El cazador: la violencia policial y el historial de abusos en Valparaíso del principal sospechoso de dispararle a Gustavo Gatica

Entre 2011 y 2012 Claudio Crespo fue Capitán de la 7ª Comisaría de Fuerzas Especiales en Valparaíso, y su figura se transformó en sinónimo de terror entre los estudiantes que se movilizaban y los hinchas del fútbol. Con casi dos metros de estatura, dejó una estela de traumas, amenazas y denuncias por torturas en la ciudad puerto. Muchos lo recuerdan como un policía brutal y con perfil ‘anti-comunista’. Este medio accedió al expediente de un proceso que abrió la Fiscalía Militar, donde se da cuenta del uso desmedido de la fuerza por parte un contingente a cargo de Crespo sobre hinchas de Wanderers.


Claudio Fernando Crespo Guzmán (44) ganó notoriedad pública rápidamente el último mes. La Fiscalía Centro Norte y la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones lo apuntan como el principal sospechoso de haber dejado ciego a Gustavo Gatica el pasado 8 de noviembre de 2019, cuando se dispararon más de dos mil perdigones contra las personas que se manifestaban en el radio de la “Plaza de la Dignidad”. El entonces teniente Coronel portaba la sigla G-3 en su casco.

Actualmente se encuentra dado de baja por Carabineros y, al aparecer en la investigación, también salieron a la luz antecedentes y testimonios sobre su historial de violencia policial y brutalidad en Valparaíso.

Entre 2011 y 2012 fue Capitán de la 7ª Comisaría de Fuerzas Especiales en la quinta región y su nombre se empezó a repetir en los reclamos contra Carabineros de los hinchas de Wanderers que asistían al estadio y entre quienes participaron del llamado “movimiento estudiantil”, con demandas por educación gratuita, pública y de calidad. Las denuncias hablaban de exceso de fuerza y torturas a los detenidos.

En agosto de 2011, el actual diputado por el Distrito 7 de la Región de Valparaíso, Jorge Brito Hasbún (RD) era dirigente estudiantil en la Universidad Santa María de Valparaíso, representando la carrera de Ingeniería Civil Industrial. Como varios estudiantes movilizados en aquellos años, Brito recuerda que la fama de Crespo era extendida, al punto que a él mismo le tocó ser víctima del capitán de la séptima comisaría porteña.

La universidad estaba en paro y Brito, junto a unos diez compañeros, venían de un concejo de Federación. Salieron por el acceso superior de la casa de estudios, que da hacia la calle San Guillermo con Avenida Placeres. En ese momento llegó un zorrillo de carabineros con un contingente de Fuerzas Especiales. “Allí aparece el capitán Claudio Crespo y nos tiró al piso. Nos empezó a gritar ‘comunistas conchasdesumadres, váyanse de mi país, quieren que vuelva Allende, el cobarde que se suicidó, váyanse a Cuba’”, recuerda.

Los insultos y gritos fueron subiendo de tono, mientras los jóvenes seguían en el piso. Crespo les ordenó presentar sus documentos de identidad. Después de 15 minutos de terror, les habría lanzado los carnet al piso y una vez liberados los estudiantes se fueron corriendo.

“Siempre lo identificamos como un tipo bastante osado, incluso entre algunos compañeros le dimos el nombre de ‘Max Steel’ (personaje de acción de juguete) por su envergadura y la protección de su indumentaria” comenta Jorge Brito.

Recuerda que en otra ocasión Crespo lo agarró desde su kafiyya (pañuelo palestino) y lo estrelló contra su pecho, preguntándole si era comunista. “Yo con 1,85 de estatura le llegaba al pecho, por lo que fácilmente debe medir sobre los dos metros (…) Con los carabineros que he podido hablar me señalan que es un tipo bastante sádico, que odia a los comunistas y que tiene todas las características de un policía fascista, el cual le hace daño a la institución debido a que la intenta utilizar para ser servil al sector político con el que es afín. En un país serio, Crespo debería estar en la cárcel”, concluye.

