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Cultura B

Los obstáculos de la derecha que intentaron impedir la avenida Víctor Jara en Estación Central

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El anhelo de miles de vecinos y organizaciones sociales de Estación Central ya es una realidad. Hoy, las señaléticas del tramo de la ex avenida Ecuador que cubre el perímetro sur de la Universidad de Santiago –lugar donde por última vez el cantautor estuvo con vida como hombre libre–, llevan el nombre de avenida Víctor Jara. Casi una década de lucha que estuvo entrampada por las obstrucciones impuestas por la entonces administración de Rodrigo Delgado, el alcalde UDI que hizo todo lo que estuvo a su alcance por negar este reconocimiento urbano no solo a uno de los compositores nacionales y latinoamericanos más destacados del mundo, sino que un vecino ilustre de la comuna.



Septiembre, 2019. A un mes exacto del comienzo de las primeras protestas de los secundarios que fueron chispa para la revuelta popular de octubre, en el Parque Bernardo Leighton de Estación Central se celebró la Fiesta de la Chilenidad, organizada por la municipalidad de la comuna. Uno de los artistas invitados fue el comediante Jorge Alís, quien, para sorpresa de todos, inició su rutina con una bomba que nada de bien le cayó a la administración comunal.

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“Algunos me tratan de argentino culiao’, pero el verdadero culiao’ es el que no quiere darle una avenida a Víctor Jara”, recuerda de memoria la frase Pedro Tapia, concejal de Estación Central y fundador y vocero de la Coordinadora Una Avenida para Víctor Jara. “La gente estalló en aplausos”, continúa, ante el brutal pero certero chiste dicho por Alís, quien también mostró la polera diseñada por la Coordinadora con la petición, todo en presencia del mismo Rodrigo Delgado (UDI), principal opositor a que en Estación Central hubiese una calle con el nombre de Víctor.  

El proyecto iniciado en 2013 y resurgido en 2018, cuenta con el apoyo transversal de más de 30 organizaciones sociales, territoriales, culturales, vecinales, artísticas, educativas y políticas de la comuna, más otros actores mayores como el Museo de la Memoria, la Fundación Víctor Jara y la Universidad de Santiago (tanto Rectoría como la Federación de Estudiantes y funcionarios). “En ese momento se decidió que Ecuador era la calle más simbólica para este homenaje”, sentencia Tapia.

Si bien la iniciativa comenzó más ligada a un tema artístico y cultural, durante el proceso la idea fue madurando. Se profundizaron conceptos como la memoria y la reparación, además de entender a Víctor más allá de su figura como cantautor, sino también como ser humano, militante político, esposo y padre de familia. Y como vecino ilustre de la comuna: vivió en los barrios Los Nogales y Chuchunco, estudió en el Liceo Ruiz Tagle y trabajó como docente en la ex Universidad Técnica del Estado.

“El proyecto se fue fortaleciendo tras la llegada de nuevos actores claves para impulsarlo y que fueron muy importantes, como la Usach, la Fundación y el entonces concejal Felipe Muñoz, que pertenecía a la Comisión de Patrimonio del Concejo Municipal de la comuna”.Pedro Tapia

El cambio propuesto contemplaba solo el tramo desde la bifurcación de la Alameda hasta General Velásquez, el que corresponde al perímetro sur de la Universidad de Santiago, o sea, desde su entrada principal (Planetario) hasta el estadio.

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Así es como los principales obstáculos para que se concretizara antes este cambio en homenaje al autor de ‘El derecho de vivir en paz’, fueron en relación a entorpecer el proceso vía temas administrativos, impulsados por la ideología política de la antigua gestión comunal.

“Hubo mucha resistencia por parte de la derecha y hoy queda de manifiesto que solamente fue voluntad política, algo que tiene que ver con el alcalde anterior, Rodrigo Delgado (hoy ministro del Interior). Él nunca tuvo el interés por el cambio, era algo más simple de lo que esperábamos –de hecho, ha habido otros cambios de nombre de calles y siempre fue muy fácil–, entonces con nosotros fue solo un gallito político de él, al ser organizaciones de izquierda”.Pedro Tapia

Un plebiscito ignorado

Según el –cuestionado– Censo 2012, la población de Estación Central contabilizó 109.573 habitantes residentes en la comuna. Solo teniendo ese número como referencia, resulta sorprendente la votación obtenida del autogestionado plebiscito llevado adelante por la Coordinadora, realizado el 3 y 4 de agosto de 2013 en 25 puntos de la comuna.

