Dos razones por las que el triunfo de Luis Arce en Bolivia le interesa a Chile

El resultado preliminar, indicando victoria en primera vuelta del economista Luis Arce, tiene un montón de significados. Primero, el triunfo del MAS (Movimiento al Socialismo) fue todavía más categórico que en octubre de 2019, y la derecha sumó un segundo fracaso consecutivo en el continente, después de Mauricio Macri. También  servirá para vislumbrar de qué forma la elite está dispuesta a aceptar una derrota.


Hace poco más de un año, la fórmula de Evo Morales y Álvaro García Linera ganó otro mandato más. La gente prefirió mantener su proyecto progresista que darle una oportunidad a la derecha, aunque prometían haberse renovado.

El MAS (Movimiento al Socialismo) ganó de forma limpia, independiente del gusto o no por los personalismos exagerados. También se constata un hecho concreto: El informe de la OEA (Organización de Estados Americanos), que acusó irregularidades en el proceso, terminó mostrándose como una mera excusa para que las Fuerzas Armadas del país revivieran la tradición sudamericana de los golpes de Estado a la antigua.

El documento después fue rechazado por al menos tres diferentes centros de estudios, dos de ellos de Estados Unidos, que afirmaron no haber visto ninguna evidencia de fraude electoral, por lo contrario, dieron a entender que los observadores de la OEA entregaron informaciones inconsistentes.

Durante estos 12 meses, en Bolivia volvió el hambre en algunas regiones y la respuesta a la pandemia fue un desastre. Adicionalmente los grupos racistas se sintieron empoderados como en los viejos tiempos.

Los gobiernos de Evo Morales no transformaron Bolivia en un paraíso, pero le rindieron quizás el mejor momento económico para la mayoría de la gente en toda su historia. Sin embargo, el desgaste del personalismo del líder indígena, junto con García Linera, llevó a que ganaran el año pasado solo por poco más de 600 mil votos, la menor diferencia en su carrera política. Luego vino el informe de la OEA y un período en que los bolivianos recordaron lo que es realmente la derecha.

Eso parece explicar porque el triunfo de Luis Arce fue incluso más contundente que el del año pasado, imponiéndose con 17% de ventaja, según indican las proyecciones oficiales.

Aquí hay dos factores que le servirán a los chilenos para reflexionar sobre como estos resultados pueden afectar al país, a corto o mediano plazo.

El primero es algo ya listo: la derecha se anota su segundo fracaso consecutivo de gestión. El primero fue Mauricio Macri, también derrotado en primera vuelta justo un año atrás, cuando luchaba por su reelección.

El magnate argentino fue elegido el 2015 prometiendo apertura hacia el mundo, pobreza cero y fin de la corrupción. Sin embargo, en cuatro años solo consiguió llevar a gran parte de la clase media a la pobreza, un número récord de cierres de empresas nacionales, aumento de tarifas de servicios básicos de hasta un 2000% y adquisición de miles de millones de dólares de nuevas deudas, las cuales les tocará a más de una generación.

Lo de Jeanine Áñez fue todavía más corto. Le bastó apenas un año en el poder para que los bolivianos pudiesen constatar que la derecha boliviana sigue igual que en los tiempos olvidables de Sánchez de Lozada: golpista, racista y vinculada a intereses extranjeros. Así lo confesó Elon Musk, uno de los hombres más ricos del mundo, cuando en una entrevista, sin remordimientos, dijo haber patrocinado la caída del MAS para adueñarse del litio que necesitan sus autos eléctricos.

La derecha sigue sin tener un ejemplo de gestión exitosa en el continente, ni siquiera Jair Bolsonaro que tiene un 40% de popularidad positiva. El líder brasileño también suma un 29% de rechazo y un 31% de gente que no sabe qué pensar de él.

La segunda constatación del proceso boliviano que puede ser útil para Chile es algo que tendrá que verse durante esta semana: Saber si los dueños del poder estarán dispuestos a aceptar la derrota.

Los que impulsaron el golpe de noviembre de 2019 saben que si el MAS regresa Gobierno se revisarán muchas cosas: desde el mismísimo golpe y sus responsabilidades, hasta hechos de corrupción involucrando a Áñez y su gente, además de centenares o miles de muertos en la represión a los movimientos que trataron de resistir al gobierno de facto.

Tantos problemas juntos hacen que no sea fácil aceptar una derrota política, de hecho, todo empezó justamente porque no aceptaron una el año pasado. Si van a aceptarlo ahora, con todos esos riesgos en contra, es algo que veremos con el tiempo. El tutorial para un nuevo golpe ya mostraron que lo conocen.

No es muy difícil proyectar que a las élites chilenas tampoco les va a gustar tener que abandonar la Constitución del 80, su gallina de los huevos de oro. Muchas personas en Chile comparten ese temor, pero quizás Bolivia pueda ser un adelanto de lo que nos espera dentro de una semana.

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