Connect with us

Opinión

El zoom

Publicado

on

¿Fue la de la Democracia Cristiana, una junta nacional? No, no lo fue. No es esta la memoria latente de lo que es una junta nacional. El ritualismo de lo presencial lo convierte todo en una acción colectiva distinta a esta escenificación. Oradores que caminan desde sus sillas hasta el podio, creando expectación. Miran, saludan, hacen inflexiones de voz, gesticulan, exaltan a la audiencia y reciben el aplauso

En el pasado solía hablarse de junta líquida para aludir a un estado de la opinión que aún no decantaba. Las opciones, o no se habían perfilado o, aunque claras, no habían despertado preferencias rotundas en la audiencia. Hoy la expresión puede seguir denotando aquella fluidez y desarraigo de las cuestiones aún pendientes, solo que dentro de un contexto social, cultural y tecnológico, en sí mismo, enteramente líquido. Aquí todo pasa rápido, todo es breve, a veces fugaz, como un relámpago, según La modernidad líquida de Zygmunt Bauman, pero nunca tan veloz y transitivo, como la pandemia que nos sobrecoge y dispara las curvas de contagio al menor movimiento. La covid-19 nos ha puesto de bruces contra el Zoom, el popular programa de videollamadas y reuniones virtuales, y no es una excepción la última junta nacional de la Democracia Cristiana, evento paradigmático de la política líquida que adviene vertiginosa al ritmo del ajuste tecnológico introducido por el capitalismo global.

El espejo negro

Realizada el sábado 26 de septiembre, la junta nacional se extendió quince horas, solo interrumpida por un breve receso de sesenta minutos que, sin embargo, también se empleó para cumplir con los referendos programados. La teleconferencia conectó en su mejor momento a 477 aparatos, entre computadores, tablets y celulares, y, a través de una red privada virtual, a 315 miembros de la instancia partidaria con derecho a voto. Probablemente las audiencias de televidentes y escuchas de cada hogar llevaron el número de receptores a unas mil quinientas personas.

Advertisement

Durante la primera parte de la jornada la comunicación fue vertical y descendente, desde el centro del evento hacia los terminales. Se inició con la cuenta de gestión del presidente del partido —que no fue sometida a aprobación, como ha sido tradicional—, seguida por las intervenciones de algunas vicepresidentas, de la presidenta de la comisión organizadora del VI Congreso, y del subsecretario nacional explicando los contenidos y los procedimientos de sufragio. Los delegados de la Junta debían pronunciarse sobre la concurrencia de la colectividad a primarias para la nominación de candidatos a gobernadores regionales y a alcaldes, y la suscripción de pactos electorales con los demás partidos de oposición. Asimismo, debían aprobar enmiendas y reglamentos de frentes y departamentos, de elecciones internas, del VI Congreso, y de los aportes financieros de los militantes.

Esta primera parte se cerró con las intervenciones del exalcalde Alberto Undurraga y de la senadora Ximena Rincón, quienes habían manifestado su aspiración de ser candidatos presidenciales de la colectividad, motivo por el cual buscaron que el voto político de la Junta incluyera el compromiso de organizar primarias internas dentro de cuatro meses. También había sido invitado a participar bajo este formato el senador Francisco Huenchumilla, quien declinó compartir el podio y supeditó su decisión, según varias cartas públicas, a la instalación de una directiva de consenso.

En la jornada de la tarde se realizó el clásico debate político, secuencia de opiniones de longitud variable que, en general, abordó la coyuntura abierta por el estallido social, la relación del partido con el gobierno, la pandemia y sus efectos económicos, sociales y políticos, y el giro copernicano que dieron todos los órganos internos a favor de una política unitaria hacia la centroizquierda. Ninguno de quienes quiso hablar quedó sin derecho a la palabra. Se vieron rostros nuevos, de todas las condiciones sociales y profesionales, pero también se vio una estandarización de los consensos que quedó demostrada por la ausencia de debate en torno a las únicas cuestiones que se sometieron a votación. La disparidad de las cifras es tan inverosímil como elocuente: 307 contra 7 votos; 295 contra 20 votos; 265 contra 28 votos; y 221 contra 94 votos. Estas dos últimas fueron las oposiciones más reñidas. La explicación es que la pregunta buscaba sondear la opinión sobre el otorgamiento de facultades del Consejo Nacional a la mesa ejecutiva, como concertar pactos electorales con Ciudadanos, pese a que la audiencia se pronunció explícitamente en contra. Finalmente, una declaración de veinte párrafos que concitó el amplio respaldo de los delegados, resumió el espíritu de una experiencia cuyo éxito tecnológico no pudo ser validado sino hacia el final de la actividad.