El cazador de estudiantes

En la misma época Luis Millacura Álvarez (31) estaba cursando cuarto año de la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Valparaíso. Tenía 22 años y participaba activamente de las movilizaciones estudiantiles, tanto en su escuela como en las calles. En una de las masivas jornadas de protestas en el “plan” de Valparaíso, como se le conoce al centro de la ciudad, se encontró por primera vez con el capitán Claudio Crespo.

“Se hablaba mucho de que tenía una especial fijación en detener a menores de edad, ya que eran más fáciles de capturar y podía infundirles miedo. De hecho era costumbre que los secundarios eran los más golpeados. Incluso en pasquines anarkopunks de la época aparecía como personaje oscuro”, dice.

Luis se ubicó delante del “zorrillo” de Carabineros para impedir que Crespo capturara a uno de sus amigos. “Teníamos más o menos visto cómo él y carabineros funcionaban. Por lo general pasaba el zorrillo, acumulaba estudiantes que corrían del gas y aprovechaban de atraparlos”, comenta. Su temeraria acción duró pocos segundos, Crespo lo esperaba en la otra esquina para cobrar revancha.

-Mi físico era bastante corpulento pero aun así el combo que Crespo me pegó en la nariz fue tan fuerte que me botó al piso de una-, recuerda.

El estudiante trató de reponerse afirmándose de una reja, pero Crespo lo apretó del cuello y empezó a presionar la herida de la nariz, provocándole más dolor y anoxia.

-Me asfixiaba porque no me podía meter al zorrillo. El miedo aumentó porque se me acercó un piquete de Fuerzas Especiales y uno de ellos tenía un guante. Pensé que me lo iban a meter en la mochila para hacer un montaje y la solté. (A Crespo) le tenían respeto por el rango que ostentaba, daban a entender que lo consideraban ‘jodido de la cabeza’. Una señal de aquello también fue que a pesar de estar a unos tres metros de donde me golpeaba, el piquete no se acercó a apoyarlo” explica Luis.

Los efectivos policiales lo arrastraron hasta la micro de detenidos, donde reunían a los otros estudiantes. Para su suerte, en la comisaría no recibió más golpes y pudo salir el mismo día.

-Crespo era una especie de animal de caza, un tipo que no le importa nada ni nadie, parece acostumbrado a procedimientos irregulares. Se siente impune-, agrega.

Con el tiempo también pudo confirmar que era uno de los formadores de efectivos de Fuerzas Especiales, algo que le daba aún más poder dentro de la institución.

Las movilizaciones continuaron y, una semana después de su detención, mientras caminaba con una amiga Luis se encontró de frente con el mismo carabinero cuando hacía una persecución. En el momento en que se cruzan, el policía lo agarró y lo lanzó arriba de un auto.

Aunque son recuerdos dolorosos, Luis siente que los sufrido por él fue menos vejatorio que las mutilaciones y lesiones sufridas por los manifestantes en el estallido de octubre. Le preocupa que Carabineros lleve tanto tiempo actuando de la misma manera y espera que los antecedentes de Crespo se consideren en el caso de Gustavo Gatica.

-Me da miedo que las personas que protestan empiecen a normalizar este tipo de actitudes de los carabineros, que sea algo cotidiano que nos peguen por nada y que si te pilla un piquete en un lugar sin cámaras, te van a sacar la cresta sin remordimientos-, concluye.

El testimonio de Luis es respaldado por Luis Tejo Quezada (31), nutricionista titulado de la Universidad de Playa Ancha (UPLA). A los 22 años fue Secretario General de la mesa interina de la FEUPLA y durante el intenso 2011 de movilizaciones estudiantiles una de las labores que más tiempo le tomaba como dirigente era estar en las comisarías de Valparaíso, para registrar los datos de los estudiantes detenidos en cada manifestación y derivarlos a los abogados.

Ese trabajo lo acercó a la figura de Crespo, al escuchar los relatos de compañeras y compañeros detenidos a cargo del Capitán de Fuerzas Especiales:

-Siempre estaba ese miedo al saber que estaba Crespo en las manifestaciones, había que correr lo más rápido que se pudiera. Era casi un mito al cual temerle-, recuerda.

