Entramados de calle, kastización y desfondes liberales

Foto: Agencia Uno

Urge una revisión de las paradojas de calle y sus tumultos, por cuanto el candidato de Republicano le habla a La Florida, a Maipú, Puente Alto, Iquique y Antofagasta. O bien, ¿el Octubrismo del 2019, con su mundanidad y riqueza popular, el mismo que empujó para una nueva Constitución, era tibiamente neoliberal y nunca lo percibimos? Y qué decir de los tumultos de calle y sus entramados de sentido que han desterrado a “tía pikachu”.




Es un lugar común sostener que el actual contexto está caracterizado por la disolución de los antiguos “reductos ideológicos” y la política se juega en espacios de facticidad y mediatización que han horadado toda razón partidaria. Con todo nuestro paisaje político es intensamente esotérico, insondable y enigmático.

A todo ello se suma el crudo cuestionamiento ciudadano-popular a los “barones de la modernización” -2006/2011/2019- que comprende un periodo de “inestabilidad estructural” para nuestro alicaído régimen político. Y sí, aunque sea Boric la carta de triunfo de las izquierdas, sometido a un proceso de “jaduezización de los medios”, y hostilidad mediática ante la prometida “primera línea” del Alcalde de Recoleta, cabe precisar varias cosas. El desfonde de Sichel, en tanto afuerino o herramienta del CEP, IES y L&D en las últimas semanas podría terminar de convencer a cierta derecha ante la hegemónica kastización, a leer la irrefrenable penetración de la “Kramerización”. Aludimos al alma ideológica de la derecha que trasunta a las tres comunas del rechazo, a ese enunciado “yo soy la verdad”, que busca administrar la emotividad del voto popular más allá del aburguesamiento presidencial. Ello obligaría a repensar el retorno a una Concertación 3.0 de la mano de Yasna ficcionando una mapuchidad Concertacionista.

De hecho, hoy domingo en medio de una colosal propaganda electoral no es casual que las oligarquías Santiaguinas en un intento desesperado por detener la Kastización, persistan en abrir páginas centrales en los principales periódicos, y abundantes minutos en pantalla, al candidato que va tercero en las encuestas. No faltó el analista histérico que hoy declaró que una final Kast/Boric sería un retorno al año 88’. Esto invocando el mundo del empredizaje y la pyme liberal, sin considerar la banca rota de los agentes aludidos. ¿Acaso la noticia no debería ser que Kast va segundo, por doloroso que resulte? Huelgan las preguntas, ¿El país resiste una nueva Concertación encabezada por la DC y el realismo de sus barones? Es dable tal pregunta cuando todo nos hace prever que Yasna no pasará a segunda vuelta. Aquí mutan algunas instituciones y deberían emergen otras. Esto no excluye la posibilidad de mixturas, sincretismos y mestizajes en medio del ciclo de ebullición institucional que seguirá al alza.

Sin perjuicio de lo anterior, cabe aclarar que la calle también fue una revuelta mesocrática. Un espacio de insospechadas microfísicas y acciones propias de un inconsciente freudiano, cuyo paradero fue el triunfo de Piñera el año 2018. Y hoy en plena Kastización vuelven las sorpresas por el lado del candidato republicano toda vez que se constituye en el nuevo sujeto político de la derecha y lector de la democracia desde el mundo de Kramer (su guionista). Paralelamente, la elite progresista, confiada en la fuerza auto-explicativa de los “textos literarios” para guiar los procesos sociales, persiste en restituir “el hegeliano régimen de lo público”En 10 años de tremendismo escritural vimos pasar aportes considerables, varios bets seller, ríos de tinta, y lidiar  con una “literatura de la estampida” –asediada por la urgencia mediática- provista por una emergente izquierda elitaria que formó parte de pactos mediáticos y redistribución de las representaciones de poder, no muy ajenas a las tensiones de nuestro mainstream “progre” en la actual Convención a nombre de políticas del reconocimiento (el multiculturalismo como “oficina de partes”). Las escrituras públicas disponibles para un sujeto de la desobediencia estética (estudiante de pregrado), libros y artículos, no fueron, sino un largo obituario cincelado por una presuntuosa “aristocracia cognitiva”. Aparentemente, con la revuelta derogante (2019), ya no bastaba con refugiarse en la democracia de consumos, la hebra hegemónica se trizaba por la parsimonia cupular y ya no es posible justificar de cualquier modo el crecimiento soslayando una desigualdad estructural que ya no goza de legitimidad; he aquí la mejor interpelación a nuestras elites, devenidas como gente con dinero.

