Día Internacional por la Educación No Sexista: ESI para combatir el auge de la violencia

Cuando hablamos de educación no sexista, hablamos de un sin fín de elementos que las feministas consideramos fundamentales para que todas, todos y todes tengamos acceso a una educación emancipatoria, que genere sujetos críticos conscientes de sus derechos y deberes, que amplíe horizontes y permita construir una sociedad democrática y libre de violencia desde su base.

En 1981, la Red de Educación Popular Entre Mujeres (organización feminista latinoamericana) decidió declarar el 21 de junio como el Día Internacional de la Educación No Sexista, tras reunirse en Paraguay para seguir articulando y proyectando la lucha por el derecho de mujeres y disidencias sexuales a acceder al derecho a una educación libre y democrática, sin sesgos patriarcales o LGBTIQ+fóbicos.

Durante años, esta fecha pasó desapercibida y sin relevancia para buena parte de nuestra sociedad (fuera de los círculos feministas), pero luego del mayo feminista de 2018 y el auge del movimiento feminista chileno, esto cambió, o creemos debe cambiar. Este año la conmemoración, nos sorprende en medio de una pandemia manejada de forma negligente por el gobierno, con tasas de violencia y discriminación crecientes, contexto en el que se hace fundamental interrogarnos como sociedad, como país y a nivel de políticas públicas, qué hemos hecho para llegar hasta aquí.

Una posible respuesta ha sido la distancia que han tenido los gobiernos con las propuestas del movimiento feminista en torno a estos temas, y, quizá si hubiésemos avanzado en la línea que apuntamos un montón de mujeres y disidencias sexuales en las calles, podríamos haber evitado un poco -al menos- esta barbarie.

A la fecha, la estrategia general del gobierno para enfrentar la crisis sanitaria y social ha mostrado su completo fracaso, cuestión que advirtieron hace mucho distintas comunidades científicas y organizaciones sociales, lo cual ha generado una agudización de la desigualdad y precarización, afectando de forma más brutal -como siempre- a mujeres y disidencias sexuales ante la crisis de los cuidados y estragos que genera el abandono e invisibilización de distintas identidades disidentes a la norma.

Ante tantos desafíos, se nos vienen a la cabeza un montón de respuestas y propuestas que ha puesto en el debate el movimiento feminista, nosotras como parte del movimiento inserto en el mundo de la educación nos preguntamos, ¿qué podría aportar la educación no sexista al momento actual? Poco se ha contribuido en esta línea por parte de las autoridades del MINEDUC y otras instituciones, pero lo cierto es que la discusión sobre proyecto educativo, contenidos y prácticas pedagógicas cobra mucho sentido y muestra la urgencia de reconstruir la idea de ciudadanía e intervenir en situaciones de riesgo a distancia.

Cuando hablamos de educación no sexista, hablamos de un sin fín de elementos que las feministas consideramos fundamentales para que todas, todos y todes tengamos acceso a una educación emancipatoria, que genere sujetos críticos conscientes de sus derechos y deberes, que amplíe horizontes y permita construir una sociedad democrática y libre de violencia desde su base.

Para avanzar en ello, distintas organizaciones y activistas hemos levantado con fuerza la demanda por una Educación Sexual Integral como un derecho en todos los niveles educativos, participando del proceso de creación del actual proyecto de ley de ESI que se encuentra en discusión el Congreso, el cual creemos es más urgente que nunca de aprobar e implementar, pues urge entregar herramientas a quienes hoy se enfrentan en soledad a círculos de violencia y abuso. La situación ya era dramática previa la pandemia, destacando cifras como las que entregan desde Corporación Opción o Miles, donde desde antes del confinamiento habían manifestado su preocupación ante los datos del Ministerio Público, lo que indicaban que más de 12 mil denuncias fueron ingresadas por abuso sexual contra niñas, niños y niñes menores de 14 años, entre los años 2012 y 2016, de ellos, el 62% de los abusos ocurrían por alguien de confianza al hogar y el 72% corresponde a niñas. Ya con la pandemia desatada, según el Centro Nacional para Niños Extraviados y Explotados, ONG internacional, han aumentado en más de un 100% las denuncias de este tipo de delitos durante estos meses de confinamiento.

Qué distinto podría ser esto si educaramos a niñas, niños, niñes y adolescentes en nociones de derechos sexuales y reproductivos, DDHH y mecanismos de detección y denuncia de violencia sexual. Qué distinto sería, también, contar con esta información para un montón de mujeres que conviven con sus agresores y son violentadas física, psicológica y económicamente día a día.

En definitiva, el tabú frente a la sexualidad ampara abusos a través de la desinformación y el miedo. Quienes se oponen al avance de estas iniciativas muestran su lado más anti derechos y le dan la espalda a niñas, niños, niñes y adolescentes pues actualmente, ante la ausencia de políticas públicas y la flexibilidad excesiva que otorgan las orientaciones en materia de educación sexual del MINEDUC, quienes deciden por ellos son colegios y establecimientos educacionales, en buena parte controlados o ligados a sectores conservadores católicos o cristianos.

Traer al debate público la Educación Sexual Integral como un derecho nos permite como sociedad debatir democráticamente sobre su carácter y contenidos, quitándoles ese poder a los sectores que nos han llenado de tabúes, mitos  y han defendido y ocultado situaciones tan escandalosas como los abusos sexuales que han salido a la luz del interior de la Iglesia.

Actualmente hay muchas situaciones de violencia y abusos a las cuales hemos llegado tarde, pero vendrán muchas más que podamos evitar, y es por eso que como feministas en el Día Internacional de la Educación no Sexista, hacemos un llamado urgente a avanzar en estas políticas y poner nuestras voluntades para que el derecho a la Educación Sexual Integral sea una realidad. En tiempos de crisis sanitaria no podemos descuidar la salud sexual, urge complementar y fortalecer la labor que ya cumplen un montón de profesionales de la salud a través de políticas educativas e informativas que entreguen información relevante a estudiantes, docentes y la ciudadanía en general. La educación y el poder del conocimiento nos permite controlar un poco más nuestros destinos, no permitamos que nos sigan quitando ese poder que es, en último término, la reivindicación de una democracia radical que debemos salir con fuerza a construir cuando podamos volver a las calles.

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