En una videoconferencia como esta, todos los sentidos se distorsionan —la vista y la audición— o anulan —el olfato, el tacto y el gusto—, por consiguiente, las percepciones están mediatizadas por las tecnologías. Proyectamos imágenes irreales de nosotros mismos y recibimos imágenes ficticias, luces, sombras, contornos y encuadres de los demás. Lo mismo ocurre con la fidelidad de las voces, sus tonos, sus silencios, sus acentos. Todo es virtual, y lo único que lo hace objetivo, es que somos parte de un fenómeno colectivo, simultáneo e instantáneo, y podemos estar entendiendo y acreditando más o menos lo mismo que perciben los demás.

Pero este es un acto de generosidad empática, porque deseamos creer lo que se nos está diciendo, y deseamos aceptar el tono en que se nos está hablando. ¿Por qué habríamos de creer que los publicados fueron realmente los cómputos oficiales? ¿Por los ministros de fe? ¿Qué ministros de fe? ¿Los que vieron sumarse cifras en una pantalla? ¿Pertenecían esas preferencias a quienes las digitaron? Frente a la incertidumbre, y no habiendo nada crucial en juego, preferimos creer en la Virtual Private Network y donar confianza a quienes controlan el circuito. Tampoco podemos capturar todo lo que recibimos. De entrada, porque las cosas transcurren rápidamente, como que nadie espera que le prestemos atención; los micrófonos de los no hablantes están simplemente silenciados, o son silenciados. Y quien habla no puede mirar a toda la audiencia en un vistazo general, pero actúa bajo el supuesto de que se le está prestando atención. En los hechos un holograma sería más real que dicha representación.

Advertisement

El futuro efímero

¿Fue la de la Democracia Cristiana, una junta nacional? No, no lo fue. No es esta la memoria latente de lo que es una junta nacional. El ritualismo de lo presencial lo convierte todo en una acción colectiva distinta a esta escenificación. Oradores que caminan desde sus sillas hasta el podio, creando expectación. Miran, saludan, hacen inflexiones de voz, gesticulan, exaltan a la audiencia y reciben el aplauso. La mitad de la junta, más los operadores, los invitados y las estrellas, fuera del salón, en los pasillos y patios, construyen otra política, adjunta, complementaria de la que ocurre adentro. Se coordinan las adhesiones, se afinan los votos políticos, se hacen filas para llegar a las mesas de votación. Todo es controlado físicamente por todos. Y luego, esa vieja tradición que se fue perdiendo con los años, de permanecer hasta la madrugada, entre frazadas, café, consomé y sándwiches. El ritual es en sí mismo una verificación empírica de que el evento está ocurriendo. Para aquilatarlo habría que imaginar un país sin televisión, sin teléfonos, sin Internet, sin autopistas, sin vuelos comerciales, sin autobuses de alta velocidad, muy dependiente de la radio, de los impresos y posteos.

La junta nacional de julio de 1967 fue convocada para definir el curso de la revolución trazado por el II Congreso de la Democracia Cristiana. La vía no capitalista de desarrollo fue entonces el discurso que llevó a «rebeldes» y «terceristas», encabezados por Rafael Agustín Gumucio, a disputar la conducción del partido a los «oficialistas», liderados por Jaime Castillo Velasco. Hoy estas nomenclaturas heavy son incomprensibles, a más de ocultarnos la densidad histórica e ideológica que cargaban. A esa junta asistieron 450 delegados, de los cuales 244 votaron por Gumucio y 197 por Castillo. Para el Gobierno de partido único, lo que se había configurado en aquella ocasión había sido una dualidad de mando que habría de dar origen a reiteradas fricciones entre el gabinete de ministros y la mesa nacional. Pero una tensión semejante, que hoy no debería durar más de algunos días, se prolongó por espacio de seis meses para recién venir a ser aplacada en enero de 1968. Esa vez se celebró la junta nacional de Peñaflor. Fue entonces cuando se produjo la renuncia del senador Gumucio a la presidencia de la colectividad tras ser derrotada por 202 contra 278 votossu tesis política de autonomía relativa del partido. El vacío de conducción lo vino a ocupar Jaime Castillo que resultó elegido con 118 votos y 93 abstenciones.

