Empresarios y política: Una mirada histórica

Empresarios y política: Una mirada histórica

Los críticos de los puntos de vista que expreso dirán que se trata de miradas simplistas o demagógicas. Pero en realidad la Fiscalizacion de las conductas empresariales, la crítica de sus posiciones, es una necesidad. Forma parte de la lucha política por una sociedad más igualitaria.

Como era de suponer los empresarios se pusieron a la cabeza de las críticas contra el retiro de los fondos de pensiones. Califico de ese modo sus actitudes porque los empresarios chilenos están, por lo menos en la actualidad, lejos de posiciones independientes, actuando como capitalistas defensores de sus intereses.

Para analizar el problema conviene partir de una mirada histórica.

En los primeros años del siglo veinte Arturo Alessandri levanto para la elección de 1920 un programa de reformas, el cual incluía la dictación de leyes sociales, que de aprobarse reconocerían algunos derechos de los asalariados. Sin embargo más tarde este mandatario giro a la derecha y, en colusión con su ministro de Hacienda el empresario Gustavo Ross enfrento las consecuencias de la crisis de 1929 con medidas estabilizadoras y con una perspectiva de derecha, vulnerando con fuerza los derechos de los trabajadores.

En cada elección a partir de 1946 un candidato vinculado a los empresarios participa en la elección presidencial. El político Fernando Alessandri, hijo del llamado León de Tarapacá, contra Eduardo Cruz Coke en 1946; más tarde, en 1952, Arturo Matte, pariente del mismo; en 1950 Jorge Alessandri, su hijo, ligado a la CMPC es nombrado ministro de Hacienda y en 1952 lo es el empresario textil Carlos Vial; en 1958 es electo presidente el citado empresario Jorge Alessandri quien gobierna al principio rodeado de gerentes; en 1970 el mismo personaje compite contra Salvador Allende; mientras en 1973 los militares asociados con políticos de derecha se toman el poder y neoliberalizan la economía, gobernando dieciséis largos años. A la cabeza esta primero el empresario Fernando Leniz y luego el profesor universitario y más tarde líder empresarial Sergio de Castro.

Suma y sigue: más tarde compiten en las elecciones de presidente varios candidatos ligados al mundo empresarial, como Arturo Alessandri Besa, Jose Piñera, Joaquin Lavin, columnista de El Mercurio, Francisco Javier Errazuriz, entre otros.

El mismo Ricardo Lagos, al fin de su gobierno, en una entrevista con La Tercera, rinde un homenaje a Anacleto Angelini y Andronico Luksic, a quienes compara con Jose Santos Ossa. Esta postura fue muy criticada desde la izquierda.

No hay que olvidar además que uno de los parques más importantes de Santiago llevo durante mucho tiempo el nombre de los dueños de las minas de Lota; ocurre lo mismo hasta ahora con el Palacio Cousiño, usado por los diferentes gobiernos. Esto significa que además de ser ricos y poderosos la sociedad les rinde homenaje.

Los empresarios chilenos además de ostentar posiciones de mando en el estado y expresan continuamente su visión de la sociedad. Un punto de vista en el cual los ciudadanos son vistos como clientes y los parlamentarios como sus empleados. Ello porque algunos de estos además de obedecerles y gobernar, en muchos aspectos para ellos, los honran, les rinden tributo.

Por ello no es sorprendente que hace poco tiempo se descubriera que importantes empresarios financiaban a la UDI y que otros, entre ellos el pariente de Pinochet, Julio Ponce Lerou, le diera plata a todos los partidos: una postura eficiente.

En las sociedades capitalistas los empresarios cumplen roles fundamentales. Pero por eso mismo el estado debería preocuparse de fiscalizarlos, de manera que no hagan mal uso de sus recursos.

Pero esto casi no ocurre, porque ellos además de tener dinero a manos llenas, mandan.

Sin duda en este tipo de sociedades no es posible prescindir de los empresarios. Pero cada vez que ellos lanzan opiniones en defensa irrestricta de sus intereses hay que salirles al paso.

Los sectores políticos de izquierda y de centro deben a su vez hablar para mostrar que muchas de esas opiniones, como las formuladas sobre el retiro de los fondos de pensiones, son posturas  que defienden sus propias inversiones o las de los grupos afines.

Los críticos de los puntos de vista que expreso dirán que se trata de miradas simplistas o demagógicas. Pero en realidad la Fiscalizacion de las conductas empresariales, la crítica de sus posiciones, es una necesidad. Forma parte de la lucha política por una sociedad más igualitaria.

Esa debería ser la tarea principal de las fuerzas de izquierda, la de colocar a los empresarios en su lugar. Esto, como he dicho, significa no prescindir de ellos pero sí fiscalizarlos, haciéndoles ver sus responsabilidades.

Lo otro es un error profundo, porque puede significar dejar librado a su suerte a los sectores que dependen de un salario.

Sobre el Autor

Tomás Moulian

Sociólogo y Cientista político chileno, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales de Chile 2015

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