La demonización de Israel

Una respuesta a las reflexiones y opiniones del doctor en Filosofía, Rodrigo Karmy en entrevista realizada en el Matinal, La Voz de los que Sobran. “El lector que no vive en Medio Oriente es frecuentemente desinformado sobre la situación de Gaza, como lo hace Karmy. Gaza tiene una realidad diferente a la de los territorios palestinos de Judea y Samaria, también conocidos como Cisjordania”.


El filósofo Rodrigo Karmy gusta de interpretar en términos teológicos y políticos los hechos mundiales, y no es un secreto que Israel ocupa en su pensamiento el lugar del “mal”.

Así se apreció nuevamente hace algunos días en el matinal de La Voz de los que Sobran, donde emitió una serie de opiniones personales altamente ideologizadas.

Esto queda claro cuando se le atribuye a Israel maldad en la “demora” de la entrega de vacunas contra el COVID-19 a Gaza, obviando las complejidades logísticas, políticas y militares de una zona en conflicto, y, sobre todo, omitiendo que una vez despejada esta arista, las vacunas se entregaron sin problemas.

Israel es un estado de derecho que aplica sus normas, y en medio del conflicto no resuelto con los palestinos, se verifica una guerra de propagandas que se repite continuamente, ocultando que Israel coopera con los palestinos más allá del conflicto, con acuerdos y procedimientos para el quehacer cotidiano.

El lector que no vive en Medio Oriente es frecuentemente desinformado sobre la situación de Gaza, como lo hace Karmy. Gaza tiene una realidad diferente a la de los territorios palestinos de Judea y Samaria, también conocidos como Cisjordania.

Estos últimos territorios son administrados por Fatah, entidad que, aunque públicamente ha manifestado interés en cooperar con Israel para la resolución del conflicto, en la práctica ha rechazado todas las propuestas de paz puestas sobre la mesa. El caso de Gaza es diferente, está administrado por Hamas, grupo terrorista islamista que declara su intención de eliminar a Israel por las armas (lanzó reiteradas guerras con misiles desde que Israel retiró sus tropas en 2005), como asimismo su deseo de implementar un califato islamista. Esto incluye también una guerra a muerte contra el movimiento Fatah, que gobierna Cisjordania.

Esta es la razón por la que Israel, y también Egipto, país que no se ocupa de mencionar Karmy, bloquean las fronteras de Gaza, para evitar el contrabando de armas hacia los terroristas que gobiernan la franja. En cambio, los alimentos, las medicinas y el comercio fluyen bajo inspección de Israel y Egipto. De hecho, hace algunas semanas, Egipto abrió el paso de Rafah en su frontera con Gaza, y aunque los palestinos podrían pasar su vacuna por ahí, prefieren hacerlo vía Israel, para forzar algún tipo de polémica.

Por otro lado, la táctica gastada de la filosofía de Karmy es decir que el sionismo es un movimiento político colonial, pero lo cierto es que Israel prosiguió su marcha constructora del estado mientras que los palestinos han confiado en que el tiempo les dará la razón por ser la parte “más débil”. Lamentablemente, esta debilidad de fondo no es militar sino política: en lugar de construir instituciones funcionales y democráticas, los palestinos aún están divididos entre una dictadura islamista que gobierna Gaza y una cleptocracia autoritaria que no celebra elecciones desde hace más de 15 años.

Tal vez por esto, varios países árabes (Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Sudán y Marruecos) que tienen clara la trastienda de conflicto, se cansaron de la politiquería palestina y el año pasado decidieron normalizar sus relaciones diplomáticas con Israel, entendiendo que la paz y el progreso provienen de la cooperación, y no de la intransigencia y los discursos de odio.

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