El gobierno de la caridad

El gobierno de la caridad

Sebastián Piñera y los suyos han mezclado la caridad cristiana con la gestión empresarial, dando una mezcla realmente monstruosa, un show lleno de vaguedades sin una real mirada amplia de lo que está pasando y lo que se viene al futuro. Él no mira el futuro, le cansa, el largo plazo jamás le dio un beneficio personal, porque las acciones cortas son lo suyo. Por lo tanto, piensa en el momento.

Como todo en este gobierno, la entrega de cajas se convirtió en un espectáculo televisivo. El intendente metropolitano, el Presidente y la Primera Dama, hicieron de esta obligación algo así como un gesto de misericordia hacia el más desposeído, como si no fuera deber del Estado cumplir obligaciones con sus ciudadanos.

En un discurso lleno de frases repetitivas y carentes de la épica que se buscaba, Piñera dejó en evidencia ante el país, una vez más, su nula compresión de lo público y de las tareas del aparato estatal. Además de comparaciones tan absurdas como la de una sociedad con una familia, el mandatario dijo que Chile jamás dejaría “solos a sus hijos”, en un ejercicio de paternalismo muy poco decoroso y repleto de confusiones conceptuales.

Y es que este gobierno-y la institucionalidad completa, para ser justos- entiende la acción pública como una “ayuda” al otro; no ve a las víctimas de la precarización como sujetos de derechos, sino como el objetivo de su caridad, cuestión que, junto con infantilizarla, pone a cierta parte de la población en posición de eterna espera ante las dádivas de las generosas autoridades. Y así no funciona lo común.

Sebastián Piñera y los suyos han mezclado la caridad cristiana con la gestión empresarial, dando una mezcla realmente monstruosa, un show lleno de vaguedades sin una real mirada amplia de lo que está pasando y lo que se viene al futuro. Él no mira el futuro, le cansa, el largo plazo jamás le dio un beneficio personal, porque las acciones cortas son lo suyo. Por lo tanto, piensa en el momento.

¿No son las cajas algo improvisado? ¿No es entregar comida de esa manera confundir la acción estatal con la “generosidad” del privado? Todo parece indicar que sí, que los habitantes de La Moneda no tienen muy clara la diferencia entre una y otra cosa; que les cuesta diferenciar entre una obligación y un “acto caritativo”.

En política todo gesto y palabra simboliza mejor las acciones que las intenciones que se dice tener. Y al hablar de “ayuda” constantemente, el Ejecutivo hace más que evidente la poca conciencia de la responsabilidad que realmente se tiene con el otro; o mejor dicho, no entiende bien qué es el otro, qué rol tiene y cuál es su misión respecto a él. Y eso, como sabemos, es una mirada ideológica que no quiere reconocerse como tal. Y tal vez eso sea lo peor.

¿Qué hacer al respecto? Lo más sensato sería que el gobierno tomara conciencia política y no solo económica de lo que se viene. ¿Qué quiero decir con eso? Que sin una perspectiva más detallada no solo económicamente, no se puede tener realmente un cierto diagnóstico económico alejado de la fragilidad de la inmediatez, que parece ser, no solo ante esta urgencia, la única forma en que esta administración actúa.

Pero para eso se requiere también entender el peso político de lo que estamos viendo; se tienen que saber no solo las consecuencias materiales, sino también los efectos desmoralizantes sobre los ciudadanos que tendrá lo que se viene hacia adelante. Y lo concreto es que una mirada tan corta, tan vacía y tan caricaturesca de la labor del Estado, no se podrá lograr nada.

Sobre el Autor

Francisco Mendez

Analista Político.

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