Francisco Conejera, fundador revista “El Carrete”: La historia se escribe en la calle

Gestor cultural, periodista, músico, líder sindical. El pasado miércoles 18 de noviembre falleció Francisco Conejera, mítico fundador de la revista El Carrete y el festival Talento Crudo. El murciélago que revoloteó el rock subterráneo de la transición.


Imaginemos por un momento julio de 1989, cinco meses antes de la primera elección presidencial desde 1970. El dictador derrotado en las urnas y sus soldados intentando afirmar cuanto puedan para entorpecer el proceso de transición. La centro-izquierda definiendo sus proyectos, entre el veto al brazo armado y la consolidación del conglomerado llamado a asumir el poder en la siguiente década. ¿En las radios? Música en inglés. Pop. También rock, pero en inglés. Lo mismo en televisión. Lo mismo en prensa escrita. ¿Los sellos? Abandonando a su suerte a agrupaciones que antes les dieron de comer y pagaron los créditos hipotecarios de sus ejecutivos.

Si seguimos reconstruyendo el momento histórico, dibujamos una época donde la política juvenil había sido conducida por la Secretaría Nacional de la Juventud, un esbirro autoritario y fascista, emblema del oscurantismo pinochetista. La alternatividad era el único camino para las juventudes más inquietas y era también un refugio si lograbas escapar del destino perro de las poblaciones, donde “nadie se acordaba de los locos” y estos aspiraban neoprén y fumaban pasta base pateando las piedras que les arrojó el desempleo. Una “juventud dañada”, decían los expertos.

Hasta que llegó El Carrete.

“¡Por fin un periódico juvenil! Parecía imposible lanzar a la calle una publicación que no se sumara al acartonamiento de las existentes. Pero EL CARRETE ya invadió el país con su buena onda y sabemos que será una verdadera alternativa para quienes necesitamos de un medio imaginativo que nos represente”.

El extracto corresponde a la editorial del primer número de la revista, pero funciona también como una síntesis de la obra que dejó en vida su fundador, Francisco Conejera. “Por fin”, “parecía imposible”, “buena onda”, “verdadera alternativa”, “medio imaginativo”. El Carrete no fue solo una revista juvenil que puso su foco en el rock (principalmente chileno y en el más amplio sentido de la palabra rock). La revista fue una vía de escape, experimento creativo y escuela formativa para una generación de músicos y escritores que se ilusionó con la democratización de la sociedad, pero se decepcionó con la alegría que tardó en llegar.

El apóstol

¿Quién era Pancho Conejera? Primero que todo, rockero. A la antigua. Rockero de corazón. Integró varios grupos del circuito marginal. Los Mortis en el setenta, Escarcha después del golpe. Repertorio reducido a covers para eludir la censura, en escenarios poco iluminados, mal amplificados y sin promoción: la vida del rockero en dictadura.

“Cuando se trataba de canciones en inglés la dictadura no te pedía las letras. Hicimos el aguante en dictadura, sobre todo las bandas que venían de antes, Arena Movediza, Tumulto, Millantún, Sol Y Medianoche, La Banda Del Gnomo”.

Pancho Conejera

En 1980 se casa, abandona el grupo y vierte su energía en un trabajo que le permitió complementar su rutina familiar y su filiación rockera. Llega a la prensa. Abrir una edición de Las Últimas Noticias de fines de los setenta y comienzos de los ochenta era tener la opción de encontrar, tal vez, uno de los pocos registros de la escena subterránea santiaguina, mucho antes de la llamada “alternativa” que captó el interés del snobismo.

En 1984 migra a Buenos Aires y toma contacto con una realidad inimaginable para el rock local, con la democracia en avanzada y un medio en ebullición: la ciudad de la furia y de los raros peinados nuevos. El contacto con la entonces “capital del rock latino”, cambió para siempre a Pancho y, al regresar, dirigió el suplemento juvenil Clip en LUN, de corta existencia, para luego cosechar su fruto más reconocible y legado primordial: la revista El Carrete.

En El Carrete se hablaba de música, de conciertos y de discos. Se hablaba de los problemas de las juventudes y se daba espacio a temas difíciles que aún hoy el periodismo musical no se atreve a tocar. Ediciones históricas como la del retorno a la democracia que encuestó a artistas y músicos sobre sus expectativas del futuro; entrevistas a los comandos políticos de Büchi, Errázuriz y Aylwin sobre sus políticas culturales ad portas de las elecciones; paneles de conversación a los directores de los sellos y los radioprogramadores para que respondan una difícil pero crucial pregunta: “¿por qué abandonaron el rock chileno?”; cuestionamientos abiertos a la escena sobre su filiación política. Si, con todo el cariño y espacio que dio a grupos como Arena Movediza o Tumulto, no pasó por alto que hayan tocado para la campaña de Büchi y, sin censurarlos, al menos puso el tema en la mesa.

Pero hay más. La histórica revista se la jugó poniendo en portada a grupos impensados, como Criminal, Andrés Godoy y al Jorge González de su etapa solista; organizó festivales donde la entrada era mostrar un casete de cualquier banda de rock chileno; sirvió de vitrina para iniciativas como Semillero Rock (el archivo de rock fundado por Juan “Panzer” Álvarez), la camada rockera del sello Alerce, las nóveles iniciativas de investigación sobre rock chileno de Fabio Salas y Francisco Castillo, la Asociación de Trabajadores del Rock.

También, potenció a una escena injustamente poco documentada y olvidada por las luces del Nuevo Rock Chileno impulsado por los sellos multinacionales y la industria editorial a mediados de los noventa: Fulano, De Kiruza, Sexual Democracia, Los Morton, Mauricio Redolés, Masaccre, Profetas y Frenéticos, y los primeros años de La Ley y Los Tres. En El Carrete estaban todos y el llamado a terminar definitivamente con las absurdas diferencias entre los del Canto Nuevo, el Nuevo Pop y el Hard Rock era un acto político. Un valioso archivo sobre una etapa de la historia de la música nacional.

Rock crudo

“Que el rock chileno tuviera un espacio en la cultura de este país fue un trabajo que hicimos a pulso, que costó mucho, por años, con todas las bandas, porque aunque a mí se me ocurrió el Día del Rock Chileno, no pude hacerlo solo… y lo logramos”.

Pancho Conejera

El 11 de septiembre de 2019 el Senado promulgó La Ley 21.177, que establecía el 15 de agosto como el Día del Rock Chileno en el calendario oficial de la república. En la ceremonia no estuvo invitado Conejera.

“No es tan importante en realidad (que no me hayan invitado). Lo relevante es que la escena del rock chileno por fin tendrá un día especial para celebrar. Durante hartos años pasé por todas las autoridades de cultura, desde Di Girólamo para acá, y nunca quisieron oficializar la fecha porque involucraba recursos, según me decían. Nosotros en el 2008 ya teníamos siete versiones del Día del Rock Chileno, pero under, siempre under, como es y ha sido la gran escena del rock nuestro”.

“Under, siempre under”. Es tal vez ahí donde más se reciente su partida. Revisando las redes sociales, la muerte de Conejera impactó a una escena marcada por el rigor de la subterraneidad: periodistas de todos los medios, archivos patrimoniales de música y, sobre todo, rockeros viejos, jóvenes, famosos y emergentes. Todos conocieron a Pancho en la calle, en las tocatas, en los festivales, en la cancha, en el centro cultural, en la junta de vecinos, en la plaza comunal, en el catering, en el gimnasio, en la radio independiente, en las clases y donde hubiera música.

Ya en El Carrete echó a andar su segunda obra emblemática, el festival de bandas emergentes comunales Talento Crudo, por donde pasaron un número incalculable de proyectos diversos. Para todos tuvo oído y palabras, basta con mirar un poco la reacción de las redes sociales y los recuerdos de quienes lo conocieron en estas instancias. Y pese a que el festival comenzó con apoyo económico y la vitrina de TVN en 1989, con los años, aún habiendo perdido las luces de la estelaridad, Talento Crudo nunca dejó de existir.

Tampoco dejó de existir otra de sus obras emblemáticas, la Radio Rock Chileno, uno de los primeros ejercicios de radio web destinada exclusivamente a la música nacional. O su faceta política y social, como miembro de la Asociación de Trabajadores del Rock, el Sindicato Nacional de Músicos y Artistas de Chile (Sinamuarchi), el trabajo barrial con bandas comunales y regionales y la defensa política que debió hacer frente a la opinión pública, sentado junto a director del Instituto Nacional de la Juventud, pidiendo a la ciudadanía que dejen de criminalizar al rock, tras los fatídicos hechos ocurridos en el concierto de los Guns N’ Roses en 1992.

Finalmente, no podemos negar su labor patrimonial, a la cabeza de hechos históricos como la celebración de los 50 años de Los Jaivas en el Museo de Bellas Artes el año 2013 –que se convirtió en una exposición de los 50 años del rock chileno, con las salas del Museo llenas de discos y fotos, tocatas y charlas por un mes– y la creación del Museo de la Música Chilena en la sede del Sinamuarchi. Siempre detrás, pero siempre ahí.

Carta a Pancho

Conocí poco a Pancho Conejera. Su presencia fue permanente en mi horizonte y una latencia desde que comencé a investigar de música. Mi primer contacto con él fue a través de los afiches de Talento Crudo pegados en el Metro y luego con las ediciones de El Carrete que encontré en los persas.

En el marco de mi investigación de tesis, busqué los archivos de la revista y fue una ingrata sorpresa encontrar pocas ediciones en la Biblioteca Nacional. Cuando al fin pude dar con la colección más completa que he visto –gracias a un generoso colega, del cual estoy muy agradecido–, me percaté del enorme valor histórico de sus páginas y de la valentía y trabajó inmenso que significó para aquel momento llevar a cabo la iniciativa.

Seguí investigando y Conejera se convirtió en uno de los protagonistas de mi historia, creciendo en mí una admiración muy profunda por su obra. Siempre supe que estaba enfermo y por lo mismo mis insistencias para hablar con él fueron pocas y muy respetuosas. El temor del inexperto me hacía dudar en mi decisión de buscarlo, hasta que, por cosas del destino, llegué a uno de sus amigos más cercanos, le conté de mi trabajo y le pedí –con algo de nervio– que le preguntara si podía conversar conmigo.

Tuve la suerte de entrevistar a Pancho en agosto de este año y pude cerrar mi investigación. Ahí me percaté que el miedo era algo personal, pues Pancho estaba contento de ser entrevistado. Su pasión era desbordante y los detalles apasionantes. En todo momento me sentí deudor y, si bien siempre he procurado ser muy respetuoso con mis entrevistados, creo que esta fue la única vez que terminé agradeciéndole por el trabajo de años y reconociéndole que, sin su pega, quién sabe si yo estaría haciendo esto.

En la oportunidad me contó que un par de veces le dijeron “el apóstol”, por su rol cuasi refundador del periodismo musical en Chile, que hace poco había dado otra entrevista para un joven que preparaba un documental sobre Talento Crudo –¡qué buena noticia!, pensé– y que de vez en cuando, cada vez que puede, sigue tocando con su banda La Fe.

Espero que no olvidemos el legado de Pancho y pido por esta carta que pueda tener una entrada en el sitio MusicaPopular.cl –tal como otros hombres y mujeres de la industria–, que la SCD o la Fundación Música de Chile emitan una declaración o que en la Feria Pulsar y el ciclo Letra Sónica se realice un homenaje formal a su persona, para no apagar el fuego, pasión y obra de uno de los que movió el cerco. Uno de los fundamentales. El murciélago que revoloteó el rock subterráneo de la transición.

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