El renacer de Franchesca: La historia de la primera trans denunciante de abuso sexual eclesiástico

A los 18 años -cuando aún no transicionaba- la joven fue víctima de abusos sexuales por parte de los sacerdotes franciscanos Nelson Alvarado y Saúl Zamorano. En el 2018 Zamorano fue designado para conducir la investigación sobre los casos de abusos cometidos al interior de la Congregación Marista, lo que fue un escándalo en la iglesia chilena y motivó a que Franchesca se atreviera a denunciar. Esta es la historia de una sobreviviente que transformó el dolor en activismo.


Franchesca Parra, más conocida como Fran Noa, se encuentra sentada en una banca del parque San Borja. De lejos se puede ver su larga cabellera rubia, la misma que ha teñido de distintos colores desde que descubrió su identidad. Ella es activista y sobreviviente de abuso sexual eclesiástico por parte de sacerdotes franciscanos.

La iglesia de San Francisco es el lugar más antiguo de Santiago, pero en el recuerdo de Franchesca es un sitio oscuro y sombrío. Allí vivió un verdadero calvario: cuatro años de abusos de poder y conciencia y un año de abusos sexuales (desde el febrero del 2016 hasta fines del 2017).

Franchesca confiesa que ser mujer transexual y denunciante, es cargar con un doble estigma. No solo está el dolor que queda impreso, sino también el cuestionamiento a su relato, solo por el hecho de su identidad de género.

-Incluso en el tribunal eclesiástico no me tratan por Francesca, sino como Franco-, dice con voz parsimoniosa.

Franchesca ya no es su nombre social, sino que también está inscrito como su nombre legal en el registro civil.

Para probar la verosimilitud de su relato fue interrogada más de diez veces y sometida a diversos peritajes psicológicos “invasivos y agotadores”, dirá más tarde. Sesiones que tuvieron como consecuencia miedo, angustia, no poder trabajar ni tener pareja. En definitiva, la imposibilidad de un futuro feliz.

El dolor de Franchesca

Su madre la bautizó como Franco, nombre que dejó atrás en su adolescencia. Franchesca nació a los cinco meses, producto de un embarazo prematuro, hecho que le provocó problemas para hablar y comunicarse durante su infancia. Es la menor de tres hermanos en un hogar monoparental y desde pequeña su vida no fue fácil. A los cinco años fue víctima de abuso sexual por parte de un amigo cercano a la familia. Las agresiones ocurrieron en reiteradas ocasiones.

-Fui consciente recién a los 15 años de todo lo que había pasado, en esos momentos como niña, lo vi como un juego-, recuerda hoy.

Cuando le comentó a su mamá lo que estaba pasando, ella prefirió ignorar esa confesión. Ahora sabe que esa herida marcó lo que vendría después.

A los 12 años una psicóloga la hizo dibujarse a sí misma, ella se esbozó una mujer. Esa fue la primera señal de que había algo que aún no entendía, pero quería descubrir. En un primer momento pensó que quizá era homosexual, pero con el paso del tiempo se dio cuenta que era algo más profundo que no tenía que ver con su sexualidad, sino que con su identidad de género.

Cuando era adolescente, su madre trabajaba frente a la iglesia de San Francisco como asesora del hogar y ella pasaba al templo a rezar o a matar el tiempo. Fue en una de esas andanzas cuando conoció al Fray Pedro quien le empezó a enseñar la vida de San Francisco de Asís.

Franchesca se enamoró de esa historia.

-Sentí un ejemplo de humildad, de sencillez, de la cercanía que tenía hacia la gente más vulnerable, hacia los pobres-, dice Franchesca sobre San Francisco de Asís o más conocido en la devoción popular como el santo de los animales.

Este hecho hizo que ella entrara a las Juventudes Franciscanas, movimiento juvenil de la orden.

Franchesca, quien en ese entonces era conocido como Franco, entró a estudiar a un colegio franciscano en la comuna de La Florida y allí fue donde descubrió su vocación religiosa. Entró con una postulación para ser Fray de la orden en Chile y “consagrar su vida al servicio de los más pobres”.

Estuvo tres años meditando la decisión, hasta que se dio cuenta que había algo en ella que no cuadraba. Cierta corazonada la hizo alejarse de la vida religiosa y continuó sirviendo a la iglesia como laica.

En el 2014 volvió a hacer un reemplazo y aceptó el trabajo porque le gustaba compartir junto a los franciscanos, además porque necesitaba el dinero que era un poco más de cien mil pesos con los que podía ayudar en su casa y sus estudios.

El reemplazo iba a ser corto y consistía en custodiar el museo de la orden ubicado a un costado de la parroquia. Mientras realizaba este trabajo, renunció el secretario parroquial y debió asumir las responsabilidades de ese cargo. Estas consistían en abrir la iglesia pasado las siete de la mañana, atender el público y preparar todo para que el sacerdote pudiera celebrar la misa.

Allí Franchesca conoció a Saúl Zamorano – franciscano con más de 50 años de vida religiosa – en un contexto de fragilidad. Un día discutió con su madre y se fue a vivir al convento de la orden. Estaba con depresión y tomaba remedios.

Una tarde mientras veía televisión en un salón del convento, se acercó Saúl  a conversarle.

-Tranquilo hijo, tú tienes acá a un padre, puedes confiar en mí-, le dijo y le dio un beso en la mejilla.

Franchesca no tenía ningún contacto con familiares en ese tiempo. Estaba totalmente sola.

De a poco Zamorano se fue ganando su confianza, hasta que comenzaron los abusos que ocurrieron en forma reiterada, tocaciones que ocurrían antes de la eucaristía. El resto son recuerdos indecibles para ella. En esos momentos Franchesca pensaba que era la culpable de la situación que había ocurrido.

Tras estos reiterados episodios decidió acercarse a conversar con el Fray Miguel Correa quien sabía que la joven se encontraba en pleno proceso de descubrir su sexualidad.  “A lo mejor tú lo provocaste”, fue la inesperada respuesta que recibió.

Esa misma frase fue la que escuchó de parte de otro colega a quien le había comentado que Fray Nelson Alvarado se le acercó borracho y la intentó abusar, pero logró zafarse e impedirlo.

Franchesca tenía que ver a sus agresores todos los días, ya que hacía misas en la iglesia y debía preparar todo. Tras su relato, comenzaron a hostigarla en el trabajo. No podía subir a comer con los sacerdotes al convento, tampoco podía ir al baño. Era despreciada por los mismos que lo habían acogido cuando era un niño.

-No pude más y le dije a mi madre que mi dignidad estaba sobre el trabajo y sobre el dinero y decidí renunciar a eso-, relata.

Franchesca decidió denunciar a Saúl Zamorano a comienzos del 2018, mientras el Papa Francisco se encontraba en tierras chilenas. El sacerdote había sido designado investigador canónico de la Congregación de los Hermanos Maristas quienes por ese entonces se encontraban en el ojo del huracán por contar con una treintena de denuncias.

Su historia de acoso después de los abusos, incluso llegó a la prensa,  el diario The Clinic recogió parte de la historia. Fue antes de su transición.

-En ese tiempo Santiago Andrade, que ahora es el guardián del convento, me pidió perdón y todo el tema, pero yo le dije que me tenía que reparar económicamente y con psicólogos, me dijo que lo tenía que ver en tribunales y ahí empezó la pelea por hacer la denuncia-, declara Franchesca.

Zamorano fue condenado por el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago, a través de un procedimiento abreviado, a dos años de presidio menor en su grado medio, el 13 de abril de este año. La pena la cumplirá bajo libertad vigilada.

Tras su traumática experiencia con los franciscanos, Franchesca tomó el valor para atreverse al fin a cambiar su vida. La joven decidió asumir que era una mujer trans, dejó atrás el nombre de Franco. Lo hizo primero con su círculo de amigos, hasta que decidió contárselo a su madre, para quien en un principio fue difícil aceptarlo. Pero con el tiempo ambas se acercaron y hoy es su principal apoyo.

-Me empecé a dejar el pelo más largo, a usar base, a pintarme las uñas muy tímidamente y a cambiar la vestimenta. A usar una ropa más neutra. De a poco y después empecé a vestirme más femenina-, explica.

La transición de Franco a Franchesca fue paulatina y gracias a las inyecciones inhibidoras de testosterona. Hoy ve cómo se le han empezado a ensanchar las caderas, como se le han ido afinando las extremidades y ha experimentado el crecimiento de busto.

Hoy sus esperanzas están puestas en el activismo, desea transformar toda la rabia y miedos -provocados por sus experiencias con el abuso- en ayuda para la gente que más lo necesita.

Su historia política comenzó en el Movimiento de Liberación Homosexual y hoy se encuentra en izquierda Libertaria y hace pocos días oficializó su candidatura para la Convención Constituyente por La Florida.

-Me he ido acostumbrando a este nuevo cambio. De a poco he ido sanando y de a poco he ido mejorando también. Fue como renacer-, dice antes de despedirse.

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