Cuando la bandera se tiñó de negro: Historia de un símbolo de resistencia

El estallido social del pasado 18 de octubre estuvo siempre rodeado de arte e iconografía pop. Rayados, canciones, personajes e ilustraciones se comenzaron a convertir, con el pasar de los días, en emblemas que acompañaban la protesta social, tanto en las calles como en las redes sociales. Es allí donde comenzó a viralizarse, desde el primer día, la versión “en luto” de nuestra bandera tricolor. La solitaria estrella de bordes blancos sobre un fondo completamente negro se fue tomando, primero, uno a uno los perfiles digitales de distintos músicos nacionales, para luego transformarse en el símbolo por antonomasia de la primavera chilena. Una bandera que fue pensada dos años antes.


Una de las jornadas más importantes de nuestra historia reciente como país fue la del pasado viernes 18 de octubre, cuando las protestas estudiantiles evadiendo el Metro de Santiago escalaron en masividad e intensidad tras una fuerte respuesta represiva por parte del Gobierno. Varias estaciones del tren subterráneo comenzaron a ser tomadas y luego incendiadas, mientras en las calles tanto del centro de Santiago como en algunos otros puntos de la capital se llenaban de barricadas.

En tanto, al gobierno no le tembló la mano para que, a pesar de su estrecho vínculo con la dictadura, decretara Estado de Excepción Constitucional, volviendo a vivir en democracia toques de queda con militares en la calle.

El sonido de las cacerolas era incesante y se propagaba por todo el país. La televisión no tardó en bautizar los hechos como estallido social. Un despetar ciudadano que se llenó rápidamente de eslóganes –“revolución de la chaucha”, “no son treinta pesos son treinta años”– e iconografía pop.

No pasó mucho tiempo –gracias a la ayuda de las redes sociales– que las manifestaciones que se sucedieron a las de aquel 18 de octubre se convirtieran en receptáculo de la conciencia e imaginación colectiva. De forma orgánica, músicos, dibujantes, actores y ciudadanos con el fuego a manifestarse, vieron en la cultura pop su forma de sumarse a la protesta. Desde el Negro Matapacos a ‘El derecho de vivir en paz’; desde el “Guernica chileno” a la Tía Pikachu. El arte se manifestó orgánicamente y se coló entre el humo de las lacrimógenas.

En este contexto, surge una imagen que se viralizó a tal punto que se transformó en el símbolo inequívoco del estallido: la bandera chilena despojada del característico blanco, azul y rojo para mostrarse como un emblema en luto, completamente en negro, donde solo destaca la estrella también oscurecida pero con su contorno en blanco.

@martin_gubbin

“Una bandera negra refleja el abecedario de un país en ruinas”

Inicialmente comenzó siendo un avatar. Al otro día de los hechos que dieron inicio al estallido, la compositora nacional –hoy radicada en México– Paz Court, publicó una imagen de una bandera nacional negra en su Instagram con el mensaje: “Chile explota y estoy lejos . Lo veo salir a las calles , lo veo arder en llamas y lo escucho en orquesta de cacerolas indignadas . Mientras los militares ocupan las calles de Santiago infundiendo el miedo que a todos nos recuerda el pasado negro de la dictadura . La gente está en las calles porque no es solo el alza en el valor del transporte . Somos todos ya agotados del sistema neoliberalista , de la injusticia , de la violencia y la represión . Si esta es la forma como esto al fin va a cambiar , entonces que así sea”.

Quizás por la extensión del texto, pasó desapercibida su última frase, en donde daba los créditos de la ilustración usada: “La imagen es una foto de la más reciente obra de @martin_gubbins”.

Martín Gubbins (49) es abogado de la Universidad de Chile. Las leyes han sido su sustento, donde destaca profesionalmente. Sin embargo, su inquietud por las manifestaciones artísticas, sobre todo la poesía, lo llevó a Inglaterra a realizar un Magíster en Literatura Inglesa Moderna en la Universidad de Londres, además de arte y fotografía en la Universidad Católica. Desde entonces, en paralelo a su quehacer en la abogacía, ha realizado lecturas, performances y exposiciones, individuales y colectivas, en diferentes lugares de Chile y el extranjero. También, ha publicado parte de su trabajo enfocado en la poesía visual, terreno en donde es considerado como una figura distinguida de la escena literaria de vanguardia en Latinoamérica.

“Me gusta la imagen del poeta en acción, inmerso en una comunidad y de cara a una audiencia, buscando una comunión desafiante con el público, al que sitúo como co-creador. Entiendo el poema como una obra de arte basada en lenguaje y compuesta de un modo en que forma y contenido se enlacen desprejuiciadamente, desplazándose libremente entre la alta definición y lo abstracto; lo visual, semántico y sonoro”.

Martín Gubbins

En 2017, Gubbins junto al también artista Felipe Cussen, estrenan la performance visual y sonora Banderas de Chile. #MejorHagamosUnAsado en la Galería AFA. Para promocionar su intervención, diseñan un afiche en donde, por primera vez, aparece una versión de la bandera chilena en negro. Una obra creada por motivos personales “para hablar de luto y tristeza”.

Pese a lo personal de la creación, al final de la performance Gubbins realiza un más que interesante vínculo político de su obra, que dado los hechos, se estrecha aún más con el significado que ha tomado la imagen de la bandera en negro. “Pueden degustar esta deliciosa carne hecha a propósito del proceso de reforma constitucional, de las elecciones, y también pueden degustar estos buenos deseos de las asambleas constituyentes, son los top ten elegidos por la gente en las asambleas ciudadanas (…) lo que la gente dejó para la memoria histórica. Ojalá que quede en alguna parte”, dice el poeta visual al final de la performance.