La junta nacional de principios de octubre de 1970 debía decidir el apoyo de la DC a Salvador Allende en el Congreso, puesto que éste no había alcanzado la mayoría absoluta en las urnas, y por entonces no existía la segunda vuelta presidencial. La asamblea aprobó la decisión por 271 contra 191 votos y 91 abstenciones. Y la disciplina del partido de masas se reflejó fielmente en el Parlamento. Todo el mundo, sin embargo, intuía la pesantez densa y maximalista de la catástrofe humanitaria que se avecinaba.

Medio siglo después, ¿qué hay detrás de ese consenso estandarizado que se dio en la conferencia del pasado sábado? Tras ella está la práctica individualista y minimalista a que nos obliga la tecnología telemática. Individualista, porque mi comunicación con los demás es uno a uno. Puedo admitir o rehuir la conexión, pero sin quedar envuelto en una situación social que me demande presencia de cuerpo, actitud y conducta. Pero, es especialmente minimalista, primero, porque es tan poco lo que debo decidir, que bien puedo dejarlo registrado en las casillas «apruebo» o «rechazo». Segundo, son tan pocos los diálogos que puedo compartir con los otros y, además, de un modo virtual, que nunca obtendré la información necesaria para introducir mayores contrastes en el debate y concordar ideas comunes. Si no se debatió sobre lo que se votó fue porque el asunto permaneció en estado líquido y seguirá así.

Advertisement

Estas mayorías son episodios breves, como sus candidaturas son volubles y volátiles. La verdad es que no quieren llegar donde dicen que quieren llegar. Tienen fecha de caducidad, como el voto político aprobado, una pieza de vanguardia en un partido que se resiste a perecer en la quietud del pasado. Será un relato efímero, temporal e inestable, porque no se trata de conservar la idea, sino de renovarla para responder a la voluntad de poder y a su reproducción.

Opinión

Un gobierno que no desilusiona, no es un buen gobierno

Los paradigmas que pretenden modificarse no pueden ser algo de una administración para luego desvanecerse; debe haber un trabajo lo suficientemente  detallado para que el futuro sea compartido, y para que ciertas premisas se perpetúen en el tiempo.

Publicado

on

                 

La decisión de Gabriel Boric de que Irina Karamanos, su pareja, finalmente se haga cargo de todo lo que implica ser Primera Dama, ha causado, como siempre sucede, todo tipo de reacciones en las redes sociales, entre opositores y adherentes. Desde cierto feminismo la han mirado con desilusión por aceptarlo, debido a lo que implica y lo que representa dicho puesto, como también hay quienes han querido ver traición de parte del presidente electo, por haber dicho en campaña que quería terminar con el rol que su pareja desempeñará.

La razón de esto es porque algunos no entienden que gobernar es desilusionar, como dice ese popular dicho en los pasillos de la política. Una vez que se está en el poder, éste resulta más complejo de lo que se ve desde afuera o desde al frente. Y no debido a esas vulgares interpretaciones que suponen una transformación de quien lo ostenta, sino por todo lo que lleva consigo; por las señales; por los códigos; por los símbolos que entraña.

Eso es lo que tanto Irina como Gabriel están viendo frente suyo como una enorme maquinaria que respira sola, tiene sus propias lógicas y sus formas de dejarse conducir. Han entendido que el principal antídoto ante los reaccionarios que quieren que nada cambie, es la continuidad de ciertas cosas para, luego, poder reformarlas de manera importante. Porque la radicalidad no consiste en llegar y destruir todo, sino en conducir un proceso inteligentemente para, desde adentro, lograr dar nuevos significados políticos al arte de gobernar.

Advertisement

Por ejemplo, por mucho que algunos creamos que es urgente una refundación política e ideológica de Carabineros, la experiencia demuestra que esta ansiada intervención civil debe hacerse con autoridad, y ella se construye diariamente, conviviendo con esa policía, construyendo puentes y luego, tomando la decisión radical.

Sin una autoridad que radique en la continuidad, el cambio sólo traerá crisis y no cambiará absolutamente nada. Pues lo que viene hacia el futuro, ya sea en las acciones diarias del gobierno como en las reformas estructurales que plantee la Convención Constitucional, debe consolidarse democráticamente. Los paradigmas que pretenden modificarse no pueden ser algo de una administración para luego desvanecerse; debe haber un trabajo lo suficientemente  detallado para que el futuro sea compartido, y para que ciertas premisas se perpetúen en el tiempo.

