Ficciones de Gonzalo Vial. La fijación psicoanalítica sobre Salvador Allende

Gonzalo Vial expone lo esencial de la retoricidad: el movimiento pendular de un discurso político. Existe aquí una curiosidad y también una molestia por “algo” (¡un tábano que no se deja historiar¡) que le resulta insondable al historiador de Pinochet. Contradicción en términos de un proceso que –según él- deviene inviable. Tras el discurso de Allende habría una dimensión oscilante “gatillada” por el guevarismo sesentero, o bien, por la cubanización del Partido Socialista; su partido y su fatídico desenlace (falta de realismo, ausencia de diálogo centrista, etc).

En un conocido libro dedicado a la Unidad Popular el historiador conservador Gonzalo Vial (ex Ministro de Pinochet) afirmaba lo siguiente:

 “¿y Allende? Allende era un hombre tironeado entre su moderación verbal, su pasado de viejo demócrata, de una parte, y de la otra, su entusiasmo, también de viejo, por ese romanticismo juvenil de la violencia, por estos muchachos cubanos, que habían hecho realidad en dos o tres años el socialismo que él llevaba intentado materializar largos cuarenta años por la vía democrática, sin mayor resultado. Era un balance desconsolador, sin duda, y por eso resulta tan interesante ver como oscilaba Allende. Primero en diciembre de 1970, indulto a todos los violentistas que estaban presos. Dijo que eran unos jóvenes equivocados, pero idealistas. Después en mayo de 1971, en la Universidad de Concepción, sostuvo una polémica violentísima con un jefe estudiantil del MIR, Nelson Gutiérrez, delante de todos los estudiantes, Gutiérrez auspiciaba la vía violenta y Allende la vía democrática* (las cursivas son un énfasis nuestro)         

Gonzalo Vial expone lo esencial de la retoricidad: el movimiento pendular de un discurso político. Existe aquí una curiosidad y también una molestia por “algo” (¡un tábano que no se deja historiar¡) que le resulta insondable al historiador de Pinochet. Contradicción en términos de un proceso que –según él- deviene inviable. Tras el discurso de Allende habría una dimensión oscilante “gatillada” por el guevarismo sesentero, o bien, por la cubanización del Partido Socialista; su partido y su fatídico desenlace (falta de realismo, ausencia de diálogo centrista, etc). Vial pretende exacerbar subrepticiamente la fricción entre las dos almas de la Unidad Popular; el cambio institucional adversus los sectores apegados a la cubanización. Hasta aquí no tenemos diferencias insalvables con el retrato que establece Vial.

Pero más allá de la innegable pulcritud del relato historiográfico, de la solvencia de su pluma, la tensión expuesta por Gonzalo Vial no es excluyente respecto a la tradición laica y parlamentaria del personaje Allende. Ello queda develado en la misma prosa de Vial. La enraizada matriz republicana del Ministro de Salubridad de Pedro Aguirre Cerda, el Senador Allende, el Masón activo y su “sobriedad emocional”. A pesar del vehemente reconocimiento que hace el historiador de marras sobre los valores de un “caballero antiguo”, vehemencia que es necesario subrayar, la fuerza institucional del socialismo chileno queda subrepticiamente desvirtuada en su potencial democrático. El autor del “Plan Z” introduce con sutileza una “grieta” entre Allende persona y el Allendismo mediante una doble ontología. De un lado, el demo-burgués apegado a las más notables tradiciones cívicas; un ciudadano virtuoso escenificado en  la cultura del reformismo (¿areté?) y, de otro, la cubanización y la ulterior ruptura del sistema democrático –esta sería la vía hegemónica.

Dice Vial, “[Allende]…merece respeto por su consecuencia política, por su consecuencia social y por su probidad como dirigente político” (p.33). También consigna aspectos biográficos del personaje; pondera positivamente su buena retórica, su afable personalidad, destaca su cuidada indumentaria, valora su elocuencia. No lo acusa de “licencioso por su éxito con las mujeres”, sino que lo justifica en función de sus atributos adultocentricos, carismáticos ¡Chapeau! Para el anecdotario, subraya su apetencia por las tortas de selva negra, el kuchen de manzana y el trajecito de marinero Gath & Chaves.

