vulneran o afectan los derechos de otras. Además, constituyen sin duda un perjuicio contra todo el espectro de la diversidad sexual que es atacado solo por el hecho de ser tales, vulnerando tanto directa como simbólicamente nuestra dignidad como personas y dicho sea de paso, infringiendo compromisos internacionales del país para con la erradicación de violencias de género.

Éstas son las mismas personas de las que provienen discursos en contra de la “ideología de género” y la fracasada campaña de hace unos días “colizón pero no gueón”. Contra toda esta agenda anti-derechos, se ha alzado un triunfante conglomerado de movimientos feministas y disidentes sexuales, que desde mucho antes de la revuelta ha luchado por una sociedad más justa, con igualdad de género y acceso a derechos. Hoy, con el proceso constituyente a toda marcha, el foco está puesto en la erradicación de todos los candados políticos del patriarcado y consagrar una nueva democracia en su conjunto, que sea toda feminista y toda disidente.

Resulta impresentable que el Consejo Nacional de Televisión haya sido cómplice flagrante de otorgar tribuna nacional para vulnerar la integridad de cuerpos, identidades y activistas del país. Que no quepa duda que son responsables directos del explosivo aumento de crímenes de odio, violencias extremas y alevosas en contra de las diversidades sexuales.

Tanto la televisión como los medios de comunicación en general no pueden ser indiferentes a las desiguales relaciones de género en la sociedad. Urge resignificar el periodismo y la labor comunicacional en clave feminista, democratizando los medios de comunicación y visibilizando nuevas actorías y problemáticas sociales.

No queda sino rechazar con el mayor ahínco de las fuerzas de la historia toda creación y reproducción de odio injustificado. Lo de hoy no fue una postura legítima, sino un mensaje ilegal y atentatorio contra derechos humanos. Carente de toda sustancia política y con la violencia como su único horizonte.

Pero contra toda discriminación, los activismos LGBTIQA+ seguimos firmes en la lucha y nuestro camino es claro. Votamos apruebo y convención constitucional con un profundo interés en mejorar y ampliar nuestra democracia, despatriarcalizando nuestras relaciones sociales y políticas. Somos y queremos ser parte del pueblo que construya la nueva carta magna, tanto en las calles como en el órgano constitucional. La Nueva Constitución (así como la revolución) será disidente o no será.

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