Para eso, también, habrá que reformular el lenguaje; y acá me refiero particularmente a Irina, quien aún habla como si estuviera leyendo constantemente un ensayo de Judith Butler. Y para corregir eso, debe dejar un poco la academia y hacer política como su compañero, quien, a lo largo de una carrera de diez años, ha sabido entender que hay formas y formas de dar un mensaje.

Como dijimos al comienzo, gobernar es desilusionar; y la desilusión más importante es la que experimentan quienes llegan al poder. Porque esta experiencia los hace tomar conciencia y sopesar la magnitud de la tarea, más aún cuando ésta no es sólo administrar la mencionada continuidad, sino resignificarla bajo otros parámetros.

El nombramiento de Mario Marcel como titular de Hacienda, también podría ser parte de lo mismo. Por más que aquellos que juegan a la revolución hayan querido un ministro con un perfil diferente al de quienes han encabezado la billetera nacional durante estos últimos 30 años, para llevar a cabo vuelcos políticos de tamaña relevancia para la cotidianidad de los chilenos, se necesita alguien que conozca a la perfección los pasillos del poder; alguien que pueda enfrentarse en un terreno similar a quienes ponen sus intereses por sobre los de la ciudadanía. Y Marcel es el hombre indicado.

Aunque se crea que la mochila ideológica que carga el presidente del Banco Central es la evidencia de una derrota política ante los acuerdos transicionales, lo concreto es que esa mochila es el conocimiento de las posibilidades y de los límites, pero además de las condiciones necesarias que logren que la realización del horizonte programático pueda ser sin que haya excusas de parte de parte de un relato oficial que se asusta frente a las pocas certezas.

Advertisement

Marcel, si es que lleva a cabo responsablemente lo que el gobierno entrante se propone, será la demostración empírica de que lo que preocupa y ha preocupado por años en sectores de poder no es un asunto técnico, sino uno ideológico. Por lo que aventurarse a acusar traiciones o ventas al mejor postor, es no querer saborear quizá lo más dulce de la contienda política, que es encontrar los caminos más contradictorios entre sí, para caminar hacia lo que se pretende. Porque el objetivo nunca será disfrutable si es que el camino no es complejo. Y lo fácil es propio de quienes menosprecian lo público y la democracia. Por lo tanto, un gobierno que no desilusiona, no es un buen gobierno, sino un panfleto institucionalizado.

Continue Reading

Opinión

“Desigualdades que matan” y el impuesto a los “súper ricos”

Publicado

on

El reciente lunes 17 de enero se publicó el informe “Desigualdades que matan” de OXFAM, una fundación de organizaciones no gubernamentales de ayuda contra el hambre. En el reporte destacan cifras y datos impactantes respecto a la brecha de desigualdad durante estos casi dos años de pandemia de Covid-19, y se realiza una crítica a lo que califican como “violencia económica”, en la que -como advierten- se “beneficia a los más ricos y poderosos”.

El 11 de marzo de 2020, hace casi dos años, se declaraba como una pandemia a la emergencia global por contagios por Covid-19, con esto se daba inicio a un periodo de grandes cambios en el estilo de vida de la humanidad: desde la implementación del uso de mascarillas de manera cotidiana, del lavado de manos, uso permanente alcohol gel, hasta viajes y traslados limitados o la prohibición de estos. 

Junto con esto comenzó una serie de ajustes en el mercado laboral, desde el teletrabajo y la automatización, regulaciones y restricciones debido al aforo permitido, hasta la flexibilización laboral, reducción de salarios y despidos. 

Por otra parte, la pandemia dejaba en evidencia la crisis que se asomaba en la salud pública, con falta de implementos como camas críticas o de personal de salud, de limpieza, y la incapacidad para responder ante emergencias de tal magnitud. Algo que después de una relativa vuelta a la “normalidad”, se vió reflejado en despidos de amplios sectores que habían puesto su tiempo y expuesto sus vidas para colaborar ante tal crisis, aun con jornadas extenuantes y condiciones laborales muchas veces precarias. 

Advertisement

Se estima que a la fecha la pandemia ha cobrado más de 5.5 millones de vidas.