En cambio, cuestiona al Allendismo –como vía política- por ceder a un proyecto tentado hacia una vía violentista en los años 60’, cual es el guevarismo imperante en la región. Y así se deslizan un tropel de sofismos. Vial cuestiona al Allendismo libertario desde un Allende cívico (biografía de un hombre consecuente en un tránsito hacia lo público) y solo desde “Allende frugal” puede comprender el obsecuente Allendismo. De otro modo, aquel Allende que profesa un virtuosismo cívico estaría más allá –y más acá- que el Allendismo proyecto político, desagarbado e irresoluto. Viceversa; el Allendismo como vía política se opone a las virtudes públicas del ciudadano Allende Gossens. Un manual de aporías, del que sólo se sale invocando la Guevarización. Una yuxtaposición entre el hombre de la probidad y el líder político (¿cultura reformista v/s cubanización?). No es que Vial limite las virtudes de Allende al plano estrictamente doméstico. No, la operación  es menos burda, pues admite su dimensión pública pero al precio de administrar un bicameralismo psicológico del personaje (“las dos almas del presidente”). En uno de los párrafos del capítulo II, referido a las presuntas armas encontradas en la casa de Tomas Moro, luego del brutal bombardeo, Gonzalo Vial señala una paradoja entre  “….el demócrata de toda la vida versus el revolucionario fascinado por las armas” (p. 98, énfasis nuestro). 

Desde un psicoanálisis de la prosa de Vial, y so pena de aporía busca -al final del camino- dejar al Presidente como un sujeto extremadamente consecuente, pero muy errático en sus definiciones últimas; ¿no será que el historiador, pese a su “agobiadora” erudición, se mantiene entrampado entre conservadurismo ontológico y un nudo parental, para entender las fricciones del cruce entre socialismo y democracia? Solo una holgazanería analítica le permite concluir al autor del “Plan Z” la tesis de un sujeto poco claro, irresoluto. Un Allende atribulado entre sus prácticas institucionales y su proyecto político-transformador. Vial presenta una síntesis aggiornada entre el ethos reformista-institucional de Allende, y por momentos da la impresión que lo intenta redituar en el “panteón republicano”, pero luego persiste en sus inexcusables recaídas en la cubanización, tendencia que finalmente se impone según  el historiador.

 La “promesa” que Allende encarna en su juventud y adultez le da una consecuencia que el mismo Vial reconoce explícitamente en su libro, pero siempre en un registro biográfico. Para ello no escatima esfuerzos en dedicar un prolijo análisis genealógico de este punto; el catolicismo de su madre Laura Gossens, su abuelo Allende Padín. Filántropo, médico y Gran Maestro de la masonería (“El rojo”). Su Padre abogado y notario, ¿no será que el inconsciente escritural de Vial intenta proteger al Personaje desde ese registro parental de la élite chilena y descifrar porqué el líder de la izquierda chilena rompió el pacto totémico  con la oligarquía? Me refiero a ese íntimo secreto de las castas. Allende ¿Un honorable extraviado? El pedigrí redime al presidente. El pedigrí redime a Balmaceda. O bien, bajo la discusión entre honorables de la vieja república  ¿El Doctor Allende y su afán por la modernidad sería el núcleo traumático que desnuda la prosa de Vial?

Sí y no. Simultáneamente Vial recalca tenazmente el romanticismo por la “violencia”. ¡Violencia revolucionaria¡ Nuevamente, el propio historiador se encarga de señalar que Allende no tiene estudios profundizados en la tradición marxista, sin embargo, cataloga a la Unidad Popular como una vía marxista-leninista. Dicho esto, la escisión nuevamente es entre un Allende público y un Allendismo-proyecto. En suma, ¿Allende se inspiraba en una matriz leninista? Claramente no. Por fin, ¿era Allende un revolucionario? Sí, pero la respuesta depende de cómo exploremos tal “hermenéutica política”. No olvidemos que el primer peronismo también puede ser comprendido como una “revolución” –dado sus alcances proyectuales.

