Escaños Reservados Indígenas: El abrazo necesario

Foto: Agencia Uno

Existen argumentos irrefutables que justifican la adopción de mecanismos como los escaños reservados, con el objeto de permitir la efectiva participación política de los Pueblos Originarios. En primer lugar, la convicción de que son sociedades permanentes. Esto significa que tienen derecho a seguir existiendo con sus particularidades, sus sistemas de vida y a decidir hacia dónde orientan su desarrollo.


Para el martes 17 de noviembre quedó programada la votación que debería definir la participación indígena en el proceso constituyente. Hay aspectos de la propuesta que se votará que generaron controversia durante su discusión, y que no fueron apoyados por senadores oficialistas. Si serán 24 los escaños reservados (un porcentaje equivalente a la población indígena que habita en Chile de acuerdo al CENSO de 2017), o menos. Si los escaños reservados propuestos se contarán entre los 155 convencionales o se sumarán a ellos. Si los votantes indígenas deben estar inscritos en un padrón especial, o bastará que se autoidentifiquen con algún Pueblo Indígena reconocido hoy en Chile.

Cada uno de estos puntos entrañó latas discusiones en la Comisión de Constitución del Senado, las que develaron, una vez más, el abismo que separa hoy al Estado de Chile de los Pueblos Originarios. El desconocimiento que existe respecto de su historia, sus dinámicas y formas de comprender la participación política, y la fractura entra las diferentes formas de ver el mundo occidental e indígena, las que no solo son diferentes, sino que en muchos casos opuestas. 

Argumentos como que debería elaborarse un padrón especial “como en Nueva Zelanda”, o que es posible definir según los “rasgos físicos” quien es o no indígena, dejan de manifiesto la necesidad de avanzar en el reconocimiento sustancial de los Pueblos Originarios en Chile. Como guinda de la torta escuchamos a una senadora oficialista afirmar que la demanda por escaños reservados de los pueblos carecía de justificación, que dicha solicitud era asimilable a la que podrían hacer otros grupos de interés, pues era “tirar y abrazarse”. Esta afirmación condensa en una frase lo que la autoridad chilena ha sostenido no solo los últimos meses, sino que los últimos años, sino décadas, y a lo largo de la historia de Chile. 

Existen argumentos irrefutables que justifican la adopción de mecanismos como los escaños reservados, con el objeto de permitir la efectiva participación política de los Pueblos Originarios. En primer lugar, la convicción de que son sociedades permanentes. Esto significa que tienen derecho a seguir existiendo con sus particularidades, sus sistemas de vida y a decidir hacia dónde orientan su desarrollo. Un segundo elemento que justifica la existencia de escaños reservados para Pueblos Originarios es la historia de vulneraciones e injusticias de las que han sido objeto a lo largo de la historia.

Esto está abundantemente documentado y reconocido tanto a nivel internacional como nacional. Este punto alcanza ribetes de tragedia cuando hablamos de mujeres e infancia indígena en Chile. Estas injusticias deben ser reparadas, y uno de los modos en que eso es posible es mediante su participación política efectiva. En tercer lugar, al discutir la necesidad de escaños reservados para Pueblos Originarios, debemos tener claridad respecto que ellos son preexistentes al Estado. Es decir, habitan estas tierras antes que se definieran las fronteras estatales y la organización política de lo que hoy es Chile. 

Existe acuerdo respecto de estos tres elementos a nivel internacional y nacional, pues Chile ha concurrido con su firma a Tratados y Convenios que así lo declaran. También existe consenso en que una forma de reconocer estos derechos, y reparar las vulneraciones, es permitir la adecuada participación política de los Pueblos Indígenas.

La ciudadanía parece haberlo comprendido, pues ha impulsado la visibilización de los Pueblos Originarios y sus demandas desde octubre de 2019. Falta ahora que el Senado, en representación del Estado de Chile, dé ese paso y ofrezca el abrazo que falta, uno que abra espacios para conocer y plasmar en una Nueva Constitución la rica diversidad que nuestra tierra abriga.

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