El abandono de las familias de los cités de Estación Central

23 de mayo del 2020/SANTIAGO Un incendio afecto a una vivienda en un cite, en la calle Santiago con San Diego, en la comuna de Santiago, bomberos trabaja en el lugar. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

El 24 de mayo el incendio de tres cités en Estación Central, en medio de la cuarentena en Santiago, dejó con lo puesto a decenas de familias que vivían allí. El siniestro dejó expuesto el olvido de estos lugares que son patrimonio de la ciudad. Los vecinos denuncian que no han recibido ayuda del municipio y que están solos frente a personas que intentan tomarse algunos de los terrenos. Ha pasado una semana desde que las llamas consumieron parte de sus hogares y no tienen dónde ir. Estas son sus denuncias.   

Es la mañana del domingo 24 de mayo y ha pasado casi un mes de la cuarentena total decretada por el gobierno. En uno de los rincones olvidados de la comuna de Estación Central, como es el sector residencial que se encuentra entre el Santuario del Padre Alberto Hurtado y los alrededores de los terminales de buses de Santiago, viven Jonathan Padilla (36) y Meliza Cofré (32). El joven matrimonio lleva más de 15 años en el cité del pasaje Ruiz Tagle. Propietarios de su vivienda, la mañana de aquel domingo se encontraban junto al padre de ella, que vive en una casa ubicada al frente del pasaje.

–Estábamos haciéndole comida a mi suegro cuando escuchamos las sirenas de los bomberos– cuenta Jonathan.

A las diez de la mañana fueron testigos de cómo las llamas estaban devorando las casas de enfrente. Se preocuparon, pero imaginaron que el incendio se había originado en otros pasajes del sector. Jamás pensaron que el siniestro estaba consumiendo su hogar y la de sus vecinos.

Luego, recuerdan imágenes de bomberos tratando de apagar el fuego y esa sensación de amenaza inminente. Lo estaban perdiendo todo.

Las llamas consumieron por completo dos cités, que dejó más de 80 damnificados. La casa del matrimonio Padilla Cofré –cuyo núcleo familiar además lo integran dos hijas menores de edad– sufrió pérdida total. Hoy viven de allegados en la casa del padre de Meliza, no solo deben preocuparse de cómo rearmar su vida, sino también de recoger los escombros que quedaron tras el siniestro.

–Nos organizamos entre los vecinos y algunos particulares que se han acercado a brindar apoyo, queremos parar nuestra casa luego– dice Jonathan.

 Al principio, cuando todo salió por televisión, el mismo día domingo, el alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado,  comprometió su ayuda.

Ellos confirman que no han sido contactados por el municipio.

***

“Todos tenemos un grado de culpa en esto, pero acá, los principales culpables, a mi juicio, son las personas que arriendan propiedades y que miran para el techo y solamente les interesa el dinero. Aquí se requiere una legislación que regule este tipo de viviendas y que exija a los propietarios de los terrenos un mínimo de seguridad a la hora de arrendar”, comentó el alcalde cuando llegó al sector tras el incendio.

Sus dichos, que algunos vecinos vieron en directo por televisión, exponen como responsables a todos los dueños de los inmuebles por igual, lo que  provocó indignación en los propietarios de las casas de los cités siniestrados en Ruiz Tagle.

Claudio (31) es hijo de José Jiménez, dueño de dos casas de uno de los cités. Junto a su padre, vivieron ahí por muchos años, hasta que en 2002, luego de cambiarse de casa, decidieron primero hacer una inversión en los inmuebles para luego arrendarlos. Desde esa fecha, sus arrendatarios siempre han sido las mismas personas. Están molestos con los dichos del edil, sobre todo porque denunció ganancias de “millones de pesos”.

–Habló que había un puro propietario y eso es falso, cada casa tiene un rol independiente inscrito en bienes raíces. Son propiedades independientes, no un galpón como dijo el alcalde–, cuenta Jonathan.

En medio de las pérdidas está el contexto de pandemia que azota al país. Es más, cuatro contagiados por COVID-19 se detectaron el mismo domingo 24 y la autoridad sanitaria inició sus protocolos ante la emergencia. Los diagnosticados, así como algunos de los damnificados con posible contagio, fueron derivados a hoteles sanitarios por catorce días, la mayoría, arrendatarios de los inmuebles.

Muchos de los propietarios que vivían ahí decidieron alojarse cerca de los cités para remover escombros y hacer frente a una amenaza que los tiene preocupados: las tomas de esos terrenos por parte de otras personas que merodean el sector.

–En el pasaje donde vivíamos nosotros lo tengo que tener con cadena, con permiso de todos los otros dueños. Son personas ajenas que están tratando de apropiarse de algo que no es de ellos– explica Jonathan.

En la noche, algunos de los vecinos deben permanecer en alerta, dada la falta de seguridad del sector. En el día, por otro lado, han tenido que organizarse para tratar de levantar sus casas. Meliza, cuenta que los dueños de las casas, sin ayuda de la municipalidad, han tenido que limpiar sus terrenos. Se sienten cansados, las noches son frías y han ido menguando los ánimos.

 –Ya no damos más, estamos reventados– confiesa.

Ambos se encuentran cesantes. Jonathan trabajaba como mecánico automotriz, pero no le ha salido ningún arreglo de auto en medio de la cuarentena. Meliza dejó de trabajar desde febrero, ya que se desempeñaba como vendedora en un terminal Turbus, una de las industrias más golpeadas por la pandemia.

Una caja de mercadería es la única ayuda que los vecinos de Ruiz Tagle han recibido al día de hoy.

***

Según los propietarios más antiguos, estos cités datan de la década del 40, tiempo en el cual se empezó habitar ese sector por gente que, principalmente, venía de zonas rurales. Los recuerdos más lúcidos entre los vecinos comienzan en 1980. Por esa fecha, cada cité tenía en su interior 14 casas, sin contar las que dan a la calle. Eran de cuatro por cinco metros con un baño, las que conectaban a un pasillo de salida, cuyo ancho no sobrepasaba el metro y medio. Estas viviendas compartían los servicios sanitarios y eléctricos, o sea, para cada servicio, sólo había un medidor por cité. En esa época, estiman que el 90% de las familias que allí vivían eran propietarias. 

Las familias fueron creciendo, los hijos emigraban a mejores lugares y los dueños morían en sus casas. En ocasiones, los herederos arrendaban a un tercero. Datos más datos menos, las historias tienden a ser calcadas entre los vecinos. Hoy, se calcula que al menos el 50% de los propietarios vive ahí.  Jonathan aclara que las familias que habitan el cité no están hacinadas, sino que el problema tiene que ver con unas personas de nacionalidad peruana que estaban subarrendando algunas de las casas.    

–Ahora no podemos movernos del lugar. Son unas 20 personas que andan por nuestras casas y tengo que preocuparme por el terreno, de alertar a los vecinos. No tenemos ninguna protección. Sabemos que una familia numerosa de nacionalidad peruana se tomaron dos casas del cité. En un día desocuparon todo. Ahora son tres casas las que volvieron a ocupar, las subarrendaron y “puentearon” cables entre las casas– relata Meliza.

Si bien estos inmuebles tienen historial de diversos incendios, los vecinos recuerdan que hubo uno en 1996 que afectó a los tres pasajes. El siniestro fue particularmente devastador, ya que el 50% del terreno terminó con daño total.

Claudio, que vivía ahí en esos años, recuerda que la propuesta de la autoridad en ese entonces, Cristián Pareto (DC), como las de su sucesor, Gustavo Hasbún (UDI), fueron las mismas que han escuchado históricamente.

Siempre fue ofrecer mediaguas, madera, un albergue por el rato, pero nunca un trabajo más profundo como reconstruir incluyendo cortafuegos e instalación eléctrica como corresponde– explica.

***

El arquitecto y director de Arq+Dom, Miguel Ángel Pérez, explica que este  tipo de cités, como los ubicados en Ruiz Tagle, son una herencia histórica de las comunas. Confirma que hay un descontrol total de cómo se usan esos espacios, donde no hay capacidad de fiscalización y tampoco hay patentes involucradas. Otro punto es el que tiene que ver con la ley vigente en torno a este tipo de construcciones.

–No existe una fiscalización en terreno para revisar la calidad de las construcciones, ya que la norma no lo exige– concluye.

Tanto Claudio como Jonathan hacen hincapié en que, en general, los propietarios de las casas que aún viven ahí como los que arriendan y no han perdido vínculo con el sector, se han preocupado de mantener en regla algunas cosas como, por ejemplo, el tema de las instalaciones eléctricas.

Claudio, incluso dice que en algún momento los vecinos se percataron que en una vivienda se estaban haciendo subdivisiones, y no permitieron que los subarrendatarios tuvieran salidas a ese mismo cité, por lo que la hicieron hacia el cité de atrás.

–Hubo intentos de ordenar un poco el tema, pero entre los vecinos. No se puede hacer algo serio sin apoyo ni fiscalización– comenta.

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El alcalde Delgado dijo en dos entrevistas –en distintos canales de televisión– que tenía identificado “al dueño de la propiedad”, haciendo alusión al cité de Ruiz Tagle. Además, anunció una querella contra el responsable e insistió en que esa persona había sido notificada en ocho ocasiones anteriores. Sin embargo, el testimonio de distintos vecinos propietarios niegan que haya un solo dueño de alguno de los cités. Es más, según la información que arroja la web del conservador de bienes raíces, se indican 18 escrituras pertenecientes a 47 co-propietarios.

–Hay un caballero que tiene cinco casas y vive acá mismo–, acusa Jonathan. El dato también es avalado por Claudio.

Los vecinos de los cités de Ruiz Tagle hoy están cansados. Por fuera del tira y afloja de la política, hoy hay más de 30 familias sin sus casas, sin ayuda y en un abandono en el actual contexto de la pandemia. Son los vecinos quienes han tenido que recoger las cenizas de sus propias pertenencias y han tenido que echar mano de esos ahorros casi inexistentes para levantar sus hogares.

–No pido que me regalen todo, con que me ayuden con un techo… el resto ya lo arreglaremos– concluye Jonathan.

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