Del congreso a la convención, ¿escucharon al 80%?

Foto: Agencia Uno

Hace poco más de un año, ese histórico 18 de octubre de 2019, miles de personas nos volcamos a las calles pidiendo dignidad, exigiendo al fin ser parte de un proceso constituyente que nos pertenece, pero que algunos amenazan con arrebatarnos. ¿Cómo pretenden escribir una constitución para el pueblo sin el pueblo? ¿Cómo pretenden construir una nueva democracia sin participación ciudadana?


El resultado del plebiscito nacional del 25 de octubre 2020 fue claro: sí, queremos una nueva constitución; no, no queremos que la redacten quienes están hoy en el Congreso, queremos que la redacten los pueblos de Chile.

Sin perjuicio del avasallador resultado de la opción plebiscitaria Convención Constitucional (100% integrantes elegidos para redactar el texto constitucional), hoy vemos en medios de comunicación y redes sociales a congresistas aún en ejercicio anunciando con bombos y platillos sus salidas de la Cámara para postularse como Convencionales Constituyentes. Para algunos diputados, el aprovechar una nueva elección distrital, que favorece a los congresistas que llevan años trabajando institucionalmente en sus respectivas circunscripciones, parece ser demasiado tentador como para respetar la voluntad de las mayorías.

Más curioso aún, es ver cómo bajo un discurso mesiánico algunos “honorables” preparan el camino de sus candidaturas abiertamente, haciendo uso sin ninguna vergüenza del aparataje comunicacional del que pueden disponer con mayor facilidad las autoridades. ¿Dónde queda el discurso de transformar Chile? ¿Qué hacer si no se respeta la voluntad popular? ¿Por qué estos congresistas no cumplirán con el mandato para el cual fueron electos? ¿Por qué no respetan a sus votantes, quienes depositaron confianza en que cumplirían su labor de forma responsable hasta el final, sin renunciar por sobradas ambiciones políticas? Y una última pregunta que nos invita a reflexionar aún más, ¿Dónde queda el sentido del mecanismo de paridad, que buscaba resolver trabas reales que tenemos las mujeres para ocupar cargos de elección popular, cuando las mismas autoridades saltan de un cargo a otro sin dar espacio a nuevos liderazgos?

Hace poco más de un año, ese histórico 18 de octubre de 2019, miles de personas nos volcamos a las calles pidiendo dignidad, exigiendo al fin ser parte de un proceso constituyente que nos pertenece, pero que algunos amenazan con arrebatarnos. ¿Cómo pretenden escribir una constitución para el pueblo sin el pueblo? ¿Cómo pretenden construir una nueva democracia sin participación ciudadana?

Nuestra democracia y su potencial representativo cambiaron para siempre después de aquel octubre y, más aún, desde el octubre del año que corre cuyo mensaje en las urnas fue tajante: quienes integren la Convención Constitucional deben ser el espejo de un movimiento tan heterogéneo como lo es nuestro país, y el órgano que redacte la nueva constitución no puede convertirse en un nuevo trampolín para hacer o continuar una carrera política. Menos aún si quienes pretenden aquello son autoridades en ejercicio; menos aún si fueron electas para ello; menos aún si prometieron respetar la voluntad ciudadana; menos aún si dicen abrazar el clamor popular que les puso en jaque hace un año.

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