De la dirigencia sindical en los sesenta a exigir la libertad de los presos de la revuelta: La historia de la incansable Alicia Lira

12 DE DICIEMBRE DE 2019/VALPARAISO Alicia Lira, durante la sesion de la Camara de Diputados, en donde se discute la acusacion constitucional en contra del Presidente de la Republica. FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Hace exactamente 35 años atrás, Alicia Lira vio como su esposo era secuestrado. La madrugada del 8 de septiembre de 1986, la CNI salió a vengar la emboscada que había sufrido pocas horas atrás el dictador Augusto Pinochet a manos de combatientes del FPMR. Alicia persiguió el vehículo en donde se llevaban a Felipe Rivera, pero no pudo alcanzarlo. Fue la última vez que vio con vida a su amado Negro, el compañero de toda su vida.

A pocos metros de la Plaza de la Dignidad se encuentra la sede de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), organización que Alicia Lira preside desde el 2009. Camino con Alicia unos metros hasta llegar al local. Al interior aún hay vestigios de la represión desatada por Carabineros durante la revuelta popular. Lira comenta que la policía uniformada disparó dos bombas lacrimógenas al lugar y que de pura suerte no se incendió. Nos sentamos frente a frente para llegar hasta los pasajes más inéditos de la historia incansable de Alicia Lira.             

La infancia, la dirigente sindical y el “Mao”

Alicia está pronta a cumplir 73 años. Los ha vivido con todo, con alegría, con orgullo, con esperanza, con juventud, con sus dolores, los cuales están llenos de amor infinito y sobre todo con dignidad.

Alicia Lira, nacida en Concepción, llegó a Santiago a mediados de la década del sesenta. Su infancia la vivió en la pequeña localidad rural de Plegarias, cercana a la comuna de Curanilahue, donde habían emigrado luego del fallecimiento de su padre para trabajar en la mina de carbón que había en el lugar.

Alicia, a la edad de 10 años, comenzó a trabajar como empleada. “Tuve suerte, porque en la mayoría de las partes en donde trabajé como empleada, me trataron como niña”, comenta Lira. Además, señala que estas experiencias le sirvieron para valorar la vida.

En 1962, cerró la mina y la gente comenzó a migrar del lugar. Alicia cuenta que su madre era militante comunista e hizo todas las gestiones para que su familia pudiera llegar a vivir a Santiago. “Siempre me acuerdo cuando nos vinimos en el tren del sur a Santiago con mis hermanos. Lo único de valor que traíamos de valor eran nuestras ropas y cuerpos. Allá dejamos nuestras camas que eran de payasa de paja”.

La familia de Alicia llegó a vivir a la Villa Olímpica. Inmediatamente comenzó a militar en las Juventudes Comunistas. Tenía 14 años cuando se incorporó de lleno a las tareas militantes.

Alicia comenzó a trabajar de inmediato desde que llegó a Santiago. Con el paso del tiempo y trabajando en una industria textil, se convirtió en dirigente sindical con tan solo 18 años. Lira comenta que por aquellos años había personas que le decían que ella no podía expresarse de buena manera y que tan solo había cursado hasta sexto año de preparatoria, pero Alicia siempre tuvo claro los derechos, los deberes y la dignidad de los trabajadores. Es por eso que cree que fue electa como dirigente sindical y para representar a sus compañeras y compañeros de trabajo.

Alicia participó en el V Congreso de la CUT y que se realizó en el Caupolicán, siendo ella una de las dirigentes más jóvenes en participar de la cita. Comenta que sus compañeros siempre estuvieron preocupados de enseñarle y solo recuerda bonitas experiencias de aquellos años.

En 1969 Alicia conoció al gran amor de su vida, Felipe Rivera. Él Se desempañaba como recolector de basura en San Miguel y ella era una obrera textil. Recién el 26 de febrero de 1970, y cuando ya llevaban ocho meses pololeando, Lira conoció el verdadero nombre de su novio cuando se estaban casando. Ahí supo que su querido Andrés en realidad era Felipe Segundo Rivera Gajardo y quien usaba distintas chapas para ocultar su identidad debido al trabajo que realizada al interior de las Juventudes Comunistas.

La vida al lado de Felipe siempre fue alegre, recuerda Lira. “Él me enseñó que yo tenía que hacer lo que a mí me gusta y no lo que otros querían que hiciera. Yo siempre me sentí libre a su lado”.

Alicia y Felipe

Los primeros meses vivieron de allegados en la casa de los padres de el “Mao”, como conocían a Felipe en las JJCC y quien más tarde, en el tiempo de la Unidad Popular, fue el encargado de los grupos de autodefensa de la jota y viajó a la Unión Soviética a recibir instrucción militar.

La Unidad Popular y la efervescencia del triunfo de Allende también inundó los corazones de Alicia y Felipe. En aquel entonces, junto a otro grupo de compañeros, decidieron tomarse un terreno en el sector de La Granja y al cual bautizaron como Campamento Villa Lenin.

Alicia en su amada ruca

El Golpe de Estado, la violencia y la crudeza también golpeó la puerta de la joven pareja enamorada. Fue a comienzos de 1974 que los militares llegaron a buscarlo a la Villa Lenin. Afortunadamente ni él ni su compañera se encontraban en su casa o la “ruca” como se refiere Alicia a su hogar. Cuando llegaron, los vecinos les avisaron que los andaban buscando. “En dos horas, no sé de dónde salió un camión gigante, desarmamos la casa, echamos arriba las pocas cosas que teníamos y partimos a Cerro Navia”, comenta Lira. Fue, precisamente, a Cerro Navia donde llegaron a buscarlo la madrugada del 8 de septiembre de 1986.

El “Negro”, el “Mao”, Felipe Rivera. El gran amor que le arrebataron

Felipe Rivera fue la primera víctima de la noche de venganza de la CNI. La pareja aún vivía en una mediagua con ventana de palo. Alicia sintió ladridos de perros, sintió ruido y se levantó a observar qué pasaba. Al mirar sigilosamente, se dio cuenta que los militares estaban saltando la reja para ingresar a su casa. Ella no sintió miedo, ya que estaba normalizado que en los sectores populares hubiera allanamientos brutales por parte del régimen militar y sus agentes.

“Lo único que hice fue ir al dormitorio y le dije al negrito que estábamos de allanamiento. Él Se sentó y, además, después de la detención del Diego, nosotros limpiamos la casa. Eliminamos todos los documentos, información, de boletines del Siglo, sacamos todo”, comenta Alicia Lira.

Diego Lira, hermano de Alicia, fue detenido en agosto de 1986 por la dictadura militar. Él era militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y su detención se dio en Carrizal, lugar desde donde el FPMR quería ingresar un arsenal de armas para acabar con la dictadura militar por la vía insurreccional.

Los militares comenzaron a golpear la puerta para ingresar a la casa. Alicia corrió a decirle a Felipe que estaban a punto de entrar. Él se sentó en la cama y Lira fue abrir la puerta. “Pero cuando yo abro la puerta, me dicen, ¿Está el Mao? Y cuando dicen eso, intenté cerrar la puerta, pero eran cuatro milicos los que estaban ahí y más los que estaban afuera en los tres vehículos en que llegaron. Así que ahí entraron, todos con pasamontañas”, recuerda Alicia.

Cuando los militares lograron entrar, uno se paró en el centro de la mediagua, miró a Rivera y le dijo “oye, párate hueón, está la caga en el partido, te necesitamos. El negro le respondió no sé qué me estás hablando y el milico le replicó que había quedado la media caga con el frente. El negro le señaló que no sabía qué hueá le estaba hablando”, recuerda Lira. En ese momento, Felipe le dice a Alicia que llamara a la vecina. Lira salió rápido al patio y se puso a gritar, en ese momento un militar llegó por atrás y le puso la mano en la boca, sin ningún tipo de violencia, y le dijo que se quedara callada, que no le iba a pasar nada y que solo tenían que conversar. Alicia piensa que ese militar era algún excompañero que los traicionó.