VIOLENCIA ECONÓMICA

Según el mencionado informe de OXFAM, “esto nunca ha sido fruto del azar, sino el resultado de decisiones deliberadas: la ‘violencia económica’”. Con lo anterior la ONG se refiere a que “las decisiones políticas a nivel estructural están diseñadas para favorecer a los más ricos y poderosos, lo que perjudica de una manera directa al conjunto de la población y, especialmente, a las personas en mayor situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas”.

Y es que las contradicciones sociales se han vuelto mucho más evidentes con la pandemia; de esa misma manera se deja en evidencia que el sistema político, económico y social está previsto para proteger a las grandes fortunas del mundo, y con el objetivo de aumentarlas.

De hecho, cabe recordar que las principales fortunas del país, bajo la administración del Presidente Sebastián Piñera y en plena pandemia, aumentaron sus ganancias. Mientras el sistema de salud colapsaba, o mientras la mayoría de la población tuvo que recurrir a ayudas estatales como el IFE, el Seguro de Cesantía, o a nuestros fondos de pensiones (que mayormente se usaron para el pago de deudas, alimentación y recursos básicos). Mientras, además, vivíamos momentos de mucha inestabilidad laboral e incertidumbre producto de despidos y flexibilización laboral.

Advertisement

Asimismo, el informe advierte que “los diez hombres más ricos del mundo han duplicado sus fortunas (…), mientras que los ingresos del 99% de la humanidad se habrían deteriorado a causa de la COVID-19”.

Según Forbes, al 30 de noviembre de 2021 la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se había incrementado en 821.000 millones de dólares desde marzo de 2020. Según la lista, los diez hombres más ricos son (de izquierda a derecha y desde arriba en la imagen): Warren Buffett, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Elon Musk, Jeff Bezos, Steve Ballmer, Larry Ellison, Bernard Arnault, Sergey Brin y Larry Page. 

Por otra parte, el informe afirma que “según se estima, más de 160 millones de personas han caído en la pobreza”. Otro dato expresa la aplastante desigualdad, donde desde el inicio de la pandemia “se suma un nuevo milmillonario cada 26 horas”. Esto, mientras que -según se agrega- “la riqueza de una pequeña élite de 2.755 milmillonarios ha crecido más durante la pandemia de COVID-19 que en los últimos 14 años, que ya había sido una época de bonanza económica para ellos”.

Instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y Crédit Suisse, así como el Foro Económico Mundial, “han estimado que la pandemia ha provocado un aumento de las desigualdades dentro de los países en todo el mundo”. Mientras, en  forma paralela, “como mínimo 73 países se enfrentan a posibles medidas de austeridad respaldadas por el FMI, lo que puede agravar las desigualdades entre países, así como todas las formas de desigualdad a nivel interno”. 

Dentro de las consecuencias que tienen las medidas de austeridad, los derechos de las mujeres y la brecha de género, son de las más golpeadas, atrasando los avances en torno a estos temas. De hecho, el mismo informe advierte que se “ha retrasado el camino para cerrar la brecha de género toda una generación, ya que ahora se tardarán 135 años frente a los 99 años antes de la pandemia”.

UNA VACUNACIÓN DESIGUAL

Otro aspecto importante que se desgrana del informe “Las desigualdades matan” es el valor de la vida y la salud en contexto de pandemia, puesto que el Covid-19 y su rápida expansión hizo patente la crisis de la salud pública y privada, no solo en términos de recursos técnicos/tecnológicos y humanos, sino también en términos de quienes tienen más derechos o acceso a salud. 

En este sentido el informe aclara, por ejemplo, que “la desigualdad de ingresos resulta más determinante que la edad a la hora de estimar si alguien perderá la vida a causa de la Covid-19”.

Por esta misma razón se explica, por ejemplo, que los países blancos/occidentales tienen mayor acceso a procesos de vacunación que África, India o países de Latinoamérica. 

“Estas milagrosas vacunas que tanta esperanza daban a la humanidad, han estado desde el primer día reservadas al servicio del beneficio privado y del monopolio. En lugar de vacunar a miles de millones de personas en países de renta media y baja, hemos creado milmillonarios a costa de estas vacunas, mientras las grandes farmacéuticas deciden quién vive y quién muere”, advierte el informe, que además considera que se ha creado un “apartheid de las vacunas”, lo que se ve expresado en que se ha cobrado “innecesariamente las vidas de millones de personas en países con acceso limitado a las vacunas”.

Advertisement
Foto: Minsal

Todo esto impacta en las brechas existentes y el crecimiento de las desigualdades entre naciones, donde los países ricos aumentan sus vacunaciones y vuelven a una relativa “normalidad”, permitiendo a los ricos, de casi cualquier país, el poder de aguantar la crisis económica profundizada por el Covid-19.

LA MUERTE, UN ELEMENTO INTRÍNSECO DEL CAPITALISMO

“Que las personas en situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas se vean afectadas y mueran de manera desproporcionada en comparación con las personas ricas y privilegiadas, no es un error fortuito en el modelo actual de capitalismo, sino un elemento intrínseco de este sistema”, advierte Oxfam.

Y es que mirado desde afuera, por así decir en tercera persona, la relación del capitalismo con la humanidad ha sido en desmedro del avance social y está focalizado en la acumulación de riquezas, a costa de la vida humana. Evidencia de esto es en gran medida lo mostrado por el informe de OXFAM, que actualiza datos en relación a la desigualdad profundizada por la pandemia. Sin embargo, previo a la pandemia ya podemos ver que la desigualdad era parte del sistema. Un ejemplo de esto es que “desde 1995, el 1% más rico ha acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad”, como apunta la ONG. De esta misma manera, “conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe”.

Esta misma lógica la podemos trasladar a distintos ámbitos de la vida, por ejemplo, en la emisión de gases contaminantes, en relación directa con el cambio climático. En el informe se presenta como ejemplo, señalándose que “se estima que el promedio de las emisiones individuales de 20 de los milmillionarios más ricos es 8.000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres”.

IMPUESTO A LOS SUPER RICOS

Advertisement

Otra aspecto interesante del citado informe es que no solo nos entrega un panorama actual de la desigualdad, sino que además propone algunas medidas ante este escenario.

La primera es “reintegrar la riqueza extrema en la economía real para abordar las desigualdades”. Con esto se refiere a que los gobiernos se pongan en campaña para aplicar gravámenes o impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y sus ganancias durante la pandemia. “Por ejemplo, un impuesto excepcional del 99% sobre las ganancias acumuladas durante la pandemia por los diez hombres más ricos del mundo, permitiría recaudar 812.000 millones de dólares”, apunta OXFAM.

Otra de las medidas propuestas es la de “reorientar la riqueza para salvar vidas e invertir en nuestro futuro”, haciendo una exigencia a los gobiernos para que “el legado de la pandemia debe ser unos servicios públicos de salud universales y de calidad financiados con dinero público, para que nadie tenga que volver a pagar de su bolsillo por acceder a estos servicios”. Y lo mismo se sugiere en otros temas de relevancia pública, como medidas para acortar la brecha de género, abordar el cambio climático y la contaminación, entre otras.

Finalmente, el documento propone “cambiar las reglas y las dinámicas de poder en la economía y la sociedad”, lo que implicaría “la eliminación de leyes sexistas, incluidas aquellas que hacen que casi 3.000 millones de mujeres no puedan acceder por ley a las mismas opciones laborales que los hombres. Esto incluye también la derogación de las leyes que socavan los derechos de sindicalización y huelga de los trabajadores y trabajadoras”. 

Para tener en consideración, el informe propone un impuesto progresivo y extraordinario solo considerando las riquezas producidas en plena pandemia. “Un impuesto del 99% sobre los ingresos extraordinarios que los 10 hombres más ricos han obtenido durante la pandemia de COVID-19, podría movilizar dinero suficiente para fabricar suficientes vacunas para toda la población mundial y cubrir el déficit de financiación de las medidas climáticas, financiar unos servicios de salud y protección social universales, y apoyar los esfuerzos para abordar la violencia de género en más de 80 países. Y aun así, estos hombres seguirían teniendo 8.000 millones de dólares más que antes de la pandemia”, concluye al respecto OXFAM. 

Advertisement

Continue Reading

Opinión

Santos Discépolo. Gritos de actualidad

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero.

Publicado

on

a la ralea neoliberal

al horrible desasosiego.

Una prosa de Sergio Pujol, “Discépolo: una biografía argentina” (1997), abre una penetrante intuición cuando nos recuerda la “crisis de creatividad” en la obra del dramaturgo argentino bajo los “años dorados” del Peronismo (1946-1955). Si bien ya intuíamos tal hito desde los textos pioneros de Emilio de Ipola, nos referimos a la condición peronofila del hijo de Santos, la idea aún no nos terminaba de seducir. Según ambos autores, el “filosofo del tango”, habría padecido una “crisis experimental” que se puede atribuir al monumentalismo estético del primer peronismo –al cual suscribió sin miramiento de pasiones. No debemos olvidar que Discépolo comprometió una activa participación con Juan Domingo Perón bajo la sátira radial “mordisquito”.

