El recuerdo insistente de Anaís Godoy

En la comuna de Vicuña, en la cuarta región, agrupaciones feministas han salido a protestar por el suicidio de Anaís, una adolescente que se quitó la vida el domingo 28 de junio después de una larga depresión tras haber sido víctima de una agresión sexual en la Pampilla de San Isidro el 18 de septiembre del 2018. Este último tiempo incluso habría recibido amenazas del agresor y su círculo cercano. La familia de la joven pide justicia y que se reabra el caso tras el testimonio de otras víctimas que apuntan al mismo hombre. La Fiscalía de Vicuña lo había archivado sin aviso en mayo del 2019.

Hoy en la villa Tocopilla Segunda un mural recuerda el rostro sonriente de Anaís Godoy, en la pintura aparece abrazada por dos mujeres junto a la frase “Cuando muere el miedo nace la libertad”. Y es que el miedo es un sentimiento con el que las jóvenes de Vicuña crecieron y se reconocen, allí en un territorio donde cada tanto aparece una noticia sobre violencia de género, un femicidio o un femicidio frustrado en medio de casas y zonas aisladas. En los pueblos aledaños la carne de cañón también son niñas, generalmente abusadas por quienes debían protegerlas.

En Vicuña, comuna del Elqui, a una hora de La Serena, donde la mayoría de los vecinos se conocen, Anaís Godoy se suicidó el domingo 28 de junio. La joven tenía solo 16 años.

-Soy profesora y todos los días veo estos casos, adolescentes abusadas por padrastros, tíos, son decenas o quizás cientos. Por eso creo que hay tanta indignación por lo que pasó-, dice Ángela Ramírez, prima de Anaís.

En los recuerdos de Ángela, ella fue muchas cosas: la hija más regalona de su tía Cecilia Ramírez, una niña sonriente, niñera de sobrinos y primos, protectora como una gallina detrás de sus pollos. También era una adolescente como cualquier otra, llena de amigas y sueños.

-Hasta sus últimos días la podías ver en las faldas de sus papás, era la menor de tres hermanos, dos de parte de la mamá Yasna (34) y Roberto (32). La “Chiqui”, nuestra “Chiqui” cambió después de lo que sufrió-, explica al otro lado de la línea.

La historia comienza en las fiestas de La Pampilla de San Isidro el año 2018. Los Ramírez son nacidos y criados en Vicuña, por eso todos los años esperaban esta fecha para poner un “puesto” es decir una carpa con parrilla y asados en familia. Anaís estaba acostumbrada de niña a esta tradición, los vecinos se conocen y parecía un lugar seguro. En ese tiempo tenía 14 años.

La madrugada del 18 de septiembre estaba con dos amigas cuando su agresor, Daniel Soto- denunciado por agrupaciones feministas como un tipo violento y denuncias similares- quien hoy está preso en la cárcel de Huachalalume por otras causas, comenzó a pedirle que conversaran. El hombre insistió, espero hasta verla sola y después la llevó a un sector solitario donde la agredió sexualmente. Anaís tenía miedo, volvió al “puesto” con su familia pero se veía visiblemente afectada y ausente.

-Es raro que nadie diga que hacía un tipo mayor de edad de aproximadamente 21 años con un grupo de niñas, el tipo además salía con una conocida de Anaís. La amenazó después de agredirla y de ahí para adelante todo cambió en su vida, nunca más volvió a ser la misma-, confirma Ángela.

La tarde del 18 de septiembre estuvo callada, pensativa, distraída, lejos de la niña que siempre esperaba las fiestas. Esta actitud se mantuvo por varias semanas.

“Un mes después decidió contarlo, habló primero con su profesora pero ella no hizo la denuncia como dice el protocolo, la escuela no hizo ningún seguimiento del caso. Después llamó a mi tía, quien con un dolor inmenso fue a la Policía de Investigaciones, ellos y mis tíos le pidieron a la profesora que también denunciara, pero la docente no lo hizo y la escuela tampoco se hizo partícipe de nada. Después vino un cambio repentino en mi prima, bajó las notas, comenzó con crisis de pánico e incluso le dio una crisis nerviosa tan grande que del colegio, en vez de llevarla a urgencias, la mandaron en un taxi a la casa, ella llegó convulsionando”, recuerda Ángela.

Luego vinieron sicólogos y psiquiatras, Anaís le decía a su familia que ya no quería repetir lo que le había pasado, la acompañaron en todo momento, principalmente porque empezó a autolesionarse y, entre medios de sus crisis, ocurrieron dos intoxicaciones con pastillas.

-Con el tiempo conoció a Marcelo, su último pololo y se sentía acompañada en este proceso, pero hace unos meses se enteró que su agresor pronto podría salir libre y conoció el testimonio de otra niña que fue atacada por el mismo tipo. Ambas contaron su historia en Instagram con resguardo de identidad. El problema es que la familia de su agresor también comenzó a amenazarla-, explica.

