Daft Punk y la humanización de la música electrónica

A través de la publicación de un video, el tándem formado por los productores franceses Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo anunció la separación de su ambicioso proyecto Daft Punk, con el que revolucionaron la música electrónica desde fines del siglo pasado y que concluye en tiempos del estancamiento del género a causa de la pandemia.


La mayoría de los robots de la literatura y el cine de ciencia ficción están construidos y programados para participar de una sola cosa: la destrucción de la humanidad. Al igual que los extraterrestres que nos observan desde lejos –contemplativos de nuestra propia carencia de humanidad con el otro y con el planeta–, están planteando la destrucción de la especie, sin que esto signifique para ellos una diatriba moral. Quizás, porque ven en la Tierra un planeta que podría ser usado para mejores propósitos, alejado del capitalismo y de la industrialización, y más relacionado con nuestros recursos naturales. Con el aire que respiramos, con la luz que nos cobija y con el agua que bebemos.

Por eso, es curioso que en la era de lo electrónico al servicio de la electrónica, en términos musicales, hayan sido dos alter egos robóticos los que se empecinaron en “salvar” la música. Hace casi una década, Daft Punk usó al ser humano al servicio de la electrónica en plena era digital y cuando más la música pop –en todo su espectro– estaba usufructuando de las máquinas para su desarrollo.

En Random Access Memory (2013), el último disco editado por el dúo francés –y su obra maestra–, Pharrell Williams y Julian Casablancas (The Strokes) son “usados” como un instrumento más. Sus famosas voces se acomodan a lo que Daft Punk procuró hacer con el aplaudido álbum: humanizar la electrónica y alejarla de esa hyper-sintetización-digitalización que ha hecho de la música pop algo menos trascendental y cada vez más desechable, contaminante y peligrosa para el pop actual.

En ‘Lose yourself to dance’ se comprime todo aquel propósito y lo define con menos arrogancia y ego que las demás canciones compañeras del disco: el bajo y la batería de Nathan East y Omar Hakim proponen un pulso humano, acompañado de un sólido grupo de palmadas que le dan un soul particular a la guitarra del legendario Nile Rodgers (Chic), quien es para los robots como un receptáculo de su mensaje: curar a la humanidad de su pasión por la tecnología y por lo robótico, y salvar al hombre de su peligro más inminente: el hombre mismo (qué irónico suena).

I know you don’t get a chance to take a break this often
I know your life is speeding and it isn’t stopping
Here, take my shirt and just go ahead and wipe up all the
Sweat, sweat, sweat 
Lose yourself to dance

La interpretación de Pharrel es predecible, pero teledirigida como una sonda militar: está destinada a acompañar a Rodgers en un viaje determinante al pasado, hacia la época en la que, por más plástico que sonara, el pop volcado hacia las discotecas a finales de los setentas superó barreras de tiempo, espacio y generaciones, y se ha mantenido valioso y preciado por un puñado de músicos. Entre ellos, Thomas Bangalter y Homem-Christo.

Es justo en la segunda repetición de la primera estrofa de ‘Lose yourself to dance’ que los famosos vocoders de Daft Punk estallan por lado y lado de los parlantes, haciendo uso de tecnologías de antaño para recuperar la euforia estereofónica; los robots se repiten a izquierda y derecha de los bafles con un extraterrestre “come on”, que va repitiéndose y subiendo escalas como si fuese un mantra androide, recordándonos que entre los humanos, los robots reinan. Hasta hoy.

Este lunes volvieron a desconcertar a todos, pero esta vez con el sorpresivo anuncio de su separación. Fiel a su estilo, a través de una secuencia de ocho minutos denominada “Epilogue” (y tomada de Electroma, su película de 2006 en la que dos robots se aventuran en un desierto y donde uno se hace explotar), el tándem se despide con la icónica imagen de dos manos de robot que forman un triángulo y donde aparece una marca de tiempo: 1993-2021, los años que definen el desarrollo de una de las etapas más brillantes de la música electrónica.

https://www.youtube.com/watch?v=DuDX6wNfjqc&feature=youtu.be&ab_channel=DaftPunk

Humanos, después de todo

Mirando en perspectiva, la obra de los franceses, a pesar de haber sido una bocanada de aire fresco para la música electrónica del nuevo milenio, con la edición de los álbumes Discovery (2001) –punto de inflexión de la música de baile– y Human After All (2005) –teniendo de aliado al rock–, de alguna forma ya se puede apreciar cómo “lo humano” era esencial para su trabajo.

Para la promoción de Discovery, se valieron del talento del dibujante, ilustrador y diseñador japonés Leiji Matsumoto para hacerse cargo de la realización de la película de anime Interstella 5555 (2003), con el disco cobrando vida audiovisualmente y cuya temática se desarrolla en un planeta alienígena, donde una banda de pop interestelar es secuestrada por una fuerza militar que invade su mundo.    

https://www.youtube.com/watch?v=FGBhQbmPwH8&ab_channel=WarnerMusicFrance

Pese a que ese futuro galáctico hoy lo vemos más cercano gracias a la llegada del Perseverance –el robot de la NASA– a la superficie de Marte la semana pasada, fueron los Daft Punk quienes aterrizaron esa fantasías en ‘Contact’, la canción que cierra Random Access Memory.

Acá, cuentan que la cuarta misión del Apollo se reporta a la Tierra con un despacho lúgubre y escalofriante. Mientras las baterías de Jr. Robinson se enfilan furiosas hacia un desenlace cargado de estática y ritmo de jazz, los astronautas narran un encuentro cercano del tercer tipo, un punto de luz hipnotizante como la melodía que acompaña a la canción, una presencia no identificable de vida en la mitad del espacio exterior, alejada de nuestra civilización (como el imaginario bowiano), acercada por las voces humanas que comunican su existencia.

Otro ser humano que destaca en lo que es desde hoy el disco final grabado por Daft Punk, es Paul Williams en ‘Touch’. Temblorosa y sabia, su maravillosa voz se alza como un poema entre las secuencias hasta que un piano frenético y la batería de Hakim vuelven a explotar a ritmo de jazz.

Por supuesto, también está ‘Get lucky’. El corcoveo de la guitarra de Nile Rodgers al comienzo del mega hit lo es todo en esta canción; una especie de ensayo de lo ya sucedido, como quien se sube a una bicicleta después de mucho tiempo de no hacerlo. Los segundos iniciales –inseguros en su guitarra– son los primeros pedaleos de la que es una canción de música disco congelada en el tiempo, y descongelada al ritmo del bajo de Nathan East y la voz de Pharrel Williams.

El single conquistó al mundo en aquel otoño del 2013, llegó el número #1 en múltiples listas de popularidad, alcanzó cifras récords en reproducción digital (se contabilizan más de 500 millones de escucha solo en Spotify) y recaudó millones de dólares. Pero más importante aún es que catapultó a la dupla creativa a lo que hasta ese entonces era inimaginable: que un disco de música electrónica ganara el Grammy como “Mejor Álbum del Año” en 2014, legitimando su carrera en la industria musical. Hasta hicieron bailar al mismísimo Paul McCartney durante la performance de cierre de la ceremonia, la que además incluyó la colaboración de Stevie Wonder.

https://www.youtube.com/watch?v=AzJDIm7UtAg&ab_channel=LuiggiCarbrist

Pero quizás la presencia humana que más se recordará por años es el monólogo al inicio de ‘Giorgio by Moroder’, que comienza, al parecer, en la colectividad de un restaurante o un bar, con el monstruo europeo narrando su historia en la electrónica, su pasión por los sintetizadores, y culminando con la frase “My name is Giovanni Giorgio… but everybody calls me, Giorgio”.

La cita en voz del productor italiano es complementada por las secuencias que hicieron famosos a los Daft Punk desde sus inicios en las raves que hacían reventar en 1993 durante las noches parisinas del under electrónico; todo intervenido por otra explosión de batería de JR Robinson, dándole propósito humano a un dúo que empujó a la electrónica hacia su comercialización con la creación de Homework en 1996.

“La esclavitud en relación a la tecnología da miedo porque vamos en camino hacia eso. Creemos que todo este confort que te brinda nos aleja de ciertos aspectos espirituales de la humanidad. Es tan tentador e inmediato que lo otro queda bastante relegado (…) Es cierto que las máquinas permiten un acceso universal hacia la creatividad, aunque es una nueva forma de alineación a la que te puedes quedar pegado”.

Thomas Bangalter (2006)

En la homogeneidad del pop hecho de botoneras y procesos digitales, repeticiones y muestras, fue muy osado el último golpe que propinó Daft Punk, volviendo al pasado para reconstruir el futuro. Una osadía porque, de todo lo que se puede escribir de ellos, uno de los aportes fundamentales que realizaron en la música fue el de ser culpables de esa electrónica agresiva que se alzó en el pop como una esfinge hecha de computadores, móviles y cables, pero haciendo de los detalles de todo lo que apreciamos en la música pop algo humano… después de todo.

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