El Racismo no es un evento excepcional o anormal, es cotidiano, por eso debemos condenarlo

Un Estado regulador del racismo debe dar garantías constitucionales de los derechos y deberes de las comunidades indígenas e inmigrantes.


Tomando como hito un momento doloroso -la muerte de Joan Florvil el 30 de septiembre del 2017- se analiza qué cambios ha tenido Chile en materia de racismo, intentando redundar en retórica académica y dando lugar a algunas pequeñas acciones. 

Sostengo, en primer lugar, que el racismo se comprende al menos en Chile en un marco de discriminación y prejuicio reducido a problemas personales, ideológicos o de la forma como nos comportamos. Por ende, debemos condenar el racismo, en tanto, no es un evento o una acción anormal o excepcional es la forma como hemos construido nuestra sociedad que incluso, niega los derechos de las comunidades indígenas.

El racismo es una expresión que se le ha quitado el velo en estos últimos años, se ha vuelto cotidiana y que ha cruzado transversalmente los estratos sociales de nuestro país. Por lo cual, urge reconocer y enfrentar el racismo, tener consciencia que no deseamos que inmigrantes mueran, sean asesinados y desplazados como si se tratara de seres humanos de segunda categoría, cuyos derechos lamentablemente no están garantizados constitucionalmente.

Siento que el enfoque en contra del racismo va por un camino difuso, por ende, planteo algunas luces de los avances que podríamos hacer en una sociedad que debe acoger la diferencia, especialmente en materia de racismo e inmigración, ámbitos de mayor experiencia.

  1. Estado Plurinacional. Declarar  constitucionalmente a Chile como Estado Plurinacional es un primer avance, en un proceso constituyente que recién se inicia y que es de largo aliento. Debemos partir por casa, reconociendo las comunidades mapuches, aymaras, atacameñas, entre otras como comunidades indígenas, garantizando asimetría constitucional. Lo anterior, evidencia que es competencia del Estado regular el racismo.
  • Racismo, Migración y Sujetos de Derechos. Dada la construcción histórica del racismo en Chile, claramente evidenciado en cómo tratamos al territorio mapuche, aymara o atacameño, nos envuelve en un velo invisibilizador por una parte. Pero del otro lado, el racismo se hizo más cotidiano cuando a Chile llegaron las primeras familias afrolatinos o afrocaribeñas a inicios de la década de los años 2000. Asimismo, la propia ignorancia nos hace pensar que un afro es de tal país, de tal zona, trabaja en XXXX , vive de esta forma, o nos puede enfermar.

Un Estado regulador del racismo debe dar garantías constitucionales de los derechos y deberes de las comunidades indígenas e inmigrantes.

  • Condenar el racismo. Antes de la muerte de Joan Florvil, y en diferentes ciudades y pueblos de Chile, alcaldes, intendentes, gobernadores entre otros actores políticos han exacerbado sus discursos racistas y xenófobos, condenando especialmente a comunidades negras asimiladas a determinadas nacionalidades, especialmente haitianas y colombianas. Si condenamos el racismo, evadiríamos una larga lista de diversas formas de violencia autorizadas por el Estado.

¿No es suficiente en el caso de la muerte de Joan, condenar bajo principio de discriminación a través de multas? Es un paso sí y bastante ha apoyado la ley de discriminación, sin embargo, necesitamos una Ley Antiracista que sancione por ejemplo, los dichos del Colegio Médico de Iquique o que sancione a algunas alcaldesas/alcaldes que incitan al odio hacia inmigrantes. 

  • Educar el racismo. Prácticas y discursos racistas se aprenden desde que nacemos. Los planes educacionales o las “Guías para la no discriminación escolar” son primeros avances, pero debemos actualizarlos, incorporando algo básico como la palabra “racismo”, e incluso, asumirse racista y trabajar diariamente para no serlo es un ejercicio difícil, pero necesario, para avanzar hacia una sociedad plurinacional. Posiblemente esto sea lo más difícil de hacer, ya que todos negamos ser racistas. Dejar de ser racista no se acabará con una capacitación, pero sí con una educación desde edades tempranas, evaluando continuamente cómo se está abordando el racismo en instituciones primarias, secundarias, entre otras instituciones del Estado.

Educar en el racismo podría, por ejemplo, permitirnos conocer cuál es la responsabilidad del Estado  en las restricciones que muchas familias inmigrantes encuentran a la hora de acceder a una vivienda adecuada. Qué responsabilidad tenemos o tienen aquellos que especulan con la migración y no reciben sanciones. Condenar ello haría que evolucionáramos hacia sociedades más justas.

Asentamiento Informal en ex Vertedero Lo Errázuriz. Fotografía autora, agosto 2020.

  • Respetar a líderes de inmigrantes. El racismo también parte desde aquellos agentes políticos que ven a los inmigrantes como un puente, autoproclamándose sus representantes ante el Senado, los ministerios, entre otras instituciones.Si bien, las comunidades de inmigrantes más racializados nos necesitan, debemos evitar instrumentalizarlos y volverlos sujetos de nuestras investigaciones o ansias políticas.
  • Empatía. Falta mirarnos al espejo. Falta recordar que también hemos y seguimos siendo racializados en otros territorios. Es un acto de empatía pensar que más tarde podríamos ser nosotros los que construyamos caravanas, solicitando asilo o simplemente moviéndonos, porque deseamos mejorar nuestras condiciones de vida o escapar de aquello que nos produce inseguridad.
  • Dejar de creernos salvadores de la humanidad. Los Planes de Retornos Humanitarios que Chile despliega desde el 7 de noviembre 2018 exigen cuestionarse éticamente si tales planes contienen algo de humanidad ¿Quién se hace responsable de familias que llegan a consulados buscando el Estado Nación garante de nada? ¿Quién o qué Estados son responsables interterritorialmente de las caravanas de inmigrantes, brutalmente racializados desde Latinoamerica y el norte global?

Un proceso constituyente debiese autocuestionarse cómo damos garantías constitucionales para que el racismo sea una práctica condenable.

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