El gesto de Prat

Esta entrega de la vida a la muerte que Prat realiza al saltar al abordaje es un suicidio indirecto. El cual lo emparenta con otros chilenos que también cometieron, en esos casos directamente, el mismo acto. Ellos fueron Balmaceda, Recabarren y Allende.

El 21 de mayo de 1879, en la bahía de Iquique Prat encuentra la muerte saltando a la cubierta del Huáscar, el buque peruano comandado por Miguel Grau.

Intentaré interpretar su gesto y relacionarlo con el de otros chilenos que también se entregan a la muerte.

En la fecha del Combate Naval de Iquique nos encontramos con uno de los primeros actos de la guerra de Pacífico, desencadenada en los territorios salitreros.

Prat era un capitán de fragata de 31 años que estaba al mando de la Esmeralda, barco que con anterioridad había salvado del naufragio, en otro gesto heroico. No solamente era un marino, era también un abogado; estaba casado y tenía tres hijos. Había con anterioridad desempeñado un puesto de alto funcionario de la marina.

En esa mañana del 21 de mayo realiza el acto extremo, un acto límite de amor a la patria. Salta, espada en mano, a la cubierta del barco enemigo, seguido del sargento Aldea y de un marinero. Al hacerlo grita ¡Al abordaje muchachos!.

El gesto de Prat se puede asimilar a un suicidio, esto es una entrega voluntaria de la vida a la muerte. Además, es un acto ejemplificador porque finalmente, después de una larga lucha, la Esmeralda fue hundida pero sin arriar su bandera.

Puede decirse que esos actos heroicos, de unos y de otros, también los de los enemigos, son los que enaltecen a la guerra de Pacífico. Pero debo decir considero que las guerras, cualesquiera sean sus motivos, son no deseables, porque representan el fracaso de conseguir resolver los conflictos pacíficamente. Pero en ellas, pese a todo, se producen actos heroicos.

Esta entrega de la vida a la muerte que Prat realiza al saltar al abordaje es un suicidio indirecto. El cual lo emparenta con otros chilenos que también cometieron, en esos casos directamente, el mismo acto. Ellos fueron Balmaceda, Recabarren y Allende.

Ellos también entregan su vida realizando un gesto de adhesión a sus ideas y a sus convicciones.

En el caso de Balmaceda, quien se mata el mismo día que terminaba su mandato presidencial, lo hace mostrando que está dispuesto a vivir la misma suerte que los soldados y los civiles que habían fallecido defendiendo su gobierno.

Con ello efectivamente limpia su imagen y se transforma en un héroe. Uno que deja la vida por sus ideas. Por ello al poco tiempo de su muerte quienes lo habían apoyado pueden actuar, en el marco de la república parlamentaria, a través del Partido Liberal Democrático.

Recabarren también se suicida. Existe una discusión sobre las causas de este gesto. Pero, por ser quien es, también su muerte está ligada a su vida.

Recabarren milita hasta 1909 en el Partido Democrático, del cual se retira para fundar en 1912 el Partido Obrero Socialista y en 1920 el Partido Comunista. En 1922 viaja a Europa, visita la Unión Soviética y regresa sumamente impresionado por lo que ve.

En 1924 se suicida. Una de las razones son las discrepancias con la dirección de su partido, analizadas entre otros por Julio Pinto en “Luis Emilio Recabarren. Una biografía histórica”, editada por Lom Ediciones en el 2013.

Lo hace en un momento clave del primer gobierno de Alessandri, cuando en el congreso se oye “el ruido de sables”.

Muere entonces el primer caudillo de la clase obrera chilena, el que crea sus primeros sindicatos y sus primeros partidos.

Y por último el otro de los grandes suicidas, Salvador Allende, el primer presidente marxista de la historia política chilena.

Como se sabe gobierna casi tres años e intenta llevar adelante la vía chilena al socialismo. Para hacerlo estatiza la banca, nacionaliza el cobre, crea el área de propiedad social la cual comprendía a las empresas monopólicas, fomenta la participación popular a través de los Comandos Comunales y los Cordones Industriales.

Estos significativos avances generan la oposición recalcitrante de derechistas y demócrata cristianos y finalmente provocan el golpe militar.

Lo impulsan pese a que Allende intento con todas sus fuerzas ampliar el bloque reformador hacia el centro. Por desgracia no lo consiguió.

Esas tentativas lo convierten en uno de los políticos menos responsables de la tragedia que se gesta, un golpe que da lugar a una dictadura de dieciséis años con miles de prisioneros, con torturados, con cuerpos de desaparecidos lanzados al mar o sepultados clandestinamente.

Pese a eso, ese mismo día, momentos antes que las tropas militares invadan la Moneda se quita la vida. Es el último de los grandes suicidas.

El estadista, el impulsor de la vía pacifica, se unió a los grandes suicidas, indirectos o directos, de nuestra historia. Esos que siempre deberíamos recordar, porque representan lo mejor de Chile.

El último acto de sus vidas, el cual fue entregarse a la muerte, aúna a Prat, Balmaceda, Recabarren y Allende.

Total
10
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts