Donald Trump y la cita de Bertold Brecht

La cruz de hierro (1976) es una notable película de Sam Peckinpah, ambientada durante la segunda guerra mundial. En ella se relata la conflictiva relación que un oficial del ejército alemán –presumido y aristocratizante-  establece con su subalterno –de origen pobre y actitud pragmática-. En esta oportunidad sólo quiero recordar que la película termina con la siguiente cita de Bertold Brecht, “Hombres; no se regocijen con la derrota de la bestia fascista, porque la perra que la pario todavía está en celo”. 

En los últimos años ha proliferado la utilización del término fascismo, lo cual da cuenta tanto de la complejidad como del desconocimiento que existe en torno al tema. Los componentes primordiales de su complejidad –y del consiguiente desconocimiento- se originan en la perspectiva global que exige el tema. Comprender el fascismo supone, por lo menos, un esfuerzo de tipo histórico, filosófico, político, económico y sociológico.  Estudiosos de todo el arco político, desde Georg Lukács hasta Ernest Nolte, coinciden en esa apreciación.

El uso y abuso del concepto fascismo es reconocible en nuestra propia historia. La mayoría de los partidos de izquierda –hasta donde recuerdo la excepción fue el MIR, que habló de “dictadura gorila”- calificó a la dictadura de Pinochet, por lo menos en sus primeros años, como fascista. No es menor esa caracterización pues, se decía en aquellos lejanos tiempos,  la forma de enfrentar a la dictadura se tenía que deducir de su caracterización previa.  Dicho sea de paso, el  Partido Comunista insistió de manera persistente –y vana-  en la política del “frente antifascista, que  buscaba el acuerdo de la izquierda con la Democracia Cristiana.  Sólo el año 1980, cuando, plebiscito mediante, la dictadura establece su proceso de institucionalización es que el P.C. plantea el uso de “todas las formas de lucha” contra la dictadura. Las resonancias emotivas de la palabra fascismo, sobre todo en la izquierda europea, parecieron estimular su utilización indiscriminada de parte de la izquierda chilena.

Pensando en la reciente actuación de Donald Trump muchos se preguntan, una y otra vez ¿quién es Trump? Un payaso descerebrado, un inescrupuloso, etc. Tal vez sea así. Pero esas calificaciones no esclarecen nada. La estupidez no hace que una persona (o un político) sea menos peligrosa. ¿Es necesario dar ejemplos? Un personaje como Trump se debe, a lo menos, a dos factores; primero a la extensión y profundidad de tendencias protofascistas al interior de la sociedad estadounidense y luego por la aguda crisis de su sistema político y social.

Un personaje como Trump se debe, a lo menos, a dos factores; primero a la extensión y profundidad de tendencias protofascistas al interior de la sociedad estadounidense y luego por la aguda crisis de su sistema político y social.

Los “fascismos históricos” –su nombre lo indica- corresponden a una época determinada. Sin embargo, esos fascismos, al igual que el fascismo actual, tienen como condición de su origen y desarrollo una situación de crisis política generalizada. En tal sentido, es que el colapso de la república de Weimar, o la guerra civil española, son acontecimientos claves que permiten entender la expansión fascista en los comienzos del siglo XX y la segunda guerra mundial.

Pienso que la frase de Brecht que he citado no apunta a una definición esencialista del fascismo, como sí éste fuese parte de la naturaleza humana. Esa concepción, nada inocente, se expresa en frases clichés como “Todos tenemos algo de fascista” o “El fascismo comienza en la casa”.

De modo complementario al pensamiento de Brecht, aunque de manera diferente, es lo que plantea Golda Meir, en entrevista con Oriana Fallaci, al decir que la historia, muchas veces,  se repite. No de la misma manera, pero se repite.

Total
7
Shares
1 comment
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts