El calvario de Santiago Traverso, el profesor al que el sistema de salud dejó morir

Contagiado en vísperas de la pasada Navidad tras realizar un turno ético en el colegio de adultos en el cual era Inspector General, el trágico destino que tomó la vida de Santiago Traverso mostró la peor cara de la pandemia. Diversas negligencias y desatinos de funcionarios médicos, desamparo por las autoridades sanitarias y empleadores, fueron parte de los agónicos últimos días de este profesor y de las adversidades que tuvo que pasar su esposa, Katiusca Estrada, quien habla con La Voz de los que Sobran para contar los detalles de cómo, según sus palabras, “a Shaguito lo dejaron morir” y luego el sistema la abandonó.  


Días de colapso vive actualmente nuestro país debido al mal manejo de la pandemia por parte del gobierno central. Las cada día más cuestionadas medidas que ha tomado el Minsal –bajo la supervisión de Piñera–, han llevado al límite a la red asistencial nacional de salud, haciendo latente en muchos hospitales y clínicas la ley de la última cama, dejando prácticamente a su suerte a los cientos de nuevos contagiados por coronavirus que llegan a las urgencias necesitando una cama UCI, reviviendo los peores momentos de un 2020 que vio morir a 16.821 compatriotas a causa del COVID-19.

Uno de ellos es Santiago Traverso Bernaschina, docente contagiado con coronavirus en el Liceo de Adultos Luis Gómez Catalán G-95 de Estación Central, establecimiento donde realizaba un turno ético.

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Lejanos parecen los días en que tras meses de encierro, nuestro país lograba controlar la pandemia. Estaba por finalizar el 2020 y el triunfalismo de las autoridades tuvo un efecto de relajamiento en la población, lo que provocó, en vísperas de Navidad, lo que nadie quería oír: la expansión del COVID-19, nuevas cepas extranjeras que llegaron a territorio nacional y, por consiguiente, una nueva alza en los contagios.

Fue el viernes 18 de diciembre de 2020 cuando se rompió la barrera de los dos mil casos diarios (2.404 casos nuevos informados), cifra ya preocupante y con la que los medios comenzaron a hablar de “segunda ola” de la pandemia. Hasta la fecha, los contagios solo han ido en aumento (alcanzando la alarmante cantidad de más de siete mil casos diarios en las últimas semanas).

Por esos días, el profesor Santiago Traverso era el único integrante de la familia que salía de su casa. Lo hacía obligado por su trabajo en el liceo de adultos de Estación Central, pero también por su enorme vocación a la educación pública, a la que había dedicado cuatro décadas entregado a la docencia. Shago iba al liceo para cumplir con sus labores como Inspector General en los turnos éticos que se le habían designado desde octubre. La mañana del lunes 21 de diciembre fue la última en la que pudo asistir, luego de siete años en el establecimiento.

Katiusca y Santiago (Fofo familiar cedida)

Ese mismo día comienza un calvario tanto para él como para Katiusca Estrada (44), su esposa y madre de tres hijos, siendo Bruno –el menor–, fruto de la relación entre ambos que se aprontaba a cumplir 10 años de matrimonio.

La también docente y actual coordinadora comunal de pueblos originarios en Estación Central, nos cuenta que el día anterior (domingo 20) tuvieron que llevar a su hijo de ocho años al hospital San Borja Arriarán, ya que presentó algunos síntomas respiratorios anormales asociados al coronavirus. “Por protocolo, le hicieron de inmediato un PCR y el día 22 nos avisaron que estaba positivo. Lo primero fue iniciar una cuarentena de 14 días que terminaba martes el 5 de enero”, relata.

La noticia fue un golpe bajo para la familia. “Era súper complejo saber cómo nuestro hijo tenía Covid si no había salido en todo el año, con todas las medidas de cuidado en la casa. Por lo tanto, lo único que nos quedaba pensar era que Santiago lo había contagiado”. Hasta ese momento, su esposo no había manifestado molestias o que se sintiera mal.

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El protocolo sanitario para esta pandemia indica que, si una persona da positivo al examen PCR, a todo su entorno más cercano se le califica como contacto estrecho y se asumen contagiados, por lo cual deben iniciar un confinamiento de, al menos, 14 días. Por tal motivo, el hospital San Borja no le aplicó ningún otro test PCR a nadie más de la familia Traverso Estrada.

“Estas son todas las cosas que vas comprendiendo con esta enfermedad. Nosotros éramos contacto estrecho de nuestro hijo, por lo tanto, todos estábamos contaminados. Nadie podía salir de la casa y se suponía que la Seremi nos haría un seguimiento para hacer la trazabilidad, pero nunca nos llamaron”.

Katiusca Estrada

Fue entonces cuando Katiusca y Santiago tomaron la decisión que él se fuera a una Residencia Sanitaria, ya que todo indicaba que ahí podría estar aislado y mejor monitoreado. O al menos eso pensaban. No había dudas para ellos que él había sido quien contagió a Bruno y querían tomar todos los resguardos dados sus antecedentes que lo ubicaban en el grupo de mayor riesgo: un hombre de 65 años que además padecía de hipertensión arterial (controlada). Katiusca llamó a Salud Responde y ahí solicitó el traslado para su esposo a una residencia sanitaria dispuesta por el gobierno. “Mañana lo vamos a buscar”, le respondieron.

Santiago y Bruno (Foto familiar cedida)

Así es como Santiago se va de su casa la mañana del 24 de diciembre hacia el Hotel Radisson, espacio dispuesto por el Gobierno en 2020 para tales fines. En el lugar, empieza a sentirse mal a los dos días, por lo que había dejado de comer y solo tomaba líquido. Debido a esto, pidió a las TENS que trabajan ahí que necesitaba que le tomaran un test de PCR, a lo que le dijeron que no porque ellos no lo tomaban, que debía tomárselo de manera particular porque no se hacían en las residencias sanitarias. Insólitamente, este no es un procedimiento que hagan en estos lugares durante la estadía de pacientes, según sostiene la Seremi de Salud.    

“Obviamente él les dice «cómo me voy a tomar un PCR en otro lado si estoy en cuarentena 14 días y no puedo salir». Entonces, se empezó a agudizar el cuadro, se sintió muy mal. Cuando podíamos hablar por teléfono, me decía que lo encontraban “normal”; pero ya hablaba muy poco y luego ya no quería contestarme el teléfono”.

Katiusca Estrada

El día 30 de diciembre, ante su desesperación, Santiago habló con el personal de la residencia sanitaria y les dijo que necesitaba irse a su casa. “Él se sentía muy mal, muy solo, y esa soledad lo tenía súper acongojado, en un lugar encerrado sin poder moverse y sin ninguna certeza”, cuenta Katiusca.

Acá es cuando ocurre la primera situación inusual respecto a los protocolos sanitarios dispuestos por el mismo Minsal en relación a los pacientes que han sido contacto estrecho de alguien con COVID-19: Luis García, el doctor a cargo de la residencia sanitaria, le dio el alta médica autorizando su salida –bajo consentimiento–, sin realizarle PCR de salida (parte del protocolo oficial), pese a que Santiago tenía todos los síntomas de coronavirus.

“Mi esposo llamó a un amigo que lo fue a buscar en nuestro auto. Luego, convaleciente, pasó a dejarlo a su casa. O sea, fue repartiendo el virus por todas partes. Cuando llegó a la casa era un escombro”.

Katiusca Estrada

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En el hogar de Shago –como lo conocían sus cercanos– viven sus hijos, Valentina de 23 años (una de las hijas de un matrimonio anterior) y Bruno, además de su esposa, Katiusca. Pese de ser contacto estrecho, ninguno muestra síntomas de la enfermedad, siendo controladas por médicos a domicilio por gestión propia. “Nuestro estado de salud era impecable, y Brunito estaba con sus medicamentos y superando leves síntomas de la enfermedad”, confirma.

Para el día 31 de diciembre, el estado de Santiago empeoró. Era víspera de Año Nuevo, y pese a que él es descrito como un gozador y un bailarín empedernido –“era el alma de las fiestas”, dice Katiusca–, esa noche estaba alicaído, no comió nada y la fiebre finalmente lo tumbó.

