El nuevo texto y su contexto

Fueron las mujeres en las calles, junto a los hombres las y los que desencadenaron el escenario que hoy experimentamos. Las fuerzas políticas no son las impulsoras de este acontecimiento. Es la ciudadanía y su rechazo. Desde luego, existen signos políticos anteriores, estudiantes, dirigentes sociales, agrupaciones lúcidas, televisoras poblacionales, que nunca se resignaron. Pero todas esas energías sintonizaron entre los años 2018 y 2019 de manera intransable.            


Terminó de manera objetiva la Constitución de Pinochet después de más de cuatro décadas. Se produjo el fin de una escritura hegemónica que permitió una privatización increíble de bienes naturales (el agua, el mar, la minería) y una acumulación de riqueza sin precedentes. La Constitución del 80, motor del ímpetu privatizador, promotor de la deuda, hipotecó el cuerpo del trabajador como un objeto más, en medio de la debacle de los derechos laborales. Empujó a miles de cuerpos hacia la calle y la informalidad.

Pero, hoy no puedo dejar de pensar que detrás o adelante de esa Constitución privatizadora, ilegítima, realizada sin registros electorales, validada y revalidada durante la transición, existió el tiempo dictatorial marcado por la opresión, la represión, el crimen, la prisión política, la tortura.

El fin de “esa” Constitución, debería reponer la memoria de una victimización social sin precedentes en el siglo XX. Una memoria ferozmente controlada y diluida durante la Transición mediante el mall, la televisión chatarra surcada por persones banales estimuladoras del chisme y de la nada. Una sociedad que fue manipulada mediante el clímax del mercado, el consumismo y la deuda.

Es un momento, pienso, para hacer memoria, para inscribir esa memoria en el hoy, para reflexionar sin pausa sobre la fragilidad política arrasada por la codicia. Para repensar en la categoría de detenidos-desaparecidos como una situación sin reparación posible.

La escritura de esta Constitución paritaria que celebramos, se debe, desde mi perspectiva, a la condensación de dos momentos sociales. Por una parte, al llamado “Mayo Feminista” del 2018 que consiguió inscribir, a partir de las universitarias, la extensión de la politicidad de las mujeres. Porque fue esa microrevolución feminista la que consiguió la paridad constituyente. Y el llamado “Estallido del 18 de Octubre” incesante, nacional, masivo, el que hizo posible el fin de la Constitución de Pinochet.

Ni el Mayo Feminista, ni el el 19 de octubre tuvieron su origen por el fin de la Constitución. Se produjo por la marginación, la pobreza, los excesos y la violencia del sistema. Y, desde luego, la desigualdad provocada por un modelo amparado por gran parte de los representantes políticos. Sin embargo, el arco político, aterrado por el ímpetu de la ciudadanía, acordó una Asamblea Constituyente. Pero se firmó un acuerdo por una Asamblea “SITIADA” por los dos tercios que la derecha y parte de la centroizquierda estaban seguros de conseguir. Y lo mejor de todo es que NO lo consiguieron.

Fueron las mujeres en las calles, junto a los hombres las y los que desencadenaron el escenario que hoy experimentamos. Las fuerzas políticas no son las impulsoras de este acontecimiento. Es la ciudadanía y su rechazo. Desde luego, existen signos políticos anteriores, estudiantes, dirigentes sociales, agrupaciones lúcidas, televisoras poblacionales, que nunca se resignaron. Pero todas esas energías sintonizaron entre los años 2018 y 2019 de manera intransable. De igual modo, el levantamiento o los levantamientos de la región de la Araucanía y las comunidades mapuche, fueron las que consiguieron cuotas de participación.  

Pero estas celebraciones no pueden obviar que el hoy se establece sobre muertos, heridos, mutilados, miles de presos políticos, víctimas de abusos sexuales por parte de carabineros. Que los organismos internacionales de derechos humanos lo han consignado de manera clara y unánime. Que el comunero Camilo Catrillanca, la señora Fabiola Campillay y el universitario Gustavo Gatica son los símbolos de este tiempo. Son ellos mismos pero, a su vez, representan a otros y otros que experimentaron la macroviolencia del siglo XXI. Una violencia de carabineros sin precedentes (que todavía se ejerce sin límite alguno) esta vez bajo una democracia que rompió sus propias fronteras.

Hay que celebrar, pero también manifestar el pesar por lo ocurrido. Por la existencia de una Fuerzas Especiales de carabineros que sigue liberada a su violencia, a la infiltración, a las bombas y a las balas.

Sí, celebrar los triunfos, pero analizar lúcidamente los textos y contextos. Examinar cómo los pasados operan como presentes. Entender que existen interesadas políticas de olvido. Cautelar (si la voracidad neoliberal es controlada) lo que será la integridad de las ciudadanías a lo largo de todo el próximo futuro.

Total
43
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts
Leer más

Artículo 1

La Nueva Constitución –no solo en tanto “conjunto de leyes”, sino en cuanto “nueva hermenéutica” que lee dichas…
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.