Enrique Paris, inocente hasta que se pruebe lo contrario

Foto: Agencia Uno

No solo la imagen de Paris quedará siempre marcada por los cuchicheos entre pasillos, sino que también comenzarán a tejerse ideas conspirativas sobre la razón por la que José Carlo habría contado este episodio de su vida. Y ahí se entra en una interminable e insoportable avalancha de secretos, rumores, razones, y cosas que deben ser aclaradas por el bien del estado de derecho.

Con este tema espero ser lo más cuidadoso posible, porque siempre hay que tener en claro que, en el momento en que se hacen acusaciones del calibre de la que anda rondando, hay dos partes: la de quien habría sido abusado y quien sería el abusador.

Luego de nombrado Enrique Paris en el Ministerio de Salud, circulan en redes sociales las declaraciones de un trabajador sexual, llamado José Carlo Henríquez, quien afirma haber sido abusado por el doctor Paris. Si bien señala que era mayor de edad cuando mantuvo esta supuesta relación, describe actitudes del nuevo ministro de Salud que, agrega, tendrían un carácter abusivo, sin hablar de ningún acto en específico. Sin que, al menos en sus declaraciones, se entienda un abuso concreto más allá de ciertas posibles perversiones de la autoridad.

Como pasa en las redes sociales, el tema circuló de manera distorsionada. Muchos, entre los que me encuentro, creyeron que se trataba de un menor a primera vista; se enfatizó en que el nuevo titular de Salud era pederasta, cuando lo que escuchamos- si es que es cierto-, es una relación entre dos adultos. Con diferencia de edad significativa, pero sobre los 18 años de edad el menor. Por lo que no habría ni un solo delito, lo que podría llevarnos a tratar el tema de manera tal vez más sociológica o psicológica, notando cómo los antagonismos de clase (un médico de barrio alto con buen automóvil se relaciona con un joven de La Pintana, a quien le habría pasado dinero para que no se prostituyera en el futuro, tratando de salvar su futuro con sus dádivas de “hombre de bien” culposo) siguen cruzando toda relación social, por mucho que algunos dicen que estos desaparecieron en el siglo XX.

Todo esto podríamos especularlo y teorizar al respecto, primero sabiendo si es que existió esa relación. Pero, ¿cómo se hace? ¿Cómo se logra saber realmente la veracidad de la historia aparte del “yo te creo”? ¿Cómo se puede probar que efectivamente hubo un abuso más allá de las variables socioeconómicas ya mencionadas en las que siempre habrá una evidente disparidad de posiciones? Es complejo. Y lo señalo porque hoy en día la opinión circula muy rápido, camina más veloz que el trabajo que debiera hacer la justicia ante un ilícito, dejando la premisa democrática de “todo ciudadano es inocente hasta que se pruebe lo contrario” completamente obsoleta.

Con esto no pretendo deslegitimar a ninguna de las partes. Como ya sabemos, el sucesor de Mañalich sacó un comunicado en el que negaba tajantemente todo lo sucedido; pero a veces esas cosas no son suficientes cuando se instala el tema y queda en una nebulosa que no resulta agradable para ninguna de las partes. ¿La razón? Porque, ante la incerteza sobre la veracidad de una u otra versión de los hechos, la llamada posverdad comienza a amenazar a los protagonistas de la historia.

No solo la imagen de Paris quedará siempre marcada por los cuchicheos entre pasillos, sino que también comenzarán a tejerse ideas conspirativas sobre la razón por la que José Carlo habría contado este episodio de su vida. Y ahí se entra en una interminable e insoportable avalancha de secretos, rumores, razones, y cosas que deben ser aclaradas por el bien del estado de derecho. Por mucho que uno sea opositor a este gobierno, y a veces suponga cosas que pueden ser reales, lo cierto es que, para mantener algo cercano a un “clima democrático”, dentro de lo que se puede, cabe decir que el expresidente del Colegio Médico es inocente hasta que se pruebe lo contrario. Así no solo se impiden linchamientos; también se expone menos a las supuestas víctimas

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