De la fiesta a la guerra

El factor principal de la transformación de fiesta en drama tuvo relación con la guerra desencadenada por la oposición de centro derecha, integrada por la Democracia Cristiana con Frei a la cabeza y el Partido Nacional de Sergio Onofre Jarpa.


En varios artículos y libros he caracterizado a la Unidad Popular como una fiesta que se convirtió en drama.

Esa transformación tuvo relación con dos factores: con las divisiones de la Unidad Popular y con la guerra planteada por la oposición de centro derecha, conformada por la Democracia Cristiana y por el Partido Nacional.

La coalición gobernante estaba integrada por un sector moderado y por otro radicalizado.

El primero era encabezado por Allende e integrado por el Partido Comunista, el Radical y el Mapu Obrero Campesino, encabezado por Jaime Gazmuri.

Esa tendencia planteaba la necesidad de atenerse al programa, por tanto, de circunscribirse a realizar un avance al socialismo por la vía pacífica e institucional.

La otra estaba integrada por el Partido Socialista dirigido por Carlos Altamirano, la Izquierda Cristiana y el Mapu, encabezado por Oscar Guillermo Garreton.

Ese grupo planteaba la estrategia de “avanzar sin transar”, lo cual quería decir ir más allá del programa.

Pero el factor principal de la transformación de fiesta en drama tuvo relación con la guerra desencadenada por la oposición de centro derecha, integrada por la Democracia Cristiana con Frei a la cabeza y el Partido Nacional de Sergio Onofre Jarpa.

Una guerra destinada a hacer colapsar a la Unidad Popular, por lo tanto, a crear las condiciones de un golpe de estado.

Puede decirse que, en ese entonces, existieron dos Frei, el de su gobierno y el de la oposición al de Salvador Allende.

El primero implementó una revolución anti oligárquica, la cual realiza la reforma agraria con una nueva ley mucho más potente que la anterior; también impulsa la sindicalización campesina; además elabora una política poblacional materializada en la ley de centros de madres y juntas de vecinos; también la ampliación de la educación obligatoria de seis a ocho años y la llamada “chilenización” del cobre, un preámbulo de la futura nacionalización.

El segundo fue el Frei de la oposición a Allende, en coalición con la derecha. El que en las elecciones parlamentarias de 1973 busca obtener los dos tercios de los parlamentarios en ejercicio para poder destituir a Allende. El que inmediatamente después del golpe le escribe a Mariano Rumor para defender la acción militar.

Y habrá un tercero, el que se opone al plebiscito por la constitución del 80. Pero ese último es materia de otro artículo.

Es importante señalar los principales episodios de la guerra. Señalare algunos, a la cabeza de los cuales estuvo la coalición de centro derecha.

En junio de 1971, a los seis meses del gobierno de Allende, surge el problema del desabastecimiento. Una de las dimensiones de este asunto, la más importante, tiene que ver con el acaparamiento por parte de los comerciantes, operación destinada a que los compradores deban hacer largas colas para surtir su despensa.

En febrero de 1972 la coalición de centro derecha logra hacer aprobar un proyecto sobre las áreas de la economía, el cual realiza dos operaciones: primero, deroga la disposición que usaba el gobierno para intervenir empresas, derivada de la efímera “república socialista” de 1932 y segundo, exige que cada expropiación deba ser sujeto de una ley.

En octubre de 1972 se realiza un paro de un mes, en el cual participan transportistas, comerciantes, médicos de la salud pública y estudiantes secundarios y universitarios.

Se trata de crear un caos, un país ingobernable, con el objetivo de estimular la participación militar. Pero en esa ocasión una coalición gubernamental unificada logra que el país funcione.

Por ello, al término del mes, Allende forma un gabinete cívico-militar, encabezado por el comandante en jefe del ejército, el general Carlos Prats.

La oposición de centro derecha intenta, en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, obtener los dos tercios de los parlamentarios en ejercicio para con ello destituir al presidente. No lo consiguen.

Pero la guerra continua. El 27 de julio de 1973 es asesinado, por un comando de Patria y Libertad, el edecán naval de Allende, muy cercano al presidente.

A fines de junio de 1973 tiene lugar el “tanquetazo”. Este consistió en el sublevación del principal regimiento de tanques. Estos dispositivos se instalaron frente a la casa de gobierno.

Pero no se sumaron nuevos sublevados. Y en la tarde fueron obligados a retornar a sus cuarteles, por la intervención del comandante en jefe del ejército.

En todo caso el operativo demostró que la Unidad Popular no tenía fuerza militar propia y que, por ende, dependía de los militares profesionales. Fue una especie de ensayo general del golpe.  

Este llegó el 11 de septiembre de 1973, cuando se consumó la traición de Pinochet y de Leigh, cuando fue destituido el almirante Montero. Es decir, cuando todos los comandantes en jefes se alzaron contra el gobierno constitucional.

Esa mañana Allende le habla por última vez al país, llamando a no resistir y profetizando el porvenir, el día en que se volverían a abrir las grandes alamedas.

Cerca del mediodía se produce el bombardeo de La Moneda, una operación cuyo único objetivo fue mostrar que los militares eran capaces de todo.

Un poco más tarde Allende, quien había dicho que no saldría vivo del lugar donde ejercía la presidencia, se suicida. Es decir, elige su muerte. Y se proyecta hacia el porvenir.

Y los traidores se apoderan del país, instalando una dictadura de dieciséis años.

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