El término de un paro de camioneros que no incomodó al gobierno

Cuesta creer que esta administración haya visto un problema real en los discursos inflamados de este grupito de mafiosos salidos de una mala película de gansters; parece, ahora terminado el paro, que sirvió como una ayuda oportuna para poder desviar el centro de la verdadera controversia. Al menos por unos días.

¿Cuál fue la verdadera razón por la que los camioneros tuvieron tomadas las carreteras? ¿Fue por clamar paz o simplemente velar por sus intereses particulares? Todo pareciera indicar que fue lo segundo. Pero también fue presión política sin decirlo, sin contar por qué la estaban ejerciendo, mirando a lo político como un mal para la sociedad, como si les fuera algo lejano.

Esto fue tal vez lo más complejo de lo que hicieron estos empresarios de camiones no solo con la gente que intentaba cruzar, sino también con sus propios empleados: crear la sensación de que se estaba luchando por otra cosa que los intereses de un sector que fue favorecido por la desaparición completa de medios públicos que transportaban alimentos desde un lugar hacia otro. Es, una vez más, la fuerza de lo privado por sobre lo común.

Algunos me podrán decir que actuaron así debido a la violencia cometida en su contra por grupos radicales mapuche; me podrán agregar que se vieron en la necesidad de reaccionar, y ahí parece importante detenerse.

Si bien la violencia no se justifica, a lo mejor sí se explica, que son cosas totalmente distintas. Por más que se esté o no en contra de lo que se intenta decir con la quema de camiones y otras acciones, sabemos qué hay detrás; existe una explicación política que no se escuda en el “me provocaron”, sino que se sustenta con un relato concreto. ¿Se puede decir lo mismo de los camioneros? No, ellos las despolitizan sus razones, las bañan con un barniz ciudadano que no tienen, vistiéndose con ropas que no quedan a la medida, porque los intereses de gremios, manejados de esta forma, solo se quedan ahí, son cortos, quieren lograr su objetivo y ganar su pequeña batalla, poniendo en jaque a un país.

¿Por qué el gobierno se demoró un tiempo en resolverlo? Precisamente porque no son realmente un peligro desestabilizador y pueden ser satisfechos fácilmente; y porque, por mientras, servían para ejercer extorsiones que en La Moneda no se atreven a hacer explícitas.

Parecía convenirle a Palacio tener a los camioneros en las carreteras, porque así podían seguir retrasando una solución política clara a lo que sucede en La Araucanía; y también porque convertían lo que sucede ahí en un asunto de seguridad ciudadana que debe solucionarse con leyes que están tramitándose en el Congreso. Era una buena estrategia para poner todo el peso en el Legislativo, cuando no se quiere afrontar la complejidad de lo que pasa en el sur de Chile con una mirada de Estado, a largo plazo, que sepa establecer metas reales que vayan más allá de hacer negocios o levantar una falsa y estéril retórica multicultural.

Cuesta creer que esta administración haya visto un problema real en los discursos inflamados de este grupito de mafiosos salidos de una mala película de gansters; parece, ahora terminado el paro, que sirvió como una ayuda oportuna para poder desviar el centro de la verdadera controversia. Al menos por unos días.

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