De Cambio de Gabinete a Comando por el Rechazo

De Cambio de Gabinete a Comando por el Rechazo

Este nuevo gabinete, nos ofrecerá las mismas recetas de los últimos treinta años, más neoliberalismo en sus diversas formas, precariedad para las familias a través de un IFE que no alcanza la línea de la pobreza, subsidio al empleo de mala calidad, apoyo a las pymes escaso y supeditado a la banca, y apertura de la chequera fiscal para el rescate y apoyo de las grandes empresas, como LAN, que clama por apoyo estatal pero en el intertanto despide trabajadores, rebaja sueldos y continúa operando sin medidas de distanciamiento social.

El gobierno de Sebastián Piñera nunca había estado tanto entre las cuerdas. Las últimas gestiones para enfrentar la pandemia por covid-19 le han costado un nuevo descenso en su aprobación, las últimas cuatro semanas registra una caída de 15 puntos de caída en su respaldo ciudadano, según la CADEM.

La resistencia a desacelerar la economía, la poca transparencia de cifras COVID, las insuficientes medidas sanitarias, los despilfarros en las fuerzas de “orden y seguridad” frente a la precariedad de infraestructura e insumos hospitalarios, el fracasado veto a la suspensión de cobro de servicios básicos, la negación a una renta básica de emergencia por sobre la línea de la pobreza, la obstaculización al postnatal de emergencia -y podríamos enlistar tantos más-, por más grave que fueron, no consiguieron el knockout al gobierno que significó el proyecto de retiro del 10% de los fondos previsionales, tanto así, que se hizo necesario un nuevo cambio de gabinete.

Son caras conocidas: Víctor Pérez, Andrés Allamand, Mario Desbordes y Jaime Bellolio, a las carteras de Interior, Relaciones Exteriores, Defensa y Secretaría General de Gobierno respectivamente. ¿Llama la atención que Piñera se blinde de hombres que se han opuesto en el Congreso Nacional a proyectos emblemáticos para la ciudadanía, pero por sobre todo, para nosotras las mujeres?

No, esta decisión política sigue la lógica con la que ha actuado el gobierno las últimas semanas. Su llamado a “emprender una nueva etapa con un verdadero espíritu constructivo, con convicción, con unidad, con fe y esperanza» es vacío si se blinda de personeros de la dictadura pinochetista, que hoy defienden la idea del rechazo a una nueva constitución, que defienden por sobre todas las cosas la seguridad pública y el bolsillo de los súper ricos. Este quinto cambio de gabinete sólo refuerza la salida autoritaria que propone el Presidente Sebastián Piñera al país.

Chile está cada vez más cerca de convertirse en un best seller, no sólo por el número de contagiados y muertos, sino también por la soberbia patriarcal descontrolada de quien nos  gobierna, nadie puede interpretar mejor ese papel de jefe que no escucha a nadie más que a sí mismo. 

¿Qué podemos desprender de todo esto? En primer lugar que este “Cambio de Gabinete” responde a una jugada elaborada por la derecha más ideológica de Chile, la reivindicación del alma más dura del oficialismo, “la mano dura”, esa que ve violación a los DDHH en Venezuela, Nicaragua, donde sea, menos en los 17 años de dictadura  y mucho menos, desde el 18 de octubre. El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) dio a conocer un balance de las violaciones de DDHH indicando que, luego del 18 de octubre del año pasado, han sido ingresados a tribunales 490 casos de mujeres y niñas que fueron víctimas de violaciones a los derechos fundamentales. De los cuales, 247 corresponden a torturas y tratos degradantes (57%) y 112 fueron por tortura con violencia sexual (26%). A la vez, reportan que presentan 32 casos de niñas víctimas de tortura con y sin violencia sexual y 27 casos de niñas víctimas de torturas y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Así mismo, Amnistía Internacional (AI) en su informe “Los derechos humanos en las Américas: retrospectiva 2019”, donde aborda el escenario en torno esta materia durante el año pasado sentencia claramente: “Chile cerró el año 2019 con la peor crisis de derechos humanos desde la dictadura cívico militar del general Augusto Pinochet”. Por último, el Ministerio de Salud registró más de 13 mil personas heridas durante los dos primeros meses de protestas, y la Fiscalía Nacional, 2.500 denuncias por violaciones a los DDHH. También menciona que 31 personas perdieron la vida en el marco de las protestas, 4 en manos de agentes del Estado y 2 en custodia policial. ¿Aún conociendo estas cifras Víctor Pérez (el nuevo Ministro del Interior) niega la violación a los DDHH durante el estallido social?

En segundo lugar, refrendan su desconexión con la gente. Si algo ha quedado de manifiesto los últimos nueve meses es que cualquier espacio de decisión e incidencia política debe ser representativo del país en que vivimos, que para gozar de legitimidad debe parecerse a Chile y este enfoque ministerial, con viejos nombres de la casta política, no está ni cerca de lograrlo, muy por el contrario, reafirma lo peor de las lógicas tradicionales de los circuitos del poder, patriarcal, excluyente, hermético, autoritario.

En tercer lugar, y yendo más a la sustancia, este nuevo gabinete, nos ofrecerá las mismas recetas de los últimos treinta años, más neoliberalismo en sus diversas formas, precariedad para las familias a través de un IFE que no alcanza la línea de la pobreza, subsidio al empleo de mala calidad, apoyo a las pymes escaso y supeditado a la banca, y apertura de la chequera fiscal para el rescate y apoyo de las grandes empresas, como LAN, que clama por apoyo estatal pero en el intertanto despide trabajadores, rebaja sueldos y continúa operando sin medidas de distanciamiento social.

A todos aquellos que siguen confiando en la desgastada conducción de Sebastián Piñera y que concurrieron a la instancia sin reparar mínimamente en los compromisos políticos que habían adquirido el último tiempo, les recordamos que un cargo no es un fin en sí mismo y que vender tu postura crítica por un puesto ministerial es una pésima señal para la ciudadanía que confió en que las cosas se pueden hacer de manera distinta.

Mientras en el “nuevo gabinete ministerial” un grupo de hombres decide cómo se gasta una gran suma de dinero fiscal, las familias siguen pensando en cómo sobrellevar el día a día, en esa mesa del gobierno no está la gente y sus necesidades, sino la ideología de los que toman decisiones sin entender ni empatizar con el Chile real, el de las necesidades básicas, el del hacinamiento que desconocía el ex ministro Mañalich, el Chile del hambre y de la enfermedad, el mismo que lleva treinta años en listas y salas de espera. No se trata de la imposición del pesimismo, pero a ratos parece imponerse una intencionalidad masculina de figuración por sobre el bien público, el insoportable patriarcado está haciendo de las suyas otra vez.

Este no es un gabinete de la gente. La Moneda está convirtiéndose en un comando por el rechazo. Las feministas populares tendremos que salir a defender con más fuerza que nunca el proceso constituyente, el apruebo a una nueva constitución y la fórmula convención constitucional, que es la única que asegura paridad para que podamos escribir la nueva carta fundamental.

Sobre el Autor

Estefanía Campos

Coordinadora de políticas feministas Fundación Chile Movilizado.

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