Fotoperiodista de Agencia EFE denuncia golpes y maltratos en detención en Plaza de la Dignidad

Sebastián Silva lleva trece años como fotoperiodista y vivió un verdadero calvario entre el domingo 18 y el lunes 19 cuando fue detenido por efectivos de Carabineros mientras trabajaba. También denuncia que fue brutalmente agredido en medio de la persecución por parte de la policía a la prensa internacional. Este es su relato.

Sebastián Silva es un destacado fotoperiodista que lleva 13 años ejerciendo su profesión. En el último tiempo ha colaborado para EFE, una de las agencias noticiosas más conocidas del mundo.

Sebastián asistió el domingo 18 de octubre a reportear a la Plaza Italia como toda la prensa internacional. Había expectación de lo que podía pasar con la conmemoración del llamado aniversario del 18-O.

En ese entonces, Sebastián había planeado encontrarse con la familia de Mario Acuña en la plaza, estaba realizando un reportaje para la prensa internacional sobre el olvido del caso del hombre de 44 años que quedó postrado tras ser víctima una golpiza por parte de carabineros en la comuna Buin, pero nunca llegó y la familia se comenzó a preocupar.

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El aumento de la represión no es un secreto para los fotoreporteros, Silva dice que la violencia se incrementó con el caso de Anthony, el adolescente que fue arrojado al Mapocho por un funcionario policial hace algunas semanas.

La imagen dio vuelta al mundo gracias a la presencia de los corresponsales extranjeros. Sebastián dice que ese fue justamente el punto de inflexión, el momento donde comenzaron las detenciones a fotógrafos y periodistas.

El 18 de octubre con la imagen de la iglesia de la Asunción en llamas, la mayoría de los fotógrafos que trabajan para el extranjero decidieron ir a ver qué pasaba. Entre ellos estaba Sebastián Silva.

De a poco llegaron algunos autos blindados de Carabineros, dos guanacos, un zorrillo y un piquete de Fuerzas Especiales que empezó a atacar a la prensa. Sebastián comenzó a tomar fotos.

“Carabineros golpeó a un colega de El Mercurio, luego voy avanzando, se estaban llevando al que estaba en la iglesia adentro, otro fotógrafo, empiezo a avanzar y estaban golpeando a otro colega de la agencia Atton”.

En ese momento Carabineros estaba deteniendo a un joven que lanzó una bomba molotov contra el piquete policial y en ese momento Sebastián, con otros colegas, le fueron a sacar fotos. “Ahí le pegaron a otro colega que es de la Agencia Uno y al Jonathan que es de la Atton y a él lo botaron. Otro fotógrafo le hizo fotos al Jonathan que llegó a volar cuando lo empujaron. Le pegaron un combo, le echaron una rociada de gas pimienta y el colega salió rodando, el lente se salió y en ese momento me tomaron detenido”, recuerda.

Ahí también comenzó su calvario.

A Sebastián lo agarraron por la espalda y el cuello, lo llevaron al carro policial, le sacaron la mascarilla y lo golpearon la sangre corrió profusamente por su nariz. En ese momento le tuvo que mostrar su credencial de corresponsal internacional para que pararan.

– Ahí pedí explicaciones de por qué me habían llevado, no me dijeron, no me leyeron ni mis derechos de hecho la respuesta que me dijeron era “no se po, pregúntale al que te detuvo”-, recuerda.

Después Sebastián se encontró con otro Carabinero

-Le pregunté que por qué estaba detenido y contestó “Es que me caís mal huevón, yo te conozco y me caís mal”, por eso te detuvieron porque le caía mal, según él-

En esos momentos, Sebastián prendió su celular para documentar la agresión. “Me hice fotos de cómo había quedado y empecé a grabar, me quitaron el celular, me amenazaban que si no les pasaba la cámara me iban a esposar, yo no accedí a pasarle mi cámara porque no confiaba en ellos obviamente, entonces en el fondo les dije que la iba a guardar, que iba a guardar el celular y que estábamos bien.”

A pesar de estar haciendo su trabajo como fotoperiodista de Agencia EFE con su credencial y equipo periodístico al descubierto, lo llevaron a la 19° comisaría y ahí los bajaron para cambiarlo de carro policial.  

Después lo trasladaron para constatar lesiones a un Cesfam ubicado en las calles Copiapó con San Diego, donde Sebastián estaba con la nariz rota. Estuvo cuatro horas dando vueltas en el carro policial con otros detenidos,

Sebastián llegó a la Tercera Comisaría de Santiago en la noche, en ella había un galpón donde estaban todos los detenidos por desórdenes, pero a él lo llevaron a los calabozos

-“¿Por qué me traen para acá si no estaba haciendo desórdenes ni nada?, pregunté “No es que aquí tenemos que registrarte”, me respondieron. Y cuando me  contestan, me quitaron mis cosas y equipo de trabajo (…) Después me cambiaron para otro lado y no me decían nada hasta que después llegó un defensor público me avisó que estaba detenido por atentar contra carabineros-, recuerda.

