Eric Hobsbawm y América Latina

En “¡Viva la revolución!” Hobsbawm habla de México, de Cuba, de Colombia, de Perú, de los campesinos convertidos en bandidos, del primer año del gobierno de Allende y de lo que denomina “el asesinato de Chile”.

En 2018 se publicó en español “¡Viva la revolución!” de Eric Hobsbawm, el cual era, pese a su nombre, un análisis critico de los procesos revolucionarios que habían tenido lugar en América Latina, poniendo especial énfasis en Cuba.

Hobsbawm fue un historiador nacido en Alejandría de padres austriacos, el cual se trasladó luego a Inglaterra donde se nacionalizó. Fue desde su juventud militante del Partido Comunista.

Entre su obra destacan los libros denominados “La era del capital”, “La era industrial” y “La era de la revolución”, un enorme fresco sobre el desarrollo del capitalismo.

Es también autor de un clásico de la historia reciente, aquel que dedica al siglo veinte, denominado por él como siglo corto, pues su análisis comienza en 1914 y termina en 1991, momento del colapso de la Unión Soviética.

Especialmente la lectura de este último libro provoca un gran placer porque vemos como se despliegan las aventuras y desventuras de un siglo donde ocurre la revolución mexicana y la soviética, las dos guerras mundiales, la revolución China, la guerra de Corea y luego la de Vietnam, la revolución militar progresista peruana de 1968 y, por último, la fiesta chilena de 1970 que termina en la tragedia de 1973.

Hobsbawm describe un siglo de luces pero sobre todo de sombras; de luces que se extinguen y de sombras que actúan destruyendo la libertad, desde las revoluciones de caudillos, desde la revolución autoritaria brasilera de 1964, la argentina de 1966, la uruguaya de 1973 y la chilena de la misma fecha.

En estas tres últimas la acción de los militares asume un carácter derechista y realiza brutales violaciones de los derechos humanos. Algunas son conspiraciones abiertas, pero la mayoría son secretas, como el caso de Pinochet quien engaña y traiciona a quienes habían confiado en él.

A la cabeza de ellas hay militares pero también civiles que los apoyan y que, como en los casos chileno y uruguayo, crean constituciones que imponen a sus pueblos. Los uruguayos tuvieron la suerte de rechazarla, los chilenos todavía estamos lidiando con ellas, esperando la realización de un plebiscito donde se aprueba o rechaza una nueva constitución.

En “¡Viva la revolución!” Hobsbawm habla de México, de Cuba, de Colombia, de Perú, de los campesinos convertidos en bandidos, del primer año del gobierno de Allende y de lo que denomina “el asesinato de Chile”.

Una forma certera de referirse al golpe conjunto de todas las ramas de las fuerzas armadas, que el asesinar a miles de ciudadanos que no habían cometido otro delito que creer en la vía chilena al socialismo, asesinan al país, lo destruyen, lo empujan al silencio, fuerzan la complicidad conformista, lo conducen al dolor y a la rabia.

Las visiones de Hobsbawm sobre los países de América Latina de los cuales hablan son certeras, muestran esperanzas y fracasos. El de Chile muestra las puñaladas arteras, dadas por la espalda a un gobierno constitucional.

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