La consulta alcanzó cerca de 12.000 sufragios. Cifra no menor considerando que fue organizada de forma independiente con las organizaciones sociales y territoriales, sin ayuda municipal, y en tiempos donde la baja participación ciudadana en términos electorales ya mostraba signos del hastío de las personas hacia la política.

Sin embargo, esta muestra democrática de compromiso por aportar a la memoria urbana y cultural hacia la figura de Víctor Jara no fue tomada en cuenta por el jefe comunal gremialista. “Hablan mucho de participación ciudadana, pero cuando la hay, no les interesa”, cuestiona Tapia ya que desde entonces, nunca se pudo debatir la iniciativa en el Concejo Municipal.

El dirigente además relata que el hoy ministro del Interior solo los recibió dos veces durante los casi 10 años de la gestión de la iniciativa. La primera vez en 2013 tras el plebiscito y, luego en 2018 cuando tomó nueva fuerza. De esta última reunión, el actual concejal recuerda que sintió un buen recibimiento y disposición por parte de Delgado, pero que sin embargo nunca puso el punto en tabla en los concejos municipales (siendo ésta una función exclusiva del alcalde), y por ende negando la discusión al respecto.  

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“De ahí nunca más nos recibió, a pesar que habíamos quedado de conversar nuevamente con él. Tengo muchos Whatsapp solicitándole alguna cita para manifestarle nuestras inquietudes, pero nunca nos contestó ni recibió. No le importaba”.Pedro Tapia

La encuesta fantasma

Cuando la Coordinadora se reorganizó en 2018, y retomó e instaló la iniciativa en la discusión pública gracias a la campaña viral en redes sociales #UnaAvenidaParaVíctorJara (año en que Netflix estrena el documental Masacre en el Estadio en torno al asesinato de Jara), en la municipalidad se activaron las alarmas y comenzaron a fraguar lo que se podría denominar su “contraataque”.

Una de las primeras cosas que hicieron fue dar a conocer el resultado de una encuesta supuestamente realizada por la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) a los vecinos de avenida Ecuador, vía elegida por la Coordinadora y las organizaciones e instituciones que apoyaron el cambio de nombre por su simbolismo: ser la última calle de la comuna donde Víctor transitó con vida como hombre libre previo al golpe de Estado.

Dicha consulta habría demostrado una amplia negativa al cambio de nombre. “Eso fue algo que nos llevó poderosamente la atención. Decían que como el 80% de las personas que vivían en la calle Ecuador no querían que se llamara Víctor Jara. Y fue muy raro porque antes nosotros como Coordinadora habíamos hecho una encuesta también, a esas mismas personas, que arrojó resultados completamente contrarios, al revés. Incluso, muchos vecinos y vecinas accedieron a que colocáramos en sus casas y negocios un cartel que decía «Aquí apoyamos a Víctor Jara»”.

Cuando la Coordinadora pidió conocer en detalle la metodología y los resultados de dicha encuesta, el exdirector de Dideco, Esteban Aguilera, siempre le negó el acceso al instrumento y jamás se hizo público. “Curiosamente, esta encuesta fue citada por Ivo Pavlovic (UDI) en la sesión del Concejo Municipal donde se determinó el cambio de nombre para argumentar su rechazo”, alude Tapia. El concejal de derecha fue el único que votó en contra de la iniciativa en la sesión que se llevó a cabo el pasado 7 de septiembre.

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La actual administración, liderada por el alcalde Felipe Muñoz, realizó dos acciones relacionadas a esto. La primera fue que el actual director de Dideco, Marcelo Parra, solicitó conocer esta encuesta. Menuda fue la sorpresa cuando los funcionarios municipales le indicaron que esos documentos no estaban en ningún archivo, que nos los encontraban y que ni en la Secretaría Municipal existen.

Así fue como a cargo de la misma Dideco se realizó una encuesta tangible a los vecinos de la hoy ex avenida Ecuador antes de la histórica votación, cuyos resultados mostraban que un 89% estaba de acuerdo con el cambio y menos del 10% estaba en desacuerdo.

El desesperado cambio de calle

La mañana del 12 de septiembre de 2019, el fanpage de la Fundación Víctor Jara publicó un comunicado en donde ponía en advertencia que, en régimen interno del Concejo Municipal, el alcalde Delgado junto a los concejales oficialistas querían disponer de otra calle para el esperado homenaje urbano: El Belloto, una calle menor –paralela a Ecuador hacia el norte– y que no tiene transcendencia en la biografía del célebre compositor.

Todas las organizaciones rechazaron tajantemente este intento por minimizar el proyecto, incluyendo la misma familia del cantautor. Pero es más, esta maniobra se daba luego de que la Coordinadora ya había entregado la solicitud formal en la municipalidad y que el mismo edil se reuniera con todos los impulsores que apoyaban la iniciativa: Pedro Tapia y Marcelo Parra, voceros de la Coordinadora; Juan Manuel Zolezzi, rector de la Universidad de Santiago; Cristián Galaz, presidente de la Fundación Víctor Jara; Juan Pablo Latorre, presidente de la Feusach; Felipe Muñoz, Felipe Zavala y Robinson Valdebenito, concejales de Estación Central; Angélica Cid, consejera regional; y Doris González, vocera del movimiento de pobladores Ukamau.

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“Nuestro deseo es que el cambio de nombre sea en la actual avenida Ecuador, y no otra calle, pues representa un acto de justicia y reparación con el lugar donde Víctor fue un hombre libre por última vez, para luego ser detenido, torturado y asesinado brutalmente. (…) Queremos señalar enfáticamente que rechazamos tal decisión y solicitamos vuelva a ser considerada la avenida Ecuador que realmente tiene la relevancia histórica, simbólica y moral en la vida de Víctor Jara”.Fundación Víctor Jara

El desliz diplomático

Ya decidida la calle a la cual nombrar Víctor Jara y a la par de las reuniones que tuvieron con diferentes instituciones que podrían ayudar a fortalecer el proyecto, la Coordinadora se pone en contacto con Homero Arellano Lascano, el embajador de Ecuador en Chile. Este encuentro resultaba clave para lograr un acuerdo mutuo y evitar que la propuesta del cambio de nombre justo a la avenida con el nombre de su país se percibiera como una indiferencia, falta u ofensa.

Así fue como solicitaron una reunión formal con el Embajador, la que fijó tres semanas después. Lo que la Coordinadora desconocía hasta ese momento es que Rodrigo Delgado se había anticipado y también había solicitado reunirse con la autoridad diplomática, pero con una intención totalmente opuesta: advertirle del cambio e implantar la cizaña.

“Cuando conversamos con el Embajador, que nos atendió muy bien y fue sumamente amable, nos menciona que admira a Víctor Jara y que conoce su obra. Ya cuando cuando entramos en detalle, nos indica que una de las avenidas principales de Quito se llama Chile (de hecho, bordea al Palacio de Carondelet, la casa de gobierno), entre otras calles que hacen referencia a nuestro país en lugares importantes, y que acá solo está la avenida Ecuador en Estación Central, por lo que no estaba muy de acuerdo con el cambio de nombre”.Pedro Tapia

Pero Arellano fue más allá. Tapia cuenta que ellos se enteraron que la autoridad ecuatoriana materializó su oposición a la iniciativa enviando una carta oficial a la municipalidad, en su calidad de Embajador, manifestando el rechazo al proyecto. Sin embargo, nadie de la Coordinadora conoció esa carta y, como nunca el tema estuvo en alguna comisión o en el Concejo Municipal, este antecedente quedó como un anecdótico y desafortunado desliz diplomático.