A este respecto cabe recordar que la plataforma política de la Unidad Popular estaba conformada por laicos, marxistas  y cristianos (Izquierda Cristiana). Agnósticos que no necesariamente tienen un derrotero anticlerical. De hecho sus diálogos con el Cardenal Silva Enríquez dan fe de una relación constructiva, cuestión que Vial reconoce. En consecuencia, ¿Porqué insistir en que el Presidente tenía una inclinación última hacia la violencia revolucionaria? Acaso en sus discursos llamaba a una dictadura del proletariado. No deja de existir una aguda ambigüedad en la biografía de Vial toda vez que reconoce en su “sesudo análisis” que la tragedia de la UP consiste en un problema estructural (una diacronía), a saber, los gobiernos de Ibañez, Alessandri, Frei-Montalva y Allende no pueden superar el dilema de las planificaciones globales, a saber, la construcción de itinerarios políticos irreductibles. Muy probablemente se trata de una idea que está en sintonía con la tesis de Mario Góngora sobre la era de las planificaciones.

De paso Vial afirma una insoluble contradicción entre los medios y los fines (Capítulo III). Según el historiador Allende utilizaba la vía electoral solo para abrirse paso a la vía Revolucionaria. Habría una relación instrumental con la institucionalidad. El historiador acusa un uso estratégico de la democracia representativa  (la entrevista con el arrogante Debray sería la prueba de fuego). A partir de la táctica, el paradero final de la vía chilena es el socialismo revolucionario (explosivo, incendiario e insalvable) Ergo, totalitarismo marxista. Suma cero. A pesar de la prestancia escritural Vial incurre en una argumentación circunvalar.

Aquí debemos señalar una discrepancia radical con Góngora. Allende, en tanto disputa hermenéutica, abre la hebra de un socialismo como reforma radical. El potencial democrático se expresa en el diálogo con Castillo Velasco, en la valoración del programa populista de Tomic. El socialismo en construcción supone un cambio cultural. Una transformación emancipatoria del ciudadano moderno que debería conducir a un socialismo del Bienestar.  La tesis de Vial (et al) pasa por limitar –mediante un relato persuasivo- a la Unidad Popular tras la óptica del MIR,  como una cubanización que sería, según él, el modelo esencial de Allende. Otra vez el bicameralismo; el Allendismo entra en contradicción con el propio Allende. Nótese que bajo este razonamiento la revolución queda restringida a la “toma de palacio” de los bolcheviques contra los Romanov. Y es que se trata de una pueril sovietización que encuentra su expresión más grotesca en el historiador gremialista, Gonzalo Rojas Sánchez. La tesis de la sovietización está lejos de ser homologable a la vía chilena al socialismo; la misma de la  cual desconfiaba tanto Fidel, tentándolo permanentemente a abrirse a una vía armada.

Finalmente, ¿y quién era entonces el líder de la Unidad Popular? No es el  propósito de estas notas imponer una “soberanía argumental”. Sin embargo, podemos deslizar pistas de lecturas contrastables para evitar la fijación conservadora de Vial sobre el garbo Allendista. Por de pronto existen indicios innegables; se trata del ultimo moderno. Un reformista radical a la búsqueda de un Estado del Bienestar de impronta laico-socialista. Concebía al socialismo como un campo de reformas permanentes contra las relaciones  de dominación –sin que ello implique negar frontalmente el orden liberal. Quizá su objetivo era la conquista de una “socialdemocracia radical” que consistiría en ampliar las fronteras del mundo liberal y mantener en vilo la “revolución democrática-burguesa”. Con todo años más tarde la Concertación con su programa de impunidad cinceló un Allende bajo la épica del realismo. La monumentalizacion no fue una casualidad. Por fortuna este agotador expediente es parte de un rancio conservadurismo que vive sus últimos días. Pero a no olvidar. Vial tuvo que “parir” un libro autobiográfico  sobre Allende. Quizá se trató de un hijo no deseado; un parto muy sangriento


* Salvador Allende; el fracaso de una Ilusión. Universidad Finis Terrae. Centro de estudios Bicentenario, 2005, p. 94.

Total
14
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts