De Nelly Richard a Benjamín Arditi: Las conferencias de la Universidad de la Frontera y Universidad Austral

El ciclo de conferencias titulado “Más allá de lo identitario, imaginarios, narrativas y post-hegemonía”, contó con la participación de Nelly Richard, Benjamín Arditi, Rodrigo Karmy y Alberto Moreiras.


El Doctorado de Comunicación que imparten la Universidad de la Frontera, cuyo director es Carlos del Valle y la Universidad Austral de Chile, a cargo de Rodrigo Browne, junto a la activa participación de la cohorte del primer año, durante el mes de julio desarrolló un ciclo de conferencias titulado Más allá de lo identitario, imaginarios, narrativas y post-hegemonía”. Ello contó con la participación de académicos nacionales y extranjeros. Los significantes políticos que atravesaron las exposiciones fueron voces tales como potencia, feminismo, pos-identidad, hegemonías, revueltas, derogación, narrativas, martirios, insurgencias, lo imaginal, desmetaforización, pos-hegemonía e infrapolítica.

Junto con la apertura de la cátedra Nelly Richard “Mediaciones comunicacionales, cultura, crítica y subjetividad”, la primera intervención estuvo a cargo de la Ensayista y Directora de la Revista Crítica Cultural (1990-2008) cuyo sello fundacional fue no responder a formatos disciplinarios, métodos circunspectos o formalizaciones académicas. La exposición titulada La potencia feminista, revuelta, pandemia y nueva Constitución develó las formas de ritualización de las estéticas masculinizantes de 2019, y puso de relieve el mayo feminista (2018), su potencial disruptivo en las nuevas subjetividades políticas y los diálogos fluidos o cortocircuitados con la revuelta nómade (2019), sustancialmente omitidos por la biblioteca del mainstream chileno.

Bajo el grito utópico-contestatario de “¡Abajo el patriarcado!”, según Richard, la insurgencia feminista intentó soñar con algo que todavía no existe: un futuro libre de toda sujeción patriarcal. Pero el feminismo sabe, o debería saber, sostuvo Richard, que no puede darse el lujo de esperar que su deseo de revolución llegue a coincidir con una plenitud alcanzada: una plenitud que, por lo demás, nunca va existir porque no es imaginable una totalidad social enteramente despejada de conflictos (en este caso, político-sexuales) ya que los conflictos nacen de lo plural-contradictorio de identidades que se asumen heterogéneas y a menudo discordantes en sus modos de responder a los varios escenarios de antagonismo.

El mayo feminista de 2018 en Chile se expresó en el registro que Benjamín Arditi, (también conferencista del ciclo de UFRO/UACH) identifica con las “insurgencias”: Las insurgencias no son prácticas políticas cotidianas o ejercicios de elaboración de políticas públicas. Son actos colectivos en los que la gente dice ‘¡basta!’ y se niega a continuar como antes. Son operadores de la diferencia. Abren posibilidades que pueden o no materializarse, pero nos ayudan a vislumbrar algo diferente por venir.

Luego tuvo lugar exposición de Benjamín Arditi titulada, “Post-hegemonía, política y populismo en la teoría de Ernesto Laclau”. El análisis del académico UNAM estuvo centrado en mostrar una temporalidad en juego, pero no en el sentido de discontinuidad entre pasado y presente, sino como un desplazamiento conceptual de alta solvencia analítica centrado en la política viral y la política de la multitud “contra” el enfoque laclausiano. La hegemonía fue un concepto clave en la óptica de una teoría del discurso y permitiría reconstruir el itinerario político e intelectual del marxismo europeo. La trayectoria del concepto dentro de esta tradición nos llevaría a entender aquello que Laclau y Mouffe llaman “democracia radical” como “imagen de pensamiento” para una política progresista, pero sin la metafísica de la célebre “última instancia” de Althusser. Un punto crucial de las tensiones que desarrolló Arditi con relación a la teoría hegemónica fue cuestionar una tendencia unificante en la revolución democrática y el “lugar vacío de Claude Lefort respecto a la política hegemónica.

A la luz de tal progresión democrática, la hegemonía iría de menos a más. Aquí Arditi “se pregunta si una explicación incremental como ésta no constituye una forma inconfesa del telos de la intensidad (2011)”. La preeminencia de esta forma histórica de la política se iría expandiendo progresivamente a lo largo de la modernidad -según el autor de La política en bordes del liberalismo (2013). Si la democracia radical acelera tal expansión, hegemonía y política van en el tren de una convergencia asintótica, al menos mientras se mantenga en el marco de la revolución democrática. En suma, “la brecha entre una y otra categoría comienza a cerrarse y a copar el espacio social en la medida avanzamos hacia una democracia radical”. Pero existe una “lógica de la necesidad” que es una embestida crucial de Arditi contra Laclau y Mouffe que devela la propia “necesidad histórica” tan cuestionada por la teoría hegemónica de ambos autores. Ergo, qué sucede si la hegemonía como forma de la política se transfigura en política a secas: la hegemonía pasa a ser la forma universal de la política o por lo menos de la política democrática. Tal universalismo de los autores de Hegemonía y Estrategia Socialista (1987) termina confundiendo el debate. Las articulaciones de tipo hegemónicas podrán ser contingentes, según Arditi, pero la forma hegemónica termina siendo una “necesidad”.