“Fue una noche horrible. Me amanecí con él en la ducha bajándole la temperatura”.

Katiusca Estrada

Al otro día, a Santiago lo llevan al Hospital del Profesor. Ahí, luego de eternas siete horas de espera para tener un diagnóstico médico (desde las 16:00 a las 00:35), el resultado de un scanner realizado arrojó una neumonía, además de dar positivo al examen PCR. Pese aquel diagnóstico, es dado de alta por el Dr. Alberto Gruezo.

“Ese hospital nos sacó casi 400 lucas. Al otro día los llamo para que me entreguen la epicrisis de Santiago y ni siquiera fueron capaces de entregármela. «No, es que si el paciente no la requiere nosotros no la entregamos», fue su respuesta”.

Katiusca Estrada

En pésimas condiciones, Santiago vuelve a casa. Entre los días 2 y 4 de enero, su salud se fue deteriorando cada vez más, siendo asistido por médicos a domicilio de la municipalidad de Maipú, quienes ratificaron las dificultades respiratorias debido a la neumonía. Apremiaba el traslado a un centro asistencial.

Debido a sus complicaciones, el miércoles 6 Shago es trasladado al Hospital El Carmen de Maipú por un vehículo municipal –Covid-móvil–, ya que se le negó una ambulancia por falta de disponibilidad. En la urgencia del recinto hospitalario se le suministra oxígeno mediante una naricera. Pese a la gravedad de su estado –saturando 92%, con neumonía y Covid–, es dado de alta por el Dr. José Luis Molina, dejándolo solo en la sala de espera de la urgencia de dicho hospital hasta las 22:00 horas, cuando recién hubo una ambulancia disponible para el traslado a su domicilio.

Esas horas fueron fatales para el profe Santiago.

“Llegó acá a la casa, le serví comida porque no había comido nada durante todo el día y empieza a sentirse de nuevo muy mal. Lo acompañé a que se bañara, lo acosté y empecé a saturarlo. Yo solo tengo conocimientos médicos de mamá, con una máquina para la presión y un saturómetro. Empecé a monitorearlo durante toda la noche y ante mi desesperación, llamé a Salud Responde. Ahí me atendió una doctora que pidió hablar con Santiago. Ahí ella me dice tiene que irse trasladado a un hospital de urgencia porque está respirando muy mal. ¡Un médico que lo monitoreó por teléfono diagnosticó que efectivamente respiraba mal!”.

Katiusca Estrada

La impotencia, rabia y dolor de Katiusca se manifiesta en la conversación. Esa noche, lo acompañó y controló permanentemente sus signos vitales. Santiago presentaba muchas dificultades respiratorias, por lo que ella insistió en la solicitud de una ambulancia una y otra vez al SAMU, como lo haría cualquier persona que ve grave a un ser querido. Cuando finalmente llega, recién a las seis de la mañana del 7 de enero, es trasladado a urgencia con destino al hospital público de Maipú, otra vez.

“Mi esposo ahí ya estaba como muy lento al hablar, muy agotado. Estuvo saturando entre 78% y 82%, nunca subió a 83%. Cuando llegó la ambulancia, la TENS muy molesta le dice «y quién lo controló a usted que pide tanto la ambulancia», entonces salgo y le digo «yo, su esposa». Me interpela por si tengo algún conocimiento médico, a lo cual le respondo «no, pero parí tres veces, creo que es suficiente para tener conocimiento sobre tomar la temperatura y saber que mi esposo va mal». Y bueno, lo suben, empiezan a tomarle los signos vitales y se fue saturando un 78%. Ya iba cianótico”.

Katiusca Estrada

Santiago entró nuevamente a la urgencia del Hospital El Carmen 24 horas después que la misma unidad lo diera de alta. Esta vez, lo internan inmediatamente en una cama UCI y le aplican el tratamiento de una cánula de alto flujo con 15 litros de oxígeno en la sangre por tres días, no pudiendo salir del complejo cuadro respiratorio. Todo esto sin que Katisuca pudiera saber su evolución médica, hasta recién el sábado 9 de enero.

Por intermedio de una videollamada, pudo comunicarse con su esposo, sin saber que sería la última vez que podría conversar con su Shaguito. Él le cuenta que un equipo médico le explicó que debían conectarlo a ventilación mecánica porque está con una neumonía muy avanzada.

“Él estaba tranquilo, por lo tanto yo también tuve que estar tranquila. Me pide que le busque sus cosas, que le sacaron todo y no sabe donde están. Lo que él más me pedía era que rescatara la argolla de matrimonio. Esa tarde tenía su cara cansada, y a pesar de la lentitud en sus palabras, nos despedimos, nos dijimos que nos amábamos y que seriamos eternos…”

Katiusca Estrada
Katiusca y Santiago (Foto familiar cedida)

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Cuando Santiago llega al Hospital El Carmen, el recinto ya evidenciaba un colapso de pacientes. Por esas fechas –principio de enero– hay que recordar que el Gobierno había habilitado un inaudito Permiso de Vacaciones, medida duramente criticada por el Colegio Médico y otras organizaciones de la comunidad científica del país. “Esto es súper importante, porque mi esposo entra a la urgencia y de ahí es subido a la UPC infantil porque no había camas para adultos. Pasa unos días ahí antes de ser trasladado a la UPC de adultos”, expone Katiusca.

El 10 de enero, Santiago entró a ventilación mecánica. Desde ahí, comenzaron los peores días de la enfermedad y su cuenta regresiva. Todos los reportes diarios eran devastadores, el deterioro fue continuo. El 20 de enero, el doctor a cargo, Alberto Di Lorenzo, informa que se realizará una traqueotomía, procedimiento que no se llevó a cabo sino hasta seis días después. Sin embargo, desde el domingo 24 los partes médicos indican que no resistirá ningún tratamiento.

“No se hizo nada por él. Que el plasma, que la cámara de congelación de los pulmones, nada. Con mi esposo no se hizo nada. A Shaguito lo dejaron morir”.

Katiusca Estrada

A pesar que los reportes diarios siempre fueron muy desoladores, en rigor Santiago solo tenía daño pulmonar, pero no tenía comprometido ningún otro órgano, lo que según los médicos era súper positivo, a pesar de su mal diagnóstico. Acá es donde Katiusca cuestiona –y culpa– al cuerpo médico del hospital.

“Los días pasaron y el 20 de enero el doctor me dice: «mira, ya no podemos seguir teniéndolo más tiempo en ventilación mecánica porque esto va a ser súper dañino para él. Santiago no mostraba mejoras, a tal punto que no pudieron colocarle la alimentación nasogástrica y tuvieron que ponerle una sonda que iba directo al intestino, que se le desconectó el sábado 22. Entre los días 23 y 28 de enero, Shago es solamente alimentado por suero, porque ya no estaba recibiendo alimentación”.

Katiusca Estrada

Para el lunes 25, el médico tratante le indica a Katiusca que tiene que ir al hospital. La razón: despedirse de su esposo porque la muerte es inminente. Al día siguiente, el Dr. Di Lorenzo le reitera el discurso que debe preparar a la familia y solo apela a que se apegen a la fe, ya que solo un milagro podría salvar a Santiago. La medicina ya no podía hacer nada más, según sus palabras. Al finalizar ese día, y siguiendo los protocolos del hospital, Katiusca ingresa a la UPC junto a sus hijos para despedirse de Santiago. Desde entonces y durante cuatro días, empieza a ir al hospital todos los días.

El informe del miércoles 27 es fulminante. La gravedad de Santiago solo indica que su muerte será en cosa de horas.

“Todos los días recibía el llamado como a las 10 de la mañana de parte de una funcionaria de la OIRS, unidad encargada de las videollamadas diarias. Ahí veía a mi esposo que estaba en su cama, pero el jueves 28 de enero nadie se comunicó. Llamaba y llamaba al hospital, pero no atendían. Pasaron las horas y decido mandar un Whatsapp diciendo que necesitaba saber por qué no me han notificado de nada. «Espere un poco, vamos a ubicar al doctor», me dicen. Después de mediodía, finalmente se realiza la videollamada. Mi esposo se veía muy, muy mal… presentí que algo grave venía, por lo me dirijo una vez más al hospital. Intranquila, pedí hablar con su doctor, pero las respuestas eran siempre negativas. «Él la va a contactar después, ahora está súper ocupado». Pasadas las tres de la tarde, recibo al fin el llamado del doctor y escucho lo nunca habría querido oír. «Santiago nos dejó hace 10 minutos»”.

Katiusca Estrada

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Cuando una persona muere, legalmente se debe reconocer el cuerpo tres veces. Katiusca ya sabía de este protocolo, porque hace cinco años perdió a una de sus hijas. En el caso de Santiago, el primer reconocimiento fue verlo el día martes 26, dormido y con la traqueotomía ya realizada. El segundo fue cuando le avisan que Santiago había fallecido.

Para ella, hubo muchos procedimientos que no se hicieron, e insiste que dejaron que Santiago muriera. “Como en Chile no está autorizada la eutanasia, dejaron que muriera nomás”, sentencia. Pero eso no es todo.

Quizás el estrés pandémico ha provocado en algunos funcionarios médicos una baja en su activación emocional o, incluso, trastornos depresivos, que ha llevado a una perdida en la sensibilidad para entregarle información a los familiares de los pacientes. Así podríamos explicar, tal vez, las desafortunadas situaciones que Katiusca tuvo que pasar –y soportar– en el Hospital El Carmen.

“Cuando el doctor me explica que cuando le informó al equipo que va a aplicar la traqueotomía a Santiago, sus colegas le dicen: «para qué, si es un paciente que va a morir». Y me lo dijo así nomás. Son esas las palabras que a mi me hacen pensar que a mi marido lo dejaron morir. Porque, o no tení corazón o no sé cuál es la palabra pa’ decirte… tino, no sé. Aún cuando yo sé que en Medicina efectivamente los médicos tienen que tener cuero de chancho y poner todo el pecho frente a situaciones complejas, creo también deben tener un mínimo de sutileza y respeto para tratar a una persona que está al otro lado esperando que su marido se salve, que a través de la medicina ocurra el milagro, pero no decir ese tipo de cosas que son descabelladas”.

Katiusca Estrada

Katiusca es más enérgica cuando recuerda que, luego de esa conversación y de intentar por todos sus medios que a Santiago le realizaran algún otro procedimiento para salvarlo, el doctor Di Lorenzo sepulta ese ímpetu e instinto de sobrevivencia diciéndole que “hay una posibilidad de salvarlo, pero esa posibilidad es solo si ustedes tuvieran mucha plata, porque podríamos trasladarlo… pero en esta condición de extrema gravedad, él ya no puede salir de acá en ambulancia, ya no se autorizaría un traslado así”.

– Santiago pasó 23 días en este hospital y ustedes me lo van a entregar muerto…
– Si él quedara vivo, va a quedar oxígeno-dependiente, quedará en una lista de espera para trasplante de corazón y de pulmón, pero como ya tiene edad avanzada, no va a ser prioridad, por lo tanto, va a ser una tortura para él.

El desolador escenario que se le planteó a la compañera de Santiago solo la llenaron de incertidumbre y dudas. ¿Por qué cuando se hospitalizó no le hicieron tratamiento de plasma de convalecencia, corticosteroides o anticoagulantes? Katiusca nunca encontró respuesta en el cuerpo médico del hospital.

“Cuando llamé el día 28 de enero muy temprano al hospital, la enfermera de turno me dice que no me puede dar la información porque Santiago estaba con pronóstico reservado. O sea, estaban esperando que se muriera el domingo (23 de enero), nada más, ya que el sábado lo habían desconectado (de la sonda). Solamente se les alargó su muerte, sino lo habrían alimentado y habrían hecho muchas otras cosas”.

Katiusca Estrada

El trato apático y los malos ratos hacia esta mujer que acababa de enviudar no cesaron de parte los funcionarios del hospital. Las palabras que recuerda Katiusca apenas el doctor Di Lorenzo le informa la muerte de Santiago no fueron de consuelo o empatía, sino un burocrático “necesitamos que te vengas al hospital”. El sistema debía seguir funcionando. Había una cama que desocupar para mejorar las cifras del reporte diario del show televisivo del ministro Paris.

“Luego de la llamada, subí inmediatamente a la UPC. Tuve que hacer el segundo reconocimiento de Santiago. Ya lo tenían en la bolsa… no me dejaron entrar… no pude tomar sus manos, esas que me acariciaron por años, esas que se unieron para construir una familia. Solo vi su rostro entre una gran bolsa negra, un rostro tranquilo, pero con mucho que dar aún; su vida fue cortada, su luz fue apagada, la familia fue quebrada y ese cuerpo solo lo identifiqué en una sala fría de la morgue, donde no tengo la certeza si era él, solo un brazalete con su nombre que iba a quedar fuera de la bolsa para el último reconocimiento. En mi retina hoy esta su cuerpo, sin yo poder tocarlo y besar sus manos para agradecer el infinito amor que dio a mis hijos y a mí”.

Katiusca Estrada

El doctor le explica que hay todo un protocolo, pero que como tiene que hacer los trámites de la funeraria, que no se preocupara por el cuerpo de Santiago, ya que se va a quedar en la morgue del hospital. “Puedes retirarlo mañana con tranquilidad, haz todo con calma”, le dice. Aún en estado de shock, y pese a todo lo que había pasado, Katiusca cree en aquellas palabras.

Pasaron dos largas horas en donde estuvo sola en el hospital, con el dolor profundo de la pérdida de su compañero de vida, esperando el certificado de defunción para poder ir a la funeraria. Como podía, preguntaba qué pasaba que no le daban el papel. El cansancio se apodera de su cuerpo, así como también la pena. “A las cinco de la tarde, sale una doctora, muy molesta, muy ofuscada porque llevaba mucho rato insistiendo. Una doctora con la que nunca hablé en los 23 días que estuvo mi esposo en el hospital”.

– ¿Es familiar de Santiago Traverso? – me dice.
– Sí, soy su esposa– le contesto.
– Ya, aquí tienes el papel de defunción. Tienes una hora para sacarlo de acá y llevártelo al cementerio.
– ¿Cómo?
– Eso, lo tomas tú porque ese es el protocolo de la Seremi.
– ¿Sí? Espérate un poquitito. A quien tienen ahí adentro y a quien van a trasladar a la morgue es a mi esposo, no un saco de papas, y legalmente me pertenece su cuerpo. ¿Tú crees que me voy a ir de aquí al cementerio a sepultarlo, y luego voy a llegar a mi casa y decirle a nuestro hijo: “sabes, ya enterré al papá”? ¿Qué onda? ¿Qué les pasa a ustedes?
– Es que usted no puede hacer eso…
– Mira, voy a sacar el cuerpo cuando yo estime conveniente.

Luego de ese violento y revictimizador episodio, reconstituyendo los hechos a Katiusca le queda más que clara su tesis que a Santiago lo dejaron morir. Menciona que tiene otros antecedentes que indicarían las irregularidades de este caso, como la hora que se informa de su deceso y la hora que está en el certificado de defunción. Asimismo, le parece raro que quien firma el certificado de defunción no haya sido el médico tratante, sino otro (René Vallejos) que nunca informó ni dio algún reporte durante los días que Santiago estuvo hospitalizado.

“Tú no esperas que esto pase, porque al final uno confía. Mira, cuando yo fui después al Hospital El Carmen, pedí una reunión con el equipo médico que había atendido a mi esposo. Le digo al jefe de la Unidad de Pacientes Críticos: «si mi esposo hubiese sido bien atendido en la urgencia del hospital la primera vez que vino, si hubiesen mirado su ficha médica (donde ella misma anotó todos los registros desde que él salió de la residencia sanitaria), si le hubiesen aplicado inmediatamente una cánula de alto flujo, el escenario sería distinto… él estaría vivo», a lo que me responde: «nosotros no podemos responder por lo que hace la urgencia». Si esa es la respuesta de un profesional, estamos mal entonces. A mi me importa un pepino el Hospital El Carmen, espero que no siga muriendo gente, que hagan bien su pega, que el Ministro de Salud lea mi carta y se entere y asuma que hay un montón de sus colegas que están haciendo la pega mal. Y hablo de los médicos, porque te aseguro que la TENS que atendió a mi marido los 23 días, que le tomó la mano, que lo limpió, que lo bañó, que lo afeitó, esa mujer dio todo, porque son la primera línea en esta pandemia”.

