De la “vocación de profesor” al “no quieren trabajar”: el cambio del discurso político en torno al ejercicio docente en Chile

Aunque parezca redundante, los profesores/ as durante 2020 NO ESTUVIMOS DE VACACIONES. Al contrario, nos esforzamos día a día por desarrollar los mejores aprendizajes posibles, con las herramientas que contamos. Los establecimientos educaciones no son, no han sido ni deberán ser una guardería, y las/os profesoras/es nos esforzamos día a día por planificar, desarrollar y evaluar de las maneras más diversas y justas a nuestras/os estudiantes, adaptándonos a sus diversos contextos. 


Durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, y teniendo al actual precandidato presidencial Joaquín Lavín como Ministro de Educación, fue impulsada la Beca Vocación de Profesor; la que, según el propio ministro, tenía como una de sus metas el provocar un cambio en la percepción social de la labor docente, impulsando a estudiantes con buenos resultados académicos a estudiar pedagogía, de forma que sus familias se sintieran orgullosas por elegir educar. Llamativo es que se impulsara esta política pública con la carga moral de la vocación, lo que no se produjo en otras áreas, como es el caso del programa “Técnicos para Chile”. 

No obstante, esta política pública ha tenido resultados cuestionables según investigaciones de la UCV y de “Elige Educar”, según las que se mantiene un bajo reconocimiento hacia la labor docente, tal como ha quedado en evidencia a través de las declaraciones de diversos políticos en las que se denosta la labor docente indicándose que las/os profesoras/es habrían estado de vacaciones durante el 2020, o se les responsabiliza de no “querer trabajar”, lo que implica nuevamente la idea de que en el año pasado no se habrían realizado clases, y por ende, en la práctica, se habría estado de vacaciones. 

Quienes han realizado estas declaraciones parecen desconocer que para ser profesor/a en Chile es necesario haber pasado por una formación universitaria mínima de cuatro años y medio a cinco años, realizar capacitaciones y perfeccionamientos anualmente y en muchos casos realizar magísteres y/o doctorados de especialización. Eso, solo como base. Además de lo anterior, el ser profesor/a implica una capacidad de flexibilidad permanente, ya sea para implementar las cambiantes políticas de ajuste curricular (2019) y priorización curricular (2020) impulsadas desde el propio MINEDUC; a lo que se suma la adaptación a entornos de enseñanza virtual para los que la gran mayoría de las/os docentes no se encontraba preparada/o ni capacitada/o.

Dichas declaraciones, tampoco consideran que la educación a distancia implica desafíos importantes como un acompañamiento mayor a las/os estudiantes para que estos puedan lograr los aprendizajes esperados (lo que implica una reformulación de todo el material educativo con el que se trabaja). Por otra parte, tampoco visualiza el que quedó a criterio de cada establecimiento educacional la entrega de recursos básicos para el desarrollo de las clases, o la entrega de bonos por gastos domésticos derivados del teletrabajo. Y para qué hablar de quienes se desempeñan en zonas periféricas o rurales, donde muchas veces las/os profesoras/es debieron salir a repartir guías de trabajo, o hasta alimentación, para apoyar a sus estudiantes, además de realizar turnos éticos para la entrega de JUNAEB u otras instancias. 

Como formadora de futuras/os profesoras/es del país, no puedo más que cuestionar dichas apreciaciones que desconocen el enorme esfuerzo que en los múltiples niveles las/os docentes del país han realizado no solo por educar, sino que, por entregar apoyo, contención emocional o incluso, alimentación, como señalara anteriormente. 

Además, siendo una profesional que se ha formado gracias a las políticas públicas de pre y postgrado, no puedo más que criticar y comprender que el lamentable argumento de que “tiene que aprobarme porque estoy pagando”, tiene como uno de sus sustentos las declaraciones referenciadas, en las que la denostación a la profesión docente se hace una constante en este país. 

Por lo anterior, aunque suene redundante, es fundamental aclarar que las/os profesoras/es durante 2020 NO ESTUVIMOS DE VACACIONES. Al contrario, nos esforzamos día a día por desarrollar los mejores aprendizajes posibles, con las herramientas que contamos. Los establecimientos educaciones no son, no han sido ni deberán ser una guardería, y las/os profesoras/es nos esforzamos día a día por planificar, desarrollar y evaluar de las maneras más diversas y justas a nuestras/os estudiantes, adaptándonos a sus diversos contextos. 

Punto aparte son los procesos de inmunización y vacunación, los cuales necesitamos. No obstante, mientras dicha inmunización no esté asegurada, tampoco es conveniente arriesgar la salud de profesoras/es, técnicas/os de educación ni auxiliares en un proceso que busca normalizar prácticas anteriores a la pandemia que pueden llevar al contagio de trabajadoras/es y estudiantes de establecimientos educacionales (por ejemplo, al recibir muchas/os estudiantes por aula). Si debemos pensar en las/os niñas/os del país, este es el momento. 

Finalmente, no puedo dejar de mencionar temas que han quedado en segundo plano en el contexto de pandemia, tales como el que no haya habido puntajes nacionales en la PTU en el área de Historia y Ciencias Sociales, así como tampoco ha habido una transición esperable en el ajuste curricular. Considerando todo lo anterior, es más que necesario que el MINEDUC y los distintos eslabones políticos, se reúnan con las/os representantes de profesoras/es del país, para de esta manera puedan reconocer la labor docente, y entregar los recursos y reconocimientos que merece la formación de ciudadanas/os críticas/os en un contexto de cambio social, asegurando las condiciones de salubridad mínimas para que proceso pueda darse con las mejores condiciones posibles. 

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