-Un día llegó un contingente enorme de Fuerzas Especiales, eran unos 300 carabineros y se llevaron a varios compañeros. En la micro los tuvieron por varias horas, les hicieron bajarse los pantalones y hacer sentadillas, al tiempo en que los carabineros los mojaban y se reían de ellos, en la presencia de Crespo, quien fue el que dio la orden-, explica.

Otro problema para la federación fue que los detenidos pidieron que no quedara registro de lo qué pasó y no quisieron poner la denuncia.

“Tuvimos una reunión con la mayoría de ellos y yo no podía entender por qué no querían denunciar. Allí fue que un cabro dijo, así, textual, ‘porque nosotros sabemos a lo que vamos y nos exponemos a esto’. O sea, asumían que iban a recibir torturas, lo tenían normalizado”, dice.

En su rol de dirigente estudiantil Luis Tejo intentó reunirse con Crespo, sin obtener resultado.

Claudio Crespo junto a la subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell

Palos a mansalva

El sábado 21 de julio de 2012, Io Leiva tenía 19 años -y casi ocho meses de embarazo- cuando decidió ir al estadio. Esa tarde jugaban por el campeonato nacional de primera división Santiago Wanderers -equipo del que era hincha- ante Rangers de Talca. La cita era en el entonces antiguo estadio Regional ChileDeportes, ubicado en el cerro Playa Ancha de Valparaíso y la tradición es que cada vez que Wanderers juega de local, la hinchada se reúne antes en la quinta de recreo “Roma”, ubicada a tres cuadras.

A las 18.15, cuando faltaban cuarenta minutos para el inicio del partido, ella estaba dentro del bar cuando empezaron las primeras escaramuzas de una veintena de barristas verdes que atacó a piedrazos a uno de los buses talquinos. Después de lanzar las piedras, los mismos hinchas se escondieron dentro de la cantina.

El Capitán de la Séptima Comisaría de Fuerzas Especiales de carabineros, Claudio Crespo, dio la orden de ingreso de su contigente a cargo. Los que estaban en el salón del fondo, situado en el primer piso, oyeron los primeros gritos desgarradores que venían desde la entrada.

-Empezamos a ver que entraron con mucha violencia, repartiendo lumazos y golpes a diestra y siniestra. Ante esto, algunos hinchas fueron enfrentar a carabineros para contener su avance y para que pararan-, cuenta Leiva. Estaba preocupada por su embarazo y el riesgo de su situación.

-Al fondo del salón, en una pared, tranqué con una mesa haciendo una especie de burbuja para proteger mi guata, mientras corrían golpes y palos alrededor. Unos amigos me lograron sacar del Roma gritando que estaba embarazada. Los palos que no me llegaron a mí les llegaron a ellos-, relata ocho años después.

Para los hinchas resultó sencillo identificar el casco C7-A de Crespo, debido a que su presencia era permanente, tanto en los operativos de cada partido en Playa Ancha como en las movilizaciones sociales. Además, fue en 2012 cuando se dio inicio al Plan Estadio Seguro, lo que implicó más tensión con las hinchadas de los equipos de todo el país. El caso ganó notoriedad gracias a los relatos y los videos. Carabineros ingresó y actuó de forma desmedida.

Una de las grabaciones, registrada por Nicolás Cabañas y alojada en el canal de Youtube KrisscratcHtv, muestra parte de los veinte minutos de golpes que sufrieron los hinchas por parte de carabineros, situación que incluso –cuenta otro de los testigos– llevó a que tuvieran que lanzarse por las ventanas del salón hacia el patio trasero del Roma. Niños y niñas eran arrojados y recibidos en el espacio donde se agolpaban personas angustiadas por la batahola en el interior, e inclusive otros huyeron a las casas aledañas a la quinta de recreo.

