¿Es, a estas alturas, el toque de queda una medida estrictamente sanitaria?

Foto: Agencia Uno

¿Es necesario hoy seguir con el toque de queda? ¿Es relevante al momento de controlar los contagios? Esta duda no surge de la inmediata necesidad de que se liberalice la sociedad completa en momentos tan álgidos como los que vivimos, sino para saber si es esta decisión acorde con la urgencia sanitaria de la autoridad competente, comandada por Enrique Paris, y no un instrumento que sirva para otros fines.

Es bueno hacerse preguntas que den como resultado una reflexión sobre el presente y el futuro del país en el que se vive, más aún cuando hay medidas que comienzan a aparecer en la conversación nacional como gestos políticos vestidos de acciones en pro de la comunidad en pandemia. Urge conocer la efectividad de tales medidas y el verdadero motivo que hay detrás, para así, al contrario de lo que se cree, escapar de la fácil “conspiranoia” y pedir que la democracia y sus instituciones, independientemente de si están en tela de juicio o no, nos respondan importantes interrogantes.

¿Es necesario hoy seguir con el toque de queda? ¿Es relevante al momento de controlar los contagios? Esta duda no surge de la inmediata necesidad de que se liberalice la sociedad completa en momentos tan álgidos como los que vivimos, sino para saber si es esta decisión acorde con la urgencia sanitaria de la autoridad competente, comandada por Enrique Paris, y no un instrumento que sirva para otros fines.

Si bien es de suma importancia dejar en claro que un Estado presente en materia de resguardo nacional es muy necesario para vivir en una sociedad atacada por un mal de estas características, también lo es saber si es que es ese bien común el que motiva su extensión, o si es más bien una forma de mantener control debido a la ineficacia para hacer política. Por el nulo trabajo de las autoridades de gobierno para desplegar al aparato público en su totalidad en materia social, podemos aventurar una respuesta.

No debería extrañarnos que para una administración carente de todo un sentido de lo común, y abundante en incapacidad para entender las controversias que han seguido explotando tras el 18 de octubre,  sea más fácil alargar ciertas herramientas constitucionales que sirvan para llenar su vacío en todo ámbito administrativo, y así mantener “calmas” las aguas en terrenos adversos. Muchas veces la apelación a algo superior no es más que la intención de concretar intereses mundanos por parte de quienes están derrotados.

Sería bueno saber si es que los agentes del Estado están en las calles persiguiendo el aminoramiento de los contagios o simplemente todo es una excusa para darse atribuciones que, en circunstancias comunes, serían miradas más detenidamente. Y la forma se averiguarlo es conociendo el impacto que tienen ciertas políticas en el objetivo sanitario y llegar a una conclusión respecto de si son efectivas en la tarea que supuestamente se les encomendó, o únicamente cumplen un rol distinto.

A veces los gobernantes incompetentes buscan agarrarse de lo que tienen para hacer lo que no son capaces por su carencia absoluta de inteligencia política. Y, a estas alturas, vale la pena levantar la mano y preguntarlo, para que así no haya policías y militares actuando en las calles para evitar que ciertos discursos renazcan en vez de impedir que la enfermedad se siga propagando.

Teniendo claro que hay cuidados que se mantendrán por mucho tiempo, el Estado debe garantizar que sus acciones no vayan en contra de todo lo que conlleva ser ciudadano en una sociedad democrática, que es más que el libre circular hacia el trabajo; también es poder resguardar su condición de sujeto político.

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