Desde el momento de su detención a Sebastián no le habían dado comida ni agua, apenas pudo dormir y estuvo conversando con los otros detenidos, manifestantes en su mayoría. Cerca de las ocho de la mañana llegó el bus de traslado a la penitenciaría.

“En el fondo nunca nos pegaron, no nos dijeron nada en Carabineros, si no que el frío y el hambre no más, pero cuando llegamos a gendarmería fue otro el cambio (…) en los lugares donde nos pegaban no había cámaras”.

En la entrada del Centro de Detención Preventiva (CDP), más conocido como la ex penitenciaría, no había cámaras entonces fue en ese momento donde comenzaron a agredirlos. A los detenidos, incluido Sebastián, los formaron en una sola fila pegados a la pared, prácticamente respirando a la nuca de los otros hombres.

-En ese momento un detenido tira una talla sobre los gendarmes, yo asentí y me pegan en la cabeza un charchazo con la mano abierta y un combo en la costilla, al mismo tiempo, el gendarme me dice “Qué te reís ´conchetumadre´, ponte al final”-, recuerda.

Hubo otro detenido que se dio vuelta, el gendarme le pegó pero él se trató de defender y se lo llevaron al final para darle una golpiza, donde solo se escuchaba el ruido de los golpes secos del personal de gendarmería.

Sebastián recuerda que cada lugar en donde no habían cámaras, personal de gendarmería aprovechaba para pegarles a todos.

-Cerca de las diez comenzó el traslado al centro de justicia por el subterráneo que tiene con la ex penitenciaría . Todos caminando lentito, de repente nos pegaban charchazos, combos, como un “callejón oscuro”-, recuerda Luis.

Cuando llegaron, los separaron en tres celdas de 3×2 ahí estuvo desde las 10.30 de la mañana hasta las 5.30 de la tarde. Sin poder ir al baño, sin tomar agua, cansado, con sueño, sin haber dormido y ahí empezó el estrés. Se turnaban para poder sentarse y descansar.

-Me dio ansiedad, porque yo pensaba, me están cargando algo que yo no he hecho-, confiesa.

La familia de Mario Acuña se dio cuenta que Sebastián había desaparecido, que no contestaba el teléfono ni daba señales de vida. En eso se enteraron de su detención y pidieron ayuda a los abogados de Mario, quienes lo fueron a ver.

Aunque le habían dicho que estaba detenido por “ataque a Carabineros” , finalmente fue formalizado “desórdenes públicos”.

-Ellos decían que había tirado piedras, que había gritado consignas contra ellos, “pacos culiaos los vamos a quemar vivos” y que quise tratar de salvar al joven que lo estaba tomando detenido”.

Sebastián solo había tomado fotos de la detención del adolescente que mencionaron. Es decir, solo estaba haciendo su trabajo.

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Finalmente Sebastián salió libre, con un plazo de investigación de 80 días por el delito de “desórdenes públicos”.

-Yo solo estaba trabajando. Llevo 13 años en esto y ya tengo bastante experiencia en el tema, o sea no me emociono con las cosas, porque yo sé lo que es estar cerca de los Carabineros, de hecho, yo mismo hay veces que le digo a colegas que están trabajando que tienen poca experiencia, los saco de ahí y les digo “compadre, sea más inteligente”, “no se coloque a mirarle la cara a los pacos”, porque en cualquier momento te van a llevar-, comenta.

Después de la detención ilegal, Sebastián tuvo que seguir trabajando.

-Me ha costado reponerme, me cuesta dormir, comer no tengo apetito, ando súper sensible, corto de genio, como con mucha rabia acumulada (…) ¿Cuántas personas estarán detenidas ahora por un tema que les cargaron? ¿Cuánta tortura debe haber ahora por parte de gendarmería? ¿Cuánta violencia hay hacia los reos? Eso a mí me afecta bastante. ¿Por qué tanta injusticia? ¿Por qué ellos pueden hacer lo que quieren y pueden crear montajes? ¿Quién va a reparar eso? ¿Quién repara lo que viven la familias? Mi familia estuvo súper mal cuando estuve adentro, porque también pensaron lo peor-, concluye.

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  1. Fuerza, y a seguir trabajando, más que nunca. Evidentemente no querían que se fotografiara la quema de las iglesias, algo oscuro ocurrió ahí, y eso lo podían registrar los fotógrafos.

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