El olvido de Mauricio Fredes a ocho meses de su muerte en el estallido social

Durante la noche del 27 de diciembre del 2019, Fredes murió tras caer a una fosa ubicada en Irene Morales con Alameda. A ocho meses de su muerte, aún no hay responsables, mientras que su familia lucha para que el caso no quede en el olvido. Desde febrero hay una querella criminal que responsabiliza al director de Carabineros Mario Rozas y al intendente Felipe Guevara por el delito de homicidio simple.

Un martes de agosto, por la esquina de Irene Morales con Alameda, dos personas transitan por la vereda y avanzan rápido con sus rostros cubiertos con mascarillas. Un rayado rojo con la frase “Vive  Mauricio”, resalta entre una pared pintada de color crema y la monotonía del paisaje. El lugar está muy lejos de ser lo que fue hace cinco meses.

Esa era la esquina colorida del memorial de  Mauricio Fredes, maestro yesero que murió por inmersión luego de caer a una fosa la noche del 27 de diciembre del 2019. Días después el lugar estaba resguardado las 24 horas por jóvenes de la primera línea. Banderines de Colo Colo, restos de bombas lacrimógenas, monedas y flores plásticas, decoraron la animita por meses. Para algunos “primera línea”, al pasar por ahí, era obligatorio persignarse, sobre todo los viernes antes de la adrenalina de los enfrentamientos con carabineros.

Hasta que llegó la pandemia.

Durante los primeros días del confinamiento fue destruido el memorial. El único vestigio que sigue en pie, es la placa conmemorativa que rebautizó la calle Irene Morales con el nombre de  Mauricio Fredes. Todo lo demás fue borrado, arrancado y el paisaje aséptico se extiende hasta la rebautizada Plaza de la Dignidad.

Ese olvido, para su familia, también se ve reflejado en el proceso judicial. Han pasado ocho meses desde su muerte, sin avances en el caso. Ocho meses sin “El Lambi”.

El 13 de febrero, el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago declaró admisible la querella contra el intendente Felipe Guevara, el director de Carabineros Mario Rozas, y todos quienes resulten responsables por la muerte de  Mauricio Fredes. Desde entonces nada más ha pasado.

***

Viernes 27 de diciembre:

El ambiente en Plaza de la Dignidad estaba más álgido que de costumbre. Durante la tarde un incendio consumió el Cine Arte Alameda, que era utilizado para brindar primeros auxilios. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) había expresado su preocupación por los hechos de violencia y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Carabineros de Chile en las protestas, poniendo especial atención en el cuestionado “copamiento preventivo” aplicado por la Intendencia Metropolitana y Carabineros.

Aquella tarde,  Mauricio llegó a la zona cero del estallido social en compañía de tres de sus amigos. Uno de sus más cercanos, Víctor Albornoz, comentó después a la prensa que se ubicaron en el teatro de la Universidad de Chile desde se podían ver las manifestaciones. Allí se quedaron dos horas hasta que empezó a oscurecer.

Mauricio Fredes

A las diez de la noche, la represión policial se endureció en el sector, especialmente en la esquina de Irene Morales con Alameda. Para tomar la micro del recorrido 209 que les servía, debían caminar hacia el poniente, por lo que emprendieron rumbo por la Alameda. Al llegar a la intersección con Irene Morales un piquete de carabineros los sorprendió, les hicieron “una encerrona”, varias lacrimógenas y chorros del guanaco hacían perder la visibilidad. La mayoría comenzó a huir.

Mauricio corrió, se separó de sus amigos y cayó a un hoyo de un metro ochenta de profundidad, que no tenía tapa. La muerte fue por inmersión. Un brigadista de primeros auxilios que caminaba en las cercanías de la Telepizza, escuchó gritos de auxilio.