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La campaña del terror

Sumado a los intentos ya mencionados para frenar el cambio a través de mecanismos administrativos, también hubo otro donde se involucró directamente a los vecinos. “Hubo una campaña del terror llevada a cabo por algunos funcionarios de la municipalidad para simplemente pisotear la iniciativa y que perdiera su arraigo popular”, expone Tapia frente a las diferentes afirmaciones y mentiras que comenzaron a circular al respecto.

Según pudimos averiguar, distintos mitos e información errónea se divulgó en torno a lo que el cambio de nombre pudiese significar, por ejemplo, para los locatarios de ese tramo de la avenida. Una de ellas es en relación al supuesto alto costo que significaría cambiar la dirección en el Servicio de Impuestos internos y en los trámites que tienen que ver en la impresión de boletas y facturas, o incluso para pagar las patentes comerciales.

El concejal finalmente menciona que “incluso algunos vecinos nos comentaron que gente de la municipalidad les empezó a meter el miedo de que si se aprobaba el cambio de nombre de la avenida, de Ecuador a Víctor Jara, iba a ser una calle de protestas y manifestaciones, que sería epicentro de violencia”.  

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Artista chileno expone en Buenos Aires obras inspiradas en “El ladrillo” de los Chicago boys y reflexiona sobre la economía de la dictadura

Patrick Hamilton presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires esta muestra que invita a reflexionar sobre la política económica de la dictadura chilena.

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Aunque se dio a conocer públicamente recién en 1992, el libro conocido como “El ladrillo” fue escrito en la década de los 70, cuando Salvador Allende aún estaba en el poder. Ese documento, que criticaba la economía de ese entonces calificándola de cerrada, inflacionaria, regulada y desequilibrada, proponía una diametralmente opuesta.

Redactado por varios economistas egresados de la Universidad de Chicago y conocidos como Los Chicago Boys, ese libro se convirtió en la base de la política económica de Augusto Pinochet y un ejemplo de la aplicación de la economía liberal en su estado más puro e implacable. Con “El ladrillo” como una suerte de glosario de reglas sagradas se liberaron los precios internos, disminuyó el volumen del sector público y las empresas de estado, se fijó un tipo de cambio e instauró una política de descentralización comercial, monetaria, fiscal, tributaria y se privatizó la previsión y la seguridad social. Ese modelo que para sus detractores es frío, individualista y uno de los grandes culpables de la desigualdad, todavía es aplicado en Chile, inclusive en democracia.

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“El ladrillo” y su propuesta ha sido trabajado los últimos años el artista nacional Patrick Hamilton y es el tema central de la exposición que abrió en varias ciudades del mundo como Madrid y Ciudad de México y ahora lo hace para el público argentino, en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires.

Titulada simplemente “El ladrillo”, la muestra contiene obras de factura simple pero de gran significado compuestas con materiales de construcción como ladrillos, guantes de seguridad, lijas, entre otras herramientas como también imágenes y objetos.

El artista nacional residente por varios años en España se encuentra en Buenos Aires debido a actividades en torno a esta exposición y desde allí explicó su atracción por el tema.

¿Qué fue lo que te hizo interesarte en El ladrillo, elaborado por los llamado Chicago Boys, para tomarlo como tema de tu obra?

-La historia es larga. Estudié Arte en la Universidad Arcis y en la Chile y tuve profesores que fueron muy importantes e influyentes para mi desarrollo artístico e intelectual como Nelly Richards, Pablo Oyarzún, Francisco Brugnoli, Guillermo Machuca, entre otros. Es decir, un grupo bastante importante. En ese momento, empecé a leer cuestiones vinculadas a la economía y a la relación entre arte y política y así, desde el inicio de mi formación, abordé esos cruces. En específico, a partir de 2016, me interesé en cómo y porqué se implantó el modelo neolibreal en Chile y allí nació el proyecto de los Chicago boys y llamé El ladrillo a una serie de exposiciones que he hecho en varias ciudades y que tienen tres acepciones: uno es el nombre del libro que rectaron estos economistas y que fue la base de la política económica de Pinochet. Otra es que El ladrillo fue como se conoció en España la crisis del mercado inmobiliario. Es que me interesaba ese arco que va del ladrillo como construcción de un modelo y esa crisis que fue provocada por la especulación y la desregulación brutal de los mercados financieros. En tercer lugar, está el ladrillo como objeto físico, que lo ocupo mucho para fabricar esculturas dentro de la misma muestra.

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¿Qué es lo que te gustaría que provocara esta muestra en las personas que la visiten?

-Ufff. Ayer vino un tipo super de derecha y estaba enojadísimo con mi exposición porque pensó que era “una vinculación mañosa y retorcida, típica de la izquierda, entre la violencia de Estado ejercida por los militares en Chile y las medidas económicas que ese mismo gobierno tomó”. No me había pasado nunca que alguien reaccionara con violencia y con desprecio hacia la muestra. Yo me considero un artista conceptual y para nada activista o que esté pensando en reivindicar grandes causas. Soy bastante más modesto y no tengo aires de redentor. Lo que hago es simplemente poner sobre la mesa o en los muros ideas y conceptos para generar una reflexión. Creo que la función del arte es mirar bajo la alfombra, de manera distinta. Es ese caso mirar un proceso social desde el filtro del arte.

– Pero en su opinión, ¿qué provocó en la sociedad chilena el modelo neoliberal de El ladrillo?

-Produjo riqueza pero también mucha desigualdad y una sociedad enferma con esa idea de consumir, del tener, pero también cosas positivas. Por ejemplo, nací en un Chile pobretón, blanco y negro, sin brillo, muy conservador y en los años 90, empezó a cambiar y todos nos beneficiamos de alguna manera de ese crecimiento sostenido. La apertura económica hizo que mucha gente tuviera acceso a cosas que antes les era imposible. Pero, claro, en Chile también hubo concentración económica, casos de corrupción donde la justicia no ha funcionado bien. A los tipos que se coluden y roban millones nos les hacen nada o los mandan a cursos de ética, pero el que se roba un celular se va a la cárcel. En fin, como digo el modelo tiene tanto partes positivas como negativas, que debían haberse corregido mucho antes.

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-¿En qué está trabajando ahora que ya está terminando de exponer El Ladrillo?

– Estoy trabajando en un proyecto sobre el desierto de Atacama y el cobre, porque esa relación me interesa mucho ya que tiene vínculos, económicos, políticos, está vinculada a la guerra. Existen episodios como la historia de la nacionalización del cobre, decisión de Allende que en parte explica el golpe militar…

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“Carencia de creatividad” y “falta de respeto”: Artistas visuales analizan campaña del Rechazo y su apropiación del imaginario gráfico de izquierda

La muralista Juana Pérez, el ilustrador Max Feito y el grafitero Miguel Ángel Kastro nos entregan sus puntos de vista respecto a la campaña que opositores a la nueva Constitución han desplegado en las últimas semanas, cuyas gráficas apelan a la estética visual histórica de los movimientos de izquierda.

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La experiencia colectiva y anónima del arte surgida como expresión gráfica y propaganda política en Chile, desde mediados de los ’50 hasta nuestros días, ha pasado por distintos momentos. Durante todas estas décadas, los muros de las ciudades han sido el soporte para un tipo de manifestación popular y rebelde que ha tenido importantes hitos, en tanto su valor estético y social. Desde el trabajo desplegado por las brigadas muralistas Ramona Parra y Elmo Catalán a finales de los ’60 y principios de los ’70, hasta la acción masiva que diversos y diversas artistas –tanto anónimos como firmantes– realizaron durante la revuelta social de octubre de 2019. El arte callejero era el medio y el mensaje.

Todas estas expresiones buscaban recomponer parte de nuestra memoria colectiva a través de la estética urbana y la comunicación gráfica divulgada por los movimientos sociales, asociadas innegablemente a las ideologías de la izquierda. Es justamente por este sentido identitario intrínseco de este tipo de expresión, que resulta anacrónico ver hoy en algunas paredes rayados y afiches asociados a la campaña desplegada por quienes apuestan por el Rechazo de salida al nuevo texto constitucional.

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Y no tan solo eso resulta sorprendente y deshonesto. El “estilo” gráfico que grupos de ultraderechistas están utilizando para su propaganda es una clara apropiación cultural de imágenes, símbolos, eslóganes y frases que históricamente han sido utilizadas por los movimientos sociales vinculados a la izquierda, como el símbolo del puño en alto o, sin ningún tipo de vergüenza, la tipografía del No utilizada en la campaña del plebiscito de 1988 que, paradójicamente, negó la continuidad del dictador Augusto Pinochet y la Junta Militar en el Poder Ejecutivo; misma figura que hoy se busca rematar exterminando una de las arterias de su gris legado manchado con sangre en la Constitución de 1980.

Robar la expresión creativa del pueblo

En el libro “El afiche político en Chile”, el investigador y diseñador Mauricio Vico comenta que “el afiche como soporte nunca fue un medio que la derecha considerara como recurso comunicacional de alto impacto”. Una realidad que ha cambiado considerablemente desde que grupos de extrema derecha decidiesen, en alguna medida, disputar el espacio público no solo con manifestaciones y concentraciones en puntos estratégicos, sino también a través del uso de las paredes de la ciudad como soporte para entregar sus mensajes, específicamente para el despliegue de la campaña del Rechazo.

Miguel Ángel Kastro, artista visual y grafitero, autor de la ya famosa obra ‘Guernica chileno” (cuyo mural es la fachada del Museo del Estallido Social), conceptualiza este fenómeno actual: “Tiene que ver con cómo hoy es más importante la percepción de la realidad que la realidad, la postverdad que la verdad, lo que se aparenta de lo que realmente es”. Además, sostiene que “este juego tiene que ver con las redes sociales y con cómo en este mundo tan lleno de mentiras y de posibilidades de ser engañados por el sistema, se subvierte con el mensaje”.

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En tanto, para el ilustrador Max Feito el hecho de que estos grupos estén copiando el ideario gráfico de la izquierda para sus propósitos, no le es una sorpresa. “La derecha en este país, desde que tengo uso de razón, no tiene una veta artística muy desarrollada o lograda, entonces no les queda otra que copiar o ser tan burdos de robar gráficas «de la competencia», como se podría decir, y la ocupan para ellos”, sostiene.

El diseñador justamente hace la comparación en relación a la estética usada para el plebiscito de 1988, indicando que “nuevamente estamos viendo esa carencia creativa y visual por parte de la derecha. Nos podemos remontar a la campaña que se hizo para el y el No, donde no hubo creatividad, o quizás la que hubo fue enfocada en el miedo y en usar las herramientas de los otros. Y eso se ha ido replicando por siempre, desde esa campaña a lo que pasa ahora con el Apruebo y el Rechazo”.

También consultada, la muralista Juana Pérez refuerza esta idea sosteniendo que esta apropiación de simbología por parte de la campaña del Rechazo le parece “muy simbólica y potente”, ya que -explica- “evidencia cómo la derecha, por años, se ha enriquecido y se sigue apropiando de cosas culturales que son del pueblo”.

Juana Pérez

En ese sentido, Feito apunta que es de conocimiento público que la gran mayoría de artistas y creativos del país están más ligados a la izquierda, y que ahí se puede ver todo un desarrollo creativo y gráfico. “No sé si en otros países pasa lo mismo, pero acá en Chile está más que claro que la derecha no tiene creatividad, solamente tienen desarrollada su área económica, pero al momento de hacer campañas no tienen las herramientas o quizás no tienen la preparación o las cabezas pensantes para proponer algo. Entonces, claramente se ve que no tienen herramientas, habilidades blandas, ni sensibilidad para crear algo nuevo o presentar una propuesta diferente a lo que está pasando al otro lado”, argumenta el diseñador y autor de “Contingencia Ilustrada”.

#AsíNoApruebo

En nuestra época, el acceso a la información pasó a ser parte de la sociabilidad en las redes, donde no hay contextos ni jerarquías, sino retazos de historias y opiniones que son escaneadas –y, con mucha suerte, leídas–. En ese contexto, Miguel Ángel Kastro afirma que “lo que estamos viviendo tiene que ver con el exceso de información: el superávit de mensajes, de contenidos, de capital cultural de imágenes”. Esto lo ejemplifica de la siguiente manera: “Ves algo en Internet, pasas por ello, pero no nos detenemos a pensar, entonces lo que nos queda es la sensación que nos produce. Esto es a lo que apela la campaña del Rechazo ocupando imaginario de la izquierda, como para generar una sensación. Como esa frase «miente, miente que algo queda»; bueno, acá algo queda también. La gente que está haciendo esta campaña está aprovechando el lenguaje que hoy se utiliza”.

