El eco de un disparo: La historia de Aníbal Villarroel, el joven asesinado en La Victoria en el aniversario del 18-O

Desde el Gobierno y Carabineros informaron que la muerte del joven de 26 años fue consecuencia de un “enfrentamiento” en el que funcionarios policiales actuaron en defensa propia en medio del fuego cruzado con los manifestantes. La voz de los que sobran conversó con su familia y  el abogado de la madre del joven, quienes contrastan las versiones de lo que pasó ese día.


Es mediodía del domingo 18 de octubre del 2020, y en la población José María Caro de Lo Espejo, Aníbal Villarroel (26) descansa en su pieza. Es un recreo durante el trabajo de la semana, como administrativo en una corredora de seguros. Está junto a su polola, Natalia, una joven con quien comenzó una relación hace tres meses. Tenían planeado pasar todo el día juntos.

A las cinco de la tarde tomaron sus cosas y se dirigieron rumbo a La Victoria, para juntarse con un grupo de amigos y compartir un rato antes del toque de queda. Tenían pensado asistir a una actividad cultural, que finalmente se terminó suspendiendo por las manifestaciones y la fuerte presencia policial.

Al caer la noche, Aníbal junto a su amigo y ex compañero de curso Bastián Salamanca, caminaron hacia Avenida Departamental con Eugenio Matte para presenciar las protestas por la conmemoración del primer aniversario del Estallido Social. Pasadas los 22:00 horas la situación se fue volviendo cada vez más tensa con diversos enfrentamientos entre pobladores y carabineros.

Se resguardaron en un poste de luz, allí se dieron cuenta que ya no eran piedras las que se escuchan, ni balines. A las 22:55 comenzaron los disparos.

Bastián le pide a su amigo que se vaya, cuando ven que se acerca un bus de Carabineros que estaba siendo apedreado por los vecinos. Algunos testigos dicen que habría sufrido un desperfecto mecánico. Luego apareció un carro lanzagases. ambos huyen, pero habrían sido interceptados por este carro.

Aníbal recibe un disparo directo al tórax. Camina dos pasos y cae al suelo. Bastián recibió un impacto en el tobillo. El sonido de las balas se apaga.

Rodrigo Pérez, cuñado de Aníbal y vocero de la familia, confirma que posteriormente ocurrió otro hecho grave. Carabineros lanzó bombas lacrimógenas cerca del cuerpo, evitando que recibiera cualquier tipo ayuda.

En medio de una nube de gas lacrimógeno, los vecinos tuvieron que arrastrarse para socorrerlo y sacarlo de ahí. Entre todos lo llevaron a la casa una vecina del mismo pasaje, llamaron a bomberos e intentaron labores de reanimación. El joven de 26 años reaccionó unos segundos pero volvió a  perder la conciencia. Fue trasladado en un vehículo hasta el SAR del CESFAM Amador Neghme. Aníbal ya estaba muerto.

-No fueron balines, ellos recibieron balas. Estaban completamente desarmados, solo estaban mirando-, confiesa Rodrigo, a través de una videollamada.

***

Aníbal Villarroel Rojas nació el 10 de enero de 1994 y parte de su infancia la vivió en la comuna de San Joaquín. Sus padre, Carmen y Miguel, lo dejaban en casa, cuando trabajaban en la feria con sus dos hijos mayores, Jocelyn y Miguel. Tenía un trato especial, era el “conchito” de la familia, dirá más tarde su cuñado.

Jocelyn le enseñó a tocar la guitarra, y se fue perfeccionando en la iglesia evangélica del barrio, mientras que con Miguel tenía una relación más lúdica.

Sus padres se separaron hace diez años aproximadamente y por eso llegó a vivir junto a su mamá y hermano a la población José María Caro de Lo Espejo. Ya era un adolescente, así que rápidamente hizo amistades especialmente en la población La Victoria.

Para sus cercanos, el “Pupi” como lo apodaron de cariño, era un joven alegre y sociable. Cursó la enseñanza media en el Colegio Madrid de San Joaquín, y posteriormente entró a estudiar Técnico en Construcción en el Instituto Profesional AIEP. Nada le fue fácil, como a la mayoría de los jóvenes de esta comuna.

-Aníbal estudiaba y trabajaba a la vez. A los 21 años se enteró que iba a ser papá de una niña y la noticia a pesar de ser sorpresiva, la tomó súper tranquilo, estaba contento. Siempre me hacía bromas en la casa, porque le encantaba cocinar, me preparaba comida que no me gustaba y me decía “mira lo que cociné, que rico”. Era súper bueno para la talla, le cargaba ver a la gente triste-, relata Miguel Villarroel (30), hermano de Aníbal, aun tratando de asimilar todo lo ocurrido.

Aníbal trabajaba en una corredora de seguros en Santiago Centro, por lo que su rutina diaria era levantarse a las seis de la mañana para salir rumbo a la oficina antes de las siete y llegar a tiempo. Ya había empezado a trabajar de manera presencial, pese a la pandemia. Con la plata que ganaba ayudaba a su madre a pagar las cuentas y mantener a su pequeña hija.

Era común verlo llegar la casa a las siete de la tarde, se sacaba los zapatos y la corbata cansando de la jornada y el viaje en micro. Su madre estaba orgullosa de él.

A pesar del divorcio, también mantenía una excelente relación con su papá a quien iba a ver de vez en cuando a San Bernardo, para preparar un asado y conversar de la vida.

A Aníbal le encantaba la lectura, la mayoría de sus cercanos dicen que no había tema en que no pudiera hablar con propiedad. Siempre trataba de estar informado de todo y sus cercanos lo respetaban por eso.

