Dictadura II: Las protestas

Pinochet realizó un vuelo en helicóptero para formarse una idea de lo sucedido. Se dice que quedó impresionado por el bullicio de los manifestantes que se tomaban las calles.

Aprovechando la cercanía del once de septiembre seguiré analizando la dictadura militar. Pero en este caso la miraré desde la oposición, en este caso desde las protestas.

¿Que fueron las protestas?. Fueron grandes manifestaciones de repudio a la dictadura. La primera tuvo lugar el 11 de mayo de 1983. Posteriormente se desarrolló entre mayo y octubre una manifestación mensual. A partir de 1974 fueron más ocasionales, pero hubo protestas hasta julio de 1986.

En estas ocasiones al caer la tarde salían manifestantes a la calle, algunos armaban barricadas. Pero la actividad fundamental era hacer sonar las cacerolas, creando un ruido que invadía la ciudad.

Lo más interesante es que estos cacerolazos se realizaban en todos los barrios, en los sectores populares, en los barrios de clase media, como La Reina, pero también en el llamado barrio alto.

Pinochet realizó un vuelo en helicóptero para formarse una idea de lo sucedido. Se dice que quedó impresionado por el bullicio de los manifestantes que se tomaban las calles.

Seguramente después de ese viaje debe haber dado órdenes de aumentar la represión. Y sus soldados le hicieron caso.

El 2 y 3 de julio de 1986 una patrulla de militares apresó a dos manifestantes, los cuales fueron los únicos que no alcanzaron a huir. Los militares, quizás enojados porque el otro grupo era numeroso, decidieron rociar con parafina a los dos jóvenes, una mujer y un hombre, y les prendieron fuego. Luego botaron los cuerpos en un sitio eriazo dejándolos morir.

Pero fueron descubiertos por unos trabajadores, los cuales dieron aviso y consiguieron que los trasladaran a la Posta Central. Por desgracia el joven Rodrigo Rojas Denegri murió víctima de las quemaduras. La mujer, Carmen Gloria Quintana, quedó con un poco más del sesenta por ciento del cuerpo quemado. Pero logró salvarse después de meses de curaciones realizadas en Chile y en Canadá.

Quedó con el cuerpo lleno de cicatrices, pero siguió viviendo. Incluso el estado chileno se vio forzado, mucho tiempo después, a otorgarle una indemnización.

Esa actitud infame del grupo de militares que quemaron a los jóvenes, quienes estaban dirigidos por un teniente, es una expresión del efecto subjetivo que las protestas generaban. Para esta patrulla quemar a los jóvenes era la respuesta merecida por salir a la calle a protestar.

Es que, en efecto, las protestas eran manifestaciones multitudinarias que la dictadura no tenía capacidad de silenciar.

No consiguieron botar a Pinochet, como se pensó al principio que ocurriría. Este siguió gobernando, incluso se presentó como candidato presidencial al plebiscito de 1988.

Pero las protestas sirvieron para acumular fuerzas para infringirle en ese momento una derrota. El régimen estaba convencido que ganaría ese plebiscito, por eso lo realizó.

La oposición a la dictadura organizó entonces una gran protesta, al ritmo del eslogan “la alegría ya viene”. Y el dictador fue derrotado.

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