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Max Feito

En este sentido, Max Feito es directo al señalar que la derecha “es patética a nivel de creatividad” y que solo basta ver en las redes sociales cómo se expresan cuando se ven frente a un debate de ideas y se sienten amenazados. “En vez de contraatacar con propuestas creativas, lo hacen siempre usando las ideas de otros. Eso solo habla mal de ellos, porque ya hemos visto nuevamente en esta campaña del miedo por el plebiscito de salida sus falencias creativas. Los tipos son incapaces de desarrollar o dibujar algo, entonces se tienen que colgar de lo que ya hay, de lo que ya fue creado con un propósito”, profundiza.

“Me parece una dicotomía enorme, esquizofrénico incluso. ¿Cómo tener el principio político que plantea el Rechazo, criticando al pueblo con la misma simbología que ha dado el pueblo? Me parece nefasto, una falta de respeto enorme, que habla mucho y da a entender cómo este movimiento del Rechazo logra evidenciar lo pobre que es a nivel cultural, político y el poco estudio de la historia que han tenido”, enfatiza también en este punto Juana Pérez, quien incluso fue víctima del actuar irracional de personas que vandalizaron el mural “Newen” que estaba realizando junto a Dani Johnson a la salida del Metro Bellas Artes. “Nos dimos cuenta que, al final, la pintura blanca no era contra nosotras, sino que lo que nuestra pintura provoca en otros”, sostuvo en esa oportunidad.

¿Vamos a decir que no?

A esta “creación por ultraje” que han propuesto ciertos adherentes al Rechazo en su adelantada propaganda, utilizando puños en alto (solo cambiando la mano izquierda por la derecha), eslóganes de la revuelta (como Plaza Dignidad), estéticas creadas recientemente como las del colectivo Depresión Intermedia (“Sí po, Apruebo”) o hasta frases de letras de canciones icónicas de protestas, como las de Víctor Jara, se suman también las acciones previas que grupos de ultraderecha han venido desarrollando y que no tienen que ver con la creación, sino todo lo contrario, con la destrucción de mosaicos -como el de Pedro Lemebel-, intervención y borrado de murales, limpieza de carteles y hasta los numerosos intentos de destruir la gran escultura del “Negro Matapacos”, ícono de la revuelta.

“Son incapaces de crear una contraoferta gráfica”, apunta Feito, citando como ejemplo en lo que se transformó la figura del fallecido quiltro devenido en ícono de lucha y resistencia, en contraste con lo que intentaron con la ilustración del “Rubio Matacapucha” realizada por el dibujante libertario Daniel Contreras. Una especie de némesis del subversivo can (que hasta cuenta con una web en donde se recopilan las distintas ilustraciones que se han hecho sobre él), pero que no tuvo fuerza ni significó algo parecido al perro símbolo de la lucha callejera.

“Así ha pasado con muchas cosas, porque ya no basta con la parte semántica o visual de la obra creativa que tiene la izquierda, sino también va en las frases, con eslóganes. Son incapaces de crear hasta eso. Tengo un dibujo de humor gráfico que justamente habla de eso, en el fondo como un nuevo insulto”, remata Feito.

Otro de los símbolos usados en la actual campaña del Rechazo es el logotipo del No utilizado en el plebiscito de 1988. Creado por el publicista Raúl Menjíbar, su icónico diseño con el adverbio de negación en letras mayúsculas sobre un arcoiris multicolor que simbolizaba la unión y la variedad del espectro político concertacionista (naranja para los humanistas, verde para los socialdemócratas y ecologistas, rojo para los socialistas, azul para los democratacristianos, amarillo para los demócratas) hoy es utilizado en afiches para indicar su negativa a la nueva Constitución, a la vez que le hacen un guiño a ciertos sectores políticos, como la Democracia Cristiana o Amarillos x Chile, que han intentado viralizar eslóganes como «Yo no apruebo».