-Hablaba desde la Antigua Roma, Grecia, o cualquier duda que tenías, te la resolvía. Le gustaba leer a Eduardo Galeano-, dice Rodrigo.

Imágenes por Luis Hidalgo

El jueves 29 de octubre, en la entrada de la comuna de Lo Espejo los rayados en los muros cerca de la Avenida Central dan la bienvenida. “No estamos en guerra” “Sublevación contra la represión” rezan las frases en el contexto del estallido social.

Un grupo de adolescentes a torso desnudo conversan en el paradero. El sol pega fuerte en los blocks y casas con mansardas hechizas.

Nelson Rocco, abogado del municipio de Lo Espejo, habla en representación de Carmen Rojas, la madre de Aníbal. Sentado en una de las oficinas dice que ese día hay una información clave que entregó la familia y que ha compartido con la Fiscalía Sur: horas después de ser baleado Aníbal, en la madrugada del lunes 19, a eso de las cinco de la mañana, llegaron varios vehículos con sujetos de civil que no portaban credenciales policiales para hacer una suerte de limpieza del lugar. Buscaban casquillos de balas.

-La información la obtuvo la familia por testigos presenciales que habrían visto a estas personas, no está claro, pero un testigo habría filmado la situación. Formalmente, como abogado querellante, hemos requerido al Ministerio Público que nos informe si ellos pidieron un levantamiento de rastro de casquillos de bala o si bien se ha pedido una investigación de esta arista ¿Por qué? Porque podría haber una suerte de encubrimiento, que por supuesto debe establecerse en algún minuto durante esta investigación penal, desconocemos a los sujetos y las grabaciones a las que he hecho referencia-, comenta.

Explica que según la versión de la familia y los testigos, no es efectiva la teoría del fuego cruzado. Sostienen que cuando le disparan, él joven era un manifestante desarmado.

-Aníbal llevaba siete años trabajando en esta compañía de seguros, que a su vez prestaba servicios al Banco de Chile, además era padre de una niña de cinco años, él no era un delincuente, era un joven como cualquier otro a su edad, tuvo la mala suerte de estar en el momento y el lugar que le costó la vida-, agrega.

El abogado también confirma la versión de testigos presenciales que indican que los funcionarios policiales arrojaron bombas lacrimógenas alrededor de su cuerpo.

Eso no se entiende, si no es en el contexto de tratar de evitar que otras personas se acercaran a él. Los vecinos lo pudieron rescatar para llevarlo a una vivienda-, dice.

Hasta el momento, la familia y su defensa siguen a la espera de la pericia balística del proyectil que asesinó a Aníbal. En la investigación que lleva la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones (PDI), se incautaron todas las armas que portaban los policías en sus vehículos institucionales y se hará un chequeo detallado a cada una. Ya se tiene conocimiento de todos los funcionarios policiales que estaban presentes. No se descarta ni afirma que los disparos provengan de un arma policial.

-Si es que fuera y se determinara, como hipótesis, que es un carabinero el que lo mata, en ninguna forma acá hubo proporcionalidad y justificación en el uso de esa arma de fuego, porque Aníbal y su acompañante no estaban atacando a Carabineros, al parecer solo están mirando en el lugar, entonces en ese contexto el actuar policial resulta abusivo y contrario a derecho (…) En cualquier parte del mundo y en cualquier parte de la historia, la policía no puede servir como una policía política contraria a las personas que son opositores a un gobierno de turno-, concluye.

La última información que recibió desde la Fiscalía es que el grupo de hombres que recogió los casquillos podría corresponder a la Brigada de Homicidios, pero aún no tendrían claridad sobre este tema. Se depondrá el secreto de investigación en la causa y las pericias balísticas podrían extenderse un mes.

***

Una de sus profesoras que lo conoció al joven en octavo básico en la escuela Fray Camilo, posteó un emotivo mensaje en Facebook. “Aníbal y Bastián no tuvieron en ningún momento armas, no dispararon, PDI lo confirmó. Aníbal y Bastián no son delincuentes, ambos padres y trabajaban como cualquier persona que mantiene a su familia. Aníbal ya no está y Bastián entendió de la peor forma que manifestarse por mejores condiciones sociales en Chile, te puede costar la vida. Como docente la pena, rabia y frustración que siento es inmensa.  Primero porque  a Aníbal y a Bastián les tocó duro, porque no tuvieron las mismas oportunidades, porque la cancha no es pareja para todos.

Segundo, porque tenían todo el derecho a salir a la calle a gritar y a manifestarse, y no debían correr ningún riesgo. Y por último, porque a un año del “Chile despertó” nada ha cambiado, ni tampoco en estos 13 años que han pasado desde que les hice clases a estos chicos”.

La mujer sabe de esas historias de niños estudiantes que lidian con balaceras, con hombres armados en las calles, pero también con la represión policial que enfrentan cuando son adultos y deciden protestar.

El jueves 22 de octubre se realizó el funeral de Aníbal. Antes de llevarlo al cementerio Sendero de San Bernardo la familia pidió que la despedida fuera en calma, sin hacer caso de ninguna provocación de Carabineros. El cortejo pasó por el mural de la población La Victoria mientras la carroza iba acompañada de ciclistas. Una de las últimas paradas fue pasar por el pasaje de sus amigos. La gente aplaudía emocionada.

-Nos preocupa que sigan muriendo jóvenes en las poblaciones, no es el mismo actuar de Carabineros en La Victoria que en otras comunas del sector oriente. Aníbal no era un delincuente, fue asesinado y aquí hay responsabilidades políticas-, concluye Rodrigo.

Total
642
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Artículos Relacionados
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.