Los últimos días antes del suicidio parecía más callada de lo normal. El domingo 29 de junio, a las once de la mañana, se preparó para ir con su mamá y su hermana al centro de Vicuña, a la boutique de Yasna a buscar una mercadería para una clienta. En el camino, Anais les dijo que tenía que devolverse a imprimir un material que necesitaba para sus estudios.

Al poco rato sus familiares comenzaron a recibir mensajes de WhatsApp. Es su hermana quien se dio cuenta de todo y que los mensajes eran una despedida. Llamó a Silvia, su abuela paterna para que llegara más rápido a la casa. Anaís ya se había suicidado.

-No alcanzaron a llegar y  la “chiqui” dejó una carta donde le pide a sus papás que hagan justicia por las otras víctimas de su agresor. Ellos, pese a que están muy angustiados, están tratando de cumplir su deseo-, concluye Ángela.

Justicia Para Anaís

El sábado cuatro de julio, a las nueve de la noche, se hizo una velatón en la plaza frente a la casa de Anaís. Desde su muerte, las agrupaciones feministas de Vicuña han acompañado a los Ramírez Godoy y el hashtag #JusticiaparaAnaís se viralizó en las cuentas de Facebook de madres y mujeres quienes les ha tocado de cerca el caso.

Al día siguiente el diario de la ciudad tituló “En Vicuña se rebelan contra abuso sexual y toman justicia por sus manos”, la nota se refería a las marchas que se han hecho por el caso de Anaís y como su caso alentó a otras denuncias similares. El medio también profundizó en una historia parecida a la de Anaís, y como un grupo de vecinos intentó quemar la casa del supuesto agresor.

Carolina Tello, directora de Abofem (Agrupación de Abogadas Feministas) de Coquimbo, ha estado pendiente del caso y en contacto permanente con los padres de Anaís, sabe que ellos están movilizados incluso en medio de su duelo. Tras la muerte de su hija, se dieron cuenta que la Fiscalía de Vicuña había archivado el caso en el mayo del 2019 y nunca fueron notificados.

En contacto con este medio, la abogada dice que el llamado que hicieron a raíz de este caso tiene que ver con la urgencia de cómo los órganos del Estado- que atienden temas de violencia contra la mujer- deben ser reformados en forma inmediata para que puedan dar una respuesta oportuna y eficaz. En su opinión, esto no sucede hoy y solo reaccionan de forma tardía frente a las tragedias y muertes de mujeres a propósito de la violencia machista. En el caso de Anaís falló desde el colegio hasta el Ministerios Público.

– Como mujeres, como abogadas y feministas, estamos cansadas de tener que estar una y otra vez abrazándonos, llorando y lamentando que no se tomen acciones para que esto cambie. Llamamos a la denuncia, a que las víctimas denuncien de manera inmediata-aunque sabemos que no es fácil denunciar una violación- en los organismos que corresponden y en los tiempos que corresponden. Las mujeres hoy no tienen ninguna confianza en el sistema (…) Los padres de Anaís quieren tomar las palabras que su hija les dejó, donde justamente les escribió que quería justicia para las otras víctimas-, explica.

Tras la muerte de Anaís, han surgido más antecedentes y otras denuncias de jóvenes que podrían terminar con la reapertura del caso, en eso están trabajando las profesionales de Abofem. Se conoció, por ejemplo, una publicación de Anaís en Instagram en una cuenta llamada “Funas Violetas” donde describió la agresión de la que fue víctima y el dolor que esa vivencia le generó los meses posteriores.

-La “chiqui” amaba a mi hijo y nuestra familia era muy unida, ahora me he ido enterando de los detalles más precisos, y es difícil pensar en su sufrimiento, se hace imposible, es mucho dolor. Viendo a mis tíos y primos-con quienes nos criamos juntos- comprendo su angustia, después de lo que le pasó vino una lucha de dos años por sacarla adelante. Ella cambió mucho y los sicólogos nos guiaban, pero ella nunca quiso contar lo que realmente había pasado, nunca quiso que sus padres sufrieran. Ahora entre audios, cartas y mensajes supimos que ella se guardó muchas cosas”, dice Ángela antes de cortar.

  • Después leer el reportaje es importante que sepas lo siguiente: si tienes pensamientos o comportamientos suicidas, o conoces a alguien que haya mostrado alguna de estas señales, no dudes en llamar al 600 360 7777, línea telefónica de la que dispone el Ministerio de Salud. También puedes buscar asistencia en tu comuna o en fundaciones como repschile.org. También está el número 1515 “Línea libre” de Fundación para la Confianza (contacto confidencial, gratuito e ilimitado, donde expertos y psicólogos realizan un diagnóstico y evaluación del NNA).
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