La tercera exposición fue desarrollada por Rodrigo Karmy-Bolton quién expuso una ponencia titulada El martirio. Una topología de la imaginación popular”. Karmy es uno de los teóricos más penetrantes de la revuelta chilena, y abordó la noción de martirio que ha operado como un vector de la imaginación popular, estableciendo distinciones radicales con la noción de sacrificio. A ello se suman las relaciones entre revuelta y emancipación, tipología y cartografía. De allí la exposición se abrió al carácter destituyente (derogador) del martirio en las “formas de vida” y el uso de los cuerpos ante su confiscación oligárquico/rentista y hegemonías adultocéntricas. El feminismo sería una potencia que impregna los cuerpos expuestos del mayo feminista (2018). La destitución (revuelta, 2019) no puede ser concebida como una negatividad radical, sino como una creación que abre la positividad de la revuelta y el ethos de las luchas múltiples que intenta ser administrado por la vía electoralista.  En cambio, “la potencia destituyente”, revoca toda ilusión y expone que no hay un sujeto supuesto saber detrás del orden, sino que ese orden no es otra cosa que la ilusión misma del orden no puede anticipar mediante las cartografías del experto indiferente (mainstream de la transición chilena). La potencia destituyente lanza fuera de sí a dicho orden y le expone en su “radical desnudez”. Solo así, la destitución posibilita el abrazo entre potencia y cuerpo, vida e imagen, el ethos de una vida activa que abre a un nuevo comienzo.

En sus diferentes momentos de irrupción, la potencia destituyente activó el deseo de democratización de la sociedad chilena. La destitución de la democracia trajo consigo la democracia de la destitución: la experiencia destituyente será el momento en que una forma se sustrae al carácter soberano que articula la democracia como “régimen” y abraza la medialidad de una vida activa. Porque si la soberanía exige a la obediencia del trabajo capitalista, el fuera de sí de la destitución nos arroja a hacer nada, el comunismo en su fuerza desobrante. En este sentido, una democracia sin destitución termina indistinguible de ese fascismo del que hablaba Pier Paolo Pasolini: este ha sido el periplo mortal del Chile neoliberal como “forma elemental” del capitalismo global. 

La cuarta exposición estuvo a cargo de Alberto Moreiras, “El filósofo democrático en tiempos de post-hegemonía”.Desde una textualidad centrada en desplazar los límites del sentido hasta la difuminación de la positividad categorial del régimen universitario invocando la infrapolítica.Ello mediante un desbordamiento de sentidos que estableció diferencias categóricas con las hegemonías capturadas por la dominación abstracto-financiera del capital. Ello al riesgo de un vértigo cuasi-conceptual como tentación irresistible de la desmetaforización que desalojó toda relación entre hegemonía y heterogeneidad radical del sentido -en un gesto que desde otro expediente comparte un “hilo de voz” con la exposición de Benjamín Arditi.

A partir de una serie de desplazamientos de lectura centrados en los textos de Ant0nio Gramsci y Louis Althusser, según Moreiras, el descubrimiento marxiano de “la práctica” -noción clave en la exposición de Moreiras- abre la posibilidad antifilosófica de pensar posthegemonía y infrapolítica como, precisamente, el afuera de un mundo social y político sometido a hegemonía, sometido a metafísica, sometido a “filosofía en cuanto filosofía,” para decirlo una vez más en términos de Althusser.  Posthegemonía e infrapolítica son por lo tanto apelaciones a un proceso de transformación “sin sujeto ni fin”, como el dado al filósofo materialista que sabe que siempre ya se habrá subido a un tren en marcha sin origen ni destino

Infrapolítica sería la estela de una dimensión fáctico-temporal de la existencia que precede y excede a toda determinación política. La infrapolítica es una textualidad marcada por la “indisposición” e “indisciplina” respecto a la holgura cognitiva del capitalismo académico y sus economías argumentales. Tal indisposición surge de un cierto agotamiento de las cogniciones discursivas (modernas) y de su incapacidad para refundarse conceptual o paradigmáticamente, dadas las complicidades institucionalistas de la teoría hegemónica. Aquí no es posible un campo de metodicidad o definiciones de base porque como constelación esta traza agrupa un conjunto de trabajos e investigaciones en ámbitos muy disimiles como los estudios latinoamericanos, la teoría post-marxista o el hispanismo en general, la teoría política y literaria, la filosofía post-heideggeriana, las artes visuales y la teoría de la historia.

Los diálogos, con sus tumultos y litigios de sentido, estuvieron en sintonía con el ethos del doctorado de comunicación, cuya vocación crítica, lejos de toda militancia disciplinaria y categorial, hace de la comunicación un campo y un lugar fronterizo respecto a una amplia comunidad de preocupaciones. Mediante tales articulaciones el seminario buscó fortalecer la contemporaneidad post-hegemónica, atravesando barreras desde la “contra-universidad”, y abriendo espacios de experimentación crítica que son parte del flujo curricular del Doctorado.

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