De música y cine con Carlos Cabezas: “Todo lo que aparezca de este confinamiento, en términos de reflexiones artísticas, va a ser muy único”

De música y cine con Carlos Cabezas: “Todo lo que aparezca de este confinamiento, en términos de reflexiones artísticas, va a ser muy único”

¿Qué tienen en común la película de Netflix Nadie sabe que estoy aquí y la serie de Amazon Prime sobre el FIFA Gate El Presidente? Pocas historias podrían ser más diferentes entre sí, pero entre otros denominadores comunes, a cargo de la música en ambas producciones está el músico chileno Carlos Cabezas. La conversación con el líder de Electrodomésticos nos llevó por entretenidos caminos que incluyen su forma de enfrentar la composición de 27 piezas musicales en menos de dos meses y la oportunidad que nos ha dado el confinamiento para reevaluar el comportamiento humano y la vida en sociedad.


Hay muchas excusas para entablar una conversación con Carlos Cabezas, considerando el amplio alcance de su quehacer artístico y el calibre de las reflexiones que suele hacer al respecto, sin demasiados aspavientos ni intención de atribuirle algo más a su música que una conexión con las propias convicciones y experiencias de vida. Esta vez, la excusa es la aparición de su nombre en los créditos de dos de las producciones chilenas con mayor resonancia internacional de este particular 2020: la película Nadie sabe que estoy aquí, dirigida por Gaspar Antillo y protagonizada por Jorge García (Lost, Hawaii Five-0), y la serie El Presidente, una sátira que relata el escándalo del FIFA Gate a partir del papel jugado por el expresidente del fútbol chileno, Sergio Jadue.

Sin embargo, el trabajo de Carlos Cabezas en el cine chileno es de larga data, con incursiones ya hace 30 años en el largometraje País de octubre y un rol ya más permanente en el género desde fines de la década de los noventa, contribuyendo con música en películas como El Chacotero Sentimental (1999), Negocio redondo (2001) y una duradera sociedad con la productora Fábula –de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín–, que lo ha llevado a aportar en películas como No (2012) y El Club (2015), además de los ya mencionados productos distribuidos por Netflix y Amazon.

– Son muchas las películas en las que has trabajado componiendo música. Cuéntame un poco sobre esa veta de trabajo. ¿Cómo la enfrentas? ¿Qué es lo que te atrae?
– Lo que me atrae es que es música por encargo, bajo la idea de otra persona. Es interesante, porque son espacios exigentes a los que tú no llegas normalmente de forma natural, donde igual aparecen las sensaciones de tus experiencias de vida. Trabajar al servicio de ideas ajenas a las tuyas es también exigente con tus propias ideas, con tus propias convicciones. Entonces, esa tensión es interesante; el formato de trabajo es totalmente distinto al normal de uno cuando haces canciones, los tiempos son distintos. Por lo general son músicas instrumentales y es súper refrescante en términos de que te metes en lenguajes muy distintos a los normales. Ese trabajo ha hecho que hayan aparecido cosas importantes dentro de lo que he hecho, como los boleros. ‘Has sabido sufrir’, por ejemplo, surgió de una película que se llama Negocio redondo. ‘El viaje’ también apareció ahí. Entonces, cuando el encargo es un bolero, eso te exige ver cómo estás parado tu respecto de un género como ese. Y partes en el trabajo creativo con un respeto único, porque sabes que es un género que tiene una latencia en generaciones completas, que es un lenguaje musical que ha comunicado entre los humanos sensaciones y sentimientos amorosos de todo tipo, súper intensos; un espacio donde mucha gente ha resonado en términos de experiencia de vida amorosa. Pero de a poco te empiezas a sentir curiosamente cómodo con el tema, con el lenguaje. Empiezan a aparecer cosas que tú no te imaginai que podías tener en términos de expresión musical. Al final, terminé llegando a la conclusión de que las cosas que uno escucha cuando cabro chico, hasta los 12 años, qué se yo, cuando te empezai a poner “inteligente” y empiezas a cuestionar todo; todo eso que escuchas antes como que queda dentro tuyo. Yo aprendí que el bolero era un lenguaje que está en todos nosotros, por el puro hecho de haberlo escuchado de manera inconsciente cuando éramos chicos.