A Alicia la llevaron de vuelta al interior de su casa. Él militar le seguía hablando, le decía que se calmara. En eso, otro uniformado se dirige a Rivera y le señala “bueno, te levantas rápido o te llevamos como estás”. Lira comenta que el Negro siempre era muy reposado para todo, para levantarse, para hablar, para vestirse y con una tranquilidad infinita.

“Habíamos hablado mucho de lo que iba a pasar, pero él siempre pensó que se iba a ir preso, que se iba a ir tranquilo porque tenía confianza en mí, porque yo sabía valerme por mí misma. Además, me decía que yo era una persona querible, que nunca iba a estar sola y que tenía hartas amistades y que él iba a estar tranquilo. Yo me acuerdo de que me corrían las lágrimas cuando él me hablaba”.

Alicia Lira

Cuando Rivera se levantó, con su tranquilidad permanente, fue a sacar de la puerta de entrada su chaqueta. “Alza el brazo para sacarla y los milicos se le cuadran. Jamás me voy a olvidar de esto, el negro los mire y se ríe. Les dijo, qué te creí hueón, ¿tú crees que si yo hubiese tenido un arma, la hubiese tenido aquí?”, recuerda Alicia.

“Abrieron la puerta, lo metieron a un auto, traté de mirarlos por el vidrio, pero era polarizado, corrí unos metros detrás del auto, porque se llevaban mi vida, el amor, la alegría, 17 años juntos, hermosos”.

Alicia Lira

Alicia volvió a su casa, se sentó y le dio un ataque de vesícula. Su vecina llegó y Lira, fiel a su estilo, tuvo el coraje y la osadía de caminar a la Avenida Carrascal para buscar un teléfono público para comunicarse con una persona y contarle lo que había pasado. Luego, fue a visitar a un cura que le pidió por favor que se fuera inmediatamente a su casa. “Si nos pillaba una patrulla nos mataba, estábamos en Estado de Sitio y toque de queda”, comenta Lira.

Alicia y Felipe

Alicia se quedó esperando toda la noche nerviosa a que se acabara el toque de queda. A las seis de la mañana salió rauda a tomar una micro hacia La Victoria para avisarle a su cuñada lo que había pasado. Al bajarse de la locomoción, se dio cuenta que la población estaba sitiada por militares y decidió no entrar, ya que si lo hacía era improbable que pudiera salir del lugar.

Tomó una micro de vuelta al centro de Santiago para ir a la Vicaría de la Solidaridad. Posteriormente, comenzó a recorrer distintos lugares para saber dónde estaba su Negro. “A las dos de la tarde llegamos al Cuartel Borgoño, era un lugar siniestro, todo cerrado, un tipo levantó una ventanilla y nos pidió el carnet. Nos dijo que no me podían atender porque se había acabado la hora de visitas. Yo me alegré, me fui con la esperanza de que estaba ahí”, comenta Alicia Lira.

El 9 de septiembre, Lira llegó nuevamente a la Vicaría y le dicen que debía dirigirse al Servicio Médico Legal. “Íbamos en el taxi rumbo al SML a la altura del Puente Independencia, y salió un flash en Cooperativa en donde señalaban que habían encontrado muerto a Pepe Carrasco. Yo lo primero que pensé era que al Negro lo habían matado”.

Cuando Alicia entró al Servicio Médico Legal se dio cuenta que sus intuiciones eran ciertas. Felipe Segundo Rivera Gajardo había sido asesinado por los agentes de la dictadura.

El funeral del Negro se desarrolló en Estado de Sitio. A pesar de lo anterior, los vecinos de la población en donde vivían Alicia y Felipe asistieron al lugar para despedirlo. Además, pintaron dos murales en honor a su vecino y la plaza del lugar fue rebautizada como Felipe Rivera Gajardo.

“El Negro era funcionario de la Tesorería General, cuando lo secuestraron y lo mataron, les prohibieron a los trabajadores ir a la casa o ir al cementerio. Nunca me voy a olvidar cuando la carroza va llegando a la puerta de Avenida La Paz, y estaban varios funcionarios de tesorería con su traje gris que le daban para trabajar. Que era el terno que el negro usaba cuando teníamos fiestas, porque tener un terno en esos tiempos era muy complicado. Son recuerdos inmemorables”.

Alicia Lira
Felipe Rivera

La libertad de los presos políticos y el momento de volver a formarse

Posterior al asesinato de Felipe, Alicia tomó la bandera de lucha de los presos políticos de la dictadura. Jamás se despegó de la Penitenciaria ni de la Cárcel Pública. Se movilizó y organizó para exigir la libertad de quienes luchaban contra el régimen dictatorial y de quienes habían sido apresados solo por pensar distintos. Alicia fue detenida varias veces, tantas que ni siquiera sabe cuántas veces fue llevaba por Carabineros a una comisaría, eso sí sabe que son mucho más de 30 detenciones.

“Yo opté por sumarme de lleno a la Agrupación de Familiares de Presos Políticos, porque desde mi visión, los presos estaban vivos y yo podía hacer mucho más ahí que seguir denunciando los crímenes de la dictadura y los ejecutados políticos, puesto que no se avanzaba nada en temas jurídicos porque la dictadura controlaba todo. En ese momento, para mí la prioridad era la vida”.

Alicia Lira

Alicia siguió en la Agrupación de Familiares de Presos Políticos hasta 1994, cuando ellos salieron con extrañamiento y debieron abandonar el país. Luego de eso, pasó con todo su tiempo y dedicación a la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos.

Alicia Lira, cuando era vicepresidenta de la AFEP, viajó a Inglaterra para denunciar los crímenes que había cometido Augusto Pinochet mientras este se encontraba detenido por graves y masivas violaciones a los derechos humanos.

“Yo me tomé un descanso el 2001, terminé mi enseñanza media, estudié técnico jurídico y me reincorporé a la agrupación el 2004 y cinco años más tarde fui electa presidenta de la AFEP”, comenta Lira.

La revuelta popular y la esperanza que se transforma y nos transforma

“Yo personalmente lo viví a concho, era como si siempre hubiese estado en una pieza con aire viciado y de repente entra aire puro, oxígeno. Ver esa demostración de la juventud de la rebeldía, de tanta rabia juntada, de tanto saqueo, de tanta impunidad que hemos vivido nosotros. Era maravilloso, salir a la calle, los colores las consignas, cómo se entrelazó lo de ayer con lo de hoy, como flameaban las banderas, las figuras de Salvador Allende, Gladys Marín, las canciones de la Unidad Popular, era todo un conjunto que me hizo sentir plena”.

Alicia Lira
Revuelta Popular, octubre de 2019

Después de dos semanas de iniciada la revuelta popular, la AFEP decidió salir a la calle con sus lienzos, sus banderas, con los carteles con los rostros de sus familiares ejecutados. Además, hablaron desde el camión que se tomó la Plaza de la Dignidad el 10 de diciembre de 2019, el Día Internacional de los Derechos Humanos.

“Es ético, moral y político para mí como obrera, como luchadora social y de derechos humanos estar hoy en la demanda de verdad, justicia y reparación para las víctimas de la revuelta. El contexto es diferente, pero el daño, el dolor, la tragedia que vive el grupo familiar es el mismo. Entonces, en ese sentido para mí es un compromiso irrenunciable y donde yo pueda estar acompañando, hablando, denunciado, lo de ayer y hoy, lo voy a hacer”.

Alicia Lira

Alicia Lira continúa en la primera línea de lucha contra la impunidad, es clara al señalar que ella no quiere venganza, ella quiere justicia. “Es un sentimiento de fuerza, de convicción. No vamos a ceder, no vamos a bajar, pero no hay espíritu de venganza, porque eso nos envilece a nosotros. Ellos son los viles, ellos fueron los cobardes, los asesinos. Siempre digo que esa fue una política que usaron de exterminio contra un pueblo que tenía un sueño, que era un pueblo organizado. Es una política que nuevamente usaron hoy, ya que se basan en la doctrina de seguridad nacional en donde nosotros somos el enemigo y si alguien se sale de las reglas que ellos proponen, ocupan su fuerza militariza para reprimir”, enfatiza Lira.

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