-Estaba caminando por el paradero que da hacia Irene Morales, me saqué los guantes, porque había terminado mi turno, estaba todo oscuro, ahí veo una enfermera levantando las manos y otro cabro arrodillado al lado. Miré el hoyo y lo vi- relata el brigadista, quien fue uno de los primeros en llegar a socorrerlo y prefiere mantener su nombre en reserva.

Hasta el día de hoy, el recuerdo lo persigue. Se siente culpable de no poder salvarle la vida.

Según los antecedentes de la investigación, Mauricio escapó de un carro lanza aguas, cayó a una fosa -propiedad de Enel-, la cual en su interior contenía agua proveniente del mismo carro lanza aguas y cables energizados.

Otro joven que estaba en el lugar, pidió bajar para ayudarlo. El brigadista lo sostuvo para iniciar el rescate, iluminados apenas por las luces de sus cascos, pero fue imposible, la fosa tenía corriente. Buscaron apoyo de los bomberos, pero  ya estaba muerto.

Cuando los amigos regresaron al pasaje, creyeron que había regresado a su casa. No había forma de comunicarse con él. Tampoco tenían Internet en el celular, otros dicen que andaba sin teléfono. La preocupación e incertidumbre aumentó con el transcurso de las horas.

-Tipo diez de la mañana me empezó a dar una angustia, pero me hice el leso. Después un amigo del Mauri me llama y me cuenta que no sabían nada de él. De verdad no quería pensar lo peor-, confiesa Luis.

Pasado el mediodía, funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI) llegaron hasta el hogar de  Mauricio. Sara los recibió sin entender lo que estaba sucediendo, ahí miedos de Luis se hicieron realidad. “El Mauri” había muerto y debían reconocer su cuerpo en el Servicio Médico Legal.

Debido a que  no portaba carnet de identidad al momento de su muerte, ingresó como NN al SML. Desde el organismo informaron que el cuerpo sería entregado días más tarde, algo que llamó la atención de Luis. Finalmente lo entregaron el domingo 29 de diciembre.

En las afueras cientos de personas, especialmente integrantes de la primera línea, se reunieron para esperar la salida y acompañar su féretro hasta su casa. En todo momento estuvieron presentes Fuerzas Especiales.

Se realizaron ollas comunes y actos de apoyo. También la cantautora Anita Tijoux llegó hasta el pasaje a cantar “Calaveritas” y a rendirle un último homenaje.

El lunes 30 de diciembre del 2019, el Servicio Médico Legal a través de un comunicado, informó que su muerte fue producto de asfixia por sumersión, tal como se describe en el certificado de defunción, desmintiendo la versión inicial de que había muerto electrocutado.

El deceso fue a las 23: 20.

Su funeral se realizó el martes 31 de diciembre en el Cementerio Parque Lo Prado de Puente Alto. Los asistentes fueron reprimidos por Fuerzas Especiales.

28 de enero

Ha pasado un mes desde la muerte en Plaza de la Dignidad y entre los pasajes de la población Santa Magdalena Dos de La Pintana, se divisa una casa de dos pisos, es la única con la reja abierta. El living está fresco a pesar de las altas temperaturas y un pequeño perro café recorre una y otra vez el espacio, buscando algo o a alguien. En la pared del fondo hay una gigantografía de Mauricio. También hay un pequeño altar que contiene dos botellas de ron, los restos de una vela consumida y al costado, un escudo de madera, regalo de la primera línea.

-Por mucho tiempo pensamos y analizamos con mi mamá, y creo que es momento de que se sepa quién era-, afirma Luis Cordero, su tío.  El tono de voz es dócil y conversa pausado. A ratos trata de esconder la emoción que lo embarga cuando mira la fotografía de su sobrino.

Mauricio Fredes nació el cuatro de septiembre de 1986, en la comuna de Quinta Normal. De madre adolescente y padre ausente, al cumplir dos años de edad llegó a vivir a la casa de sus abuelos, Sara y Pedro. Sus cercanos lo recuerdan como un niño extrovertido.

-El guatón le puso sobrenombres en el pasaje a todos. A uno le puso el poroto, a otro el McRonald y a uno el Calule. Era bueno para los apodos”-, relata Luis.

Al correr de los años, sus amigos y vecinos lo apodaron “Lambi”.

A pesar de la ausencia de su padre y la lejanía de su madre biológica,  creció como un niño alegre, gracias a los cuidados y el cariño de su abuela, a quien llamaba “mamá”.

Estudió en el Liceo Municipal El Roble de La Pintana, y al salir del colegio, se dedicó a ser maestro yesero. Por esta ocupación, no tenía un trabajo estable, y de vez en cuando se le presentaban “pololitos”. Consideraba a sus amigos de la villa como su familia. Allí donde la precariedad se compensa con la solidaridad de los vecinos.

Durante el estallido social, cada vez que podía iba a marchar al centro de Santiago con sus amigos del barrio. Otros dicen que era parte de la “primera línea”, aunque su familia, lo niega.

-El Mauri no era primera línea, se manifestaba con los chiquillos y después se venían al pasaje a tomar un traguito y conversar, nada más-, aclara Luis Cordero.

***

-Determinamos que estaban las condiciones para querellarse por el delito de homicidio, de abuso contra particulares y de denegación de servicio por parte de Fuerzas Especiales de Carabineros-, explica Mariela Santana, abogada patrocinante de la querella criminal e integrante de la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu).

En el documento se explica que luego de que Mauricio Fredes cayera a la fosa, efectivos policiales continuaron lanzando lacrimógenas y agua al lugar, inundándolo, e impidiendo intencionalmente el rescate de la víctima, durante algunos minutos, a sabiendas del grave riesgo que corría. El número del carro lanza aguas era el 49.

A ocho meses del caso, la abogada insiste en la importancia de dirigir la querella contra Guevara y Rozas como autores mediatos del delito de homicidio, ya que actuaron como parte de una estructura organizada de poder.

-Los autores civiles, como Guevara, prestan una colaboración sin la cual el delito nunca hubiera ocurrido. De no haber mediado el copamiento de Plaza Dignidad y haber reprimido de la forma en que se ordenó hacerlo, Mauricio Fredes estaría vivo-, comenta.

Hasta la fecha, aún no han sido identificados los efectivos policiales que participaron en el hecho ni el conductor del carro lanza aguas. La Fiscalía Centro Norte es la que está a cargo de la investigación.

Durante el estallido social los vecinos ya habían denunciado la existencia de diversas fosas y socavones que no contaban con sus tapas de protección, especialmente en el sector de Parque Forestal, en donde el pasto dificultaba su detección cuando la gente huía en las “encerronas” de los piquetes policiales.

Los últimos meses han sido duros y la familia de Mauricio, especialmente su madre Sara, y su tío Luis, han tratado de lidiar con el dolor. Sara ha estado confinada en su casa por su edad y por ser parte del grupo de riesgo. Él era su compañía y el sustento económico del hogar, durante el estallido social se realizaron colectas, lo que permitió que pudiese sobrellevar la pandemia.

Sin embargo, Luis confiesa que desde el gobierno jamás se han acercado, incluso no han recibido ningún llamado. Además, le preocupa que no existan avances en la investigación para hallar a los responsables de la muerte.

-La pandemia afectó a todos los procesos judiciales y ha dificultado también la investigación de Mauricio Fredes, el acceso a la carpeta, las respuestas de los oficios se han visto demorados (…) Hay una diferencia entre las investigaciones en contra de los manifestantes y las que son en contra de los agentes del estado. Eso se debe a una clara actitud del ejecutivo ante unas y otras, con diferencias de disponibilidad de medios y recursos. Mientras las primeras corren a 20 kilómetros por hora, las otras a 2-, dice Mariela Santana.

La familia hoy solo espera que se sepa la verdad y que haya justicia. No quieren que el nombre de Mauricio quede en el olvido.

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