Nadie sabe que estoy aquí

Nadie sabe que estoy aquí cuenta la historia de Memo, un excantante de pop adolescente que, luego de una historia traumática, se recluyó en el sur de Chile, a orillas del Lago Llanquihue. En la película dirigida por Gaspar Antillo y producida por Fábula, la historia gira no solo en torno al personaje central, sino también a su canción, una pegajosa balada pop que retoma en los años noventa algunos códigos del rockabilly, pero también de baladistas chilenos como Buddy Richard o Zalo Reyes.

El caso de Nadie sabe que estoy aquí es bien interesante, porque la canción central es muy importante, casi una co-protagonista de la película. ¿Como fue el encargo en este caso? Tal vez fue un poquito distinto al de la música incidental.
– Mira, igual tiene que ver algo con los encargos normales, pero en este caso la canción participa narrativamente dentro de la película, así que tuvimos que hacerla antes de la filmación. Entonces, Gaspar Antillo me contó de qué se trataba la película y cuál era el mundo interior de este personaje, y el hecho de que el tema se supone que había sido un hit cuando sucedió todo lo que sucedió en la película. Eso decidió un poco la estética de la canción y la letra fue determinada por el mundo interior que tendría este personaje. Gaspar se las arregla para producir un espacio creativo donde hay espacio para proponer. Finalmente, la canción como que levantó bien, estábamos bien sintonizados y quedamos bien sorprendidos con el revuelo que ha tenido. De hecho, como anécdota, en las películas se trabaja siempre con un “working name” como título provisorio, y finalmente se terminó llamando como el coro de la canción, eso habla harto de que hubo una buena resonancia entre lo que se quería conseguir, el núcleo narrativo de la película y la canción.

¿Te es fácil escribir en inglés?
– Pucha, es que la educación musical que uno tuvo con el rock tiene harto que ver con ese idioma, entonces sale como relativamente natural, no tan impostado, porque aprendimos con esas músicas, porque aprendí con los Beatles, Jimi Hendrix, Cream y otras cosas más experimentales. Entonces no se hace impostado. En nuestro caso, para hacer las canciones en español hubo que desprenderse un poco de eso y buscar una manera en que esa educación no contaminara el componer en español, porque el fraseo en inglés es distinto, es más percusivo, las palabras son más cortas a veces. Son cosas que vas aprendiendo a medida que vas avanzando en el quehacer musical. Así que, a estas alturas, desde la educación que nuestra generación tuvo con música en inglés, no sale tan impostado ni tan difícil.

El Presidente

El Presidente sigue los años de Sergio Jadue durante su administración de la ANFP y la explosión del FIFA Gate. En un tono totalmente satírico y con intencionada exageración, retrata los excesos de una corrupta Conmebol y a un Jadue que se ve de la noche a la mañana con el poder de traer una Copa América a Chile y de negociar un escape y protección de testigos con el FBI. Ciertamente, la temática de la serie no da para escapar de la típica imagen latinoamericana de ambiente festivo, despilfarro y pocas normas,  por lo mismo, es natural que el bosquejo musical propuesto aluda a lo bailable como recurso común, valiéndose de los ritmos de los distintos lugares de la región. Considerando esta rúbrica, las canciones más reconocibles que se oyen durante la serie pertenecen al célebre paraguayo Luis Alberto del Paraná. No obstante, el paisaje sonoro es dibujado principalmente por el trabajo más sigiloso de un equipo liderado por Federico Jusid y otro dirigido por Carlos Cabezas.

Las piezas aportadas por el líder de Electrodomésticos se mueven por un universo amplio que cubre desde la cumbia hasta música brasileña, pasando por ritmos pascuenses e incluso el rock. En composiciones como ‘Wajira trip’, ‘Ánimas negras’ o ‘He ako te riu’, Cabezas trabajó con diversos colaboradores en arreglos musicales e interpretación, entre los que destacan René Calderón, Vanessa Silva, Laura Serrano y Omar Lavadie, entre varios otros.

Entre todas las luces que cayeron sobre Nadie sabe que estoy aquí, ha pasado desapercibido que también estuviste presente con tu música en El Presidente. Esta música cuesta más rastrearla, pero es muchísima. Cuéntame un poco de ese proceso y las diferencias en tu forma de aproximarte al trabajo en ambos proyectos, que son muy diferentes entre sí.
– Fueron 27 piezas, para ser exacto. En el caso de Nadie sabe que estoy aquí, la canción habla del personaje. Es el personaje el que está cantando y acá es totalmente distinto, son canciones que aportan narrativamente a las escenas en términos de energía; pero hasta ahí no más, en algunos casos era música de fondo solamente, pero en otros tenía que ver con las sensaciones de lo que estaba pasando en la escena.

– En la parte de la fiesta, cuando Jadue va a celebrar que la Conmebol le dio la organización de la Copa América en Chile, ahí se puede identificar una cumbia tuya.
– Claro. Había otras que eran músicas medias brasileñas, había una pascuense también. O sea, el rango estilístico era amplísimo. Y claro, hay algunas donde las referencias musicales la gente las conoce demasiado, entonces producir lo mismo, con ese lenguaje, y que sea distinto, no es tan fácil. Pero ese fue un trabajo muy intenso, duró un mes y medio o dos meses. Trabajé con un amigo, René Calderón, que hizo los arreglos. Trabajando con él pude hacer esto, solo no sé cómo lo hubiera hecho en tan poco tiempo. Entonces también fue un trabajo muy exigente, pero finalmente quedamos muy contentos por el resultado. Como que trabajar con cierta adrenalina y vértigo, de alguna manera, afina o delinea de una manera más frontal ciertas ideas estéticas. No tenis tiempo para pajearte o confundirte.

Tú hablabas de los lugares a los que te llevaba la música que compusiste para películas en el pasado, y el bolero fue un saldo super notorio y robusto de esa etapa. En el caso de El Presidente, entre las piezas más identificables con tu personalidad hay una cumbia y una especie de chachachá. ¿Te ves en el corto plazo editando algún disco o haciendo música que explore más de lleno en esos sonidos?
– ¿En el chachachá, dices tú?

Carlos Cabezas
Foto: Instagram @subhaze

– Yo al menos lo encontré muy entretenido, te salía bien, no salía falso ni impostado.
– Bueno, eso tiene que ver con lo que te hablaba antes. Uno va descubriendo cuánto tiene dentro, cuánto todos tenemos dentro de lo que es propio de nuestra cultura y no nos damos cuenta del valor que tiene eso. La historia de nuestro país no ha dejado que uno tenga esa conexión tan claramente; una dictadura que fue un hoyo negro en términos de patrimonio musical, que nos cortó un poco este vínculo con esas cosas que las generaciones anteriores a nosotros escuchaban y que eran parte de sus vidas. La música, al final, como que te fija las emociones de tu experiencia de vida en el cuerpo. Respecto de tu pregunta, de lo que sí hay hartas ganas es de hacer un disco solamente con música de películas; esto de El Presidente nos dejó con muchas ganas de eso, porque apareció todo este material tan distinto, pero que tiene un valor porque se mete en lo que hemos sido como cultura. Tampoco es fácil darle un eje a algo así, pero probablemente vamos a hacer algo con eso.

Qué buena noticia. ¿Y ahí cómo funciona todo el tema contractual, tienes libertad para poder armarte un disco con eso? ¿O vas a tener que volver a tocarlo todo en vivo como pasó con El Resplandor?
– Mira cada situación es distinta. Con ‘Nobody knows I’m here’ está Netflix metido en la distribución, entonces hay otro esquema administrativo. En el caso de El Presidente es licencia, entonces puedo hacer lo que quiera con las canciones, no hay problema. Y en general con las canciones de película, las películas te exigen algunos tiempos y exclusividades, cuando está la película funcionando. Pero en general, se pueden editar esas músicas sin tantos problemas, cada día nos acercamos más a ser autónomos en términos de grabar masters y de las posibilidades de edición que tengan estas músicas. Al contrario de lo que pasaba antes, que con los masters de los primeros dos discos de los Electrodomésticos estamos viendo todo el rato si hay alguna manera de poder hacer cosas, porque a la EMI la compró Universal y las compañías no van a editar esos catálogos antiguos ya que no es parte del modelo de negocio tener una conciencia patrimonial sobre las creaciones de los músicos en general. Y nosotros tampoco tenemos tanta conciencia patrimonial en todo lo que hacemos. Los músicos hacemos las cosas porque no podemos evitar hacerlas nomás, en general el arte se mueve así. Los artistas tienen una relación tan profunda e intensa con el trabajo que hacen, que muchos hacen trabajos gratis. En este caso, creo que hay buenas posibilidades de editar y hacer un trabajo de edición que ponga en relieve todo lo que se ha hecho.