Para Kastro, esta paradoja se da justo en un momento social donde -sostiene- “necesitamos mucho discernir, saber separar la paja del trigo, y eso es súper complejo”. En ese sentido, advierte también que estamos “en un nivel donde nos están engañando todo el tiempo, y lo terrible de eso es que son campañas efectivas”.

“No es una jugada que vaya en la comparativa política de decir «esto que había antes es lo mismo que está ocurriendo ahora y por eso ocupamos este imaginario». No, no va por ese lado político, sino que por el lado de lo simbólico, de la representación de las imágenes. Ese es el juego que está jugando el Rechazo para confundir a la gente y generar caos”, plantea el grafitero e, incluso, va más allá: “Cuando vas perdiendo y sabes que tienes todas las de perder, una buena estrategia es generar confusión, y esa confusión se juega en la cancha de lo simbólico. Apelar a lo más profundo del imaginario de la izquierda es precisamente para hacer entender, de alguna forma, que la crisis política es general. Y no es que sea la intención de la gente del Rechazo, pero en el fondo, es un resultado inadvertido”.

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Ex sacerdote publica libro que advierte sobre la devastación forestal en Wallmapu

En su poemario ‘Verde como la tierra’, el escritor Pedro Pablo Achondo revisa desde una mirada crítica y experiencial el ecocidio que hoy enfrenta dicho territorio y sus comunidades.

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Mapuche

La literatura chilena contemporánea no ha quedado ajena a las problemáticas ecológicas que azotan a nuestro territorio. Y es justamente en esta línea en la que se inscribe el libroVerde como la tierra (Ediciones Oxímoron, 2022), tercer poemario del poeta y teólogo Pedro Pablo Achondo Moya, ex sacerdote que trabajó en cárceles de Brasil y vivió en comunidades mapuche.

De esta última experiencia nace este libro, escrito en clave ecodistópica, en el que Achondo Moya plasma las contradicciones de lo que se considera progreso.

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Los 76 poemas que componen el volumen ahondan con ironía y reflexión sobre Dios, nuestra relación con la tierra, cuestiona la idealización del mundo occidental hacia los pueblos originarios y narra lo profundo que se ha enraizado el pensamiento neoliberal en las distintas sociedades que componen Chile. 

En Wallmapu, detalla Achondo, “están pasando muchas cosas. No es solo la lucha territorial, la autonomía, la reivindicación indígena; es también un territorio que desde el punto de vista eco llama mucho la atención. Están los volcanes, las araucarias, los paisajes idealizados de los cuales el capitalismo se apropia para vender un producto. Entonces, la crítica que hay detrás de este libro es contra la mercantilización del paisaje”.

En ese sentido, el autor sostiene que “el capitalismo tiene muchos rostros, el rostro de la militarización, el rostro neoliberal, tiene el rostro ecofriendly, el rostro de la imposición colonial y de una hegemonía narrativa sobre el lugar”.

Llevaban décadas plantando pinos / hasta que los pinos se rebelaron. / Primero congregaron a los eucaliptos / para secar todo el territorio. / Finalmente se inmolaron en fuego / arrasando con cuanta criatura / se les cruzara por el camino, se lee en uno de los poemas, recordando las noticias sobre incendios forestales que llenan las páginas de diarios y noticiarios cada verano.

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Pedro Pablo Achondo

Pedro Pablo Achondo explica, juega con la dualidad entre experiencia personal y ficción. De ahí el subtítulo Wallmapu Ecodistopía. “Existen muchos Wallmapu que exceden a la geografía. Por eso hablo, por ejemplo, del Wallmapu de Ucayali. Es decir, estoy transportando una imagen a un lugar que queda en Ecuador, en Perú o en el Amazonas. Uno podría decir que el Wallmapu lo transformo en un símbolo de un deseo, de una proyección de un lugar admirable que todos quieren irrumpir, poseer. Wallmapu existe, como idea, como topos. Sigue siendo un cúmulo de relaciones que hemos ido construyendo a lo largo de la historia”, expone el autor.

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