En plena pandemia COVID-19: ¿Profundizando el extractivismo?

En plena pandemia COVID-19: ¿Profundizando el extractivismo?

Algunos grupos ven el COVID-19 como un momento de oportunidades más que de catástrofe. En la medida que algunos grupos desaceleren la vida cotidiana para poder prevenir contagios, otros buscan acelerar ciertos territorios con una orientación hacia el extractivismo.

El modelo productivo chileno, a lo menos desde el 90’ a la fecha se ha caracterizado por su orientación extractiva. Esto significa que el progreso económico descansa en un modelo de explotación de recursos naturales que poco ha considerado a los ecosistemas, ni a las personas que habitan los territorios.

Si tuviéramos que exponer una contextualización a nivel nacional del extractivismo en Chile deberíamos partir por en Norte, donde en las regiones XV, I, II, III y IV tenemos a la industria Minera cuyo uso intensivo del agua y energía ha generado contaminación de ríos, salares y aguas subterráneas. Posteriormente en las regiones IV, V Vi, VII, VIII se encuentra establecida la Agroindustria, cuyo fomento del monocultivo, pesticidas, agrotóxicos y nuevamente el uso intensivo del agua ha degradado las economías campesinas y el funcionamiento del ecosistema (por ejemplo Petorca con los parteros).  También en la V región encontramos una industria termoeléctrica que en su caso emblemático de Quinteros y Puchuncavi ha tenido consecuencias perjudiciales para la salud de los habitantes.

Ya en la zona sur, en las regiones VII, VIII, IX y X se encuentra implantada la industria forestal, que con el monocultivo principalmente de eucaliptos está produciendo escasez hídrica, deterioro de los suelos productivos y muerte de fauna de la zona por no poseer bosques para anidar. Si seguimos avanzando por lo que ha sido un mapa del extractivismo llegamos a las regiones VIII, IX, X y XI donde también se explota el recurso de la pesca, sin embargo, alejados estamos de una pesca artesanal. Lo que tenemos es una pesca de arrastre y salmonicultura que han demostrado generar desequilibrios nocivos en los ecosistemas marinos.

Ante esta preocupante situación nacional, nos gustaría plantear que aquella configuración extractiva del modelo productivo ha tenido un correlato claro en el modo de estructurar el territorio. En este sentido es que las denominadas “zonas de sacrificio” no son un producto azaroso, sino que significan el resultado de decisiones políticas de aceleración o desaceleración territorial. De esta forma, se ha constituido una orientación de transformación territorial extractiva que amenaza con seguir estructurando nuevas zonas de sacrificio si el modelo productivo lo requiere.

Esta situación evidentemente ha generado nuevas formas de conflictividad territorial, materializada en una gran cantidad de conflictos socioambientales en el país, para más información se puede observar el mapa del INDH. Diferentes grupos comunitarios y ambientalistas muchas veces se han organizado para hacer frente a esta realidad, sin embargo, ante la inexistencia de una institucionalidad ambiental capaz de hacer confluir las diferentes posiciones y de evaluar proyectos, estos generalmente terminan en la justicia.

Todo lo mencionado, hasta aquí ha obviado el contexto de pandemia y es por esto que parece relevante aproximarse a ¿qué ha sucedido con el extractivismo y el contexto de Covid-19?.  El 3 de Marzo del 2020 se confirmaba el primer caso de COVID-19 en nuestro país, el resto de la historia es sabida, 3 meses después tenemos 127.745 casos acumulados y 1541 fallecidos. Esto ha significado para muchos una desaceleración a lo menos en el espacio púbico, por ejemplo la convulsionada ciudad de Santiago y su comercio hoy por hoy tiene un ritmo bastante diferente. Los expertos desde el 24 de Marzo mencionaban que la única alternativa mientras no exista un vacuna es potenciar las cuarentenas en las diferentes regiones más afectadas y potenciar el distanciamiento social. Aquello luego de un tiempo comenzó a ser considerado por la autoridad sanitaria, que ha decretado cuarentenas para ciertos sectores del país. Por lo tanto, es posible sostener que a lo menos en el espacio público, el COVID-19 ha significado una desaceleración de la vida cotidiana, donde inclusive en regiones sin cuarentena, muchas familias – en la medida que sus condiciones materiales lo permiten- han intentado reducir al máximo el contacto social.

Mientras que en el país sucede todo este proceso, el 21 de abril el Servicio de Evaluación Ambiental aprueba el proyecto de sondajes mineros en Putaendo, aquello prende las alertas de los grupos locales que denuncian una toma de decisión online, sin posibilidad alguna de participación ciudadana. A raíz de aquella situación nos ha surgido la inquietud de consultar en el Servicio de Impacto Ambiental sobe el número de proyectos que han sido ingresados en lo que comprende al periodo de pandemia. En este sentido comprendemos entre el 1 de Marzo al 31 de Mayo de 2020.

El Servicio de Evaluación Ambiental en su página web pone a disposición un buscador de proyectos ingresados al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Nuestra búsqueda ha arrojado que entre el 1 de Marzo del 2020 y el 31 de Mayo del mismo año, se han ingresado 286 proyectos, avaluados en un monto de inversión de 18.222,451 millones de dólares. En la misma fecha del año 2019, es decir entre el 1 de Marzo y el 31 de Mayo se ingresaron 212 proyectos, avaluados en un monto de inversión de 5.493,959 millones de dólares.

Estos resultados nos han llamado especialmente la atención, porque en pleno periodo de pandemia COVID-19 (respecto al año 2019), han aumentado en un 34% el número de proyectos ingresados al SEIA. Mientras que también hay un aumento de  231,68% en el monto total de inversión de aquellos proyectos. El Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales, ha emitido un informe donde menciona “es posible sospechar que una gran cantidad de proyectos, que incluso con parámetros laxos en tiempos de normalidad habrían tenido que ingresar como Estudio de Impacto Ambiental, están aprovechando la ventana para hacerlo como Declaración de Impacto Ambiental . Con esto se está aprovechando un momento de debilidad de la institucionalidad para obtener permisos ambientales con deficitarias evaluaciones, y lo más grave e importante, sin la posibilidad que la ciudadanía o los territorios afectados puedan ejercer sus derechos frente a estas intervenciones”. A su vez el Movimiento por el Agua y los Territorios, el 25 de Mayo ha emitido un comunicado que denuncia el advenimiento de la gran minería a la Región del Maule, lo cual daría muestras de una reconfiguración de las industrias en el territorio nacional y por lo tanto, nuevas amenazas para los ecosistemas.

Pareciera entonces que algunos grupos ven el COVID-19 como un momento de oportunidades más que de catástrofe. En la medida que algunos grupos desaceleren la vida cotidiana para poder prevenir contagios, otros buscan acelerar ciertos territorios con una orientación hacia el extractivismo. En este sentido no gustaría plantear la siguiente pregunta a los lectores existiendo esta gran cantidad de proyectos ¿Qué va a suceder con el territorio luego del Covid-19? ¿vamos a salir de una crisis sanitaria para ingresar a una ambiental irrevocable, donde ninguna posible vacuna hace efecto?

Sobre el Autor

Iván Ojeda Pereira

Estudiante de Sociología Universidad de Chile.

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