Viento en el corazón

La conversación nos lleva inevitablemente hacia los tiempos de pandemia y confinamiento. Es cierto, han sido meses muy difíciles desde todas las dimensiones de análisis posibles, para el mundo entero y especialmente para los chilenos. Pero las lecciones que se comienzan a sacar de todo esto no son pocas. Respecto de esa necesaria autoobservación como seres humanos y sociedad, Carlos Cabezas propone reflexiones esperanzadoras.

¿Se vienen nuevos proyectos con Fábula u otras productoras?
– Hay por ahí algunas ideas. Bueno, dentro de las últimas películas que hecho también está una que hice con Jorge Riquelme que se llama Algunas bestias. Con Jorge también hice antes una que se llamaba Camaleón. Algunas bestias se estrenó en España y ganó varios premios “work in progress” en San Sebastián, qué se yo. Hace un cine bien interesante. Y hay un proyecto con él para el futuro, pero es lo único que hay en términos de cinematografía. Y bueno, en otro ámbito, también está este espacio de trabajo con La Banda del Dolor que ha aparecido, que nos tiene bien entusiasmados. Todo este tiempo de reclusión ha hecho que aparezcan hartos temas nuevos.

Esta época tan curiosa que estamos viviendo, como que empiezas a sentir que es especial; que todo lo que aparezca de acá en términos de reflexiones artísticas va a ser muy único. Entonces, ha aparecido una especie de frenesí por hacer cosas. Por decirte, hice una especie de presentación casera para el Museo de la Memoria. Ellos tienen un programa que se llama En Canto y el sábado pasado se estrenó esta presentación de 20 minutos; son tres temas, y con el Gaspar Antillo nos confabulamos y con él se armó una especie de video con una narrativa, con un poco más de contenido para tratar de salir del esquema básico del cantautor con la guitarra, del que yo me siento un poco lejano porque lo que hago es un poco más complejo que eso. Y porque también tengo una especie de pudor de eso de estar mirando a alguien todo el rato; encuentro que es como un abuso hacia el auditor –comenta entre risas–. Entonces intenté hacer algo que diera cuenta de esas preocupaciones, y quedamos recontentos.

Está apareciendo un lenguaje un poco distinto de expresarse dentro de esta situación en la que estamos. Es un período que es tan distinto, como un taller que aunque quisieras haberlo hecho a propósito no habrías llegado. Para la sociedad entera es así, se siente que es un momento muy especial y que debería permitir sacar reflexiones muy distintas a las que salen en un período de “normalidad”, que a esta altura parece un sueño. Entonces, encuentro que es muy esperanzador en términos creativos todo lo que se puede hacer en este contexto. La mayoría de los músicos están sumergidos componiendo y miro con mucho optimismo lo que pueda aparecer en términos de expresión artística. Y del apañe que puede hacer el arte a la sociedad en circunstancias como ésta, en que se han leído más libros que nunca, se han visto más películas que nunca. Hasta el teatro ha buscado manera de hacer presentaciones online. O sea, yo no sé si esta película (Nadie sabe que estoy aquí) se hubieran detonado a este nivel si es que no hubiésemos estado en estas circunstancias. Encuentro super interesante lo que está pasando en términos creativos, y encuentro increíble la energía que está fluyendo a propósito de esa conciencia.

Va a ser interesante mirar después, con la distancia del tiempo, todo lo que se está componiendo ahora, el tono y estado de ánimo general de las composiciones.
– Es que están pasando cosas interesantes. O sea, la conciencia de comunidad, de colectividad, eso es novedoso. Es como que nos estuvieran revelando una verdad super sofisticada, cuando es lo más básico en cuanto a la convivencia entre los seres humanos. Entonces estábamos bien porros po hueón, creo que este remezón nos está haciendo bien a todos. En las poblaciones se está armando todo esto de las ollas comunes, ahora la gente se está mirando de otra manera entre ellos. Hay solidaridades que antes no estaban. Se está descubriendo el valor del trabajo del personal de salud, que es una cosa que no existía, de los camiones de la basura. O sea, hay otra conciencia colectiva, humana. Antes estábamos viviendo como de memoria. Entonces, creo que todo esto le da una conciencia al vivir, y eso, definitivamente, te hace actuar distinto y adecuar tu comportamiento a estas nuevas convicciones que puedan estar apareciendo.

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