Katiusca Estrada

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Santiago Traverso era conocido en Estación Central. Fue directivo docente por más de dos décadas en la comuna. Además, se le pueden sumar los años en el que fue estudiante de la Universidad Técnica del Estado (hoy USACh), lugar al que entró en 1974 para convertirse en profesor de Estado de Historia y Geografía. Una vez egresado, trabajó por años como profesor y, luego de sacar el Magíster en Educación, inició un camino para ser directivo docente. Fue jefe de UTP y en 2008 ganó un concurso para ser Inspector General, cargo que desempeñó los últimos siete años en el Liceo de Adultos Luis Gómez Catalán G-95 de la misma comuna. 

Santiago Traverso (Foto familiar cedida)

– Me contaste que Santiago se contagia en el liceo donde trabajaba en Estación Central, haciendo turnos éticos. ¿Hubo algún acercamiento de la municipalidad después que él falleciera? ¿Te brindaron alguna ayuda?
No, nada. La verdad es que mi esposo muere en enero y recién se contacta conmigo con una muy buena disposición por ahí por el 15 de marzo el alcalde (s) Miguel Abdo (UDI). Pero aquí hay un tema claro y es que mi esposo fue obligado a ir a trabajar. Pero eso no es lo peor: Shago fue desalojado de su oficina ese 21 de diciembre y termina trabajando su último día en el comedor del liceo, por orden del director Julio Cartagena, quien es además el que hizo que su equipo directivo fuese a trabajar, sabiendo que nadie podía ir, según lo dispuso el mismo Rodrigo Delgado, alcalde de Estación Central antes de asumir como ministro del Interior y quien dijo que ningún liceo de la comuna se abría. Pero resulta que apenas él deja el cargo, la entonces directora de Educación, María Luisa Pizarro, abre las escuelas y comienzan los turnos éticos.

– ¿Qué labor estaba desempeñando específicamente Santiago en esos turnos éticos?
– Mira, como mi esposo que era un hombre extraordinario, fue y le puso el pecho a lo que había que hacer, porque estaba a cargo de la validación de estudios, que tiene que ver con lo exámenes libres de adultos que lo necesitan para trabajar, para su licencia de conducir, para una serie de cosas que son súper básicas para ellos. Entonces, para él ese proceso era súper importante, porque ya se había visto súper cortado el año pasado por la pandemia y no podía pasar un año más sin validar a la gente porque es mucha la demanda.

“Santiago sobresalía no solo por ser un excelente profesional con una dedicación absoluta a su trabajo, sino también por su calidad como persona. Vamos a extrañar esa honesta afabilidad , las palabras sinceras, el respeto hacia todos y todas , su solidaridad con los demás , su humildad y caballerosidad a flor de piel , la paz y tranquilidad que nos dejaba su presencia y sus respetuosas conversaciones”.

Mensaje de despedida a Santiago en la web del Liceo de Adultos Luis Gómez Catalán

– Me comentaste que Santiago tenía un tema pendiente con la municipalidad, respecto a su jubilación.
– Él no había firmado su retiro (jubilación) porque quería que la municipalidad le respondiera por unos dineros que se le adeudaban por temas de perfeccionamiento docente. El problema estaba en que mientras no encontrara una respuesta frente a esos pagos no realizados, él no iba a firmar su retiro ya que, si lo hacía, daba por finiquitada la deuda y perdía ese dinero. Y esto es algo que el empleador lo sabe, porque desde el 2017 mi esposo envió cartas en relación a estos pagos. Entonces estaba en estos trámites cuando fallece. Ahora resulta que como no firmó, perdió además su bono de retiro docente, algo así como $23 millones que le corresponden por haber entregado casi 40 años de su vida a la docencia y por haber sido un profesor intachable, que merece que en su memoria se le pague su jubilación a su esposa para el futuro de su hijo de ocho años, a quien él le habría dado todo.

