El último día de Salvador Allende

¿Qué será de Pinochet?, dicen que dijo. Y éste se había convertido en el cabecilla de los traidores.

Es raro empezar el análisis de un personaje, sobre todo si es político, por la muerte. Pero en el caso de Allende es conveniente hacerlo, porque se trató de una muerte deseada, buscada.

Es casi seguro que esa búsqueda, ese deseo de la muerte, tuvo relación con el conjunto de traiciones que dieron lugar al golpe, a cuya cabeza estuvo Pinochet, nombrado por Allende comandante en jefe, por sugerencia del General Prats. Ambos creían que era un general constitucionalista.

Para Allende recordar que ni siquiera lo nombrara entre los generales que se habían alzado, en su discurso por la radio Magallanes, revela que la confianza aún permanecía en ese momento de la mañana; que aún no sabía que era un conspirador secreto.

¿Qué será de Pinochet?, dicen que dijo. Y éste se había convertido en el cabecilla de los traidores.

En todo caso lo principal de ese discurso fue la mención a las grandes alamedas. En medio de la decepción y del trauma es todavía capaz de conversar esperanzas. Por allí dice pasará el hombre libre camino al porvenir.

Ese último discurso es una hermosa pieza oratoria, además improvisada.

Al despedir a los últimos funcionarios, amigos e hijas que estaban en el palacio ¿qué hizo Salvador Allende?

Otras veces he escrito que recorrió pausadamente La Moneda, volvió a su escritorio de presidente donde miró largamente la foto del comandante Araya, recorrió los pasillos observando las estatuas y los cuadros, especialmente uno de Roberto Matta que apreciaba mucho.

Siguió caminando, en algún momento se sentó en un sillón desde donde se observaba el cielo; por último cerró los ojos reflexionando.

Se levantó, camino hacia una pieza donde había un largo sofá. Se sentó allí. Un momento después tomo el fusil que le había regalado Fidel Castro y se dio a la muerte, esto es parte de la historia.

Como ha dicho Hernán Valdés era nuestro padre; lo era porque fue el creador de la vía chilena al socialismo, de la revolución con empanadas y vino tinto, como le gustaba decir.

Fue el creador de la vía chilena y también su principal impulsor. Junto con los comunistas, los radicales y parte del Mapu intentaron ampliar la alianza hacia el centro, porque lo consideraba necesario para el desarrollo del proceso.

Esa postura demuestra que su legado es enorme. No permanece vigente solo por su muerte, aunque ella lo convierte en un héroe. Continúa a la cabeza de la izquierda chilena por su trayectoria.

Porque todavía está con nosotros, los que hemos sido marcados por su gobierno, los que este año 2020 recordaremos el cincuenta aniversario de su elección.

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