Ahora bien, qué pasa si Boric (“Bromic para la sátira popular”) se impone en las urnas en la segunda vuelta con un Kast de fuerte crecimiento demográfico. Todo ello implica admitir una posible hegemonía neoconservadora para el siglo XXI, y una intensa capacidad desestabilizadora que, más allá de la pelea intestinal de la derecha, viene a rediagramar nuestro mapa político: ¿cómo vamos a leer el grito de la calle, con sus dolores tan genuinos para ensayar una comprensión que no apele al lirismo? ¿Qué se propuso leer nuestro progresismo elitario-moderado o napoleónico en las cogniciones rebeldes, incluyendo el cáliz de la protesta mesocrática (2011) o derogante (2019), sin hipotecar todo en un sujeto popular?

No fue acaso la calle el lugar “oportuno” de grupos medios masificados aquejados por acceso a coberturas estatales, gratuidad en los aranceles de diplomados y maestrías quienes marcharon so pena de que a su vez reclaman los goces de la modernización de turno. ¿Y cómo entender un reclamo no homogéneo, intensamente derogante (2019), donde un segmento de la “revuelta neoliberal” –un daimón– se arrojó contra el propio neoliberalismo al precio de abonar una nueva Constitución de resultados inciertos?

No es posible –acaso- leer la calle como una avanzada del capital en medio de las energías de la multitud que no reclaman otro horizonte, sino re/estructurar la bancarización de la vida cotidiana. Qué pasa si lejos del “mayo chileno”, las mayorías fácticas quieren proteger el mercado en sintonía con reformas de baja intensidad afines a la boutique de los servicios (la metáfora del “mall chino”). Hay que advertirlo. Al precio de que gané Boric, una coalición de Kast potenciada sería el revés discursivo de la derecha tendencialmente liberal, y una revisión de las cogniciones del nuevo progresismo. Más aún, urge una revisión de las paradojas de calle y sus tumultos, por cuanto el candidato de Republicano le habla a La Florida, a Maipú, Puente Alto, Iquique y Antofagasta. O bien, ¿el Octubrismo del 2019, con su mundanidad y riqueza popular, el mismo que empujó para una nueva Constitución, era tibiamente neoliberal y nunca lo percibimos? Y qué decir de los tumultos de calle y sus entramados de sentido que han desterrado a “tía pikachu”.

Por fin la calle como puta calle, como sujeto oscilante, como una gran ameba que se conforma y deforma y desaparece a la manera de las muchedumbres, con su rostro de Jano, mitad política y mitad mercado, su sicología social obliga a releer a Tarde, las pulsiones de las masas, el secreto núcleo milenario, la utopía de una anarquía desplegada al son de las barricadas, la falla febril, juvenil, y algún callejón de la esperanza. Calle de apropiaciones y expiaciones, estéticas y mediáticas, destituyente e incendiaria. Rostros dirigenciales en una mueca televisiva, y en rictus farsante (matinales) lanzado por la calle a manera de un lienzo roto. Utopías tan milenarias como una revolución sin vanguardias, digital y post/estalinista, como pura microfísica del poder. ¡Calle insurgente, diluviana, punitiva, evangelizadora, emprendedora, portaliana, mesocrática, jacobina, purgadora y neoliberal! Nada mejor que la calle y su sabia mudez.

Trizano, Temuco

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