– Claro, no es un regalo ni beneficencia, es lo que le corresponde.
– Por último, que las personas que hoy están en la municipalidad me digan “Sabes qué, Katiusca, no fuimos nosotros ni somos los responsables del problema, pero asumimos los errores de otros bajo nuestra dirección y estamos dispuestos a pagar todo lo que creemos que se debe pagar”, que debería ser el perfeccionamiento docente y el mes por año. Eso encuentro que sería loable. Yo no quiero que el Estado me indemnice por mil millones, no. Que inviertan en salud mejor. Pero creo justo que me paguen lo que corresponde, por último para tomar un buen tratamiento sicológico y que no se me terminen cruzando los cables debido a todo lo que me ha tocado pasar.

– ¿Y pudiste recuperar las cosas personales de Santiago, al menos?
– Hasta el día de hoy no sé donde están sus cosas. Su loza, su cafetera, su hervidor, su escritorio, su computador con el que trabajó todos estos años, que obviamente es del liceo, pero está lleno de archivos personales.

***

El vía crucis por el que pasó Katiusca muestra la peor cara de la pandemia. La falta de información, la poca claridad de los protocolos, la saturación del sistema hospitalario, la negligencia de funcionarios, entre otros factores, marcaron lamentablemente los últimos días de vida de Santiago.

En medio de la pesadilla, esta mujer recuerda que, gracias a la buena disposición de la funeraria, pudo retirar el cuerpo de su esposo del hospital finalmente ese mismo día en la noche, tras realizar el tercer y último reconocimiento. Pero lo que más agradece, es que Santiago pudo llevarse consigo la ropa con la que se iban reafirmar su compromiso y amor. “Shaguito se llevó el terno con el que nosotros nos íbamos a casar de nuevo en junio, ya que cumplíamos 10 años de matrimonio”, recuerda esbozando una sonrisa.

“Hoy hay un escenario de una hija de casi 24 años y un niño de ocho con sicólogo, más la mamá con sicólogo y siquiatra. Y hay que pagarlo, porque todo esto que nos pasó, nadie creo que esté preparado para que te pase. No estai preparado para que esto ocurra. Entonces ha sido súper duro, además de lo complejo que ya fue todo el año pasado y levantarnos frente a todo lo que nos estamos pasando, pierdo a mi compañero. Ya no tengo a nadie que me diga «vamos Katiusca, de esta nos vamos a levantar, vamos». No hay nadie”.

Katiusca Estrada

Luego de todo lo vivido y del abandono de parte del sistema, las reflexiones de Katiusca asumen un tono de lucha y de justicia. Y no solo por ella. “Te aseguro que a lo largo de Chile hay muchos Santiagos que han vivido lo mismo y muchas mujeres que han quedado abandonadas, con su corazón fraccionado”.

“Creo que soy la voz de muchas mujeres en medio de una pandemia con muy mal manejo por parte de un gobierno que no mira a las personas, sino que las ven como un número. Para el gobierno, mi esposo es un número; un número de cama crítica, un número de muerto, un número de contagiado, eso es. El dejó de ser Santiago Traverso Bernaschina. Y el que yo golpee la mesa es justamente para decir que él no es un número. ¿Cómo le cuento a mi hijo de 8 años que su amado padre muere en una de las peores pandemias de la historia producto de una cadena de errores humanos? Aquí hay responsabilidades humanas, por eso la necesidad de que el caso de Santiago se conozca, porque hay demasiados antecedentes que dejan mucho que desear, y sería bueno que el ministro Paris respondiera por todas las negligencias por las que pasó mi esposo”.

Katiusca Estrada

Según el protocolo de de Identificación y Seguimiento para Contactos de Casos Confirmados delMinisterio de Salud, una de las acciones de la autoridad sanitaria es asegurar las medidas de contención de brote según sus atribuciones y realizar el seguimiento de los contactos de alto riesgo, que incluye al menos una visita presencial y supervisión telefónica frecuente. Nada de esto pasó en este caso. Hasta hoy, Katiusca no ha recibido ningún llamado de la Seremi de Salud, ni por su hijo que fue el que dio PCR positivo ni por Santiago, una víctima no solo del COVID-19, sino que de un sistema de salud colapsado, donde se aplicó la ley de la última cama.

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