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“Costa Resiliente Serious Game”: El videojuego en que los corraleños deben planificar el desarrollo de la ciudad costera

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Más de 300 personas –entre niños y adultos– de la ciudad de Corral, están jugando el videojuego desarrollado por profesionales de la Universidad Austral gracias a la adjudicación de un Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico del Conicyt.


El Proyecto “Desarrollo, Investigación y Validación de un Videojuego para el Fomento de Aprendizajes Sociales Frente a Desastres de Origen Natural en Comunidades Costeras”, adjudicado al Concurso IDeA I+D 2020 del FONDEF, logró su primer hito al desarrollar y aplicar el videojuego Costa Resiliente Serious Game en la comuna de Corral, ubicada en la Región de Los Ríos.

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Luego de una serie de sesiones de co-diseño, en las que actores clave del proyecto incorporaron componentes audiovisuales y determinaron los elementos adecuados para el funcionamiento y apropiación del videojuego, se logró añadir mejoras a la experiencia de Costa Resiliente. Desde agosto, el juego se entrega a un grupo de familias corraleñas a modo de pilotaje.

Al respecto, Paula Villagra, directora del proyecto Fondef, mencionó que “la inscripción de familias en Corral se realizó durante julio con apoyo de una estrategia de difusión en redes sociales y radio, apoyo de la Municipalidad de Corral y trabajo en terreno”. Del mismo modo, la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), la Universidad Austral de Chile (UACh), la Ilustre Municipalidad de Corral, La Tripulación SPA e instituciones asociadas al proyecto, fueron cruciales para lograr una adecuación pertinente del videojuego.

Costa Resiliente Serious Game corresponde a un juego serio colaborativo, en el cual los participantes deben asumir roles relevantes dentro de las comunidades costeras, tales como municipalidad, agentes inmobiliarios, personal de la Onemi, pescadores y ecologistas. Juntos deberán planificar el desarrollo de la ciudad costera y definir cómo enfrentar las amenazas locales (como terremotos, incendios, derrumbes o tsunamis) que pueden afectar la vida de sus habitantes y sus infraestructuras. Cada jugador pondrá en común sus actitudes, pensamientos y conocimientos acerca de la resiliencia comunitaria para alcanzar la mayor capacidad de redundancia y diversidad en una comunidad, que, de esa forma, se encontrará más preparada para enfrentar amenazas.

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Cristian Olivares, Ingeniero informático de la UACh e investigador del proyecto, profundizó en que el objetivo del videojuego es “promover la reflexión en torno a las decisiones en planificación comunal y pretende contribuir con la mejora del pensamiento resiliente”, esto debido a la necesidad de promover el significado de resiliencia comunitaria y de técnicas para su fomento, evaluación y seguimiento.

Costa Resiliente, también dispone para las familias de Corral, una versión de Juego de Mesa desarrollado el 2019, el cual consiste en un juego de roles colaborativo que funciona bajo la misma dinámica y reglas que el videojuego. Sin embargo, Olivares comentó que la capacidad de inmersión del videojuego, así como la interacción de los jugadores, es mayor que el juego de mesa, generando un compromiso mayor y jugabilidad entre quienes lo utilizan, “el videojuego añade elementos audiovisuales que potencian la narrativa del juego, desde la construcción de recursos comunitarios para enfrentar la llegada de futuras amenazas” agregó el investigador.

Por el momento, el desarrollo del videojuego se encuentra en la etapa experimental del proyecto. Costa Resiliente Serious Game se presenta como una aplicación para dispositivos móviles, ya sea Tablet o teléfonos celulares y que se entrega de manera directa a las y los usuarios validados de Corral.

De ser exitoso el proyecto, el alcance del producto final se pretende extender a otras comunidades costeras de Chile, llegando al público destinatario que la Onemi busca cubrir, aumentando el impacto y la cobertura que aportan los medios convencionales de prevención. 

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Cabe señalar que el equipo interdisciplinar del proyecto Fondef Costa Resiliente está conformado, además de los profesores Cristian Olivares (Instituto de Informática) y Paula Villagra (Instituto de Ecología y Evolución), por los profesores Rodolfo Mardones (Instituto de Estudios Psicológicos) y Luis Cárcamo (Instituto de Comunicación Social). Igualmente participan del proyecto, estudiantes y profesionales egresados de las carreras de Ingeniería Civil Informática, Periodismo, Geografía, Geología y Psicología de la Universidad Austral de Chile.

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Artista chileno expone en Buenos Aires obras inspiradas en “El ladrillo” de los Chicago boys y reflexiona sobre la economía de la dictadura

Patrick Hamilton presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires esta muestra que invita a reflexionar sobre la política económica de la dictadura chilena.

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Aunque se dio a conocer públicamente recién en 1992, el libro conocido como “El ladrillo” fue escrito en la década de los 70, cuando Salvador Allende aún estaba en el poder. Ese documento, que criticaba la economía de ese entonces calificándola de cerrada, inflacionaria, regulada y desequilibrada, proponía una diametralmente opuesta.

Redactado por varios economistas egresados de la Universidad de Chicago y conocidos como Los Chicago Boys, ese libro se convirtió en la base de la política económica de Augusto Pinochet y un ejemplo de la aplicación de la economía liberal en su estado más puro e implacable. Con “El ladrillo” como una suerte de glosario de reglas sagradas se liberaron los precios internos, disminuyó el volumen del sector público y las empresas de estado, se fijó un tipo de cambio e instauró una política de descentralización comercial, monetaria, fiscal, tributaria y se privatizó la previsión y la seguridad social. Ese modelo que para sus detractores es frío, individualista y uno de los grandes culpables de la desigualdad, todavía es aplicado en Chile, inclusive en democracia.

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“El ladrillo” y su propuesta ha sido trabajado los últimos años el artista nacional Patrick Hamilton y es el tema central de la exposición que abrió en varias ciudades del mundo como Madrid y Ciudad de México y ahora lo hace para el público argentino, en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires.

Titulada simplemente “El ladrillo”, la muestra contiene obras de factura simple pero de gran significado compuestas con materiales de construcción como ladrillos, guantes de seguridad, lijas, entre otras herramientas como también imágenes y objetos.

El artista nacional residente por varios años en España se encuentra en Buenos Aires debido a actividades en torno a esta exposición y desde allí explicó su atracción por el tema.

¿Qué fue lo que te hizo interesarte en El ladrillo, elaborado por los llamado Chicago Boys, para tomarlo como tema de tu obra?

-La historia es larga. Estudié Arte en la Universidad Arcis y en la Chile y tuve profesores que fueron muy importantes e influyentes para mi desarrollo artístico e intelectual como Nelly Richards, Pablo Oyarzún, Francisco Brugnoli, Guillermo Machuca, entre otros. Es decir, un grupo bastante importante. En ese momento, empecé a leer cuestiones vinculadas a la economía y a la relación entre arte y política y así, desde el inicio de mi formación, abordé esos cruces. En específico, a partir de 2016, me interesé en cómo y porqué se implantó el modelo neolibreal en Chile y allí nació el proyecto de los Chicago boys y llamé El ladrillo a una serie de exposiciones que he hecho en varias ciudades y que tienen tres acepciones: uno es el nombre del libro que rectaron estos economistas y que fue la base de la política económica de Pinochet. Otra es que El ladrillo fue como se conoció en España la crisis del mercado inmobiliario. Es que me interesaba ese arco que va del ladrillo como construcción de un modelo y esa crisis que fue provocada por la especulación y la desregulación brutal de los mercados financieros. En tercer lugar, está el ladrillo como objeto físico, que lo ocupo mucho para fabricar esculturas dentro de la misma muestra.

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¿Qué es lo que te gustaría que provocara esta muestra en las personas que la visiten?

-Ufff. Ayer vino un tipo super de derecha y estaba enojadísimo con mi exposición porque pensó que era “una vinculación mañosa y retorcida, típica de la izquierda, entre la violencia de Estado ejercida por los militares en Chile y las medidas económicas que ese mismo gobierno tomó”. No me había pasado nunca que alguien reaccionara con violencia y con desprecio hacia la muestra. Yo me considero un artista conceptual y para nada activista o que esté pensando en reivindicar grandes causas. Soy bastante más modesto y no tengo aires de redentor. Lo que hago es simplemente poner sobre la mesa o en los muros ideas y conceptos para generar una reflexión. Creo que la función del arte es mirar bajo la alfombra, de manera distinta. Es ese caso mirar un proceso social desde el filtro del arte.

– Pero en su opinión, ¿qué provocó en la sociedad chilena el modelo neoliberal de El ladrillo?

-Produjo riqueza pero también mucha desigualdad y una sociedad enferma con esa idea de consumir, del tener, pero también cosas positivas. Por ejemplo, nací en un Chile pobretón, blanco y negro, sin brillo, muy conservador y en los años 90, empezó a cambiar y todos nos beneficiamos de alguna manera de ese crecimiento sostenido. La apertura económica hizo que mucha gente tuviera acceso a cosas que antes les era imposible. Pero, claro, en Chile también hubo concentración económica, casos de corrupción donde la justicia no ha funcionado bien. A los tipos que se coluden y roban millones nos les hacen nada o los mandan a cursos de ética, pero el que se roba un celular se va a la cárcel. En fin, como digo el modelo tiene tanto partes positivas como negativas, que debían haberse corregido mucho antes.

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-¿En qué está trabajando ahora que ya está terminando de exponer El Ladrillo?

– Estoy trabajando en un proyecto sobre el desierto de Atacama y el cobre, porque esa relación me interesa mucho ya que tiene vínculos, económicos, políticos, está vinculada a la guerra. Existen episodios como la historia de la nacionalización del cobre, decisión de Allende que en parte explica el golpe militar…

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“Carencia de creatividad” y “falta de respeto”: Artistas visuales analizan campaña del Rechazo y su apropiación del imaginario gráfico de izquierda

La muralista Juana Pérez, el ilustrador Max Feito y el grafitero Miguel Ángel Kastro nos entregan sus puntos de vista respecto a la campaña que opositores a la nueva Constitución han desplegado en las últimas semanas, cuyas gráficas apelan a la estética visual histórica de los movimientos de izquierda.

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La experiencia colectiva y anónima del arte surgida como expresión gráfica y propaganda política en Chile, desde mediados de los ’50 hasta nuestros días, ha pasado por distintos momentos. Durante todas estas décadas, los muros de las ciudades han sido el soporte para un tipo de manifestación popular y rebelde que ha tenido importantes hitos, en tanto su valor estético y social. Desde el trabajo desplegado por las brigadas muralistas Ramona Parra y Elmo Catalán a finales de los ’60 y principios de los ’70, hasta la acción masiva que diversos y diversas artistas –tanto anónimos como firmantes– realizaron durante la revuelta social de octubre de 2019. El arte callejero era el medio y el mensaje.

Todas estas expresiones buscaban recomponer parte de nuestra memoria colectiva a través de la estética urbana y la comunicación gráfica divulgada por los movimientos sociales, asociadas innegablemente a las ideologías de la izquierda. Es justamente por este sentido identitario intrínseco de este tipo de expresión, que resulta anacrónico ver hoy en algunas paredes rayados y afiches asociados a la campaña desplegada por quienes apuestan por el Rechazo de salida al nuevo texto constitucional.

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Y no tan solo eso resulta sorprendente y deshonesto. El “estilo” gráfico que grupos de ultraderechistas están utilizando para su propaganda es una clara apropiación cultural de imágenes, símbolos, eslóganes y frases que históricamente han sido utilizadas por los movimientos sociales vinculados a la izquierda, como el símbolo del puño en alto o, sin ningún tipo de vergüenza, la tipografía del No utilizada en la campaña del plebiscito de 1988 que, paradójicamente, negó la continuidad del dictador Augusto Pinochet y la Junta Militar en el Poder Ejecutivo; misma figura que hoy se busca rematar exterminando una de las arterias de su gris legado manchado con sangre en la Constitución de 1980.

