El día que ganó Allende. Relato en primera persona

Hace 50 años a esta hora estaba en el segundo piso de la sede de la Fech, junto a Allende, cuando se dirigió al pueblo reunido en la Alameda. No me resultó difícil acceder a ese lugar. La mayoría de los GAP, grupos de amigos del Presidente, que conformaban su guardia personal, eran compañeros militantes del MIR que yo conocía.

Un día como hoy hace exactamente 50 años, el 4 de septiembre de 1970, resultaba ganador en las elecciones presidenciales, Salvador Allende.

Esa tarde fue inolvidable.

Formábamos parte de un grupo de cineastas que apoyábamos al Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile, haciendo reportajes en cine 16 mm, como imagen para los relatos periodísticos desde que nos habíamos tomado el canal.

Por ello hace 50 años a esta hora hacía poco estaba en el segundo piso de la sede de la Fech, junto a Allende, cuando se dirigió al pueblo reunido en la Alameda.

No me resultó difícil acceder a ese lugar. La mayoría de los GAP, grupos de amigos del Presidente, que conformaban su guardia personal, eran compañeros militantes del MIR que yo conocía.

Recuerdo que había tres grandes ventanas, con balcones y la del centro tenía uno más pequeño, desde donde hablaba el presidente. Desde la ventana de la derecha filmaba el documentalista Fernando Balmaceda, y yo lo hacía desde la otra ventana.
El pueblo en la calle manifestaba una alegría incontrolable, todos se abrazan y reían sin poder creerlo.

Allende estrenaba su palabra profunda como presidente electo:
«Esta noche tomaremos la patria por la cintura para bailar una cueca larga hasta el amanecer» ….
«A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero presidente» …


Efectivamente la alegría de la gente era incontrolable, el presidente ganaba después de haber sido candidato en 1952, 58 y 64.
Era tanta la gente reunida, que Allende, le pide al pueblo que no acepte provocaciones y que regrese en calma a sus casas:
…”Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria” …


Esta había sido una campaña en que nos habíamos comprometido a fondo, construyendo sólidas relaciones de amistad y compromiso político al interior de un amplio grupo de jóvenes cineastas que habíamos conformado el CUP de cineastas y aprobado un Manifiesto de los Cineastas de la UP y reconocíamos el liderazgo de Miguel Littín para que asumiera la Presidencia de Chile Films, la empresa del Estado productora de Cine.

Los jóvenes asumen en Chile Films.

El 3 de noviembre, Allende asume constitucionalmente la presidencia de la República y Miguel Littín es nombrado, por el nuevo gobierno, presidente del Directorio de Chile Films, reemplazando en ese cargo a Patricio Kaulen, militante de la Democracia Cristiana.

Yo asumo como Secretario Ejecutivo del Área Creativa donde creamos los Talleres de Creación y Reflexión Cinematográfica, junto a Patricio Guzmán, Fernando Bellet, Horacio Marotta y Douglas Hübner. Se suman Sergio y Patricio Castilla.

A aprender cine llegan músicos como Víctor Jara, arquitectos como Orlando Lübbert, escritores como Sergio Marras, pintores, trabajadores estudiantes.

Se inició la reestructuración de la empresa del Estado, que estaba orientada básicamente a ser una prestadora de servicios y realizar un noticiario quincenal, que iba a los cines.


En conjunto, los cineastas asumen el compromiso político, reivindicando al mismo tiempo la libertad creadora que da vida al arte.

Hubo mucha gente que salió a las calles a filmar y registrar esta experiencia política sin precedentes.


En esos momentos de intensa discusión, el largometraje era mucho menos estimulante que el registro documental como Casa o mierda, de Guillermo Cahn y Carlos Flores Del Pino; Venceremos, de Pedro Chaskel; Santa María de Iquique, de Claudio Sapiaín;

Entre ponerle y no ponerle, de Héctor Ríos; El primer año y La respuesta de Octubre, de Patricio Guzmán; Brigada Ramona Parra, de Álvaro Ramírez junto a Samuel Carvajal y Leonardo Céspedes entre otros.


Llegan a Chile cineastas de otros rincones del mundo

El director norteamericano Saúl Landau dirige ¿Qué hacer?, una especie de docu-ficción, con participación cinematográfica que Raúl Ruiz desconoce. Vienen el francés Kris Market, el alemán Peter Lilienthal

Ese año, la Universidad Técnica del Estado (UTE) funda el Departamento de Cine y Televisión con el fin de «promover el desarrollo de una cinematografía chilena, de vocación latinoamericana, Fernando Balmaceda, un artista plástico devenido en cineasta, realiza documentales, como “El sueldo de Chile”.

Con Miguel Littín iniciamos la filmación del documental “Compañero Presidente” de la que fui productor. Sería un dialogo político entre el presidente Allende que era noticia mundial y el intelectual francés Bolivia Regis Debray, recién liberado de la cárcel de Camiri en Bolivia. Regis había estado con el Che Guevara.

La filmación fue un acontecimiento; para todos era algo nuevo.

Regis tenía una aureola guerrillera, era un joven muy delgado, pero que irradiaba un cierto respeto intelectual que con cierta arrogancia confronta a un viejo político de gran carisma como Allende, que con su pecho erguido y reluciente como presidente de Chile respondía con certezas. En los breves descansos de la filmación, Allende desaparecía, y al día siguiente por la prensa nos enterábamos que había firmado los primeros decretos y leyes que anunciaban la voluntad de un cambio real.

En los días que transcurrían mientras filmábamos, al mismo tiempo éramos testigos de cómo el presidente Allende iniciaba la nacionalización de la industria textil, suscribe el acuerdo UP-CUT (Central Única de Trabajadores), que instaura la participación de los trabajadores en todos los ámbitos de la sociedad, y comienza a implementar su política económica.

Allende presenta el proyecto de ley sobre las Áreas de la Economía y participación de los trabajadores.
Se crean las tres áreas de propiedad: privada, mixta y social; esta última se constituirá con noventa y una empresas básicas. Además, da los primeros pasos para la estatización de la banca y del comercio exterior.

La casa de Tomás Moro, el Palacio Presidencial de Viña del Mar, la vieja Intendencia de Valparaíso, eran algunas de las locaciones en que filmamos.

Para Miguel Littín no fue fácil la filmación ni la edición de la película al ver al presidente empujado al límite por las preguntas y la presión de Debray. Hubo momentos de descanso en que lo veía preocupado, hablándole al oído al presidente.

Luego de revelar el material, que era en 16 mm, hicimos esfuerzos por lograr sincronizar el sonido, pero era imposible; con Giorgio di Lauro ingeniero de sonido, nos agarrábamos la cabeza sin poder encontrar una solución. Pero mi experiencia haciendo los foley y colocando los pasos y ruidos en tantas películas, me ayudó. Allende nos citó a Chile Films, quería ver el material. Nos preparamos en el estudio de sonido […] y pusimos las viejas sillas de paja frente al gran telón. Detrás, en una mesita, yo estaba con el grabador que reproducía la cinta magnética; unos minutos antes había descubierto el problema de la ausencia de sincronismo, y ya me preparaba para resolverlo. Todo el mundo sentado: Allende, Debray, el edecán, el Coco Paredes, el «negro» Carlos Jorquera, el «perro» Augusto Olivares y Miguel Littín, que demoraba el inicio para darme tiempo, hablándole al presidente.

Se inicia la proyección y el equipo técnico, con Giorgio di Lauro incluido, ve con sorpresa que la imagen está sincronizada, que la imagen y el lip-sinc están perfectos. En un segundo fugaz se me había ocurrido que quizá el problema estaba en que la cámara arriflex podía ser de 25 cuadros por segundos, preparada para la TV europea. Con ello tenía que haber un fotograma de más por segundo; es decir, en un minuto eran 60 fotogramas de más. Entonces inicié con mi pie golpeando suavemente el piso el ritmo y contando los segundos y apretando la pausa del grabador en los breves silencios y soltándola, y así me mantuve como una máquina robótica; esa ocurrencia subió los bonos de mi credibilidad técnica y de idoneidad como productor.

Durante la filmación, el Coco Paredes «censuró» unos cuántos rollos de fotos y una cinta magnética de una parte del diálogo del equipo de Saverio Tutino; el famoso periodista y escritor italiano que estaba presente. La cinta y los rollos me los pasó para que los guardara.