El uso de algunos los textos que fueron parte del proceso de consulta ciudadana para la reforma constitucional realizada durante el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, hacen visible el hilo rojo que conecta la obra de Gubbins con el significado que el pueblo chileno le ha dado a la bandera que ha flameado en cada marcha hace ya un año.

El luto de un pueblo

El rescate de la memoria histórica fue uno de los temas centrales de la exposición Caminos Australes, la obra multiplataforma que Martín Gubbins inauguró en 2019 en la galería de arte contemporáneo Isabel Rosas Contemporary (Cerro Alegre, Valparaíso). Fecha: 12 de octubre, la misma semana donde se iniciaron las movilizaciones de estudiantes secundarios luego del aumento del transporte público, punto de inicio del estallido social.

En este nuevo proyecto es donde aparece la bandera chilena intervenida en distintas formas: la de la estrella solitaria en fondo negro, otra con la marca de las líneas interiores e incluso una versión en negativo, completamente blanca. Todas respetaban las proporciones originales del emblema nacional, definidas en el Decreto Supremo No. 1.534 del Ministerio del Interior. Detalle que, de alguna forma,le da fuerza a su uso como emblema.

“El proyecto Caminos Australes pretende desafiar la idea imperante de una “ruta escénica” o “ruta de los parques de la Patagonia”, que aspira a generar una idea de vuelta al estado virgen de la región, y cuyo peligro es borrar la historia civil, las cualidades materiales de la obra y las durísimas y abusivas condiciones de su ejecución sobre todo en dictadura. El proyecto no busca poetizar ni la carretera ni la Patagonia de manera idealizada, sino adentrarse en algunos de sus claroscuros identitarios, en este caso de la Carretera Austral en tanto obra históricamente estigmatizada, para reivindicar su memoria civil”.

Nucleo Lenguaje Creación

Al igual que la performance Banderas de Chile, Caminos Australes también tiene un fuerte argumento sociopolítico. El propio Gubbins dice sobre la Carretera Austral –su objeto de estudio– que “simbólicamente, es muy compleja esa obra porque su parte principal fue hecha en dictadura y Pinochet se la atribuyó siempre como propia, como su gran legado de infraestructura”. Bien entonces podemos hacer la asociación de aquella herencia dictatorial con la genuina demanda que la calle realizó para cambiar, de una vez por todas, la Constitución de 1980, legado de también los cómplices civiles de la dictadura, como el arquitecto de la Carta Magna e ideólogo de la derecha chilena actual, Jaime Guzmán.

Con el alma llena de banderas

“Noche” y “Bandera” son dos fotografías que fueron parte de la última instalación de Martín Gubbins. Dos imágenes de banderas negras que se comenzaron a viralizar por artistas y que representaban la rabia y el dolor de las acciones que el gobierno de Piñera ejerció contra los manifestantes al militarizar las calles y desplegar una orden de represión letal contra el pueblo; torturas, mutilaciones y asesinatos a manos de las fuerzas de orden que desencadenaron una ola de críticas a nivel internacional. En el acto genuino de graficar esos sentimientos, se proyectó la utilización de estas banderas en las redes sociales pero que no tardaron en materializarse en la realidad, manteniendo el luto hasta poder generar las instancias de cambios profundos y estructurales que necesita nuestra sociedad.

La misma Paz Court compartió días después una segunda imagen con la bandera sin bordes. La foto se replicó en los avatares digitales de casi todos los músicos nacionales vigentes, sin importar estilo ni generación. Pocos días pasaron para que esos mismos artistas formaran el colectivo Músicxs de Chile y se juntaran a grabar una versión de ‘El derecho de vivir en paz’ de Víctor Jara, canción que se transformó en himno luego que Sebastián Piñera le declaró la guerra al país que se estaba manifestando. La nueva versión, que contó con una decena de músicos nacionales, se subió a las plataformas de streaming con una imagen: la bandera negra de Gubbins.

De ahí en más, la obra fue masificándose a niveles impensados. Se fue transformando, mutando. Se materializó en banderas reales, estampadas y pintadas a mano; con y sin las líneas interiores; con diferentes formas en la estrella y de todos los tamaños posibles. Se transformó en merchandising. Los vendedores ambulantes la vendían en las protestas y hasta pequeños emprendedores comenzaron hacer chapitas, stickers y hasta poleras con la imagen, sin ser especialmente la foto original. También se transformó en grafiti e inspiró poesías (como la de Juan Carlos Villavicencio, ‘Octubre de Chile‘).

Hoy, es el símbolo por antonomasia del estallido social, símbolo de lucha y resistencia. Cuelga en balcones, la gente la lleva a las marchas. Se hacen intervenciones urbanas con ella en Chile y el extranjero. Ha sido usada como portada de libros y como parte de la escenografía para videos, como el de Mon Laferte cantando ‘La carta’ (de Violeta Parra) desde México o Fran Valenzuela en el Festival de Viña en su primera canción del show (‘Los poderosos’).

Curiosamente, Gubbins se ha mantenido al margen de todo lo que ha provocado y significado su creación. Observando cómo su obra se transformó en un emblema más grande de lo que pudo alguna vez imaginar. Un icono transversal que, como tal, guarda en sus significados algunos claroscuros del que le gustaría no estar asociado. Pero las obras de arte, a veces, escapan de los imaginarios y proyecciones de sus propios creadores. Hoy, a un año de haber sido apropiada por el pueblo, la bandera negra continúa flameando por los aires de un país que sigue sin recuperar sus colores.

Algunas fotos de las distintas apropiaciones populares de la bandera negra de Gubbins:
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