Robar la expresión creativa del pueblo

En el libro “El afiche político en Chile”, el investigador y diseñador Mauricio Vico comenta que “el afiche como soporte nunca fue un medio que la derecha considerara como recurso comunicacional de alto impacto”. Una realidad que ha cambiado considerablemente desde que grupos de extrema derecha decidiesen, en alguna medida, disputar el espacio público no solo con manifestaciones y concentraciones en puntos estratégicos, sino también a través del uso de las paredes de la ciudad como soporte para entregar sus mensajes, específicamente para el despliegue de la campaña del Rechazo.

Miguel Ángel Kastro, artista visual y grafitero, autor de la ya famosa obra ‘Guernica chileno” (cuyo mural es la fachada del Museo del Estallido Social), conceptualiza este fenómeno actual: “Tiene que ver con cómo hoy es más importante la percepción de la realidad que la realidad, la postverdad que la verdad, lo que se aparenta de lo que realmente es”. Además, sostiene que “este juego tiene que ver con las redes sociales y con cómo en este mundo tan lleno de mentiras y de posibilidades de ser engañados por el sistema, se subvierte con el mensaje”.

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En tanto, para el ilustrador Max Feito el hecho de que estos grupos estén copiando el ideario gráfico de la izquierda para sus propósitos, no le es una sorpresa. “La derecha en este país, desde que tengo uso de razón, no tiene una veta artística muy desarrollada o lograda, entonces no les queda otra que copiar o ser tan burdos de robar gráficas «de la competencia», como se podría decir, y la ocupan para ellos”, sostiene.

El diseñador justamente hace la comparación en relación a la estética usada para el plebiscito de 1988, indicando que “nuevamente estamos viendo esa carencia creativa y visual por parte de la derecha. Nos podemos remontar a la campaña que se hizo para el y el No, donde no hubo creatividad, o quizás la que hubo fue enfocada en el miedo y en usar las herramientas de los otros. Y eso se ha ido replicando por siempre, desde esa campaña a lo que pasa ahora con el Apruebo y el Rechazo”.

También consultada, la muralista Juana Pérez refuerza esta idea sosteniendo que esta apropiación de simbología por parte de la campaña del Rechazo le parece “muy simbólica y potente”, ya que -explica- “evidencia cómo la derecha, por años, se ha enriquecido y se sigue apropiando de cosas culturales que son del pueblo”.

Juana Pérez

En ese sentido, Feito apunta que es de conocimiento público que la gran mayoría de artistas y creativos del país están más ligados a la izquierda, y que ahí se puede ver todo un desarrollo creativo y gráfico. “No sé si en otros países pasa lo mismo, pero acá en Chile está más que claro que la derecha no tiene creatividad, solamente tienen desarrollada su área económica, pero al momento de hacer campañas no tienen las herramientas o quizás no tienen la preparación o las cabezas pensantes para proponer algo. Entonces, claramente se ve que no tienen herramientas, habilidades blandas, ni sensibilidad para crear algo nuevo o presentar una propuesta diferente a lo que está pasando al otro lado”, argumenta el diseñador y autor de “Contingencia Ilustrada”.

#AsíNoApruebo

En nuestra época, el acceso a la información pasó a ser parte de la sociabilidad en las redes, donde no hay contextos ni jerarquías, sino retazos de historias y opiniones que son escaneadas –y, con mucha suerte, leídas–. En ese contexto, Miguel Ángel Kastro afirma que “lo que estamos viviendo tiene que ver con el exceso de información: el superávit de mensajes, de contenidos, de capital cultural de imágenes”. Esto lo ejemplifica de la siguiente manera: “Ves algo en Internet, pasas por ello, pero no nos detenemos a pensar, entonces lo que nos queda es la sensación que nos produce. Esto es a lo que apela la campaña del Rechazo ocupando imaginario de la izquierda, como para generar una sensación. Como esa frase «miente, miente que algo queda»; bueno, acá algo queda también. La gente que está haciendo esta campaña está aprovechando el lenguaje que hoy se utiliza”.

