Desconocer realidades es desconocer derechos

Foto: Agencia Uno

El Tribunal Constitucional opta por desconocer los compromisos internacionales y la sentencia del caso Atala y niñas contra Chile, sumiéndose en una maraña de elucubraciones ajenas al conflicto constitucional sobre el que se les solicitó pronunciarse, y sin hacerse cargo de los efectos que genera en la familia que está involucrada.

En menos de una semana pudimos conocer dos puntos de vista del Estado sobre una misma materia. La divergencia entre ambos, da la impresión de que hubiesen sido dictados con décadas de diferencia, a pesar de que sólo median cuatro días entre uno y otro.

El Tribunal Constitucional rechazó el requerimiento de una pareja de mujeres casadas en España con un hijo en común, que solicitaba la no aplicación de la norma que impide que se reconozca su matrimonio en Chile. Solo cuatro días después, el Segundo Juzgado de Familia de Santiago ordenó al Registro Civil que se practique una inscripción que establezca que un niño tiene dos madres. Ante nuestros ojos tenemos dos sentencias en las que hay un niño involucrado, pero con visiones de familia totalmente opuestas.

El Tribunal Constitucional opta por desconocer los compromisos internacionales y la sentencia del caso Atala y niñas contra Chile, sumiéndose en una maraña de elucubraciones ajenas al conflicto constitucional sobre el que se les solicitó pronunciarse, y sin hacerse cargo de los efectos que genera en la familia que está involucrada. El Segundo Juzgado de Familia de Santiago, en cambio, a pesar de la falta de normativa nacional que regule el caso que se le presenta, y buscando precisamente en los instrumentos que el Tribunal Constitucional ignora, resguarda la dignidad, el derecho a la identidad, y, por sobre todo, el interés superior del niño, reconociendo que no existe un concepto cerrado de familia, sino realidades familiares que se deben proteger.

El Tribunal Constitucional considera que no puede darse a todas las uniones afectivas el mismo reconocimiento y protección que se le da a la familia basada en el matrimonio. El razonamiento mayoritario del Excelentísimo Tribunal sobre el derecho a la dignidad y a la identidad del niño, pasa por alto los efectos que produce en su vida el reconocimiento del vínculo que lo une con sus madres, e ignora que el Estado debe respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluyendo expresamente, todas sus relaciones familiares y no limitándolo a padre y madre.

Resulta a lo menos curioso cómo estas dos sentencias nos muestran formas tan disímiles de aplicar el interés superior del niño: la posición mayoritaria del Tribunal Constitucional, pasa por alto las circunstancias del caso concreto, ignorando completamente si existen o no en su resolución efectos que pudieran ser vulneratorios al interés superior del niño. La judicatura familiar, por otro lado, hace una aplicación en concreto, valorando y sopesando todos los elementos necesarios para decidir en una determinada situación, siguiendo la línea de la Observación General Nº 14 del Comité de los Derechos del Niño y la rica jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos humanos, dando con esto, pequeños pero importantes pasos en el reconocimiento y visibilidad de las familias diversas.

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