Desde hace más de cuarenta y nueve años que tengo los rollos sin revelar y la cinta sin volverla a escuchar.
Cuando debimos definir los títulos de la película, Littin decidió que esta, era una obra colectiva y puso una lista de los que habían trabajado, sin incluir sus cargos, así se cumplía con lo expresado en el «Manifiesto de los cineastas».

Tuve que ir a Argentina para realizar algunos procesos de la película que había sido filmada en 16mm y aquí no teníamos todo el equipamiento técnico para hacerlos.

Me pasé un mes encerrado en los subterráneos del Laboratorio Alex. El material de archivo no tenía numeración de origen, de manera que tuve que cortar el negativo viendo la imagen con una lupa.

Hicimos la primera proyección en la Embajada de Chile en Buenos Aires. El embajador, don Ramón Huidobro, preparó una recepción. Recuerdo a Lautaro Murúa como uno de los invitados importantes.

Necesitábamos un proyector 16 mm y un proyectorista, que resultó ser Pablo Szir, que había estado en el Festival de cine de Viña de 1967, compañero de la famosa directora y productora Lita Stantic.

Pablo fue secuestrado en 1976, y llevado más tarde a un centro clandestino de detención. Hoy es uno de los miles de desaparecidos que dejó la dictadura argentina.

No me olvido que mientras cortaba el negativo de la película en Buenos Aires, se sucedían los acontecimientos en la calle.

Entré al subterráneo del Laboratorio Alex durante el gobierno de Onganía y salí tiempo después con el de Roberto Levingston; un Golpe de Estado más que acumularía en el cuerpo.

Así me lo informaba una radio a pilas donde escuchaba Radio Colonia con su clásico «más informaciones para este boletín».
El productor argentino, Edgardo Pallero fue mi colaborador más cercano y, conscientes del material delicado que teníamos, decidimos comprar una gran maleta de plástico de un color muy vistoso, escocés, para seguirle la pista en el aeropuerto. No me despegué de ella hasta verla subir al avión; era un vuelo directo a Santiago, esto es sin escalas. Sin embargo, la tranquilidad duró poco: el avión hizo una escala no presupuestada en Uruguay, hecho que no hubiese levantado sospecha alguna si es que luego no nos hubiésemos dado cuenta, al llegar a Chile, que la maleta vistosa con todo el material no venía en el avión


Había sido bajada en Montevideo. Llamé rápidamente a Coco Paredes, en ese momento director de la Policía de Investigaciones, quien pudo detener el avión en la losa hasta que LAN confirmó que la maleta «por error» había sido bajada en Uruguay, historia que no tenía ni pies ni cabeza.

Coco Paredes ordenó que no se moviera el avión de la losa hasta que la maleta llegara de regreso, lo que ocurrió en un par de horas.

Obviamente la CIA había metido la cola. Sin embargo, para sorpresa nuestra, en la maleta no faltaba nada.
Por ello recordar hoy el triunfo popular, y sus inmensos logros y alegrías, sabemos que en unos días estaremos tristes recordando la acción mas artera y criminal que fue el Golpe Militar.


La CIA seguía todos los pasos.

Buenas noches.

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2 comments
  1. Un gran proyecto de una sociedad Chilena más justa, recuerdo a mis Abuelos que entusiasmo y consiente eran del momento y nos advertían del cuidado que debíamos tener.
    Muy agradecido Sergio un abrazo.

  2. Flaco, gracias. Tu memoria de vida nos pertenece. Hoy y siempre. 50 años no es nada. Febriles, eseranzadas nuestras miradas. Yo también estuve frente a la FECH esa nopche triunfal, pero en la vereda del frente, pegado a la Biblioteca Nacional, junto a la estatua de Baos Arana, en el techo de un camión lleno de cámaras y cables. Uno de ellos, levantado lo más arriba posible por mis manos y con un palo largo, para que no se “guateara” hasta los cabeza de tanta gente en la Alameda. Al inal de los finales de esa noche, caminé horas hasta mi casa en La Reina (cerca de la tuya) y llegué de madrugada, entre pajaritos recién nacidos en primavera. No recuerdo mucho más de esas horas únicas pero cada vez que escucho pajarillos recién nacidos en este mes del Chile nuestro, pieso en aquélla primavera eterna, prodigiosa y de la que ya conversaremos, cualquier día nuevamente.. Abrazo para ti, en esta jornada única, 50 años después.. Perico

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