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Max Feito

En este sentido, Max Feito es directo al señalar que la derecha “es patética a nivel de creatividad” y que solo basta ver en las redes sociales cómo se expresan cuando se ven frente a un debate de ideas y se sienten amenazados. “En vez de contraatacar con propuestas creativas, lo hacen siempre usando las ideas de otros. Eso solo habla mal de ellos, porque ya hemos visto nuevamente en esta campaña del miedo por el plebiscito de salida sus falencias creativas. Los tipos son incapaces de desarrollar o dibujar algo, entonces se tienen que colgar de lo que ya hay, de lo que ya fue creado con un propósito”, profundiza.

“Me parece una dicotomía enorme, esquizofrénico incluso. ¿Cómo tener el principio político que plantea el Rechazo, criticando al pueblo con la misma simbología que ha dado el pueblo? Me parece nefasto, una falta de respeto enorme, que habla mucho y da a entender cómo este movimiento del Rechazo logra evidenciar lo pobre que es a nivel cultural, político y el poco estudio de la historia que han tenido”, enfatiza también en este punto Juana Pérez, quien incluso fue víctima del actuar irracional de personas que vandalizaron el mural “Newen” que estaba realizando junto a Dani Johnson a la salida del Metro Bellas Artes. “Nos dimos cuenta que, al final, la pintura blanca no era contra nosotras, sino que lo que nuestra pintura provoca en otros”, sostuvo en esa oportunidad.

¿Vamos a decir que no?

A esta “creación por ultraje” que han propuesto ciertos adherentes al Rechazo en su adelantada propaganda, utilizando puños en alto (solo cambiando la mano izquierda por la derecha), eslóganes de la revuelta (como Plaza Dignidad), estéticas creadas recientemente como las del colectivo Depresión Intermedia (“Sí po, Apruebo”) o hasta frases de letras de canciones icónicas de protestas, como las de Víctor Jara, se suman también las acciones previas que grupos de ultraderecha han venido desarrollando y que no tienen que ver con la creación, sino todo lo contrario, con la destrucción de mosaicos -como el de Pedro Lemebel-, intervención y borrado de murales, limpieza de carteles y hasta los numerosos intentos de destruir la gran escultura del “Negro Matapacos”, ícono de la revuelta.

“Son incapaces de crear una contraoferta gráfica”, apunta Feito, citando como ejemplo en lo que se transformó la figura del fallecido quiltro devenido en ícono de lucha y resistencia, en contraste con lo que intentaron con la ilustración del “Rubio Matacapucha” realizada por el dibujante libertario Daniel Contreras. Una especie de némesis del subversivo can (que hasta cuenta con una web en donde se recopilan las distintas ilustraciones que se han hecho sobre él), pero que no tuvo fuerza ni significó algo parecido al perro símbolo de la lucha callejera.

“Así ha pasado con muchas cosas, porque ya no basta con la parte semántica o visual de la obra creativa que tiene la izquierda, sino también va en las frases, con eslóganes. Son incapaces de crear hasta eso. Tengo un dibujo de humor gráfico que justamente habla de eso, en el fondo como un nuevo insulto”, remata Feito.

Otro de los símbolos usados en la actual campaña del Rechazo es el logotipo del No utilizado en el plebiscito de 1988. Creado por el publicista Raúl Menjíbar, su icónico diseño con el adverbio de negación en letras mayúsculas sobre un arcoiris multicolor que simbolizaba la unión y la variedad del espectro político concertacionista (naranja para los humanistas, verde para los socialdemócratas y ecologistas, rojo para los socialistas, azul para los democratacristianos, amarillo para los demócratas) hoy es utilizado en afiches para indicar su negativa a la nueva Constitución, a la vez que le hacen un guiño a ciertos sectores políticos, como la Democracia Cristiana o Amarillos x Chile, que han intentado viralizar eslóganes como «Yo no apruebo».

Para Kastro, esta paradoja se da justo en un momento social donde -sostiene- “necesitamos mucho discernir, saber separar la paja del trigo, y eso es súper complejo”. En ese sentido, advierte también que estamos “en un nivel donde nos están engañando todo el tiempo, y lo terrible de eso es que son campañas efectivas”.

“No es una jugada que vaya en la comparativa política de decir «esto que había antes es lo mismo que está ocurriendo ahora y por eso ocupamos este imaginario». No, no va por ese lado político, sino que por el lado de lo simbólico, de la representación de las imágenes. Ese es el juego que está jugando el Rechazo para confundir a la gente y generar caos”, plantea el grafitero e, incluso, va más allá: “Cuando vas perdiendo y sabes que tienes todas las de perder, una buena estrategia es generar confusión, y esa confusión se juega en la cancha de lo simbólico. Apelar a lo más profundo del imaginario de la izquierda es precisamente para hacer entender, de alguna forma, que la crisis política es general. Y no es que sea la intención de la gente del Rechazo, pero en el fondo, es un resultado inadvertido”.

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Ex sacerdote publica libro que advierte sobre la devastación forestal en Wallmapu

En su poemario ‘Verde como la tierra’, el escritor Pedro Pablo Achondo revisa desde una mirada crítica y experiencial el ecocidio que hoy enfrenta dicho territorio y sus comunidades.

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Mapuche

La literatura chilena contemporánea no ha quedado ajena a las problemáticas ecológicas que azotan a nuestro territorio. Y es justamente en esta línea en la que se inscribe el libroVerde como la tierra (Ediciones Oxímoron, 2022), tercer poemario del poeta y teólogo Pedro Pablo Achondo Moya, ex sacerdote que trabajó en cárceles de Brasil y vivió en comunidades mapuche.

De esta última experiencia nace este libro, escrito en clave ecodistópica, en el que Achondo Moya plasma las contradicciones de lo que se considera progreso.

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Los 76 poemas que componen el volumen ahondan con ironía y reflexión sobre Dios, nuestra relación con la tierra, cuestiona la idealización del mundo occidental hacia los pueblos originarios y narra lo profundo que se ha enraizado el pensamiento neoliberal en las distintas sociedades que componen Chile. 

En Wallmapu, detalla Achondo, “están pasando muchas cosas. No es solo la lucha territorial, la autonomía, la reivindicación indígena; es también un territorio que desde el punto de vista eco llama mucho la atención. Están los volcanes, las araucarias, los paisajes idealizados de los cuales el capitalismo se apropia para vender un producto. Entonces, la crítica que hay detrás de este libro es contra la mercantilización del paisaje”.

En ese sentido, el autor sostiene que “el capitalismo tiene muchos rostros, el rostro de la militarización, el rostro neoliberal, tiene el rostro ecofriendly, el rostro de la imposición colonial y de una hegemonía narrativa sobre el lugar”.

Llevaban décadas plantando pinos / hasta que los pinos se rebelaron. / Primero congregaron a los eucaliptos / para secar todo el territorio. / Finalmente se inmolaron en fuego / arrasando con cuanta criatura / se les cruzara por el camino, se lee en uno de los poemas, recordando las noticias sobre incendios forestales que llenan las páginas de diarios y noticiarios cada verano.

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Pedro Pablo Achondo

Pedro Pablo Achondo explica, juega con la dualidad entre experiencia personal y ficción. De ahí el subtítulo Wallmapu Ecodistopía. “Existen muchos Wallmapu que exceden a la geografía. Por eso hablo, por ejemplo, del Wallmapu de Ucayali. Es decir, estoy transportando una imagen a un lugar que queda en Ecuador, en Perú o en el Amazonas. Uno podría decir que el Wallmapu lo transformo en un símbolo de un deseo, de una proyección de un lugar admirable que todos quieren irrumpir, poseer. Wallmapu existe, como idea, como topos. Sigue siendo un cúmulo de relaciones que hemos ido construyendo a lo largo de la historia”, expone el autor.

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