El golpe de Estado en el cine: “Aquellos que no recuerden su pasado están condenados a repetirlo”

Desde la llegada de la democracia, el cine postdictadura fue una purga que nos dejó cintas dolorosas pero que abrieron la puerta hacia el mundo, para que todas y todos observaran –solo un ápice– lo que había pasado en ese oscuro tiempo. Muchas películas fueron catalizadoras de energías para actores, productores y directores. Además, una forma de tomar conciencia de lo que nos pasó, con sus causas y consecuencias, a través de historias marcadas por la crueldad y el horror surgidas desde el golpe de Estado, pero que, años después de exhibidas, nos permiten no olvidar.


En otra conmemoración del 11 de septiembre, realizamos una selección de cinco de las muchas películas que se han realizado en torno de esta simbólica fecha y los oscuros hechos históricos que le sucedieron durante 17 años de dictadura. Una mezcla perfecta entre arte y dolor.

En Cultura B los dejamos con cinco películas que nos recuerdan que sin memoria, no hay justicia.

Machuca
Andrés Wood, 2004

Los niños son los más marcados por un hecho de violencia. Mucho más si es un golpe de Estado como el de 1973. Las divisiones políticas matan amistades, aunque solo seas un niño, y esto intenta reproducir la aclamada película de Andrés Wood. Entre dos escolares de clases sociales diametralmente opuestas, crece una gran amistad en tiempos de agitación. A la vista quedarán los prejuicios instalados en las mentes de padres y madres, alumnos y profesores, los que boicotearán la noble idea de inclusión y respeto del director del colegio. Los protagonistas de Machuca aprenderán no sólo a ver cómo es la vida de “los otros”, sino que también comprenderán que hay una guerra. Dolorosamente hermosa.

Allende en su Laberinto
Miguel Littin, 2014

Retrato íntimo que recoge ese largo 11 de septiembre para el Presidente. El guión de Allende en su Labeinto define no solo al “Compañero Presidente” como símbolo de la resistencia, sino que también releva el aspecto humano, la relación cercana con sus pares, con su familia, mientras todo era terror. A pesar de algunos puntos no tan logrados, lo que vale es que la película logra transmitir las dudas y la soledad de las últimas horas de Salvador Allende, enfrentando de cara el golpe de Estado y donde aflora el espíritu del combatiente que logra emocionar y erigirse como emblema indiscutible de lo que finalmente representa. Donde germinó, fue a morir el sueño.

La Frontera
Ricardo Larraín, 1991

Según Ricardo Larraín, la película “es un símbolo de la búsqueda del consenso de la sociedad chilena”. Fue uno de los grandes éxitos del cine chileno en la novel democracia, alzándose con el Oso de Plata en el Festival de Berlín y el Goya a la Mejor película latinoamericana. Sorprende por su poética  crítica a las dolorosas consecuencias que la dictadura infringió en aquellos ciudadanos que lucharon y se enfrentaron a los dueños del poder. Más que reflejar cómo la dictadura de Pinochet había hundido a Chile, lo que prevalece en La Frontera es que los chilenos siempre sentimos que vivimos en el fin del mundo y nos urge dedicar tiempo a encontrar dónde están nuestras raíces. El exilio en el país propio.

Post Mortem
Pablo Larraín, 2010

Increíble película que logra el propósito de adentrarnos en la vida común y corriente de un ciudadano medio chileno y observar, a través de sus ojos, el comienzo de la dictadura como suceso histórico terrible. Post Mortem es una historia de amor en tiempos de guerra, con una quieta cámara que juega a ser una obra de teatro. Este deprimente lenguaje visual utilizado por Pablo Larraín, cuenta con la inestimable actuación Alfredo Castro, como hilo conductor de una historia de lenta construcción y  gran aura de tristeza, tal cual la época.

Llueve Sobre Santiago
Helvio Soto, 1975

Il Pleut sur Santiago (título original) es una producción búlgara, hablada en francés y heredera del cine político (y del exilio) de fines de los sesenta. Es una ficción que rescata al gobierno de la UP y establece una crítica contra el golpe de Estado. El desarrollo es ágil y lineal, llena de acciones no simbólicas pero sí muy narrativas, y aunque no busca refrendar una tesis, tiene una tensión de denuncia, de transmitir la urgencia de la época. Las torturas y desapariciones son contadas como un grito al mundo, no solo para desacreditar a la dictadura, sino que para revalorizar, también, al gobierno de Allende. Musicalizada por Astor Piazzolla, aclamada en Europa y Asia pero, prohibida en Chile. El cineasta Helvio Soto vivió el exilio y volvió al país en los noventa, con la necesidad de formar a las futuras generaciones de cineastas.

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