Algunos hinchas se coordinaron y abrieron una denuncia en la Fiscalía Militar de Valparaíso, la que fue ingresada como Causa Rol 1699-2012. Este medio accedió al expediente, que contiene, entre algunos datos, la declaración de los efectivos de Fuerzas Especiales que ingresaron y la del capitán Claudio Crespo, así como la conclusión a la que llegó la investigación interna de Carabineros.

Uno de los procedimientos de la investigación fue interrogar a cada uno de los tres funcionarios de Fuerzas Especiales que estuvieron bajo las órdenes de Crespo. Primero les mostraron un video de lo ocurrido al interior del Roma y todos declararon lo mismo: no haber agredido a ningún hincha así como no reconocer a ninguno de sus pares del video.

Sin embargo, Crespo en su versión reconoce que “gracias al video que circula por Internet pudimos establecer los carabineros que agreden a las personas” y a continuación da el nombre de seis efectivos, los mismos que niegan toda acción y la identificación de sus pares.

La disonancia en los argumentos se observa en la conclusión de esta investigación interna, que confirma: ”Dicho personal no es veraz en sus versiones, respecto a los hechos que se investigan”.

En la última parte de su declaración, Crespo reconoce que previamente a lo ocurrido en el Roma, recibió “innumerables instrucciones respecto al trato con los detenidos y el uso del bastón de servicio”. De los denunciantes de la causa, todos aseguraron haber sufrido daño sicológico y lesiones físicas, desde contusiones hasta fracturas.

Nota de la redacción: Caso Gustavo Gatica

La investigación que lleva a cabo la fiscal de Alta Complejidad Ximena Chong para esclaracer responsabilidades en el caso Gatica, ya tiene a tres carabineros en la mira: Un Coronel, un Teniente Coronel y a Crespo, más conocido por G-03 debido al video de Amnistía internacional, quién fue apartado de sus funciones por descargar en su computador personal los videos de la Go Pro sin avisar.

De acuerdo con información publicada por La Tercera el 23 de junio, la PDI realizó una infografía 4D que reconstruye segundo a segundo los hechos entre las 18.00 y las 18.15 del 8 de noviembre en el cuadrante de calle Carabineros de Chile con Vicuña Mackenna. Esta será la base de la imputación penal a él o los responsables de dejar ciego a Gustavo Gatica. Hasta el momento hay 3 carabineros que podrían ser imputados por el caso: Claudio Crespo, Ricardo Avello y Santiago Silva.

Según la investigación, justo en el momento donde Gustavo quedó ciego, un oficial de carabineros lanzó 48 perdigones directo al cuerpo de los manifestantes. Sin embargo, en el parte que entregó la institución sobre el episodio, se les olvidó poner a Gama-03 (Claudio Crespo Guzmán), quien también estuvo involucrado. Los Gama son funcionarios del alto mando de Carabineros que trabajan dispersando manifestantes.

Amnistía internacional fue la institución que reveló el video donde se observa el comportamiento agresivo de Crespo en las manifestaciones. Habría disparado 170 perdigones.

En el sumario interno que estuvo a cargo el coronel Renato Avello tampoco aparece Claudio Crespo, pero si el capitán José Cárdenas, un Carabinero de menor rango que también está siendo investigado por el hecho.

Otro de los nombres que aparece en la pesquisa es el Coronel Santiago Saldivia, quién es Gama-01, el oficial de más alto rango que está siendo investigado. De acuerdo con la información publicada por La Tercera, él se justificó diciendo que la escopeta “la usé de manera defensiva, por el grado de agresividad de los subversores al orden público, toda vez que lanzaban bombas molotov, fuegos de artificio y tronadores al cuerpo, elementos contundentes, bolas de vidrio y aceros lanzados con resorteras, punteros láser hacia mi persona, a los carabineros y civiles que transitaban”. Consultado sobre cuántos perdigones disparó, Saldivia responde “125 cartuchos, en casi cuatro horas que duró la contención”.

A diferencia de José Cárdenas, tanto Santiago Saldivia como Claudio Crespo son funcionarios de alto rango de Carabineros. Cárdenas es un mando medio.

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