Su entusiasta intervención radial contra el conservadurismo argentino fue desenfadada y le trajo un alto costo dentro de la comunidad tanguera. En plena “década infame” (1930-1943) la “oligarquía carnera” había convenido un envilecido acuerdo con Inglaterra, el famoso pacto Roca-Runciman que data del año 1933 fue el telón de fondo de letras tan existenciales como melodramáticas. Muchas de ellas cargadas de una prosa tremendista y otras desde un catolicismo desesperanzado ante las modernizaciones y los cismas teológicos. Tras esta debacle social (años 30’) la Argentina se asumía como un enclave de la “piratería inglesa” y ello pavimentó el camino a una crisis moral donde el poeta presagió –y supo nombrar- la condición fatídica de los tiempos.

Advertisement

Por analogía con lo que es un yacimiento cuprífero, y socialmente por la ausencia de mujeres en los años 20 en la Argentina, Discépolo se refiere a este trágico episodio desde una metáfora masculinizante, propia del baile de compadritos, “se nos fue la mina”. A su manera, cual moralista decepcionado, el autor de Cambalache se inscribía como un pensador que presagiaba la decadencia moral de occidente, a la manera en que Oswald Spengler lo había retratado años antes. Como conclusión de lo anterior, la razón moderna se había suicidado.

Una vez que tuvo lugar el “aluvión” de la institución tanguera, que se prolonga desde 1940 hasta 1955, donde las orquestas típicas y las industrias sellaron un pacto nacional-popular con el gobierno de Perón, la “maquinaria” peronista materializa un programa de difusión radial del género. El tango como fenómeno de masas se hace parte de la industria cultural bajo un celebrado cancionero popular. Ello se traduce, entre otras cosas, en la rica filmografía argentina, donde prolifera una amalgama de actores y personajes del tango como Hugo del Carril, Ángel Vargas, Aníbal Troilo, Tita Merello, Raúl Berón y la propia compañera de Discépolo: Tania, motivo soterrado del tango Martirio. Sin lugar a dudas, esta suerte de pacto nacional-popular viene a representar un tiempo glorificante, pero sin advertir que se avecinaba un tránsito que dejaba atrás el origen desarraigado, homo-gay, y contestatario del género.

La consolidación de la industria cultural (¡Gardel for export¡) lesionaba irremediablemente la condición “marginal” del género a comienzos del siglo XX. Me refiero a un contexto que destaca por la inmigración de “tanos” refugiados en prostíbulos; tanos y compadritos que lloran por el drama de la inmigración. El tango como una lengua del desarraigo y una clave crítica de los contratos modernizantes. Bajo la “década infame” (y el naufragio de la Argentina en los años 30’ que Discépolo lo describía como la perdida de “la mina” en alusión al yacimiento) destaca la queja contra la patronal heredada del canto-protesta de Agustín Magaldi y sus reclamos. De ahí en más, la industria del tango está vinculada a la masificación de orquestas típicas.

En virtud de este proceso de “canonización”, Discépolo escribe en los “años dorados del peronismo” una de sus últimas obras póstumas, Cafetín de Buenos Aires (1948). Aquí el poeta del tango explota fundamentalmente el expediente de la nostalgia. Quizás Cafetín representa una inflexión respecto de los más notables registros existenciales de Santos Discépolo. No debemos olvidar que fue el mismo poeta que mediante frases memorables al estilo del tango ¿Qué vachache? (1925), sentenció la irreversible debacle moral de occidente. Crisis de fe, mito y teología.

En su célebre Cambalache (1934) recusaba los vicios inexcusables del programa moderno; “El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también…”. En el tango Tormenta sentencia, “yo siento que mi fe se tambalea que la gente mala vive ¡Dios¡ mejor que yo, si la vida es el infierno y el ‘honrao’ vive entre lágrimas ¿cuál es el bien? (1939)”. Aquí Discépolo plasma el más exuberante dramatismo religioso. Un grito desgarrador al igual que Job en el Antiguo Testamento. 

Advertisement

El autor se siente estafado por ser “uomo bono” y por seguir las enseñanzas de la fe; mirando cómo a su alrededor los “malos” viven mejor que él. Este tango, como todos los de Discépolo, posee una infinita actualidad. Volvamos a otro verso del mismo: “…Si la vida es el infierno/ ¿Cuál es el bien…del que lucha en nombre tuyo, / Limpio, puro?… ¿para qué?. Si hoy la infamia da el sendero / Y el amor mata en tu nombre, ¡Dios!, lo que has besao… / El seguirte es dar ventaja y el amarte sucumbir al mal”. ¡Qué duda cabe¡  lo más prolijo de la poética Discepoleana está concentrada en aquella Argentina de la “década infame” (Gobiernos dictatoriales de Uriburu y Justo). De un lado, tenemos el tango burlón (Chorra, Victoria, Justo el 31), y de otro, el “sublime” drama existencial frente a la modernidad, “…de llorar la biblia frente a un calefón”.

Toda esta expresión está reflejada en letras de bronce como Desencuentro, Yira-Yira, Martirio, Confesión, Canción Desesperada y Desencanto. Todo indica que la producción tanguera más fecunda del autor se ubicaría en el periodo 1925-1939. En este periodo el autor de Cambalache se nos presenta como un moralista decepcionado que declara desahuciado el proyecto moderno -merced a los vicios de los años 30’- el progreso no es posible.  En la suite de tangófilos la década del 30’ marca el fin del periodo más prolijo de aquello que Osvaldo Pugliese definió como un folklor de la plata.

De ser “cierta” la tesis inicial, la crisis de creatividad debería explicarse por el proceso de institucionalización que experimenta el tango en el primer peronismo. Idea abierta por De Ipola y ratificada bajo otro expediente por Pujol. Por ello cabría ir más allá de una apropiación “kish” de un conocido refrán tanguero, cual es “el tango es un pensamiento triste que se baila”.

Cabe agregar que se trata de “una metafísica que se baila” en el lenguaje de Ernesto Sabato. Dicho sea de paso, se baila entre hombres: el “guapo Rivera” del célebre tiempos viejos, era un malevo y también un reconocido bisexual camuflado en el argot de la crónica tanguera. El Tango después del tiempo establece una virilización heterosexual. En cualquier aproximación antropológica habría que escudriñar en la condición sexual del tango. Sin perjuicio de lo último, deberíamos reinterpretar esta máxima y enfrentarnos a otra interrogante fundamental, ¿cómo es posible que un pensamiento triste se baile en medio de una institucionalización carnavalesca? ¡Bailar los dolores de la inmigración¡ ¡bailar en esta tierra negra¡ Esa es, quizás, la intuición discepoleana más primordial; la fatídica relación entre masificación estival (tecnificación) y una pesadumbre que atraviesa a los tiempos modernos. Ese es el recoveco más genuino que debemos subrayar, la desdicha existencial, la desesperanza que se cierne sobre el porvenir. La acritud que recae tras la modernización de las palabras y las cosas.

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero. No cabe duda que la progresión dramática de Santos Discépolo está relacionada con la década infame (1930-1943). Hay múltiples indicios que nos indican que la escenificación de la orquesta típica es el comienzo del fin y el inicio de vanguardias y ciclos de experimentación de incierta contribución.

Por último, cuando evocamos el sentido universal de su célebre “Cambalache” (1934) y recordamos su densidad pesimista, existe aquí un diagnóstico desolador que anticipa los traumas del pequeño siglo XX. Para Discepolin no fue necesario esperar Auwchitz y su “racional irracionalidad”, la guerra civil española, el conflicto chino-japonés, la burocracia estalinista, “los bolches y los juicios de Moscú del año 1936”. El nefasto corolario de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración desde Guantánamo a Villa Grimaldi.

Advertisement

El desbande de la razón, el mismo que desde otra perspectiva había denunciado la escuela de Frankurt, se deja ver en una serie de creaciones donde el dramaturgo en la segunda década del siglo XX subraya la vigencia de la sociedad de las águilas (totalitarismo de izquierda y de derechas). El existencialismo de sus letras nos permite presagiar la debacle del proyecto moderno en los años jóvenes del siglo XX. Por estos días, donde la enfurecida acumulación de capital envilece al lenguaje, donde se resquebrajan los últimos sustantivos, no está demás recordar el Cambalache que gobierna nuestro infinito presentismo.

Trizano. Temuco.

Continue Reading

Lo más visto

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.